Fic: Sentimientos Olvidados (18+)

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Lenore Marcus
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Fic: Sentimientos Olvidados (18+)

Mensajepor Lenore Marcus » 26 Feb 2013 06:58

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Oculto:
Resident Evil Zero y todos sus personajes y nombres son propiedad de Capcom. Sentimientos olvidados es propiedad de Lenore Marcus.

Este es un fanfic basado en el juego Resident Evil Zero profundizando un poco en los sentimientos y la tragedia Interior del Dr. James Marcus y la parte de la historia que no se vió. Reviews por favor!

Al leer la historia encontrarán de todo: Humor, romance, drama, acción. Pero básicamente, es una historia de amor: Una historia de amor entre dos hermanas, una historia de amor entre hombre y mujer, una historia de amor en la familia, una historia de amistad.

¿Qué harías tú si te enamoraras de la persona que alguna vez te crió como una hija?

¿Qué harías si te encariñaras con la niña que adoptaste para utilizarla para un proyecto de arma viviente al grado de enamorarte de ella

¿Qué harías para protegerla?

¿Qué harías si te arrebataran la vida y con ella, la oportunidad de volver a ver a la persona más preciada de tu vida?

Quizá a algunos les parezca que James Marcus está algo fuera de carácter. Yo en lo personal no lo pienso así. James Marcus era uno de esos seres nacidos para la grandeza de un solo amor, el odio exagerado, la venganza apocalíptica y el heroísmo más sublime.

Un dulce recuerdo.

Una bella promesa.

Una cruel y vil traición.


Sentimientos Olvidados.

Capítulo 1

-Olvido-


Azalie entró intempestivamente a la oficina de su padre. Afortunadamente para Adolfo Andrade, la funeraria estaba vacía, a excepción de Luciano, el embalsamador, mejor conocido como "Chano", quien se encontraba haciendo su trabajo en el sótano de la funeraria Capillas Del Recuerdo, la mejor funeraria de Ciudad Victoria Tamaulipas.

-Papá, Tenemos que hablar.

Adolfo miró a su hija menor, traía su cabello corto, a la altura del mentón, de un peculiar tono púrpura. Sus grandes ojos color granate lo miraban queriendo buscar respuestas. Adolfo dejó los papeles sobre el escritorio, se levantó y cerró la puerta de su oficina. Sabía que se trataba de algo serio.

-¿Y bien? De qué quieres hablar? -Dijo Adolfo mirando a Azalie a los ojos.

A sus diecisiete años, Azalie era una muchacha bastante centrada. No era una muchacha cualquiera. Desde muy niña, la niña poseía el don de la clarividencia y con el tiempo, fue desarrollando más habilidades; en sus sueños podía ver cosas que habían sucedido en el pasado que ella no había presenciado, o que estaban por suceder. Azalie tenía un don bastante desarrollado, sin embargo, esto no le impedía llevar una vida normal: tenía un novio y estaba a punto de entrar a la UAT (Universidad Autónoma de Tamaulipas).

La joven tomó un portarretratos. En la foto aparecía una hermosa niña de largo cabello cobrizo y grandes ojos almendrados color turquesa.

-Papá… he estado teniendo sueños últimamente… Acerca de mi hermana. De su pasado, antes de que fuera parte de nuestra familia.

Adolfo se quedó paralizado un momento. Entonces su mirada se tornó un poco melancólica. Azalie continuó hablando.

-En mis sueños veo a Sara cuando era muy pequeña… y a un hombre mayor, cuyo rostro me parece haberlo visto antes. Ese hombre tenía pinta de extranjero y llamaba a mi hermana con otro nombre. Pude ver en el corazón de ese hombre… que sentía un inmenso amor por Sara, sin embargo, también sentía un gran remordimiento. Era algo triste y alegre a la vez. En su corazón había un gran temor, temor de que algo malo le sucediera a Sara. Tambien había un gran odio por otra persona…

Adolfo escuchaba a su hija con atención. La joven continuó.

-Tambien noté… que mi hermana amaba mucho a ese señor. -Azalie puso el retrato de su hermana sobre el escritorio de su papá-. Pude ver que estaban unidos por un cariño muy grande, inmenso… a pesar de que no llevaban la misma sangre… Y por eso mismo… -Dijo Azalie bajando la mirada con tristeza- no puedo explicarme por qué ese señor abandonó a Sara, aunque sé que no ha sido por su propia voluntad.

Adolfo caminó hacia la ventana de su oficina, dándole la espalda a su hija. Se quedó mirando el tráfico de mediodía a través de la ventana con una expresión melancólica en sus ojos aceitunados.

-A veces… -Dijo Adolfo sin dejar de mirar hacia fuera-. Tenemos que tomar decisiones que nos duelen por el bien de las personas a quien amamos. Esa es una forma de mostrar el amor que sentimos por nuestros seres queridos. En ocasiones tenemos que renunciar a nuestra felicidad al lado de la persona amada por su propia seguridad… Aunque sea por un tiempo.

Azalie tomó de nuevo el porta retratos y lo miró. Entonces, volvió a ver a su papá.

-Papá… tú… ¿Lo sabías?

Adolfo volteó a mirarla y asintió. Se sentó detrás del escritorio y se recargó en su sillón de cuero.

-Verás… Hace quince años, tu tía Francine nos dijo que necesitaba un favor para una persona. Por aquel entonces, ella había terminado su carrera y estaba preparándose para trabajar en una empresa farmacéutica muy grande. Ella sabía que queríamos adoptar otra niña y nos dijo que el director del centro de formación donde ella estaba estudiando quería hablar con nosotros. Dos semanas después, llegó un hombre mayor… -dijo Adolfo mientras jugueteaba con una pluma fuente-. Cómo recuerdo la mirada en su rostro… había tanta desesperación y angustia en sus ojos… El nos contó, que trabajaba para una compañía muy grande a nivel mundial. Nos dijo que ahí aparte de lo que mostraban al mundo, se dedicaban a otras cosas…

-¿Qué quieres decir con "Otras cosas"? -Inquirió la muchacha sin dar crédito.

-Biotecnología militar -respondió Adolfo-. Armas virales, todo tipo de armas biológicas… Armas ilegales.

Azalie no se sorprendió, ella sabía que esas afiladas garras metálicas que en ocasiones le salían a su hermana de sus manos no eran exactamente naturales. Alguien se las había implantado deliberadamente con intenciones poco amistosas.

-Quieres decir… -cuestionó la joven- ¿Que Sara es una especie de arma viviente?

-Así es. -Confirmó Adolfo.

-¿Y luego?

-El señor nos contó, que el había adoptado a una niña con la intención de convertirla en una de las armas más letales. Quería convertirla en el arma definitiva. Le implantaron todos esos… aditamentos que nosotros sabemos, que, si hubieran hecho algo así con algún otro ser humano, no sobreviviría. El la crió como su hija, y conforme fue pasando el tiempo, el se encariñó con la pequeña. Había decidido no usarla de ese modo, había decidido vivir con ella como su hija. Me acuerdo mucho que el señor dijo: "Esa niña vino a cambiar mi vida, y en sí, todo lo que pensaba, desde que ella entró en mi vida, he sido muy felíz, y cada día es como un sueño… En verdad es un sueño. Al verla me hace sentir vivo, y sobre todo, me pone muy contento. Nunca había sido tan feliz."

-¿Y qué pasó? -Preguntó la muchacha.

-Este hombre nos confió, que el presidente de la compañía planeaba hacer pruebas con la niña.

-¿Qué clase de pruebas?

-Querían probar distintas clases de virus y sus efectos en el organismo de la niña. El Dr. Marcus, o sea el señor del que hablas, nos contó que la niña tenía un sistema inmunológico increíblemente fuerte, había el riesgo de que su cuerpo reaccionara a los virus que pensaban administrarle, lo cual podría causar que la niña sufriera espantosas mutaciones. Y él no quería arriesgarla a eso. Entonces nos pidió que nos hiciéramos cargo de la pequeña por un tiempo. Mientras el terminaba el desarrollo de una investigación en la cual se encontraba trabajando, y que podría darle el suficiente reconocimiento científico que necesitaba para poder tomar la presidencia de la compañía y poder estar con su niña sin que nadie la molestara. No lo habría aceptado, si no fuera porque vimos la desesperación y la sinceridad en los ojos de ese hombre.

-¿Y entonces?

-El Dr. Marcus nos advirtió, que la niña no estaría para siempre con nosotros, que el regresaría por ella en unos años. Entonces me dijo que el trato nos beneficiaría. Que él nos iba a apoyar en lo que necesitáramos. Nos aseguró, nos prometió que no correríamos riesgo alguno. Por eso mismo, nunca nos dijeron para qué compañía trabajaban. Después de pensarlo un poco, tu mamá y yo aceptamos el trato, y el Dr. Marcus se fue muy agradecido. Dos meses después, Sara llegó a vivir con nosotros.

-Y Sara… ¿lo sabe?

Adolfo negó con la cabeza.

-No… por lo menos, no conscientemente. Sara no recuerda claramente nada acerca del Dr. Marcus. Sus recuerdos fueron borrados. Aún tiene recuerdos muy vagos y borrosos. Pero estoy seguro de que en algún rincón de su mente, en algún lugar de su subconsciente, esos recuerdos descansan.

-Entonces… -Dijo Azalie angustiada- ¿Sara se irá algún día? ¿Ese hombre regresará por ella?

-No -Dijo Adolfo tranquilamente-. Ya no regresó… Algo pasó… -agregó Adolfo-. No sé qué. Pero algo pasó dando como resultado que el Dr. Marcus nunca pudo venir por tu hermana. Se me hace raro, ¿eh? Por que años después el vino para ver como estaba. De hecho… tu cruzaste palabras con el… ¿No lo recuerdas?

Claro que Azalie lo recordaba. Era algo difícil de olvidar. Aquel día tendría ella como seis años. Sara tenía que ensayar para una obra que su grupo iba a presentar, por lo cual iba a llegar un poco más tarde.

Azalie como todas las tardes, al salir de la escuela, llegó a la funeraria a saludar a su papá. Como siempre, entró a la oficina sin tocar. Ahí, se encontraba un señor muy alto, de porte distinguido, delgado, de cabello canoso y ojos celestes. Ese hombre tenía el retrato de Sara en sus manos y lo miraba con mucho cariño y melancolía, lo cual llamaba mucho la atención de la niña, pues ese señor miraba la foto de su hermana como si la conociera y la quisiera mucho. El señor miraba a Sara con mucho amor.

-Buenas tardes. Dijo Azalie tímidamente mientras se sentaba detrás del escritorio en el sillón de cuero donde su papá trabajaba. El señor la miró y sonrió.

-Buenas tardes.

-¿Usted conoce a mi hermana?

El señor se sorprendió un poco por la pregunta y sonrió.

-No… dijo sonriendo el hombre-. ¿Cómo se llama tu hermana?

-Se llama Sara. Sara Leticia Andrade Garza. -dijo la niña-. Yo me llamo Azalie, ¿Y usted?

-Mi nombre es James. James Marcus. -Respondió el señor cortésmente.

-Ah, ¿Es usted gringo? -Inquirió la niña.

-Sí… -Dijo el señor sonriendo.

-¿Y por qué miraba tanto la foto de mi hermana? -Cuestionó la pequeña.

-Es que… tu hermana es idéntica a mi… -Dudó un momento-. A mí querida nieta. Ella falleció hace cuatro años. Ahorita tendría ocho años. -Agregó el señ la quería mucho.

-Qué curioso. -Comentó Azalie-. Mi hermana tiene ocho años también.

-¿Y dónde está ella? -Preguntó Marcus.

-Está ensayando para la obra de teatro que será en una semana. A ella le toca hacer el papel de la bella durmiente. También toca el piano muy bonito desde que era muy chiquita. -Agregó Azalie-. De hecho, ella me enseñó a tocar "Moonlight sonata". -Dijo la niña en tono triunfal.

-¿De verdad? -Contestó sonriendo el hombre. -Entonces es una niña muy talentosa.

-Sí que lo es –mencionó Azalie con orgullo- ¿Y cómo se llamaba su nieta?

El señor miró la fotografía de Sara con mucha ternura.

Mi nieta se llamaba Lenore. -Dijo en tono emotivo- Fue la niña más bella de todos los imperios de la tierra. Y la más dulce. Ella vivía conmigo, pero enfermó y murió. Tu hermana se parece mucho a ella. Incluso tienen la misma edad. Es curioso.

-Sí… muy curioso. -dijo la niña en tono reflexivo-. Por cierto… ¿No sabe qué está haciendo mi papá?

-Fue a atender unos asuntos en el sótano. Ahorita viene.

-¿Y qué lo trae por aquí? ¿Murió algún ser querido suyo?

-Soy… -Dijo el señor en tono melancólico-. Un viejo amigo de tu papá… digamos que le debo un gran favor y quería hablar con él.

-Ya veo… -Dijo Azalie.

En ese momento, Adolfo entró a la oficina. Y al ver a Azalie la cargó.

-¡Hija! -Le dijo mientras le da un beso en la mejilla-. ¡Ya viniste! ¿Tu hermana está ensayando?

-Sí. –Replicó-. Viene en un ratito.

-¿Ya saludaste al Dr. Marcus?

-Sí, -Intervino Marcus. -De hecho estuvimos platicando mientras llegaba.

-Bueno. -Dijo Adolfo-. Azalie, hija… ¿Podrías dejarme a solas con el Dr. Marcus?

-¡Claro, Papi!

Azalie salió de la oficina dejando a solas a su padre y al extraño hombre que miraba la foto de su hermana con ojos de enamorado.

Media hora después, el Dr. Marcus salió de la oficina junto con su padre. Azalie salió junto con su padre a encaminar al Dr. Marcus. Apenas iban saliendo de la funeraria, cuando se alcanzaba a distinguir a Sara a unos diez metros. El Dr. Marcus se quedó mirándola con mucha emoción, sin embargo, se puso muy nervioso y antes de que la pequeña Sara pudiera cruzar mirada con él, Marcus escondió el rostro.

-Buenas tardes. -Saludó Sara, y entonces pasó apresuradamente, ligera y volátil, tal como el científico la recordaba, junto a ellos rozando al Dr. Marcus quien se quedó como congelado por un momento.

Azalie no podía comprender qué sucedía, entonces volteó a ver a su hermana, quien se le quedaba viendo al Dr. Marcus intrigada, con algo de melancolía. El Dr. Marcus no volteó a mirarla y siguió su camino hacia el taxi que lo esperaba y se fue sin decir una palabra.

Azalie fue con su hermana de inmediato. Sara estaba muy callada, lo cual era algo raro en ella.

-¿Qué pasó Sara? ¿Por qué de pronto te pusiste tan seria? -Cuestionó Azalie preocupada.

-No es nada… lo que pasa es… que ese señor… sentí algo muy extraño cuando pasé junto a él. Por un momento me dio la sensación de que lo conozco hace tiempo. Fue… un sentimiento muy cálido, pero a la vez me causó un poco de tristeza. -Dijo Sara con una mirada melancólica. -Aparte, me impactó su olor. Su aroma… me trae recuerdos… no sé bien de qué, solo sé que su olor me hace felíz.

Azalie abrazó a su hermana y no le dijo nada sobre la conversación que había tenido con ese hombre.

La voz de Adolfo regresó a la joven a la realidad.

-¿Lo recuerdas?

-Claro que lo recuerdo. Era el que miraba mucho la foto de Sara… -dijo Azalie agregando como para sí misma-. Eso explica muchas cosas….

-Ese día, el Dr. Marcus había ido a verme para notificarme que estaba a punto de completar su investigación, y que aproximadamente en uno o dos años, el iba a regresar por ella.

-Sin embargo… -Agregó la joven. -Nunca volvió por ella.

-Y a estas alturas dudo que venga. Posiblemente murió antes de completar su investigación o algo.

-Ya veo… -Murmuró Azalie.

Adolfo se levantó de su sillón y se acercó a su hija.

-Sólo te pido, que no comentes con Sarita nada de esto. Puede afectarla gravemente. Además, ella es felíz, no es necesario que recuerde todo eso, si ni siquiera podrá volver a ver a quien fue como un padre para ella, y que se separó de ella, a quien quería sobre todas las cosas por protegerla. El cariño que ese hombre profesaba a Sara era mucho más grande de lo que todos juntos podíamos imaginar.

Repentinamente, se oyeron toquidos en la puerta seguida por la voz de Sara desde afuera de la oficina.

-¿Se puede?

-¡Claro! -Respondieron ambos.

Sara entró a la oficina y saludó de beso a su papá y a su hermana.

-Hola apá, Hola Azalie

-¿Cómo te fue? -Preguntó Adolfo.

-¡Pues exenté "Comunicación Gráfica"! –dijo la pelirroja con aire de satisfacción- La revista que hicimos Beka y yo fue la mejor. Fuimos el equipo que entregó el mejor trabajo.

-¿En serio? -Dijo Azalie emocionada-. ¡Y eso que la hicieron a última hora y siendo un equipo de dos personas!

-¡Ya sé! -Replicó Sara. -Lo hicimos en dos días…. Qué chinga nos llevamos.

-Sí, ya hasta estaban delirando cosas acerca de elefantes azules y adolescentes zombis con uniforme de escuela "popis"-. Dijo Azalie riendo.

-¡Ni lo digas! -Replicó Sara mientras se soltaba la pinza del pelo-. Eso fue lo peor… Pero valió la pena el esfuerzo.

-Eso es lo importante-. Puntualizó Adolfo.

-¿Y tú, Azalie? ¿Ya recogiste la ficha? –preguntó Sara.

-¡Sí, ya pasé a recogerla! -Respondió Azalie sonriendo.

Azalie miró a su hermana. Sara era la mayor de las dos hijas de Adolfo Andrade, a pesar de que Azalie había llegado dos años antes que ella. Sara tenía diecinueve años y era una bella joven de piel blanca y cabello cobrizo que por lo general recogía con una pinza; sus ojos color turquesa eran muy expresivos con una expresión burlona y chispeante la mayor parte del tiempo. Siempre se reía con una risa franca y abierta, con la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás. Su andar era desgarbado, y solía vestir de manera muy sencilla, un poco masculina. Ese día, usaba una playera negra que decía: "La suerte de las feas, a las bonitas nos vale madres" y un pantalón color khaki tipo "cargo" holgado que le quedaba a la cadera. Sara normalmente prefería usar los pantalones de hombre por ser de un corte más amplio y cómodo además de ser más resistentes.

-Veo que hoy no hay mucho trabajo. -Dijo Sara mientras se sentaba junto a su hermana.

-No. -respondió Adolfo. -Solo hay un cuerpo, pero "Chanito" se está encargando de él. ¿Nos vamos a la casa? ¡Muero de hambre! -Dijo Adolfo mientras se levantaba de su sillón de cuero.

-¿Pues qué esperamos? -Dijo Sara mientras sus hermosos ojos turquesa se fijaban en el.

Sara fué una niña muy traviesa e inquieta. Le gustaba mucho andar jugando en la funeraria. A veces solía esconderse a tomar la siesta en los ataudes de la sala de exhibición. Desde muy pequeña, Sara sabía tocar el piano como una profesional y tenía una voz muy agradable, por lo que desde niña, trabajaba en la funeraria cantando en algunos funerales. A los diez años, Sara ayudaba ocasionalmente a la preparación de cadáveres, para los doce años, ya podía embalsamar cuerpos sin ayuda de nadie. Para los quince años, sabía restaurar los rostros desfigurados y/o los cuerpos cuando estaban gravemente mutilados. Lo hacía con tal habilidad, que ya era una leyenda urbana entre los directores funerarios de la región; Sin embargo, esa no era su vocación. Lo que a ella realmente le gustaba, era el mundo del entretenimiento, el arte y el cine. Adoraba tomar fotos artísticas y le encantaba andar filmando a todos con su cámara de video.

Azalie también tenía su trabajo en la funeraria, solía atender a los deudos cuando se sentían demasiado afligidos y se dedicaba a escucharlos. Ella también sabía tocar el piano, pues Sara misma le había enseñado de niña.

-¿Y qué vamos a comer? -Preguntó Sara mientras abría una paleta y se la llevaba a la boca.

-Tu mamá dijo que hoy quería comer pollo en salsa verde. -respondió Adolfo mientras guardaba unos papeles.

-¡Qué rico!-dijo alegremente mientras abría una paleta y la llevaba a su boca- ¡Ya me muero por llegar a comer!

Adolfo levantó la mirada para verla.

-Sara… Si ya vamos a comer no deberías abrir la paleta, mejor déjala para después de comer.

Sara sacó la paleta de la boca.

-¡Ay, apá! ¿Qué tiene? ¡No se me va a quitar el hambre por la paleta! -Dijo la joven riendo. -Pero bueno, Okey… nomás porque tú me lo pides-Agregó Sara mientras envolvía su paleta en un papel y se la guardaba.

Azalie miraba a su hermana sin decir nada. Después de todo, no era necesario decirle nada… ¿Para qué? Sara era felíz con su familia. En eso estaba pensando Azalie cuando oyó que la puerta de la oficina se abría; una mujer de cabello negro corto entró a la oficina.

-Brenda, ahí te encargo el changarro… -Dijo Adolfo. -Voy a comer, regreso al rato.

-No hay problema –respondió la empleada- Todo estará en orden. Son las doce del día. El funeral del señor Ortiz comienza a las tres, ¿Verdad?

-En efecto. Respondió Adolfo. -¡Nos vemos al rato!

-¡Nos vemos, Brenda! Dijeron Azalie y Sara a coro.

-¡Adios, Chicas! -Respondió Brenda mientras se acomodaba el saco azul marino que hacía juego con su pantalón.

El clima era cálido y con viento en ese soleado día de mayo, tal y como le gustaban a Sara desde que era pequeña. La muchacha siempre argumentaba que en esos días se sentía muy felíz por alguna extraña razón.

Las dos muchachas iban en el carro de Sara junto con su papá. El coche de Adolfo se había quedado en la funeraria. Al bajar del coche, Sara se detuvo un momento a respirar el aire fresco que soplaba ese día. Cerró los ojos, aspiró y sonrió.

-Me imaginé que hoy ibas a estar de buenas… -comentó Azalie sonriendo-. Siempre te pones felíz en los días como este.

-Sí, es curioso… los días como este me hacen sentir felíz aunque algo nostálgica…

Azalie miró a Sara a los ojos, y en ese momento, pareció como si se hubiera transportado a otro tiempo y lugar, años atrás. Se encontraba en medio de un inmenso campo de lavanda. En ese momento, vió a su hermana, de tres años, quien caminaba de la mano de un señor a quien reconoció de inmediato. Se trataba del Dr. James Marcus. La niña se soltó de la mano de su acompañante y se adelantó corriendo.

-¡Qué bonito lugar! -Exclamó la niña mirando a su alrededor con fascinación. -¡Y huele delicioso! -Agregó mientras aspiraba el aroma a lavanda que el viento arrastraba. El Dr. Marcus se acercó a su niña y acarició su cabello.

-Me alegro que te haya gustado, gatita. -dijo el Doctor mirándola con ternura-. Sabía que te iba a gustar.

La pequeña se adelantó un poco más y entonces, se paró de puntitas, cerró sus ojos y extendió los brazos. Como si fuera a recibir el abrazo del viento. Su rostro tenía una expresión que transmitía una gran paz. Parecía un ángel; con blanco vestido, y el cabello rojizo ligeramente ondulado ondeando al viento. El Dr. Marcus la miraba embelesado. La miraba de una forma tan especial. Sara abrió sus ojos lentamente y volteó a mirar a su supuesto padre con los ojos perdidos de amor.

-¿Sabes? -Dijo la niña mirándolo dulcemente-. Siempre he deseado ser tan ligerita como para que el viento me levantara y volar por los aires...

-¿En verdad? -Dijo el hombre al tiempo que acariciaba el rostro de la pequeña.

-Sí -dijo la niña sonriéndole amorosamente-. Poder subir al cielo y traerte una estrella o un pedacito de nube...

James Marcus se sorprendió un poco.

-¿Y por qué a mí? Preguntó Marcus con sus ojos celestes en los de ella.

-¡Porque te quiero mucho! -exclamó la pequeña-. ¡Hasta el cielo! ¡Eres la única persona a quien quiero!

Marcus se sorprendió por un momento... Después la miró con ternura melancólica... Luego se sobrepuso.

-¿Nada más a mí me quieres? -Inquirió Marcus mirándola con un dejo de melancolía.

-¡Sí! -Respondió la niña.

-¿Y qué hay de Albert y William? ¿O de Francine y Valerie?

-Albert está loco. -dijo la niña con una mirada burlona-. ¡No se quita los lentes de sol ni de noche! ¡Yo creo que los tiene pegados! Nunca le he visto los ojos… Fran y Val son lindas.

El Dr. Marcus sólo pudo reirse de la ocurrencia de su hija.

-¡Tienes razón! -Dijo él divertido. -Yo tampoco he visto a Albert sin lentes. ¿Y qué me dices de William? ¿No lo quieres?

La niña se quedó pensando un momentito.

-¡William es lindo! Siempre me trae bolsas con gomitas y es amable conmigo. -dijo la niña-. ¡Pero a quien quiero más que a todos es a ti! -Dijo la pequeña arrojándose a los brazos de Marcus.

-¿Te digo un secreto? -Preguntó Marcus susurrándole al oído a la pequeña. -¡Tu también eres la única persona a quien quiero!

La pequeña se arrojó a los brazos del hombre y frotó su rostro contra su cuello con una tierna sonrisa. Azali notó en la mirada de Marcus un dejo de amargura y tristeza.

-¡Mi pequeña y dulce Lenore! -Decía Marcus mientras la abrazaba de forma casi obsesiva. -¿No permitiré que nadie te haga daño!

-¿Azalie? ¿Estás bien? ¿Estás aquí?

Azalie se sobresaltó un poco. La voz de su hermana la regresó a la realidad.

-Sí. -Dijo Azalie un poco desorientada. -¡No te preocupes! Todo está bien

-¿Qué te sucede? -Preguntó Sara mirándola atentamente. -En estos últimos días, desde hace una semana para ser exactas, he notado que te pones seria. ¿Has estado teniendo visiones raras? ¿Te preocupa algo?

Azali esquivó la mirada de su hermana mayor. No debía decirle nada… tenía qué inventarle algo y pronto.

-En realidad… -dijo Azali evadiendo la mirada de Sara-. He estado teniendo visiones y sueños raros sobre…

-¿Sobre…? -preguntó Sara animándola a continuar.

-Sobre Yoshua… -mintió Azali bajando la mirada.

-¿Y qué clase de visiones? -Inquirió Sara sin alejar su mirada de los ojos color rubí de su hermana.

-De nada de importancia… Oye, ya hay que entrar… ¡Tengo muchísima hambre! -Exclamó Azalie evadiendo la conversación al tiempo de que entraba a la casa.

-¡Andale, vamos! -Dijo Sara mientras la seguía un poco desconcertada.

La residencia Andrade era muy grande, mas no exagerada. El recibidor estaba decorado con un mueble sobre el cual había muchas fotos de la familia y de las niñas. La sala era espaciosa con una chimenea y todos los muebles en blanco, contrastando con las paredes color verde con vivos beige de la sala-comedor. De la cocina salió Leticia Garza, la esposa de Adolfo y madre de las chicas.

Leticia Garza era una reconocida escritora. Muy conocida en el estado de Tamaulipas. También solía escribir columnas para "El Bravo", un periódico de la frontera de ese estado. De Matamoros Tamaulipas, para ser exactos. Leticia era blanca, de ojos almendrados color verde, que debido a su miopía, ocultaba tras unos lentes de aumento. Su cabello era lacio color castaño claro. Por lo general solía recoger su cabello con una pinza, tal y como lo hacía su hija mayor. Era delgada y solía vestir muy casual, de Jeans y blusa casual. Pero cuando salía a la calle, siempre lucía impecable.

Leticia traía el inalámbrico en la mano.

-¡Acaban de llegar! Ahorita te la paso. -dijo Leticia a su interlocutor. -¡Sara, es Italia!

-¿Italia? -Contestó emocionada Sara al tiempo que su madre le daba el teléfono.

No vayas a tardarte, que ya vamos a comer. -Dijo Leticia.

Italia era amiga de Sara desde la primaria. Desde quinto año, para ser exactos. Ambas habían estudiado en el colegio Jean Piaget junto con otras tres amigas. Incluso eran amigas de Azali. Estuvieron juntas toda la primaria, bueno, hasta que Sara fue expulsada del colegio por una venganza. Sin embargo, eso no hizo que se devaluara la amistad. Siguieron frecuentándose en secundaria y en la prepa, hasta que llegó el momento de entrar a la Universidad. Italia estudiaba la misma carrera que Sara: Ciencias de la comunicación, solo que Italia quiso irse a estudiar a Veracruz debido a que ella encontraba a Ciudad Victoria muy aburrida. Italia había salido de vacaciones antes que Sara y se encontraba en la ciudad.

Sara hablaba alegremente por teléfono mientras Leticia la miraba con ternura.

-Es increíble… -Dijo Leticia para sí misma-. Parece que fué ayer cuando llegó a esta casa.

-Oye mamá… -dijo Azali sacándola de sus cavilaciones. -Hablé con mi papá hace rato… Sobre Sara…

Leticia se volvió hacia su hija menor.

-¿Qué pasa con Sarita? -Preguntó Leticia preocupada.

-No es nada… sino que… bueno, te comenté que últimamente he tenido sueños sobre Sara… -Dijo Azali mientras se servía refresco en el vaso. -De su vida al lado de su padre anterior, el Doctor James Marcus.

Leticia se sobresaltó un poco.

-No te preocupes… -continuó Azalie-. No le comentaré nada a mi hermana… eso podría causarle un shock. Pero se me hace muy extraño que últimamente es lo único que he visto en mis visiones. Ahora sé por qué su aura emana algo de tristeza… Y por qué ese llanto por las noches llamando a su papá… ¿Era a él a quien llamaba en sueños?

Leticia asintió.

-Tu hermana sentía un gran amor por ese sujeto. -afirmó Leticia mirando a Azalie a los ojos. -yo estuve ahí cuando se despidieron… No tienes idea de lo duro que fue para ambos. Fue muy doloroso. Fue muy triste para mí el verlos así.

-¿Como estuvo? -Preguntó la muchacha.

Leticia Garza recordaba perfectamente, Ella había presenciado ese momento.

-Fué en una tarde lluviosa, en la frontera de Reynosa-Mc. Allen. -recordó Leticia-. Estaba lloviendo demasiado. Recuerdo que el doctor se veía muy demacrado. El dolor lo hacía verse más viejo.

Leticia evocó aquella tarde lluviosa de agosto. Lo recordaba perfectamente. El Doctor Marcus llegó con Sara de la mano a donde se encontraba el contacto. Leticia se encontraba observando desde el carro, lo suficientemente cerca para escuchar la conversación.

-Saluda a la señorita, Lenore. -Dijo Marcus.

-Buenas tardes. -Saludó la niña tímidamente.

El Doctor Marcus se acercó a la niña y se hincó. La niña le sonrió con ternura. El la abrazó fuertemente contra su pecho conteniendo el llanto. Luego la miró a los ojos...

-Lenore, mi amor... Quiero que me escuches lo que voy a decirte... Es importante.

La mirada transparente de la niña se detuvo un instante en las de el.

-¿Qué pasa, papá? -Preguntó la pequeña con sus ojos color de mar fijos en los de él. Ella no comprendía la gravedad del asunto… aún.

-La señorita va a llevarte con ella… -Dijo Marcus mirándola con melancolía.

-¿Y a qué hora vas a venir por mí? -preguntó la niña.

James Marcus miró a su niña con gran tristeza. No podía mentirle a la persona que más le importaba.

-Es que… -dijo Marcus con su voz quebrada-. No voy a ir por ti, mi niña.

-¿Qué? -Replicó la niña confundida. Comenzaba a entender que algo anormal estaba pasando.

-Mira: -Explicó Marcus. -la señorita va a llevarte a una casa nueva... con unos papás nuevos... Tendrás una mamá y una hermanita con quien jugar.

La niña comenzó a llorar desesperada.

-¡No, no, no! -Gimió la pequeña angustiada. -¡Yo no quiero papás nuevos! Yo no quiero una casa nueva, ni una mamá ni una hermana… ¡No quiero nada de eso!

La pequeña sollozaba abrazada a él.

-¡Papá! ¡No quiero separarme de ti! ¡Quédate conmigo! –suplicó.

-Lenore, Lenore mi niña... escúchame por favor lo que te voy a decir... -dijo Marcus-. Esto es tan difícil para mí, como lo es para tí. Yo tampoco quiero separarme de tí, pero entiende, esto lo hago para protegerte... No quiero que te pase nada malo... Tú eres lo que más quiero en este mundo... eres la única persona en mi corazón. Por eso no quiero que te pase nada malo... y esta es la única forma. Me entiendes, ¿Verdad?

La pequeña lo miró con sus hermosos ojos turquesa llenos de lágrimas y comprendió lo que él intentaba decirle.

-Entiendo. -Dijo ella con su mirada fija en los ojos celestes de Marcus.

-Eres una niña muy inteligente, esa es una de las razones por las que te quiero tanto. -dijo el científico mientras acaricia el cabello de su niña-. Eres mi orgullo.

La pequeña no dejaba de llorar. El doctor James Marcus nunca en su vida se imaginó a sí mismo en una situación así, y mucho menos se imaginó que llegaría a amar a alguien de esa forma. El día en que le dijeron que tendría qué adoptarla y encima, criarla como su hija, Marcus estaba demasiado inconforme, realmente odió la idea… en ese momento no imaginaba lo mucho que sufriría dos años después al despedirse de ella.

-Mi niña… voy a extrañarte como no tienes una idea. -Marcus tomó las manitas de la niña entre las suyas-. Te pido por favor... que seas buena con tus nuevos papás y con tu hermanita- decía el científico mientras acariciaba el cabello de su niña-. ¿De acuerdo?

-Te amo, papá. -decía la niña dirigiéndole una tierna mirada.

-Yo también, mi niña. -dijo el-. Yo te amo más…

La pequeña acarició el rostro del científico y le dio un beso en la mejilla.

-Cuando sea grande me voy a casar contigo- Dijo la pequeña en susurro.

Marcus se le quedó mirando con expresión de viejo triste. Por mucho que lo deseara, por muy dulces que parecieran esas palabras, no podía tomarlas en serio, después de todo venían de una niña de tan solo cuatro años.

-Cuando crezcas -dijo Marcus- olvidarás esas palabras. O por lo menos, pensarás muy diferente.

La pequeña negó con la cabeza.

-No, papá -aseguró-. Es una promesa.

-Voy a extrañarte tanto, mi pequeña y linda Lenore.

Lenore acarició el rostro del científico y éste acarició la mano de la niña. La pequeña comenzó a llorar. Marcus secó las lágrimas de la niña.

-Mira... Te prometo algo: -dijo Marcus al fin- esta es la promesa más importante que he hecho en mi vida, y te juro por mi vida, que la voy a cumplir de algún modo... No me importa cuántos años pasen, No me importa si tengo que matar a veinte o mil personas para hacerlo...

La niña lo miraba esperanzada. El tomó las manitas de la pequeña entre las suyas.

-Te prometo, que algún día... no me importa cuánto tiempo pase -dijo Marcus- Pero te juro por mi vida que algún día tú y yo nos volveremos a ver... Algún día tú y yo nos habremos de encontrar. Volveremos a estar juntos y nadie, pero nadie, ni nada nos va a separar. Ese día vamos a estar juntos para siempre.

-¿De verdad? -preguntó la niña con una expresión de consuelo en la mirada.

-Te lo juro, mi amor. Posiblemente, cuando eso suceda, tú hayas olvidado nuestra promesa. No te lo voy a reprochar. Yo no voy a olvidar esta promesa. Esta promesa está grabada con fuego en mi corazón, al igual que tú. -Afirmó Marcus besando las manos de su pequeña- Te quiero mucho... te amo y nunca te voy a olvidar. Siempre estarás en mi corazón, y esta promesa también, y no descansaré hasta cumplirla.

La pequeña se le quedaba mirando con sus ojos llenos de amor… y una profunda tristeza.

-¿Qué pasa, Lenore? -indagó Marcus- ¿Por qué me miras así? Acaso... ¿quieres que mi imagen quede grabada en tu corazón?

-No… -dijo la pequeña negando dulcemente con la cabeza- Tu ya eres parte de mi corazón.

Esas palabras no eran de una niña de 4 años... Y es que la pequeña Lenore, era bastante madura para su edad. James la miró con una profunda mirada... James Marcus la abrazó con fuerza y la besó. Se levantó y se dio cuenta de que la niña lo sujetaba fuerte de la camisa... como impidiendo que se fuera. El volteó a mirarla, y solo vio sus ojos llorosos.

-Adiós, Lenore. -dijo Marcus para despedirse- recuerda que volveremos a vernos, y a estar juntos. Nunca te voy a olvidar.

-Adiós, papá... -Dijo la pequeña.

El científico abrazó a su niña por última vez, besó su frente y se quedó abrazándola un momento. Entonces, repentinamente, la pequeña cayó dormida. La mujer que era contacto entre el Doctor James Marcus y el matrimonio Andrade Garza habló.

-La niña quedará dormida por un día entero y al despertar no recordará lo sucedido –Explicó-. No puedo asegurarle que olvide por completo todo lo que ha pasado. Pero lo recordará muy vagamente, como si se tratara de un sueño.

Leticia fue hacia donde estaban la mujer contacto y el Dr. Marcus a recoger a la niña.

-Le agradezco mucho. -dijo el anciano mientras le entregaba la pequeña a Leticia-. Sé que cuidarán bien de ella.

-Todo estará bien. –dijo Leticia- Lo único que va a faltarle será usted.

Leticia miró a la niña quien dormía en sus brazos.

-Es muy linda. -Comentó.

-Sí -afirmó Marcus con una sonrisa-. En verdad es muy linda… parece una gatita recién nacida.

Leticia recordaba perfectamente la tristeza que ambos sentían al separarse. Recordaba vívidamente el rostro del Dr. Marcus al marcharse. La voz de su esposo, quien había salido del baño la sacó de sus pensamientos.

-Tessy, -Dijo Adolfo mientras se secaba las manos- ¿Ya está servido?

-Sí. -Respondió Leticia-. Sólo falta que Sara venga a sentarse.

En ese momento, Sara salió del estudio con el teléfono en mano.

-Papá, Mamá: Dice Italia que si nos dan permiso a Azalie y a mí de quedarnos a dormir en su casa y de ahí ir al río mañana

-Pues por mí… -dijo Adolfo-. No hay problema…

-Por mí tampoco. Dijo Leticia. Pero no sabemos si Azalie quiera ir con ustedes…

-¿Qué dices, Azalie? -Inquirió Sara- ¿Vienes con nosotros?

Azali se acomodó un mechón de su cabello detrás de su oreja.

-¡Sí, claro! -Dijo Azalie sonriendo-. Sólo que quiero ir primero a visitar a Abril. Necesito hablar con ella sobre un asunto importantillo.

-Okey. -Dijo Sara- Déjame decirle a Italia.

Sara siguió hablando con Italia.

-Wey, mis papás dicen que no hay pedo -dijo Sara a Italia por teléfono-. Sí vamos a ir, sólo que llegaremos un poco tarde, por que Azalie tiene un pequeño compromiso. Nos vemos al rato ¡Bye!

Sara colgó y dejó el teléfono inalámbrico en su lugar.

-Bien -dijo Sara mientras se sentaba en la mesa-. ¡Me muero de Hambre!

Sara se sentó a comer con su familia. Platicaron de cosas triviales. Sara le comentó a su mamá acerca del éxito de la revista que ella y su amiga Beka hicieron como trabajo final de la clase de comunicación gráfica. Azalie por su lado, les contó los detalles y la odisea que pasó para llenar la ficha para el examen de admisión a la UAT. Leticia en cambio, habló de lo que llevaba escrito de su nuevo libro: "Personajes y anécdotas de la calle diecisiete", el cual hablaba, como su título decía, de anécdotas de las personas que vivían en dicha calle de Ciudad Victoria. Al terminar de comer, Sara y Azalie subieron a su recámara para preparar un traje de baño, su pijama y dos cambios de ropa para la ida a casa de Italia. Adolfo y Leticia, observaban satisfechos cómo sus dos hijas, las cuales eran adoptadas se querían y se apoyaban. Como dos verdaderas hermanas. Leticia decía que ni siquiera las hermanas de sangre se querían tanto como sus dos hijas, pues entre ambas jóvenes había surgido un lazo especial. Aunque no llevaban la misma sangre, se querían como verdaderas hermanas… O más.

Azalie y Sara iban en su carro. Escuchando música a todo volumen hasta que llegaron a casa de Abril.

Abril Duarte era una amiga de Azalie, desde hacía. La chica sabía leer el aura de las personas y era clarividente al igual que Azalie. Abril era unos días mayor que Azalie. Tenía dieciocho años cumplidos. Azalie quería hablar con ella sobre el asunto de Sara para buscar consejo para ayudar a su hermana de algún modo. Al llegar, Azalie se bajó del carro.

-¿Quieres que te espere aquí o te acompaño? -Preguntó Sara.

-Espérame aquí, Sara. -Dijo Azalie tranquilamente.
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Mensajepor Ele Alzerav » 01 Abr 2013 05:54

Se nota que te gusta Marcus xD
Buen capítulo =D>
Está muy bien narrado, aunque quedó un poco largo; la verdad es que cuesta bastante leer tanto tocho de una vez en el pc. Podrías probar a hacer capítulos más cortos o a ponerlos en dos o tres veces :P
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Mensajepor Lenore Marcus » 01 Abr 2013 11:41

Ele Alzerav escribió:Se nota que te gusta Marcus xD
Buen capítulo =D>
Está muy bien narrado, aunque quedó un poco largo; la verdad es que cuesta bastante leer tanto tocho de una vez en el pc. Podrías probar a hacer capítulos más cortos o a ponerlos en dos o tres veces :P


Jejejeje ¿Gustarme Marcus? En realidad lo amo!!
Bueno, he de decirte que parte de la historia está escrita ya (aun me falta) y está trepada en FF.NET
En realidad tiendo a hacer historias largas, y los capítulos tambien (aunque hay algunos más cortos)
Bueno, al menos ya tengo un comentario en el primer capítulo, lo cual indica que ya lo leyó alguien, y aunque me gustaría tener más lectores, aunque tenga solo uno, por ese lector (o lectora) seguiré subiendo mi historia en este foro.
Sobre lo de la longitud de los capítulos, entiendo, pero te sugeriría esto:

-Copia y pega en Word (y obvio, guárdalo)
-Y para que no se te pierda la lectura, cuando llegues a un momento donde quieras dejar la lectura para hacer otra actividad,
cambia el color del último párrafo en el que te quedaste para así distinguir cuando le des a scroll ya saber dónde te quedaste. y hacer eso cada vez que quieras pausar la lectura con un color distinto, para que así no te confundas (eso es lo que yo hago)


Y en vista de que ya ha habido un comentario, me dispongo a subir de una vez el capítulo 2, que la ventaja de subirlos aquí, es que puedo subir uno o más dibujos por capítulo.
En verdad lo aprecio como no te imaginas, y me gustaría pedirte que si te gusta la historia, vayas recomendándola con tus amigos... y si no te gusta...
¡Recomiéndaselo a tus enemigos y asi ganamos las dos!
:mrgreen:

En verdad, me haría muy felíz que esto se difunda.
Gracias y a continuación subiré el capítulo 2
:D
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Mensajepor Lenore Marcus » 01 Abr 2013 11:54

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Capítulo 2

-Duda-

Azalie se dirigió a la puerta y tocó. Abril salió a recibirla con alegría.

-¡Hola, Azali! Pásale... -le dijo mientras la saludaba de beso en la mejilla- ¿Viene tu hermana?

-Está en el carro. -Respondió Azalie.

Azalie entró a la casa pulcramente ordenada. Abril era delgada, de grandes ojos color ámbar y cabello color rubio ceniza oscuro largo, muy lacio, como escurrido. Su piel era muy pálida y daba una impresión de fragilidad, era una belleza etérea. Llevaba un vestido blanco de tirantes muy fresco. Fueron hasta el amplio jardín trasero y se sentaron en los sillones de mimbre que tenían en el jardín. El viento seguía soplando agitando las pequeñas palmeras del jardín de Abril.

La joven miró a Azalie y entonces se puso seria.

-Te preocupa mucho tu hermana. -Comentó la muchacha.

Azalie no se sorprendió. Abril tenía esa facultad. No era necesario contarle nada.

-Sí. -Contestó Azalie-. Me preocupa mucho...

Abril se inclinó hacia adelante, apoyando su rostro en sus manos y levantó su mirada, posándola en una gatita siamés flame point que se encontraba echado tranquilamente sobre la barda a la sombra de un árbol de "pata de vaca".

-Tu hermana tiene un pasado muy complicado. -Dijo ella mirando la gatita-. Más complicado de lo que te imaginas.

-Eso no es nada nuevo para mí. -Dijo Azalie mirando hacia el cielo-. Ahora entiendo por qué su aura despide cierta tristeza, y esos ataques de llanto entre sueños. Y, el padre de Sara...

Abril se volvió hacia su amiga mirándola directamente a los ojos.

-Padre adoptivo. -Corrigió-. No llevaban la misma sangre.

-Lo sé. -Replicó Azalie-. Lo que me pregunto es... ¿Qué rayos pasó? ¿Por qué nunca volvió por ella? ¿Aún vive?

-Está vivo -Dijo la joven de los ojos color ambar-. Y no se ha olvidado de ella...

-¿Y entonces por qué no volvió por ella? -preguntó Azalie-.

Abril se acercó a ella y la miró directamente a los ojos color rubí.

-Porque sus planes se retrasaron por la traición de las personas en quienes confiaba... -Respondió Abril-. Pero él no quita el dedo del renglón tan fácil.

Azalie la miró con tristeza.

-Pero... -dijo la muchacha angustiada-. Si mi hermana no parece recordar nada... ¿Aún así se irá con él?

Abril la miró comprensivo. Podía entender la preocupación de Azalie, después de todo, ella misma adoraba a Sara, y sabía bien lo mucho que Azalie quería a su hermana. Ella le habló con sinceridad.

-Tu hermana lo recuerda. –dijo-. ¡Claro que lo recuerda! No con mucha claridad, pero recuerda que alguna vez tuvo a esta persona a quien quiso más que a nadie. Y eso es algo que la angustia un poco, porque ella no recuerda su rostro. Ella tiene la errónea creencia de que si se cruzara con él en la calle no se daría cuenta.

-¿Errónea por qué? -Preguntó Azalie intrigada.

-Porque estoy segura de que en cuanto vea ella su rostro, todos esos recuerdos tan valiosos para Sara regresarán a ella, tan vívidos como si hubiera sido ayer.

Azalie se quedó sorprendida por lo que ella le había dicho.

Abril estaba de nuevo con la mirada hacia la gatita de la barda, parecía muy absorta en ella; en ese instante, un enorme gato siamés tabby point saltó hacia la barda y se acercó a la gatita que aún dormía plácidamente. La mirada de Azalie se volvió hacia el gato, que en ese momento comenzó a lamer suavemente la cabeza de la aún dormida gatita acicalándola.

-Si Sara aún recuerda algo... ¿Por qué nunca me contó nada?- Pensó sin dejar de mirar a los felinos.

-Porque teme a que crean que está loca o que son sueños. -Respondió Abril con una sonrisa ante la mirada sorprendida de Azalie-. Te lo contará si sabes preguntárselo en el momento oportuno. Tu hermana tiene un gran peso encima. Y si vuelven a encontrarse, tu hermana hallará la paz que siempre ha estado buscando.

En ese momento, la gata se levantó, y se estiró, y entonces procedió a frotar su rostro contra el cuello del gato que ronroneaba satisfecho.

-Se me hace que ésos dos me van a salir con su domingo siete –comentó Abril sonriendo al ver a sus gatos.

-Estoy segura de que saldrán unos gatitos preciosos –respondió Azalie riendo

En ese momento, Azalie recibió un mensaje en su celular.

-Aguántame -Dijo Azalie sacando su celular para leer el mensaje.

-Claro. -Dijo Abril sonriendo.

Azalie leyó el contenido del mensaje.

-TE ESPERO EN VIDEOÑOÑOS. YOSHUA-. Decía el mensaje.

Azalie miró a su amiga.

-¿Entonces? ¿Qué me aconsejas hacer?

-Deja que todo fluya. -concluyó Abril-. Es lo mejor que puedes hacer. Las cosas caen por su propio peso.

Azalie se levantó al igual que su amiga y avanzaron hasta la puerta.

-Muchas gracias, Abril. -dijo Azali mientras le daba un beso de despedida en la mejilla-. Nos vemos luego.

-Déjame nada más saludar a Sara. -Dijo Abril sonriendo.

La chica fué hasta el carro. Sara se encontraba sentada sobre el cofre del carro jugando The Legend Of Zelda en su game boy color. Al ver a su hermana y su amiga acercarse. Salvó sus avances, apagó el Game boy lo guardó en la bolsa de su pantalón.

-¡Hola hermosa! -Saludó Abril con efusividad al tiempo que le daba un abrazo y un beso en la mejilla.- ¿Cómo te trata la vida?

-¡Bien! Aunque sigo con la mala suerte en el amor. -Dijo con expresión de inconformidad.

-No te preocupes. -dijo Abril dándole palmaditas en la espalda-. Lo que pasa es que no has encontrado a la persona correcta. Ya la encontrarás.

-¡Dios te oiga! -Dijo Sara sonriendo.

De súbito, Abril le tomó la mano a Sara y la miró directamente a los ojos, la mirada de Abril estaba fija, Sara notó que la chica temblaba.

-Pronto vendrá un momento –dijo con sus ojos clavados en la pelirroja, aunque la mirada parecía ausente-, en el cual vas a enfrentar la más dura de tus luchas… Buscando una señal, perdida en la más oscura de las noches…

-¿Qué…? –Dijo Sara sin entender -¿De qué hablas?

-El viento soplará tan frío, y sentirás que estás sola de pie esperando a que esa batalla comience –continuó Abril en tono críptico-, pero ¿sabes? No te dejes amedrentar por ello, a pesar de toda esa oscuridad, hay una luz que fluye de tu corazón… es como una reacción en cadena, y nada los volverá a separar. Tu sólo tienes qué creer… ¡Cree!

-No sé de qué me hablas, Abril –Balbuceó Sara nerviosa.

La expresión de Abril regresó a la normalidad.

-Lo sabrás en su momento –dijo Abril con una sonrisa mientras guiñaba el ojo-. Pero bueno, ya nos echaremos luego otra platicadita, cuídense mucho.

-Okey. Nos vemos, ¡Bye!-Se despidió Sara.

Sara y Azalie iban en el carro. En el estéreo sonaba la canción "Californication" De Red Hot Chili Peppers. Sara traía su paleta en la boca.

-Wey, -dijo Sara- Primero vamos a Videoñoños, ¿No? Digo, ya sabes que a Italia y a esa bolita no tienen nuestros gustos. La única es Ale.

-Perfecto. -Dijo Azalie- Inu Yoshua me dijo que me esperaba ahí.

-¡Pues vamos!

Sara se dirigió para Videoñoños, que era como cariñosamente llamaban a Videoadictos. Videoadictos era un negocio donde por diez pesos, se podía jugar una hora el juego de Playstation, supernintendo o nintendo 64 que uno quisiera. También vendían sobres y decks de Cartas Yu-gi-Oh! o cartas Magic. Empezó con poca clientela, pero pronto, Videoadictos se convirtió en el punto de reunión de la comunidad Otaku-gamer-duelista de Ciudad Victoria. Por lo general estaba lleno de gente que iba a intercambiar cartas o a jugar duelos de Yu-gi-Oh! Los miércoles se reunían a jugar juegos de rol. Por lo general se jugaba Calabozos y Dragones. Entre algunas personas, videoadictos era conocido despectivamente como el hoyo de los "Yu-gi-cuates", que era el nombre despectivo con el que llamaban a los duelistas de Yu-gi-Oh! La gran mayoría de la gente que se reunían en videoadictos eran hombres. Sara y Azalie Andrade eran de las pocas mujeres que acudían.

Sara estacionó el coche frente a Videoadictos y se bajó junto con su hermana. Al llegar saludaron a todos. Ahí se encontraban Félix a quien apodaban: "Chico pescado", René, Arturo, tambien conocido como "R2D2" o "El enano", Miguel, a quien conocían como "Calabazo" . Se encontraban Abner a quien apodaban "Zombie" y Sebas, a quien apodaban de distintas formas: "Monstruo", "Bad-Malo", "el vago", y su apodo mas nuevo era: El "Changoleón".

Sebas era moreno, y un poco encorvado. Tenía el cabello y los ojos negros y usaba barba de candado. Tenía aspecto de maleante, de mariguano a decir de algunos, pero solo era la apariencia. En realidad se trataba de un muchacho muy caballeroso, noble y buen amigo. En tres ocasiones, se lo habían llevado detenido solo por la pinta de maleante. Una de esas veces, Sebas se encontraba afuera de una escuela primaria intercambiando cartas de Yu-gi-Oh! con unos niños. Un policía lo vió y lo subió a la camioneta y se lo llevó detenido a los separos del 2 Zaragoza. Al registrar la mochila, cual no fué su sorpresa al no encontrar nada de droga, y en su lugar encontraron cartas de Yu-gi… Al darse cuenta de su error, lo dejaron libre.

Sebas se acercó a Sara y a Azalie a saludarlas.

-¿Qué Onda, Sara? ¿Qué onda, Azalie? -Saludó Sebas.

-Pos, aquí nomás. Viendo quien está aquí de la banda… -Dijo Sara echando hacia atrás un mechón de su cabello rojizo.

-Sebas, ¿No has visto a Yoshua? -Preguntó Azalie.

Sebas se le quedó mirando con sus ojos negros.

-No… -dijo Sebas-. Debe venir para acá. Probablemente venga con el Christopher…

No pasaron ni diez segundos cuando llegaron Christopher y Yoshua acompañados por un niño pequeño. Yoshua era el novio de Azalie. Era blanco, delgado de cabello castaño y largo. Tenía los ojos color miel, casi rayando en lo amarillo. Le apodaban Inu Yoshua, debido al parecido tanto físico como mental de él con el personaje de ánime, y por lo parecido que sonaba su nombre. Yoshua era un poco rudo para decir las cosas, y no era el tipo de personas que mostraran fácilmente sus sentimientos. A veces era algo cínico y burlón. Demasiado sincero para decir lo que pensaba. Yoshua se apresuró a saludar a Azalie.

-¿Qué onda? -Saludó Yoshua a Azalie.

-Nada. -Dijo Azalie dándole un beso en la mejilla mientras Yoshua se sonroja violentamente.

-No cuenten dinero en frente de los pobres! -Dijo Sara en son de broma.

Christopher Saludó a ambas hermanas.

-¿Qué onda?

-Pues nada… -Dijo Sara mientras le da un beso en la mejilla.

-Aquí nomás. -Dijo Azalie saludándolo.

Christopher era amigo de ellas. No muy delgado, de cabello negro y ojos café claro ligeramente rasgados. Christopher usaba anteojos, por su ligera miopía. A Sara le gustaba Christopher desde hacía algunos meses, pero cuando ella se había decidido a decirle lo que sentía, otra chica se le adelantó y anduvo con Christopher. Sara se hizo a un lado, pues ella tenía demasiado honor como para quitarle el novio a otra chava, en especial si eran amigas. No sirvió de mucho, pues la chica, a quien apodaban Kitty, mandó a volar al chico a las pocas semanas debido a que sentía muchos celos de Sara, no sin antes, armarle tremendos escándalos. Se aparecía en la universidad, le armó escándalos en la casa y llegó al grado de armarle tremendo escándalo en la funeraria de su padre. Sara intentó hacerle entender a Kitty que no quería nada con Christopher, pero ella no hizo caso. Poco a poco, la chava se olvidó del asunto y la dejó en paz, al igual que a Christopher. Aún así, Sara siguió tratando a Christopher como siempre, y poco a poco, se fué desenamorando, sin embargo, Christopher comenzaba a sentirse atraído por ella.

-¿Y ese niño que viene con ustedes? -Preguntó Sara.

-Es mi primito. Es mi protegido.

-¿Tu protegido? -Inquirió Azalie levantando la ceja.

-Sí. -Respondió Christopher-. Verán, mi hermano y yo tenemos cada uno un protegido, a quien le enseñamos nuestras costumbres para que al crecer sean como su respectivo protector.

-Quieres decir que… -Dijo Sara.

-Sí, Ratificó Christopher en tono triunfal poniendo su mano sobre el hombro de su protegido-. Algún día, este niño será como yo.

Christopher se inclinó hacia su protegido.

-A ver… -Dijo Christopher a su primo.- Diles a las muchachas cómo te llamas. Pero diles tu nombre verdadero. ¿Cómo te llamas?

-¡Gohan! Respondió el pequeño.

-¡Muy bien! -dijo Christopher-. ¿Lo ven?

-¡No mames! -dijo Azalie- Como el de Dragon Ball Z?

-¡Sí! -dijo Christopher-. ¡Gohan es el mejor de toda la serie!

-¡Pero Gohan es un marica chillón! –Replicó Sara-. Prefiero a Piccolo o a Gokú.

René y Félix se acercaron a ellos para platicar y saludaron a los recién llegados. Christopher se inclinó para hablar con su primito.

-A ver, Gohan… -dijo Christopher a su primito-. Dí: Félix y René son novios.

-¡Félix y René son novios! -Dijo el pequeño alegremente.

Christopher se rió como loco.

-¡Dilo más fuerte, para que todos te oigan! -Exhortó Christopher al tiempo que lo cargaba en alto.

-¡Félix y René son noviooooos! -dijo el niño gritando.

Todos se rieron del comentario.

-¡No chingues, Christopher! -Dijo Félix algo molesto.

-¡Te pasas! -Comentó René. -Al rato va a pensar que es lo más normal del mundo que dos hombres sean novios.

-¡Algún día será como yo! -Replicó Christopher con orgullo.

La mirada de Sara se tornó un poco melancólica, lo cual todos notaron. Sebas puso su mano sobre el hombro de Sara.

-¿Estás bien? -preguntó.

Sara reaccionó como si la hubieran despertado, lo cual llamó mucho la atención de Azalie.

-¡Eh! No, no pasa nada… -dijo- Sólo que… por un momento sentí como si algo muy parecido hubiera pasado hace tiempo… pero no lo recuerdo con claridad.

Azali miró a su hermana directo a los ojos, y de nuevo se transportó a aquella época.

Aquella oficina era espaciosa, bellamente decorada, llena de portarretratos con fotos de Sara. Cerca de la puerta se encontraba un perchero. Había una pecera. Y por un lado del escritorio, había una puerta. Detrás del escritorio, se encontraba el Dr. Marcus sentado, con Sara sentada en sus piernas. Frente a ellos se hallaban dos muchachos con batas de laboratorio. Ambos eran rubios. Uno de ellos llevaba lentes oscuros a pesar de que el lugar no era muy iluminado.

-¿Eso es todo? -Preguntó Marcus.

-Sí. -Respondió el de lentes obscuros-. Después le traemos el informe completo.

El Doctor Marcus acarició el cabello de la niña y se quedó mirándola con sus ojos enamorados prendidos en la pequeña.

-¿Necesita algo mas, Doctor? -Indagó el otro rubio.

-No. -dijo Marcus-. Pueden retirarse. En un momento iré al laboratorio.

-De acuerdo. -Dijo el rubio de lentes oscuros. -¡Adiós Lenore!

-¡Adiós, Albert! -Dijo la niña.

-¡Nos vemos, Linda Lenore! -Dijo el otro rubio.

-¡Adiós, William! -Dijo la pequeña sonriendo.

Una vez que los dos muchachos salieron, la niña miró a su padre a los ojos.

-Albert y William siempre están juntos… -dijo la niña algo pensativa- ¡Parecen un par de calcetines! -Agregó alegremente.

-No… -dijo Marcus riendo-. Lo que pasa es que son novios.

-Qué es ser novios? -Preguntó la pequeña.

-Lo sabrás cuando estés más grande. -Replicó Marcus.

-Así que Albert y William son novios… -Dijo la pequeña pensativa.

Al oír eso de boca de su niña, Marcus intentó ocultar su risa inútilmente.

-¿De qué te ríes, papi? -Inquirió la pequeña.

-Es que es gracioso… No imagino la cara que pondrían esos dos si lo oyeran…

Cargó a su niña y salió de la oficina y entró a uno de los laboratorios, donde se encontraban, entre otros, los dos rubios de hacía unos segundos.

-¡Oigan todos! -Dijo Marcus serio-. ¡Lenore tiene algo muy importante que decirles!

Todos se miraron entre sí. ¿Qué rayos tendría que decir esa niña que era tan importante?

-Dilo, Lenore… -dijo el científico-. Lo de hace un momento.

-Albert y William son novios.

Todos en el laboratorio comenzaron a reír, con excepción de los dos rubios, quienes miraron a la pequeña Sara o Lenore con ganas de retorcerle el cuello al igual que a su padre. Marcus quiso echarle limón a la herida. Cargó a la niña en alto orgulloso.

-Dilo más fuerte. ¡Para que todos te oigan! -Dijo Marcus con la niña en alto-. Di: ¡Wesker y Birkin son novios!

-¡Wesker y Birkin son novios! -Canturreó la niña alegremente.

-¡Doctor! No debería enseñarle a una niña a decir esas cosas! -Replicó el rubio de los lentes obscuros-. Va a crecer con la idea de que es normal que dos personas del mismo sexo sean novios.

-¡Es una broma! -dijo Marcus mientras abraza a su niña con expresión de orgullo-. Algún día esta niña será como yo. Además ni siquiera sabe qué es ser novios…

-¿No sabe qué es ser novios y vive diciendo que un día se va a casar con usted? -dijo el otro rubio alzando una ceja. - ¿Cómo no va a saberlo?

-¡Yo quiero mucho a mi papá y voy a casarme con él cuando crezca! -Replicó la niña sacando la lengua.

James Marcus cargó a su niña y le dio un beso en la mejilla.

-Ven, gatita… Vamos a comer -Dijo Marcus mientras salía del laboratorio-. Regreso al rato. Dijo a los demás.

Los que se quedaron en el laboratorio se quedaron mirando como si hubieran visto un fenómeno.

-¿El Dr. Marcus bromeando? -comentó un muchacho de cabello negro sin dar crédito.

-No, -Dijo otro muchacho-. La pregunta debe ser: ¿El Dr. Marcus sonriendo?

-Este mundo se va a ir a la mierda… -comentó otro chico mientras miraba por el microscopio-. Se acerca el Apocalipsis…

-Es que está "Lenorizado". -Dijo una joven-. ¡Eso es lo que pasa!

Un muchacho con anteojos se acercó a los dos rubios poniendo sus manos sobre los hombros de los dos tipos.

-Pero qué guardadito se lo tenían, ¿Eh?, ¿Wesker y Birkin?

En ese momento, Azalie regresó a la realidad. Yoshua la miraba intrigado.

-¿Por qué te quedaste ida? -Preguntó el chico.

-Por nada… no es nada importante. -Comentó Azalie.

En ese instante, Sara recibió una llamada a su celular. Se trataba de Italia. Quien le preguntaba a qué hora iban a llegar. Todas habían llegado y solo faltaban Sara y su hermana. Al terminar la llamada. Sara se despidió de todos junto con su hermana y se fueron a casa de Italia.

Sara y Azalie llegaron a casa de Italia. Era una casa grande, en la mera esquina de la calle Tulipán, en el fraccionamiento Residencial Campestre. Sara bajó del carro y tocó el timbre. La puerta de madera se abrió y ante ellas apareció Italia.

-¡Sara! -dijo Italia mientras la abrazaba efusivamente- ¡Cuera! Ya hacía tiempo que no te veía…

-¡Lo mismo digo! -Dijo Sara.

Italia se apresuró a saludar a Azalie con un abrazo.

-¿Cómo has estado, Azalie? -dijo Italia emocionada-. ¡Qué grande estás!

-Aquí nomás, -dijo la muchacha-. ¡A punto de entrar a la Universidad!

-¡Qué padre! -Contestó Italia.

Sara se acomodó un mechón de su cabello rojizo.

-¿Y las demás? -Preguntó Sara mirándola con sus ojos de mar.

-Estamos en el estudio viendo la tele. -Comentó Italia mientras las guiaba al estudio.

Italia era alta, de la misma estatura de Sara y Azalie. (1.72 para ser exactos). Era delgada, de cuerpo parecido al de Sara y tenía el cabello castaño claro y ojos color café. Italia era del tipo extrovertido, líder nata, le gustaba ver la vida sin complicaciones, con optimismo, sin embargo, era la primera en estar ahí para apoyar a sus amigas. Odiaba la rutina y el ser típica o clásica. Ella adoraba la idea de ser única, adoraba la originalidad, lo poco común, quizá por eso simpatizaba con las hermanas Andrade, quienes eran todo, menos comunes.

Al entrar al estudio, todas se levantaron a saludar a las dos muchachas. La primera en levantarse fue Tannia, una muchacha delgada, no muy alta de largo cabello negro, y grandes ojos negros.

-¡Sara! ¿Cómo has estado? -dijo Tannia, mientras le da un abrazo a Sara, después saludó a Azalie-. Y tú, Azalie, ¡cuánto tiempo! -dijo.

La segunda en ir a saludar fue Rocío. Rocío era llenita, de ojos grandes. Cuando eran niñas, Rocío no simpatizaba mucho con Sara, ambas se la vivían de pique, Azalie, era solidaria con su hermana y siempre la defendía, Rocío y Sara tenían diferencias debido a que Sara, siendo una chica algo "freaky" y Rocío, una persona demasiado normal, tenían muchas diferencias. Sara y Azalie eran otakus y gamers. Rocío no se perdía las telenovelas del canal de las estrellas. A Sara le molestaba mucho que Rocío se la pasara hablando de muchachos, de que si le gustaba a fulanito, que si ella en realidad quería a zutanito… Simplemente Sara no lo soportaba. Rocío en cambio, odiaba cada vez que Sara hablaba de "caricaturas" o videojuegos. No soportaba el que Sara hiciera siempre referencia a Gokú, o a Sailor Moon o a cualquier otra "caricatura". Lo que mas odiaba Rocío de Sara, era que cada vez que le preguntaba quien le gustaba, Sara siempre decía el nombre de un personaje de ánime o videojuego. ¡Es demasiado Infantil! ¿Como puede ser tan inmadura? Se preguntaba Rocío. Sara y ella tenían problemas para tolerarse, hasta que un buen día, Tannia, Italia y Alejandra, cansadas de este problema, hablaron con ellas para reconciliarlas. Desde ese día, Sara y rocío aprendieron a tolerarse y aceptarse mutuamente.

Rocío saludó a ambas hermanas. Alejandra, la más pequeña de ese grupo, se acercó a saludarlas. Alejandra, era morena, bajita y llenita de cabello muy negro. Desde niña fue una excelente estudiante, el ejemplo a seguir en el Colegio Jean Piaget, contrariamente a Sara, quien era la viva imagen de lo que las niñas no debían ser, la oveja negra, la manzana podrida. Sin embargo, Alejandra y Sara y por ende, Azalie, eran quienes mejor se llevaban, pues Ale, como la llamaban cariñosamente, tenía gustos y aficiones un poco más parecidas a los de las dos hermanas.

-¿Y qué están viendo en la tele? -Preguntó Azalie.

-Es el concierto de RBD. -Respondió Italia.

Azalie y Sara intercambiaron una mirada de desagrado y voltearon a ver a Ale, quien encogió los hombros como diciendo: A mí tampoco me gusta, pero ni modo. RBD era un grupo que estaba pegando duro en aquel momento. Eran un grupo de niños y niñas fresas, pijos que se sentían muy rockeros. El grupo se originó por una telenovela juvenil llamada Rebelde, que narraba aventuras de unos pseudocolegiales, las chicas parecían colegialas porno, con esos uniformes tan rabones y estilizados, y los tipos… bueno, ni hablar. Esa telenovela tenía enlelada a toda la juventud mexicana. Con excepción de algunos jóvenes que tenían entretenimientos más inteligentes que ver un montón de colegialas que hacían un tremendo show sólo porque no les entraba el pantalón, y de chicas bulímicas de veintitrés años haciendo papeles de quinceañeras. Sara, Azalie y Ale tuvieron qué tragarse todo el concierto de RBD.

-Wey… ¿A qué hora aparecen los zombis? -Preguntó Sara a Italia.

-¿Zombis? Qué estupideces dices? -Respondió Italia levantando la ceja.

-Sí. -replicó Sara-. Esta cosa se vería mejor si hubiera un escape biológico y las viejas bulímicas esas se transformaran en zombis… Aaah… –suspiró-. Eso sería hemoso….

Tannia, Italia y Rocío miraron a Sara sin entender lo que decía.

-Ay, Sara… -se quejó Rocío riendo-.Tú sólo piensas en zombis.

Azalie se rió del comentario de su hermana.

-No. -replicó Sara-. También pienso en asesinos en serie, virus, bestias mutantes, ¡y sanguijuelas!

-Ay no,… -dijo Tannia en son de broma-. ¡Ya va a empezar ésta con sus saguijuelas!

-¡Las sanguijuelas son bonitas! -protestó Sara- Me caen bien.

-¡Ya cállense y dejen ver el concierto! –ordenó Italia

Las muchachas se callaron y algunas se pusieron a ver el programa mientras Sara y Azalie jugaban Yugi-Oh! Despues de un rato, el concierto llegó a su fín, para alegría de Sara, Ale y Azalie.

-¿Y ahora qué hacemos? -preguntó Italia-. Se aceptan sugerencias. Sara, se trajeron el nintendo 64?

-No, -respondió Azalie-. No pensamos que quisieran jugar.

-Oigan…-Dijo Tannia-. ¿Qué les parece si vamos al centro? Aunque sea a empañar aparadores…

A todas les pareció buena la idea de Tannia.

-¿Pero en qué carro nos vamos? -Inquirió Italia.

-¡Vamos en el mío! -Dijo Sara sin perder tiempo-. Sólo les voy a pedir que me cooperen con la gasolina.

-Perfecto. -Dijeron las demás.

Mientras las demás se adelantaban, Azalie intercambió mirada con su hermana.

-Era eso, o aguantar la tortura de ir escuchando RBD todo el pinche camino. -Dijo Sara.

-Tienes razón. -Respondió Azalie.

Sara arrancó el coche y se dirigió al centro. Buscó un buen lugar para estacionarse, y al encontrarlo, aparcó el coche ahí. Sara y sus amigas recorrieron todo el centro, viendo las boutiques algunas, viendo los videojuegos otras, recorriendo las artesanías de la plaza del ocho,. Anduvieron recorriendo toda la calle Hidalgo, de repente se encontraban con algún que otro conocido al que saludaban, y siguieron su camino. Por un momento se detuvieron en un Oxxo a comprar un refresco cada quien. Tannia se compró un K-freeze, Italia una coca-cola, Ale un jugo, Rocío se compró una coca-cola, Sara por su parte se compró una Fanta sabor naranja-chamoy y Azalie un té helado. Luego se dirigieron a la plaza del quince y se sentaron en una banca, justo en frente de la catedral, donde se había llevado a cabo una boda. La novia salió con su amplio vestido blanco del brazo de su esposo. Ambos se veían felices rodeados de todos los invitados.

-¿Qué padre ha de ser casarse, no lo creen? -comentó Rocío-. Yo sueño con el día de mi boda.

-Si sigo yo con esta suertecita en el amor, dudo mucho que me case algún día. -Dijo Sara mientras daba un sorbo a su refresco.

-Pero si tú eres muy bonita, Sara. -Replicó Tannia.- Claro que te casarás.

-Es cierto, -Intervino Italia-. El que te haya ido mal con el desgraciado de Alexis, no significa que sea así siempre…

Sara sonrió con la boca torcida.

-Wey, ¿Sabes con cuantos he andado desde que terminé con Alexis? -dijo Sara-. ¡Con ninguno! Cada vez que me fijaba en alguien, resultaba que le gustaba una amiga mía, o que alguien se me adelantaba…

Rocío la miró a los ojos.

-¿Y el tal Christopher? –preguntó-. Tu estabas muy animada…

Sara bajó la mirada. Sus bellos ojos tenían una triste expresión.

-Se me adelantó Kitty. -Dijo Sara con Tristeza-. Siempre se me tiene qué adelantar alguien. Me caga que suceda eso. Soy patética…

Azalie abrazó a su hermana.

-Tú no eres patética. -replicó Azalie-. Eres tan linda que no cualquier imbécil merece tenerte.

Sara sonrió ligeramente.

Alexis había sido el novio de Sara cuando ella tenía dieciséis años. Sara lo quiso mucho, pero el tipo tenía la maña de dejarla plantada en ocasiones. Una ocasión, se dio cuenta de la razón. Sara había salido un día con Azalie y Azucena, una de sus mejores amigas a patinar al Paseo Méndez, entonces, lo encontró en una banca. Con una muchacha que supuestamente, era amiga de Sara. La chica se llamaba Sandra. A Azalie nunca le agradó Sandra, pues ella sabía que ella no era sincera. Azalie se dio cuenta de ello, porque lo había visto en el color de su aura. Sara no armó escándalo. Solo pasó por ahí, de forma que la vieran y que se dieran cuenta de que Sara los había visto. En ese momento, con toda la dignidad y educación del mundo, lo mandó a la chingada. Y nunca volvió a hablarle a Sandra. Esa vivencia, le había dejado un sabor muy amargo a Sara. Alexis había sido su primer y único novio hasta la fecha.

Los novios se estaban tomando fotos con los invitados. Sara los miraba fijamente. Había algo pasando por su mente. Azalie puso su mano sobre la mano de su hermana, entonces, pareció transportarse de nuevo a otro lugar, en otro tiempo no muy lejano. Azalie miró a su alrededor, se encontraba en el atrio de una iglesia, donde una boda estaba a punto de levarse a cabo. Todos los invitados estaban de lo más elegantes. Los hombre usaban elegantes trajes, las mujeres usaban sus mejores vestidos. Entre los invitados, se encontraban El Dr. James Marcus y su niña. Los acompañaban los dos sujetos rubios del laboratorio: Albert Wesker y William Birkin. Los tres vestían de traje, la pequeña Sara o Lenore, como la llamaban en ese entonces, usaba un hermoso vestido color perla con algunos vivos color verde oscuro y dorado.

-¿Qué van a hacer, papá? -preguntó la niña-. ¿Por qué tanto alboroto?

-Van a casarse-. Respondió Marcus.

-¿A casarse? -dijo la pequeña-. ¿Y qué es casarse?

-Bueno... cuando dos personas se quieren mucho, pero mucho... se dice que están enamoradas... Cuando un hombre y una mujer están muy, pero muy enamorados, osea que se quieren mucho... deciden vivir juntos... es entonces cuando se casan. -Explicó Marcus.

-Ya veo… -Dijo la pequeña un poco pensativa.- ¿Y qué pasa si viven juntos y no están casados?

-Se dice que viven en pecado. -respondió Marcus.

-¿Y vivir en pecado es malo? -Inquirió Lenore.

-Pues, se supone que sí. -dijo Marcus-. Si fuera algo bueno, no habría gente que se casara y que encima lo celebraran por todo lo alto.

La pequeña se quedó mirando a su papá con sus grandes ojos color turquesa.

-Oye, Papá… -dijo la niña-. ¿Y tú y yo estamos casados?

El Dr. Marcus se quedó como petrificado por la pregunta, Albert Wesker y William Birkin trataban de reprimir la risa.

-Eh… No… -Dijo Marcus mirándola con los ojos celestes muy abiertos.

-¿Entonces qué esperamos? -dijo la pequeña-. ¡Vamos a casarnos! ¡Yo quiero casarme contigo!

El Dr. Marcus se sonrojó violentamente.

-Es que... -Dijo Marcus sonrojado-. Eso no se puede...

-¿Por qué no? -preguntó la pequeña cruzándose de brazos inconforme-. ¡Yo no quiero vivir en pecado!

El Dr. Marcus la cargó en brazos.

-¿Por qué no se puede? -interrogó la pequeña-. Yo te quiero mucho… Te quiero muchísimo.

-Lo sé, mi niña… -Respondió el.

-Y tú me quieres a Muchísimo… -dijo la niña- ¿Verdad?

-Sabes que te adoro con todo mi ser. -Dijo Marcus besando su mejilla.

-¿Eso significa que tu y yo estamos enamorados! -Dijo la pequeña alegremente-. ¿Entonces por qué no nos casamos?

-Mira: Para empezar, eres muy niña para andar pensando en casarte... Las niñas pequeñas no pueden casarse... Explicó Marcus.

-¡Está bien! ¡Eso es! -dijo la niña sonriendo alegremente-. ¡Si ese es el problema cuando crezca me voy a casar contigo! Te lo prometo.

El Dr. James Marcus sonrió negando con la cabeza y la miró. El tenía la idea de que siendo una niña, que desconoce tantas cosas, cambiaría de opinión algún día. También sabía que amaría a aquella niña durante toda su existencia, y que su rostro sería lo último que vería antes de morir. Lo que el no sabía, es que la niña realmente estaba hablando en serio y que años después, ella misma recordaría esa promesa y estaría dispuesta a cumplirla.

-Pero… -dijo Marcus con una expresión ligeramente melancólica- Yo estoy viejo... y además...

-¡Y qué! -interrumpió Lenore-. ¡Yo te quiero! ¡Te quiero muchísimo!... Mucho... Cuando crezca me voy a casar contigo… Ya dije.

James Marcus miró a la niña con gran ternura y le dio un beso en la mejilla. Wesker se acercó a la pequeña.

-Oye, Lenore… -dijo Wesker-. ¡Qué linda te ves hoy!

-Gracias, Albert -dijo la niña-. Tú tampoco estás tan feo…

-Ella siempre se ve linda. -intervino Birkin-. ¿Por qué no mejor te casas conmigo?

La niña negaba con la cabeza.

-Lo siento, William -dijo la niña seria-. ¡Pero yo me voy a casar con mi papá!

-¡No me digas eso! -Dijo Birkin.

-Lo vas a hacer llorar. -Advirtió Albert.

Los tres científicos rieron jovialmente. De pronto, el sonido de las campanadas hizo a Azalie regresar a la realidad. Entonces miró a su hermana y sonrió. En ese instante recordó la cara del Dr. Marcus cuando ella le propuso matrimonio y se rió.

-¿De qué te ríes? -Preguntó Italia alzando una ceja.

-De nada… -dijo Azalie calmando un poco la risa-. Es una broma personal.

Al ver tanto silencio, Rocío decidió sacar un tema de conversación.

Sara le dio el último trago a su Fanta y lo arrojó hacia el bote de basura que se encontraba a unos metros. La lata cayó dentro.

-¡Qué puntería! -Exclamó Italia.

-Gracias -respondió Sara con una sonrisa- ¿Qué hora es?

Tannia revisó su reloj

-Son las ocho en punto. -Dijo.

Mientras tanto, en un laboratorio ubicado en las afueras de Raccoon City, un grupo de científicos trata de huir de un grupo de muertos vivientes, al lograr salir de ese infierno, una jauría de perros rabiosos, con la carne rasgada y putrefacta se abalanza fieramente sobre ellos sobre ellos. Se oyen los gritos de terror mezclados con los gruñidos de los animales. Gritos de terror, de sufrimiento. Sangre salpicando, pedazos de carne, de vísceras… y después… el silencio y un desorden de cuerpos salvajemente mutilados.

Desde una colina, bajo el cielo estrellado, una extraña silueta se dibuja, observando la escena con regocijo demente. Una risa maniática rompió el silencio del bosque.

-Esto es sólo el principio del fin de Umbrella… Mi dulce Lenore… te prometo que pronto, muy pronto estaremos juntos.

Sara iba saliendo de bañarse, después de haber regresado de una buena caminata por el centro, y una deliciosa cena consistente en Hot Dogs, lo ideal era darse un delicioso baño. En la recámara de Italia, las muchachas se encontraban discutiendo dónde dormirían todas. La recámara era grande, con piso de parquet, había dos camas gemelas y eran seis chicas.

-¿Y bien? –Dijo Sara con las manos en la cintura- ¿Cómo nos acomodamos?

-Estaba pensando…-dijo Italia-. Que si bien las camas son individuales, caben dos personas sabiendo acomodarlas.

-A ver… -dijo Azalie- Somos seis, así que cuatro podían dormir en cama y las otras dos en el piso. ¿Les parece?

-Perfecto. -Dijo Tannia mientras se cepillaba el cabello.

-Bueno -dijo Rocío-. Pero quien se duerme en el piso y quien en la cama. ¿Cómo lo decidimos?

Alejandra apartó su vista del libro del Silmarillion que estaba leyendo.

-Como ustedes quieran. -Dijo.

-Pues por mí, -dijo Sara.- Me quedo en el piso. Hace un calor de los mil demonios y el piso está fresquecito. Además tengo mas espacio…

-Yo estoy igual. -dijo Azalie sonriendo-, ya saben que tiendo a patear mucho. No vaya a caerme de la cama o a tumbar a alguien.

-¡Tú estás igual que tu hermana! -Exclamó Italia.

-No cabe duda que son hermanas… -Comentó Tannia.

-Pues bueno -dijo Italia-. ¿Entonces así quedamos?

Todas estuvieron de acuerdo. Después de contar un rato chistes, y recordar viejos tiempos, apagaron las luces y acostadas, siguieron platicando un buen rato. Sara se notaba algo seria y callada, lo cual era muy raro en ella.

-¿Qué pasa contigo, Sara? -inquirió Rocío un poco preocupada-. No has hablado nada. Estás muy callada.

Es verdad. -Afirmó Tannia-. ¿Pasa algo malo?

Sara lanzó un suspiro.

-No es nada… -dijo Sara algo melancólica-. Lo que pasa es que los novios, los que vimos afuera de la iglesia…

-¿Qué tienen? –Preguntó Ale.

Sara se levantó y caminó hacia la ventana que daba a la calle. La luz mercurial de las lámparas de la calle iluminaba tenuemente su rostro melancólico.

-La forma en que el novio miraba a la novia Dijo Sara mientras observaba la privada por la ventana-. La miraba con tanta ternura… Había tanto amor en los ojos de ambos… que sentí un poco de envidia. Siempre he querido tener a alguien que me amara de ese modo… -Dijo Sara con la mirada perdida en la oscuridad del cielo nocturno.

-Pero… -dijo Italia- A ti no te falta amor. Tienes unos padres maravillosos, una hermana súper linda con quien te llevas de maravilla. ¡Ya quisiéramos muchas de nosotras llevarnos así con nuestras hermanas!

-¡Lo sé! –respondió Sara- ¡Y es algo de lo que agradezco a Dios! ¡Tengo una familia maravillosa, no me quejo de ningún modo! Sin embargo... –dijo Sara agachando su mirada- Siento que algo me falta. Siento un enorme vacío en mi corazón, en mi vida… como si alguien me faltara…

Azalie miró a su hermana de forma comprensiva.

-Y es entonces cuando me pregunto: -continuó Sara con un dejo de tristeza en su voz- ¿Alguna vez hubo alguien para quien yo significara todo? ¿Alguna vez lo habrá? ¿Alguna vez alguien me habrá amado más que a cualquier otra persona? ¿Alguna vez conoceré a alguien que me ame de ese modo? ¿Será posible que encuentre a la persona que es sólo para mí? ¡Ay ya ni sé!... desde hace un rato he andado medio "chípil"…

Azalie se acercó a su hermana y puso su mano sobre su hombro.

-Yo creo… -dijo Azalie- Más bien, estoy segura de que encontraras a esa persona a quien buscas. La persona que te hará feliz, y yo quiero estar ahí cuando eso suceda.

Sara miró a su hermana y sonrió.

-¡Y espero que cuando te cases nos invites a la boda! –Dijo Italia mientras se volteaba dispuesta a dormirse-. ¡Pero mientras, yo me voy a dormir!

-Sí –dijo Ale-. ¡Es lo que deberíamos hacer! ¡Yo ya tengo mucho sueño!

-¡Amen! –dijeron Rocío y Tannia a coro.

Sara y Azalie intercambiaron miradas y se acostaron en el piso. Sara solía dormir con dos almohadas; una para la cabeza y la otra para abrazar mientras dormía.

-Oye, Sara… -dijo Azalie en susurro sin que las demás escucharan.

-¡Qué pasó? –respondió Sara en susurro.

-¡Milagro que esta vez no quisieron jugar "verdad o castigo"! -dijo Azalie en susurro.

-¡Ya sé, wey!-respondió Sara entre risas.

Las dos hermanas rieron jovialmente.

-¿De qué se ríen, par de cabronas? –preguntó Rocío.

-De nada –replicó Sara- Sólo nos estábamos acordando…

-¡De una escena muy graciosa de Inu Yasha! –continuó Azalie.

-Ah, bueno -dijo Rocío y volvió a dormirse.

Azalie y su hermana se dispusieron a dormir.

El viento arrastraba el aroma a lavanda por todo el campo en medio de ningún lugar, en medio de la noche iluminada por la luz de la luna creciente. La pequeña Sara abrió sus ojos.

-¿Dónde estoy? –se pregunta.

La pequeña se dá cuenta de que está en brazos de alguien, una persona de quien no puede distinguir su rostro con claridad.

-¿Quién es esta persona? –se preguntó la niña mientras intenta distinguir el rostro del hombre que la tiene en brazos.

Sara no puede distinguir el rostro del sujeto que la carga con claridad. Sin embargo, el aroma de ese hombre le parece familiar… la hace feliz. Un aroma conocido, pero a la vez lejano. Una sensación de completa paz y tranquilidad se apodera de ella. Sara apoyó su cabeza en el pecho de ese hombre. Podía oír perfectamente el latido de su corazón y su respiración serena, lo cual la hacía sentir más tranquila. Por alguna razón el sentir la cercanía de ese hombre hacía que ese vacío desapareciera de su corazón, se sentía completa después de tanto tiempo.

La pequeña se aferró al traje del sujeto con fuerza. No quería separarse de él, no quería apartarse de él ni un instante.

-Papá… -murmuró con voz inaudible-. No te apartes de mi lado, no quiero que nadie me separe de ti.

El sujeto acaricia el rostro de la pequeña, quien al sentir su mano, se da cuenta de que es mayor, y podría ser su abuelo.

-Mi niña… -dijo el sujeto-. Eres lo mejor que me ha pasado. Te quiero tanto, Eres lo que más quiero en este mundo.

El hombre estrechó a la pequeña Sara contra su pecho suavemente.

- La vida -decía el sujeto-, La muerte, la desesperación, las esperanzas, los sueños, el amor... Tú significas todo para mí, amor mío. Por eso mismo, voy a protegerte pase lo que pase... no me importa lo que tenga que hacer. Si tuviera que elegir entre el cielo y tú... yo me quedo contigo sin pensarlo. Para mí, cualquier lugar es el cielo, mientras estés junto a mí… Mi niña…

Sara abrió los ojos, se sentó un momento y miró a su alrededor. Ya no era una niña pequeña, ya no había campo de lavanda, y el sujeto que la tenía en brazos había desaparecido. Cayó en la cuenta de que había sido un sueño. Inexplicablemente, Sara se sintió sola, a pesar de que en la habitación se encontraban cinco personas aparte de ella, algo que le pasaba siempre que soñaba a ese sujeto cuyo rostro no podía ver con claridad. Un sentimiento de angustia y soledad se apoderó de ella. Una profunda soledad, por no estar cerca de ese hombre, una gran desesperación, por no poder recordar ese rostro… el rostro de alguien muy querido. Sara juntó las rodillas contra su pecho y comenzó a llorar en silencio.

-Papá… -musitó con lágrimas en sus ojos.

La joven se levantó y salió de la recámara. Bajó en silencio hacia el salón principal, donde se encontraba un enorme piano de cola blanco. Sara se sentó en la banca que hacía juego con el piano y comenzó a tocar moonlight sonata. No era la primera vez que lo hacía, ni siquiera era la primera vez que lo hacía estando en casa de Italia. Siempre que se sentía triste, solía tocar el piano para tranquilizarse aunque fuera a media noche, y a pesar de todo, nunca recibió una queja por ello.

Azalie no había podido conciliar el sueño, ella padecía de insomnio, por lo cual, se dio cuenta de que su hermana había estado llorando en silencio. Se dio cuenta de que Sara había bajado, y al escuchar cómo su hermana tocaba el piano, decidió bajar y hacerle compañía. Sigilosamente, Azalie salió del cuarto y bajó al salón principal. Sara seguía tocando sin percatarse de la presencia de su hermana. Azalie, por su parte, la observaba a unos metros. Sara hacía una interpretación soberbia de ese clásico de Beethoven. Azalie solo la observaba con admiración, pues siempre había admirado cómo Sara podía sacar tan bella música al acariciar las teclas de marfil.

Repentinamente, Azalie se dio cuenta de que ya no se encontraba en casa de Italia, si no en una habitación pequeña, bellamente decorada, con elegantes muebles de cuero, y un hermoso cuadro con la imagen de una mansión decorando la pared; al acercarse, en la esquina del cuadro se alcanzaba a leer: Conmemorando la finalización de la mansión. Había un bar, y un piano el cual estaba siendo tocado por la pequeña Sara, Lenore, como la llamaba su padre. La niña parecía estar sacando apenas la canción, pero parecía tener dificultades con la última parte. En ese momento, James Marcus se sentó junto a ella.

-Veo que te ha llamado la atención jugar con el piano…

La niña volteó a mirarlo y sonrió.

-¡No estoy jugando, papá! –dijo la niña con el ceño ligeramente fruncido- ¡Estoy tocando!

-¿Y qué tocas? –dijo Marcus sonriendo con sus ojos celestes clavados en ella.

-Moonlight sonata –respondió la niña orgullosa.

-¿Podrías tocarla para mí, gatita? –Solicitó Marcus sin dejar de mirarla.

-¡Claro! –dijo la niña alegremente-. ¡Lo que sea por mi papi!

La niña comenzó a tocar ante la mirada asombrada de Marcus, quien no daba crédito al hecho de que su pequeña, de tan solo tres años de edad, pudiera dar una interpretación tan soberbia. Marcus estaba boquiabierto hasta que la niña dejó de tocar dejando la melodía inconclusa.

-Lenore Marcus… -dijo el científico sin dejar de mirarla asombrado-. Tú… ¿Quién te enseñó?

-Nadie –dijo la niña encogiéndose de hombros-. Yo solita, acordándome de cuando la oí y buscando el sonido.

El Dr. Marcus se quedó mirando a la niña con los ojos muy abiertos.

-Quieres decir –dijo Marcus sorprendido-. ¿Que tu solita la sacaste?

La pequeña asintió.

-Pero se me dificulta un poco la última parte –agregó la pequeña.

-Bueno –dijo Marcus mientras acariciaba el cabello de la pequeña-. Es obvio, tus manos son pequeñitas. ¿Quieres que te ayude?

-Sí. Dijo la pequeña sonriendo.

-Bien –dijo Marcus-. Tú empiezas y yo te ayudo con el final.

La pequeña comenzó a tocar de nuevo, Marcus la observaba admirado. Cuando llegó el momento, le ayudó a completar la canción.

-¡Eres una niña muy talentosa! –Exclamó Marcus mientras le acariciaba el cabello- Estoy muy orgulloso de ti, Lenore.

Lenore le sonrió amorosamente y se corrió un poco en la banca quedando más cerca de él, entonces comenzó a acariciar la mano de su supuesto padre con su mano pequeña. Los ojos del Doctor James Marcus se quedaron prendidos en los de la niña.

Azalie notó algo en la mirada de la niña. Cuando Lenore miraba al doctor, lo hacía de una manera tan especial. Que quien la mirara se ponía algo rojo.

En ese instante, Azalie regresó a la realidad, en el salón principal de la casa De Italia, frente al enorme piano de cola blanco y su hermana sentada ahí. Había terminado de tocar Moonlight sonata.

-Ya veo… -se dijo Azalie a sí misma.- Ahí fue donde lo aprendió…

Sara, por su parte, se encontraba más inspirada que de costumbre, así comenzó a tocar otra melodía. Sara tocó la primera parte y se detuvo un momento. Entonces, para su sorpresa, sintió que alguien se sentaba al lado suyo a continuar la melodía. Sara volteó y vió a su hermana tocando la segunda parte. Entonces, Azalie dejó de tocar, miró a su hermana y sonrió. Sara siguió la melodía, y así, ambas hermanas dieron una de las más bellas interpretaciones que se hayan tocado en ese piano. Al terminar, Azalie cerró la tapa del piano.

-¿Te desperté? –preguntó Sara.

-No –respondió sonriendo Azalie-. Sabes que padezco insomnio…

-Tienes razón –dijo Sara con una sonrisa-.

-¿Te parece si salimos al jardín? –sugirió Azalie.

-Vamos. –dijo Sara.

Las dos hermanas abrieron la puerta corrediza que estaba frente a la escalera y salieron al jardín, el cual era amplio, mas no demasiado, las bardas estaban decoradas con soles y lunas de barro, y había en la esquina un arbusto de buganvilia, y algunas plantas ornamentales. Sara se sentó en el pasto.

-¿Qué pasa, Sara? –Inquirió Azalie-. Te he notado algo melancólica…

Sara miró a su hermana y lanzó un suspiro. Entonces bajó la mirada.

Voy a contarte algo –dijo Sara con la mirada fija en los ojos color granate de su hermana-. Algo que no le he contado absolutamente a nadie… Pero no quiero que salga de aquí. –Advirtió.

-No te preocupes -dijo Azalie-. Puedes contármelo.

Sara apretó sus puños fuertemente, y unas afiladas cuchillas de metal rasgaron la piel desde dentro del dorso de ambas manos.

-Es obvio que yo no nací con esto… -dijo Sara mirando las cuchillas metálicas que salían entre sus nudillos- ¿Estamos de acuerdo?

Azalie tocó una de las cuchillas con cuidado.

-Siempre me he preguntado –dijo Azalie- ¿Te duele cuando salen?

Sara extendió los dedos y rápidamente, las cuchillas se escondieron justo por donde habían salido.

-¡Nah! –dijo Sara en tono valemadrista-. Uno se acostumbra, además, me han sacado de problemas. Puede salir de noche a la calle sin miedo porque tengo con qué defenderme. De hecho, podría trabajar de guardaespaldas. Pero no puedo mostrar esto, ya sabes, la gente es miedosa y pueden pensar que soy una amenaza y pueden tratar de matarme.

-Típico… -comentó Azalie-. La gente le teme a lo que es diferente y por lo mismo, tratan de destruirlo a toda costa.

-Esto fue hecho en un laboratorio… no sé con qué propósito. -conjeturó Sara.

-¿Tu recuerdas algo?

Sara negó con la cabeza.

-Ni siquiera sé cómo llegué aquí –dijo Sara-. Siempre que quiero hablar de ello con mis papás, me cambian el tema y me evaden por un buen rato. No sé ni qué onda conmigo. No sé ni de dónde chingados vengo. Aunque… tengo recuerdos muy vagos de mi papá… creo que era mi papá ya que yo así lo llamaba…

-¿Qué recuerdas? –inquirió Azalie.

-No mucho –respondió Sara-. Ni siquiera me acuerdo de su cara.

-¿Qué recuerdas? -preguntó Azalie.

-Recuerdo que él era muy lindo conmigo. –Comentó Sara-. Yo lo quería mucho. Hace unos momentos soñé con él. No es la primera vez que pasa…

-¿En verdad? –dijo Azalie sonriendo.

-Sí... –dijo Sara mientras jugaba con un mechón de su cabello rojizo-. Me tranquilizaba tanto el sentir su cercanía… Sentía tanta paz… no quería separarme de él. Lo que me pone algo triste es el hecho de que no puedo recordar su rostro por más que trato. ¿Puedes creerlo? ¡Podría cruzarme con él en la calle y ni siquiera saber que se trata de él!

Azalie pudo notar cómo unas lágrimas rodaban por las mejillas de Sara, y se acercó acariciando el cabello de su hermana.

-¿Y qué sucede cuando piensas en él?

El sentimiento que existe en mi interior… -dijo Sara mirando el cielo nocturno con sus hermosos ojos turquesa-. Es tan suave… Pero al mismo tiempo, me causa dolor. No puedo hacer otra cosa más que pensar en esa persona.

-¿Te refieres a cualquier persona?

-No –contestó Sara-. Solo me sucede cuando pienso en mi papá. Me gustaría tanto poder saber qué pasó. –dijo Sara con mirada melancólica-. Y me gustaría más volver a verlo.

-Pero si ni siquiera puedes recordar su rostro. –Replicó Azalie.

-Pero recuerdo su aroma –rebatió Sara-. Y recuerdo sus manos… Puedo decirte que él estaba algo mayor. Mas que mi papá podía ser mi abuelo…

-¿En verdad? –dijo Azalie sonriendo.

-Sí –dijo Sara-. Ya estaba algo ruquito.

Sara miró hacia el suelo y sonrió un poco.

-Recuerdo que él me enseñó a sus mascotas… -dijo Sara sonriendo.

-¿Sus mascotas?

-Sí, eran unas sanguijuelas. –Dijo Sara- ¡Unas sanguijuelas grandotas! Como del tamaño de un puño–agregó con sus ojos azul verdosos muy abiertos.

-¡Ya veo por qué te gustan tanto! -exclamó Azalie sonriendo.

-Sí… -dijo Sara con una débil sonrisa-. Cuando veo una sanguijuela me acuerdo de mi papá… Bizarro, ¿no?

-Bastante –corroboró Azalie sonriendo.

Sara se puso de pié y dio unos pasos. Sara cerró los ojos y levantó el rostro; la suave brisa nocturna la acariciaba.

-Qué rico airecito está dando, ¿no lo crees?

-Claro –Dijo Azalie sonriendo.

Sara volteó a mirar a su hermana y sonrió.

-Ya me dio sueño –dijo Sara mientras recogía su cabello con una pinza-. ¿Te parece si subimos a dormir?

-Sí. –dijo Azalie sonriendo.

Azalie y Sara entraron a la casa, cerraron bien y subieron. Sara se acostó y se quedó dormida como un bebé. Azalie se quedó despierta pensando en la reciente conversación.
"Now I will have my revenge on Umbrella... and the world will burn in an inferno of hate!!"

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Re: Fic: Sentimientos Olvidados (18+)

Mensajepor Raven Bellamy » 29 Abr 2013 06:31

Jamás en lo que llevo de mi vida creí que vería un fic de James Marcus bajo este contexto que manejas, es bastante raro ya que la mayoría piensa que es marica xD :| (ahora veo que no soy la única que piensa que Marcus es lindo -w-)
Así que diré que me gusta y me gusta mucho esta historia que te has montado OwO
Gracias por hacerme ver que no estoy sola en este mundo xDDD
Espero sigas subiendo más caps :3
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Lenore Marcus
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Re: Fic: Sentimientos Olvidados (18+)

Mensajepor Lenore Marcus » 01 May 2013 11:14

Raven Bellamy escribió:Jamás en lo que llevo de mi vida creí que vería un fic de James Marcus bajo este contexto que manejas, es bastante raro ya que la mayoría piensa que es marica xD :| (ahora veo que no soy la única que piensa que Marcus es lindo -w-)
Así que diré que me gusta y me gusta mucho esta historia que te has montado OwO
Gracias por hacerme ver que no estoy sola en este mundo xDDD
Espero sigas subiendo más caps :3


Realmente el pensar que el buen Jimmy sea marica sólo por que lleve una túnica friki, el cabello largo y tenga una voz muy aguda para cantar, no lo hace marica (Tiny Tim cantaba con una voz similar y no lo era), y bueno, esos que dicen que los hombres guapos o de facciones delicadas son gays, són solo envidiosos, eso no tiene nada qué ver, ya que si eso fuera cierto, tendríamos qué asumir que los hombres feos, rústicos, "achangados" y desaseados son heterosexuales por corresponder a un estereotipo "varonil"... Es una gran mentira!
¡En serio! he visto con estos ojazos azules que se han de comer los gusanos al típico albañil feo y machote muy feliz de la vida en actos homosexuales... y no precisamente haciéndo el papel de "hombre"...
Así que es realmente estúpido asumir que por que el Sexy papacito de Jimmy tenga esa apariencia tan bizarra lo hace homosexual.
Además, si tomamos en cuenta cómo lucía antes de que lo asesinaran, no llevaba esa ropa rara...
MUCHOS SALUDOS, Y SUBIENDO EL CAPÍTULO 3!! :D
"Now I will have my revenge on Umbrella... and the world will burn in an inferno of hate!!"

http://lyonsmith.bandcamp.com

http://www.fanfiction.net/~lenoremarcus

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Mensajepor Lenore Marcus » 01 May 2013 11:27

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Capítulo 3

-Recuerdo-


El calor de julio cada año se volvía más insoportable en la capital tamaulipeca, y Julio del noventa y ocho no era la excepción. Azalie había presentado el examen de admisión y fue aceptada en la universidad y ese día había terminado el curso de inducción.

Era mediodía y el sol veraniego calentaba al grado de sofocar a la gente que caminaba por las calles aún caminando por la sombra. Sara, quien ya estaba de vacaciones se encontraba holgazaneando sobre la hamaca que se encontraba en el jardín de su casa, descansando felizmente a la sombra de los árboles que servían de soporte a la hamaca.

Sara descansaba tranquilamente en la hamaca escuchando a Metallica en su discman con la cabeza recostada sobre una almohada y una lata de cerveza en la mano. Azalie venía llegando a la casa después de su último día de curso, entró a la casa y fue directo al refrigerador a sacar una lata de refresco y salió un rato al jardín. Sara no se dio cuenta de su presencia, pues estaba meciéndose en la hamaca felizmente tomando cerveza, escuchando música y fantaseando con tener a Allen Schezar y Sephiroth a su lado en la hamaca.

-¿No deberías estar en la funeraria? -cuestionó Azalie.

Sara se sobresaltó.

-¡Mensa, me asustaste! –dijo Sara recuperando el aliento.

-No me cambies el tema... –dijo Azalie con una sonrisa burlona-. ¿No tienes trabajo en la funeraria?

-No –respondió Sara mientras le daba un trago a su cerveza- Chano se está encargando de la señora Chávez, los otros dos que llegaron van para el crematorio y acaba de llegar uno, pero murió de sida y ya sabes que papá me prohibió embalsamar muertos de sida. Ya sabes que es peligroso.

-O sea que hay mucha clientela, pero no hay trabajo para ti. –dijo Azalie.

-Sí, de hecho mi apá está convenciendo a la familia de que cremen al recién llegado, ya sabes que al jefazo no le agrada del todo tener que tratar cadáveres con VIH… -dijo Sara.

Sara se levantó de la hamaca y le hizo un lugar a su hermana para que se sentara en la hamaca.

-Siéntate –dijo-. ¿Y a ti cómo te fue?

-Bien –dijo Azalie mientras se sentaba sobre la hamaca-. Hoy fue el último día…

-Menos mal –respondió Sara-. Eso significa que ya estamos de vacaciones.

Sara y Azalie se mecían cómodamente en la hamaca, la cual era lo suficientemente grande para que ambas cupieran incluso acostadas.

-Cómo me gustaría que hiciera un delicioso airecito –dijo Sara cerrando los ojos.

-Estoy de acuerdo –afirmó Azalie.

-¡Quiero un novio! –dijo Sara.

-¿Tan desesperada estás? –cuestionó Azalie.

Sara se levantó y miró a su hermana.

-¡Wey! –Dijo Sara-. Llevo tres años sin tener sexo.

-¿Y eso qué? –Replicó Azalie- Yo llevo diecisiete años sin eso y no estoy tan desesperada.

-Por eso mismo –respondió Sara-. Tú no lo has hecho, por eso te da igual. Yo ya lo he hecho, por eso como que siento un poco mas de urgencia de volver a hacerlo. Tengo mis necesidades… Pero ya lo decidí, quiero un novio que se parezca a Sephiroth o a Allen Schezar, si no, no…

En ese momento, se oyó el timbre de la casa.

-¡Yo abro! –dijeron las dos hermanas al unísono al tiempo en que se paraban de un salto. Y salieron corriendo en una carrera hacia la puerta.

-¿A poco crees que va a venir Sephiroth a verte? –Dijo Azalie riendo mientras rebasaba a su hermana-. ¡Ese ya se murió! ¡Y Allen ya tiene vieja!

-Nel –Dijo Sara mientras de un sorprendente salto quedaba frente a su hermana-. Pero puede ser un Stripper. ¿O es que quedó Inu Yoshua de venir a verte?

Sara alcanzó la puerta primero y abrió, Azalie llegó tras de ella. Para decepción de ambas no era ni Allen Schezar ni Sephiroth, ni el -Stripper ni Inu Yoshua. Se trataba de Azucena y Beka.

-¿Qué onda? –saludaron Beka y Zuci, como llamaban a Azucena.

-Nada, aquí nomás peleándonos por abrir –dijo Sara haciéndolas pasar.

-¿Pues a quien esperan? –preguntó Beka divertida- Me imagino que Azalie esperaba a Yoshua.

-Sí –dijo Azalie sonriendo.

-Y me imagino que Sara esperaba a su querido Christopher… -comentó Azucena.

-En realidad esperaba a Sephiroth y a Allen. –Dijo Sara en son de broma-. O al Stripper que me deben…

-Qué trío de degeneradas. –Dijo Azalie-. ¡Nomás piensan en ir a ver Strippers!

Azucena picó a Azalie en las costillas.

-¡Calmada, niña! Cuando cumplas los dieciocho, te llevamos a ver Strippers y vas a ver lo bien que te la vas a pasar

No –dijo Beka-. Mejor te traemos a Yoshua vestido de Inu Yasha y que te haga un striptease. ¡Me encantaría que me trajeran a Abraham así!

-O Kyo… -dijo Azucena.

-No te creas, Azalie –dijo Sara-. Yo les hablé para que vinieran a ver películas o a jugar Smash o a ver si salíamos mas tarde.

-Ya veo –dijo Azalie.

Azucena era amiga de ambas desde la secundaria, era una muchacha menudita, de hermosos ojos tan negros, que no podías distinguir si su pupila estaba dilatada o contraída por más luz directa que le diera; usaba un pantalón de mezclilla y una blusa de tirantes color blanca con vivos rojos. Su cabello era castaño, a mitad del cuello y algo ondulado.

Beka, cuyo nombre era Rebeca, pero para acortarlo, prefería que la llamaran Beka, por el contrario, había conocido a Sara recientemente en la universidad. Se llevaron bien desde el primer día y a pesar de conocerse de hace poco, tenía una gran amistad con Sara y por ende, con su hermana. Beka era alta, morena, de cabello negro y lacio hasta la barbilla y ojos oscuros que siempre maquillaba con sombra negra y delineaba del mismo color. Beka siempre vestía de negro, algunas personas al verla, tenían la idea de que pertenecía a una secta satánica, pero realmente no era así. Eso sí, le encantaba todo lo bizarro y lo que tuviera que ver con cosas ocultas, sucesos paranormales, fantasmas, vampiros, zombies. Adoraba el cine, en especial las películas de terror.

Las cuatro chicas subieron a la recámara de Sara, la cual era amplia y contaba con su propio baño y un enorme closet al igual que el de su hermana. Las cuatro chicas se pusieron a jugar Nintendo 64. Empezaron con un torneo de Smash Brothers, en el cual Azalie venció, luego se siguieron en el Playstation con un torneo de The King of Fighters, el cual dejaron inconcluso. Las chicas estaban aburridas.

-¿Qué vemos? –dijo Sara mientras cambiaba el canal erráticamente-. Hoy no pasan "Las crónicas de Sebastian"

-¡Y ahorita puro futbol! –dijo Zuci con cara de desagrado.

-Cámbiale a Primer Impacto –Dijo Beka-. De repente pasan cosas interesantes.

Sara le tomó la palabra a Beka y justo en ese momento, iban para comerciales.

-Cuando regresemos –decía la conductora del programa-. Reportaje Especial: ¿Monstruos o extraterrestres? Extraños sucesos en Raccoon city.

Sara dejó el control sobre la cama.

-¡Órale! –dijo Sara con los ojos muy abiertos-. Tenías razón, Beka. Hay qué esperar a que regresen de comerciales.

Esperaron hasta que terminó el corte comercial y vieron el reportaje. Se hablaba de que en el bosque que circundaba Raccoon City estaban ocurriendo extraños sucesos; algunos entrevistados decían que se veían de repente monstruos extraños. Algunos los atribuían a extraterrestres, otros culpaban al Chupacabras, mientras algunos otros pensaban que se trataba de Pie Grande. Entrevistaron a Brian Irons, jefe de policía de esa ciudad, un Hombre bastante pasado de peso que inspiraba desconfianza. El tipo decía algo de que ya han sido varias denuncias desde hace como dos meses.

-¡En la madre! –Exclamó Sara-. ¿Qué chingados está pasando allá?

Azalie estaba con la mirada perdida en la pantalla.

-No lo sé –dijo-. Sólo sé que se trata de algo anormal.

-Oye… -dijo Zuci-. ¿Qué no es en Raccoon City la convención de cómics a la que vamos a ir todos?

-La que nos dijo Christopher… -dijo Azalie meditabunda- Sí, es ahí.

Sara miró a sus amigas.

-¿Y si nos vamos a investigar? –dijo la muchacha con una sonrisa maquiavélica-. Es en Raccoon, tenemos el dinero y la coartada perfecta. Nos vamos pasado mañana y llegaríamos el veinte en la mañana, la convención es los días veintiuno y veintidós de julio. El veintitrés en la mañana nos vamos al bosque y acampamos y buscamos pruebas.

-¡Sí! –Dijo Beka emocionada- ¡Vamos!

-Tendremos que llevar cosas con qué defendernos. –dijo Azalie.

-Eso lo dirán ustedes –dijo Sara sonriendo-. Yo tengo mi arma integrada.

Sara crispó los puños y entonces, tres navajas salieron del dorso de la mano rasgando su piel. Las otras muchachas hicieron gesto de dolor.

-¿No te duele? –preguntó Zuci sin dejar de ver las navajas que Sara tenía a modo de garras.

-Nah –dijo la chica sin darle mayor importancia-. Ya me acostumbré.

-No lo dudo –comentó Beka- Te haces un raspón y a los dos segundos parece que no te hiciste nada.

-Bueno –dijo Sara-. Eso es porque parece ser que mi organismo puede curarse mucho más pronto que el de cualquier otro ser humano. De hecho parece ser que mis huesos son más duros de lo normal, he tenido caídas fuertes. He tenido accidentes gruesos y nunca se me ha fracturado un hueso. Y los golpes o raspones se me curan muy rápido. Por muy herida que salga, termino ilesa.

-Ya quisiera yo que así me pasara –dijo Azalie.

-Méndiga Sara –dijo Zuci-. Deberías volverte super heroína y luchar contra los narcos.

-¡No mames! –dijo Sara riendo.

En ese momento, tocaron el timbre de la casa. Azalie se asomó por la ventana. Era Yoshua.

-¡Ahorita vamos! –dijo Azalie por la ventana.

Beka lanzó una mirada pícara a Azalie.

-Andale, que ya llegó tu Inu Yoshua.

-¿Viene Christopher? –Preguntó Sara-.

-No –dijo Azalie-. Inu Pansha no vino

-¡Rayos! –dijo Sara.

Azalie bajó a abrirle a su novio. Sara y las demás llegaron detrás de ella, Yoshua las saludó a todas, y les explicó el por qué de su visita.

-Christopher quiere que vayan a su casa –dijo Yoshua-. Ya tiene los disfraces de ustedes hechos y quiere que se los prueben.

-¿Vamos? –Consultó Sara-. Mi papá sabía que íbamos a salir hoy en la tarde y traigo el celular.

-Sí –dijo Azalie-. Como quiera voy a avisarle a mamá.

-Déjale un recado –dijo Sara-. Ya sabes que no le gusta que la interrumpan mientras escribe, además, odia que la despierten. No vaya a ser que esté dormida.

-Tienes razón. –dijo Azalie.

Azalie escribió un recado y lo puso en el refrigerador. Se acomodó un poco el pelo y se fue junto con Yoshua, Sara y las demás a casa de Christopher.

Llegaron a la casa de Christopher y le echaron un grito. El muchacho se asomó por la ventana.

-Ahí voy, aguántenme. –gritó desde la ventana.

Christopher salió al encuentro de sus amigos y los hizo pasar.

-Qué bueno que llegaron. –dijo Christopher mientras saludaba a una por una. –Ya tengo sus disfraces.

-Me muero por ver el mío. –dijo Sara con una gran sonrisa.

-Pues qué esperamos –dijo el muchacho -. Vamos a mi cuarto para que se los prueben.

-Vamos –dijo Azalie.

Christopher tomó del brazo a Sara.

-Vamos, Sara –dijo Christopher.

-¿Vamos con ustedes o van a ir solitos? –dijo Beka con una mirada de complicidad.

-Vengan –respondió el.

Subió la escalera con Sara tomada del brazo, atravesando los calurosos rayos del sol de Julio que penetraban la ventana en un ángulo, y al alcanzar el rellano lo invadió tal premonición de terror y oscuridad que se paró –se detuvo en seco- y miró a su alrededor, asombrado, preguntándose qué pudo haberlo afectado. Estrechó el brazo de Sara, casi apretujándola y la joven se retorció incómoda. A Christopher se le cubrieron los brazos y la espalda de grandes erupciones de carne de gallina.

¿Qué pasa, Se preguntó, confundido y asustado. Los latidos de su corazón se aceleraron; sintió frío el cuero cabelludo, repentinamente muy pequeño para cubrirle el cráneo; advirtió la ola de adrenalina detrás de los ojos. Sabía que los ojos humanos realmente sobresalían en momentos de extremo temor; no sólo se abrían, sino que se abultaban al aumentar la presión sanguínea e hidrostática de los fluidos craneales. ¿De qué demonios se trata? ¿Fantasmas? ¡Dios, de veras tengo la impresión de que algo acaba de rozarme al avanzar por el pasillo, algo que casi logré ver.

En la planta baja, la puerta alambrada golpeó contra el marco.

Christopher se sobresaltó, casi gritó, y entonces se rió. Simplemente consistía en uno de esos espacios psicológicos de frío, que a veces atraviesa la gente, ni más ni menos. Una amnesia temporal. Eso había sucedido, nada más.

-¿Qué te pasa? –Preguntó Sara sin entender el por qué de la risa de Christopher-. ¿Cuál fue el chiste?

-Nada… -dijo Christopher sin soltar el brazo de Sara-. Una broma personal.

Sara y Christopher subieron a la recámara de éste último seguidos por los demás.

El tiempo se pasó volando en casa de Christopher; entre darle los toques finales a los disfraces de sus amigos, y terminar lo poco que faltaba del suyo dándole fin al trabajo de 3 meses, se fueron como tres horas. Christopher estaba guardando la máquina de coser.

-¡Me muero por usar mi disfraz! –comentó Sara.

-Me atrevo a decir que esa es mi capilla Sixtina. –comentó Christopher

Christopher miró a Sara a los ojos y bajó la mirada sonrojado. Cada vez se sentía más atraído por la muchacha de los ojos turquesa. Sara le lanzó una mirada burlona mientras se pasaba la lengua sensualmente por el labio superior.

-¿Por qué te pusiste rojo? –inquirió Sara sonriendo maliciosamente.

-No, nada… es que recordé algo. –Dijo Christopher esquivando la mirada de Sara-. Oigan, ¿qué hora es?

Yoshua checó la hora en su celular.

-Son las diez y media –dijo.

-¿Qué les parece si pedimos Pizza y vemos una película? –Preguntó Christopher-. Mi hermano rentó unas películas

-Pues por mí está bien –dijo Sara.

En medio de la oscuridad, en el solitario bosque de Raccoon, una vieja edificación se levanta majestuosa sobre la colina; ahí, en una enorme habitación en la cual se percibía el paso del tiempo, donde papeles y libros yacían esparcidos en el suelo; parecía que habían pasado más de cien años por ese lugar, aunque en realidad, eran muchos menos. Una gran mesa ovalada y algunas sillas ostentosos en tiempos previos y cuyo esplendor anterior se desvaneció paulatinamente con los años, el abandono y el olvido, ocupaban aquella estancia escasamente iluminada por el fuego de la chimenea que se encontraba al fondo de la habitación.

Sobre la mesa se encontraban esparcidas decenas de fotografías… todas tenían algo en común, todas mostraban la imagen de la misma niña: Lenore Marcus.

Sentado junto a la chimenea, un joven de largo cabello toma una de las fotografías y la observa. Su mirada tan dura, tan llena de frialdad y desdén, se transforma completamente al ver la fotografía.

El sujeto se recarga en la silla y cierra los ojos. Su mente lo lleva diecisiete años atrás:

-¿Qué es lo que acabas de decir? –dijo El doctor James Marcus sin dar crédito a lo que su interlocutor le decía.

Marcus estaba feliz porque al fin habían encontrado al sujeto ideal para el proyecto que estaban por hacer. Quién hubiera creído que Lenore Bradshaw, hija de los recién fallecidos científicos de Umbrella: Maxwell y Kerrigan Bradshaw sería el sujeto con las características necesarias para dicho proyecto. Sin embargo, Lo que le acababa de decir Ozwell Spencer no le había hecho la menor gracia.

-Lo que escuchaste, Jimmy –dijo Spencer tranquilamente mientras se servía una copa de Cognac-. Tendrás que darle tu apellido a la niña Bradshaw y criarla como si se tratara de tu hija.

-¿Pero por qué rayos tengo que ser yo? –Inquirió Marcus furioso.

-¡Porque tú eres quien está al frente de este proyecto! – Exclamó Spencer exasperado- Tú eres quien está interesado en hacer esto, y tu eres quien tendrá qué convivir con ella para que puedas vigilar su desarrollo, estudiarla, reportar cada cambio, cada alteración, y… ¿qué mejor que viviendo con ella?

-Estoy de acuerdo con eso, pero seamos realistas, no tengo el tiempo, ni la edad para estar de niñero –dijo Marcus-. Esa niña es sólo un experimento más, y así la voy a tratar. De todos modos, dices que la niña ya es nuestra.

-¿Eres idiota o qué, Jimmy? Aunque la niña nos pertenece, tenemos que guardar apariencias -dijo Spencer-. Además, existen rumores en la prensa de lo que pensamos hacer. Por eso debemos guardar apariencias lo más que se pueda. La niña llevará tu apellido y será como una hija para ti. Por otro lado, si queremos mantener tranquilo al engendrito de los Bradshaw, hay qué montarle este teatrito. Además, aunque no hubiera ese riesgo de la prensa, también hay otra razón, ya que el hecho de que tú adoptes a Lenore Bradshaw afectaría muy positivamente a esta compañía.

James Marcus miraba a Spencer con frialdad.

-¡Ah¡ -dijo el científico- Ya salió el peine… quieres hacer de esto un acto de publicidad para Umbrella… o lo que es lo mismo, para ti.

Spencer se levantó de su asiento y miró directamente a Marcus.

-Se llama Imagen –dijo-. Es cuestión de imagen. ¿Tienes idea de lo mucho que favorecería esto a la empresa? Imagina esto: El director del centro de entrenamiento ejecutivo de la corporación Umbrella adopta a la hija de su fallecido discípulo. Un acto loable de caridad. Esos actos de caridad favorecen a la imagen corporativa, al hacer eso, nuestros ingresos aumentan trayendo más dinero a nuestros bolsillos. No es más que simple mercadotecnia.

El científico rió amargamente.

-Tú siempre pensando en dinero, Ozwell –comentó Marcus.

Marcus avanzó hacia el ventanal de la oficina mirando la vasta extensión de un lago que se encontraba afuera. Entonces vio su reflejo en el cristal de la ventana. El director de Umbrella se volvió hacia Spencer mirándolo con desdén.

-¿Y qué pasa si no acepto el adoptarla? –dijo Marcus al fin.

-Matamos a la chiquilla –respondió Spencer-. Si no es nuestra, no es de nadie. No podemos arriesgarnos a que la competencia tenga un espécimen tan valioso.

-No veo por qué no matar a la mocosa –dijo Marcus con frialdad-. Un ser humano más, uno menos. Además, sus restos podrían servirme. No veo por qué no hacerlo.

-Porque en realidad, la niña nos será más útil estando viva –manifestó Spencer-. No es fácil encontrar un ser humano con sus características. Y aunque lo halláramos, la niña Bradshaw es más especial que cualquiera que reuniera las características necesarias.

Marcus no dejaba de mirar a Spencer, si bien, la mocosa tenía un factor de curación que le permitía sanar cualquier herida en segundos, un sistema inmunológico extremadamente superior, y cumplía con los requisitos para el proyecto, ¿Qué Rayos podría tener de especial esa mocosa?

-¿Qué quieres decir, Spencer?

Spencer comenzó a balancear la copa de Cognac en su mano derecha.

-Después del accidente en el cual fallecieron Maxwell y Kerri, mandé gente a registrar su casa, oficina y el laboratorio donde trabajaban. Encontramos un informe muy interesante: "Proyecto Lenore"

Marcus lo miraba sin entender.

-¿Qué quieres decir? –Inquirió Marcus.

-Kerri y Maxwell decidieron usar fertilización In Vitro, y el huevo resultante fue alterado genéticamente e implantado en la matriz de Kerri, y siguieron tratando a la niña desde que nació. Lenore Bradshaw fue alterada genéticamente desde antes de nacer con el fin de crear la forma de vida más perfecta y resistente. Querían crear una raza más perfecta. Desgraciadamente, el informe no estaba completo, la gran mayoría desapareció, por lo cual no sabemos bien qué tanto se modificó de su estructura genética y qué diferencias puede tener ella que la distinga de un ser humano normal.

-Sí –dijo Marcus pensativo-. No lo dudo, Maxwell y Kerrigan se conocieron aquí, hace algunos años, de hecho, Maxwell era uno de mis mejores estudiantes por entonces. Maxwell y Kerrigan eran de ideas… bastante radicales acerca de la evolución… apoyaban mucho la eugenesia. Eso cambia las cosas.

-¿Vas a quedarte con la niña? –Inquirió Spencer con una sonrisa maliciosa.

-Me interesa –dijo Marcus con frialdad-. Sin embargo, la idea de adoptar a la chiquilla sigue sin gustarme, pero supongo que es un precio que tengo que pagar. Viéndolo de ese modo, la mocosa es un espécimen de lo más valioso.

Spencer sonrió.

-El dieciséis de septiembre te entregarán a la niña. Tendrás que firmar unos documentos y la niña tendrá tu apellido.

Marcus se sentó detrás del fino escritorio de madera y dirigió su mirada a su compañero.

-Espero que por lo menos sea bonita –comentó Marcus resignado-. Si voy a pasar mucho tiempo viéndola, espero que por lo menos, sea agradable a mis ojos, así el tenerla cerca no será un completo fastidio. Si me va a llevar el diablo, que me lleve en buen caballo.

El graznido de un cuervo sacó al joven de largo cabello de sus cavilaciones. El sujeto volvió a mirar la fotografía que tenía en su mano, la cual mostraba a Lenore Marcus junto a un viejo columpio desteñido. Una sanguijuela se arrastraba por el brazo del extraño sujeto.

-Mi amor… -murmuró el sujeto mirando la fotografía.

El joven dirigió su mirada a la sanguijuela que se deslizaba sobre su brazo.

-¿No es hermosa? –preguntó el sujeto al animal que reptaba en su brazo dejando un rastro de baba-. Les prometo que en cuanto obtenga mi venganza, la iremos a buscar...

El despertador sonó la madrugada del diecinueve de Julio, aún estaba oscuro. Sara se levantó, tendió su cama y fue a la recámara de su hermana quien aún dormía. Sara se arrojó sobre Azalie.

-¡Despiértate, huevona! –exclamó Sara mientras hacía rodar a Azalie a lo ancho de la cama. La pobre muchacha se levantó toda aturdida por la forma tan brusca en que Sara la había despertado.

-Méndiga Sara –decía Azalie riendo mientras encendía la luz-. No seas tan hostigosa, te la voy a devolver un día y no te va a gustar…

Sara y su hermana habían acordado que Sara tuviera el despertador programado y se encargara de despertar a su hermana. Azalie se estaba arrepintiendo de haber aceptado que Sara la despertara, pues la forma tan poco ortodoxa en que ésta la había despertado había sido demasiado brusca.

-¿No será que en realidad el Dr. Marcus se deshizo de ella por castrosa? Se preguntó Azalie mientras encendía la luz.

-¿Ya son las cuatro?-preguntó.

-Sí –respondió Sara-. Recuerda que a las cinco nos vamos a ver en la central de autobuses. No tardan en llegar Beka y Zuci.

-¿Vas a bañarte? –preguntó Azalie.

-Sí, yo me voy a bañar ahorita, y tú te encargas de hacer el desayuno y esperar a Beka y Zuci. –Dijo Sara.

-No hay problema –respondió Azalie-. Al fin, que yo me bañé anoche. Tú métete a bañar.

Azalie bajó a la cocina a preparar el desayuno. Sara, por su parte fue por una toalla y su bata de baño.

Sara entró al baño, afortunadamente, hacía calor esa madrugada, por lo cual no necesitaba bañarse con agua caliente. La chica se desnudó y abrió la llave de la ducha. El agua comenzó a salir de la regadera, mojando todo el cuerpo de la joven.

-¡Qué rico! –murmuró Sara al sentir el agua fresca por toda su piel.

Al salir de la regadera, Sara dirigió su mirada en el espejo de cuerpo completo que estaba adherido a la puerta de su baño. Sus ojos se encontraron con la joven que la miraba desde el espejo y la observó al detalle; su delicado perfil, sus grandes ojos turquesa, sus labios ligeramente carnosos y rosados, y esa piel tan blanca. Entre los defectos de Sara, había uno en específico que pocos notaban, y es que Sara Leticia Andrade Garza, antes conocida como Lenore Marcus era un tanto narcisista. Siempre que pasaba por una superficie reflejante, no perdía la oportunidad de mirarse, y es que ella sabía muy bien el hecho de que era bonita, independientemente de su forma de vestir tan sencilla y poco femenina. Se sentía orgullosa de la firmeza de sus pechos, que eran grandes sin caer en exceso, su cintura estrecha y sus caderas redondeadas. Cada que podía, ponía una foto suya de wallpaper en cualquier computadora de la casa o de la funeraria. Solía filmarse a sí misma haciendo payasadas ante la cámara. Sara solía decir en tono de chanza que estaba perdidamente enamorada… de sí misma.

Azalie se encontraba terminando de preparar el desayuno, el cual consistía en unos deliciosos tacos de machacado con huevo en tortillas de harina, cuando Sara bajó a la cocina.

-¿Ya está el desayuno? –preguntó.

-Todo listo. –dijo Azalie.

Ambas hermanas se dispusieron a desayunar, y al terminar arreglaron la cocina entre las dos. En ese momento, llegaron Zuci y Beka. Después de saludarse empezaron a hablar.

-¿Qué onda? –Preguntó Sara-. ¿Están listas?

-Pues por algo estamos aquí. –Dijo Beka-. ¿Cómo le vamos a hacer?

-Voy a despertar a mi apá –dijo Azalie-. El nos va a llevar a la central de autobuses.

Azalie subió a despertar a Adolfo.

-¿Y a qué hora llegamos a Matamoros? –preguntó Zuci.

-Veamos –dijo Sara-. El autobus sale a las seis, legaríamos como a las diez a Matamoros. De ahí pasamos el puente a Brownsville, vamos al mall y comemos en el Wyatt's y de ahí nos arrancamos al aeropuerto de Brownsville. El avión sale a las dos de la tarde, y llegaríamos a Raccoon como a las siete aproximadamente.

En ese momento, Adolfo y Leticia bajaron junto con Azalie. Leticia andaba en pijama bastante modorra. Adolfo estaba recién bañado, pues él tenía cosas qué hacer.

-¿Todas tienen sus pasaportes? –Dijo Leticia-. ¿No se les olvida nada?

-Todo bien. –contestaron las muchachas.

Leticia abrazó a Azalie y le dio un beso en la mejilla.

-Cuídate mucho, Azalie. –dijo-. Que Dios te bendiga.

-Tú también, mamá. –contestó Azalie respondiendo al beso y al abrazo de su mamá.

Leticia abrazó a su hija mayor y le dió un beso en la mejilla. Entonces, repentinamente, Leticia sintió una gran angustia, y la abrazó con más fuerza.

-Mamá… -dijo Sara acariciando el cabello de su mamá con ternura-. Sólo nos vamos dos semanas. Además no es la primera vez que viajo con mis amigos.

-Lo sé –replicó Leticia-. Sólo que de repente me vino una gran angustia. Cuídate mucho, Sara, y cuida de tu hermana.

Leticia persignó a sus dos hijas.

-Dios las proteja y las bendiga –dijo Leticia con una gran preocupación en sus ojos verdes.

-Bueno, Tessy –dijo Adolfo mientras le daba un beso en los labios-. Ya tengo que ir a dejar a estas niñas, que los muchachos deben estar esperándolas.

-Yo voy contigo a dejarlas –dijo Leticia-. Me voy así en pijama, no me importa.

Sara sonrió.

-Vente mamá… -dijo Sara mientras abrazaba a su mamá por el cuello.

El trayecto de la casa de Sara hacia la central de autobuses fue bastante ameno. Sin embargo, Leticia tenía una expresión de preocupación en su cara. Al llegar a la central, Yoshua, Sebas, Abner y Christopher las esperaban. Sara y compañía se bajaron del auto, y se despidieron de Adolfo y Leticia y se fueron a los andenes con todo el equipaje.

Cuando Sara y Azalie se alejaron, Leticia rompió en llanto.

-¿Qué pasa, Tessy? –preguntó Adolfo mientras secaba las lágrimas de su esposa.

-No sé –respondió ella-. Por alguna razón me siento angustiada por mis hijas… en especial por Sara…

Adolfo miró a su esposa con sus ojos aceitunados llenos de amor. Y es que a pesar de llevar veinte años de casados, el amor que él sentía por su esposa, lejos de disminuir, fue aumentando con los años. Adolfo abrazó a su esposa.

-Las niñas van a estar bien. –Dijo Adolfo acariciando el cabello de su esposa-. Y por Sara es por quien menos tienes qué preocuparte, Sabes que ella puede defenderse perfectamente y defender a su hermana. Sabes perfectamente que tiene con qué…

Leticia sonrió, después de todo, Adolfo tenía mucha razón, su hija mayor era casi inmortal y podía defender perfectamente a Azalie.

-¿Quieres un café? –Preguntó Adolfo.

-¿En estas fachas? –Replicó Leticia.

-No hay problema, -dijo Adolfo-. Así te ves bonita, vamos al Oxxo… te invito un café.

-Vamos.

Mientras, el autobus con destino a Matamoros estaba a punto de salir, Sara, Azalie y compañía fueron los primeros en subir. Azalie decidió irse con Yoshua como su compañero de asiento, Christopher, ni tardo ni perezoso se sentó junto a Sara, Beka y Azucena se sentaron juntas, al igual que Abner y Sebas.

-¿Vas cómoda? –preguntó Yoshua a Azalie.

-Claro –dijo Azalie sonriendo-. Aunque aún tengo mucho sueño, Y mi querida hermana me despertó de manera demasiado brusca. Así que si no te importa… quiero dormir todo el camino.

Azalie recostó su cabeza en el hombro de Yoshua y se durmió un rato, Yoshua optó por ver qué película iban a poner. Beka y Zuci venían dormidas, y Abner sacó su gameboy y Sebas se puso a escuchar música, Sara y Christopher conversaban.

-Ya quiero llegar a Raccoon. –Comentó Christopher mirando a Sara.

-Yo igual. –Dijo ella con una sonrisa.

Sara y Christopher bostezaron al mismo tiempo.

-¿Tu también tienes sueño? –preguntó el muchacho con una sonrisa.

-Sí -respondió ella-. Mucho.

Christopher hizo que Sara apoyara su cabeza sobre su hombro y este apoyó su cabeza sobre la de ella.

-Vamos a dormirnos. –dijo él.

Sara cerró los ojos y Christopher la abrazó. Desde la primera vez que la vio, había quedado prendado de Sara, sin embargo, a últimas fechas, se sentía cada vez mas seducido por su personalidad.

Lo que más amaba de ella era la sencillez de su carácter, esa forma tan desenfadada de ver la vida, que algunas personas tomaban por inmadurez. Adoraba sobremanera la expresión burlona de su mirada, que podía pasar de angelical a diabólica en segundos. Mucha gente opinaba que Sara Leticia Andrade Garza era una fanfarrona y quizá tenían razón (Más bien tenían toda la razón) pero para quienes la conocían bien, en especial para Christopher Roblez Vázquez, Sara era una fanfarrona adorable. El muchacho deseaba decirle a Sara lo que sentía por ella, pero al mismo tiempo, temía ser rechazado por su niña de ojos claros, así que por el momento, se conformaba con el hecho de tenerla tan cerca y poder dormir a su lado en el autobús.
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Mensajepor liss » 02 May 2013 03:09

que buen fic compañera. esta muy interesante tu fic
y de vdd es q para mi también es la primera vez q veo a alguien q le guste marcus xD
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Mensajepor Lenore Marcus » 02 May 2013 06:16

liss escribió:que buen fic compañera. esta muy interesante tu fic
y de vdd es q para mi también es la primera vez q veo a alguien q le guste marcus xD


Muchas gracias!! Pues la verdad sí, es dificil encontrar a alguien a quien le guste el Buen Jimmy cuando para empezar, hay de hecho pocas personas que lo conocen y/o recuerdan. Yo soy su fan incondicional (y so novia, por aquello de los chibis :P ) y de hecho casi todo mi fanart (o al menos gran parte de mi fanart) es dedicado a el a mantenerlo vivo de algun modo. Jejeje Saludos y qué bueno que te guste mi fanfic, sigue pendiente que en poco tiempo subiré el próximo capítulo.
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Mensajepor Lenore Marcus » 09 May 2013 09:43

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-Capítulo 4-

-Un segundo en el tiempo-


Es extraño como una decisión puede cambiar por completo tantas cosas, es increíble cómo un evento, por simple que sea puede afectar no solo una, si no varias vidas. Algo tan simple como un sí o un no, puede arruinar una vida o todo lo contrario. Los caminos se cruzan irremediablemente y a veces, todo parte de un solo hecho. Tal vez el Dr. James Marcus nunca imaginó lo mucho que cambiaría su vida y la de muchos a partir de esa cálida mañana de septiembre.

James Marcus jamás se distinguió por ser un hombre altruista, generoso y dulce, más bien era de carácter hosco, algo taciturno y tendiente a la soledad. Nunca se interesó por las relaciones interpersonales, por lo cual gran parte de todo el personal del centro de formación y entrenamiento ejecutivo de Umbrella no podía entender el por qué de la decisión del brillante científico de adoptar a la hija de una pareja de recién fallecidos científicos de la empresa, sobre todo al ver la cara de fastidio que el hombre tenía al salir por la mañana a recoger a la niña.

Corría el dieciséis de septiembre de hace 17 años. James Marcus caminaba por el corredor del orfanato municipal en Raccoon City en compañía de Ozwell Spencer Sus respectivos guardaespaldas se habían quedado en el coche esperando. El orfanato era un lugar muy grande, protegido por una alta muralla. El edificio era de ladrillo con amplios corredores y un enorme patio donde jugaban algunos niños. Sin embargo, a pesar de la amplitud del lugar, tenía ese aire austero de las instituciones públicas.

-¡Qué basurero! -Pensó Marcus mirando a su alrededor despectivamente.

Unos niños jugaban a lo lejos lo que parecía ser futbol soccer usando una nuez en lugar de balón. Los dos hombres los miraban despectivamente.

-No puedo creer que me haya prestado a esto –comentó Marcus observando con tedio el amplio patio donde jugaban los niños.

-Quita esa cara –dijo Spencer secamente-. Por lo menos muestra un poco de ánimo.

Marcus volteó se volvió hacia su compañero con un dejo de enojo en su mirada.

-¿Cómo quieres que esté feliz? –Dijo- El ser "padre" de esa mocosa sólo va a traerme contratiempos. Será un estorbo en mi trabajo.

-Esa niña es tu trabajo –corrigió Spencer-. Es un valioso espécimen y no puedes desperdiciarlo ¿tienes idea de cuánto vale esa niña?

-Tu siempre pensando en dinero… -murmuró Marcus.

Spencer miró a Marcus directamente.

-En lugar de estar quejándote –dijo Spencer con discreción-. Piensa en lo mucho que puedes investigar sobre esa niña y en el arma tan perfecta en la que se podrá convertir. Recuerda que no es una niña común y corriente; se trata de la forma de vida más perfecta y tú puedes perfeccionarla aún más. Piensa en eso.

Marcus se quedó callado, después de todo, como Spencer lo dijo, iba a tener en sus manos un espécimen invaluable. Además, quizá podría manejar esto a su favor… de algún modo.

Una sonrisa maquiavélica se dibujó en su rostro por un breve instante. Una joven mujer de cabello negro a nivel del mentón salió al encuentro de ambos. La muchacha usaba un traje verde de saco y pantalón.

-Pueden pasar a la oficina de la directora. –dijo la joven amablemente.

-Vamos –indicó Spencer.

Marcus se levantó sin decir nada y siguió a Spencer y a la joven, quien los condujo a un pequeño vestíbulo. La puerta de la oficina se abrió y salió una mujer de edad mediana, con un traje azul marino. En la solapa del saco que hacía juego con la falda, usaba un prendedor dorado en forma de flor de liz. Traía el cabello castaño claro recogido en un moño en la nuca.

-Buenos días, Sir Spencer, Dr. Marcus –saludó la mujer cortésmente-. Los estaba esperando, pasen a mi oficina para que hablemos con más calma.

Los dos sujetos siguieron a la mujer a la oficina. Marcus se encontraba bastante incómodo y, hasta cierto punto, nervioso. Y es que el hecho de tener que jugar al padre amoroso no le gustaba en lo más mínimo, Sin embargo, la decisión estaba tomada.

La oficina no era muy grande, aunque las blancas paredes y el sol que entraba por la ventana, daban un efecto de mayor amplitud al lugar. La mujer se sentó detrás del escritorio y extendió la mano invitando a los dos hombres a sentarse en los asientos que se encontraban frente al escritorio. Marcus miró a su alrededor, en las paredes había diversos títulos colgados y algunas fotografías.

-Debe saber, Dr. Marcus –dijo la mujer jugueteando con una pluma fuente-, que normalmente no concedemos la adopción a una persona de su edad y mucho menos si se trata de una persona soltera, usted sabe, no podemos arriesgar la integridad de una criatura… No obstante, este es un caso muy especial, Sir Spencer me ha comentado que usted conocía bien a los padres de la niña.

-Así es –afirmó Marcus secamente-. Maxwell Bradshaw y su mujer fueron en su tiempo unos de mis mejores estudiantes cuando realizaban sus estudios en el centro de entrenamiento ejecutivo a mi cargo.

-Sí-respondió la mujer-, también me comentó que usted tenía muchos deseos de brindarle un hogar a la nena, por la relación laboral que usted llevaba con sus padres. Eso es muy caritativo de su parte, pero le reitero, en condiciones normales no le concederíamos la adopción.

La mujer se levantó del sillón y se dirigió a un archivero de cuatro gavetas. La mujer abrió una y de ahí sacó una carpeta.

-Sin embargo –dijo la mujer poniendo la carpeta abierta en el escritorio-, esta es una excepción.

James se mordió el labio con desagrado por un brevísimo instante.

-¿Acaso le incomoda algo, doctor? –inquirió la mujer mientras le extendía la pluma fuente. Marcus notó un brillo de ironía en las pupilas avellana de la dama.

-No, no es nada –dijo el tomando la pluma fuente-. Es que estoy algo nervioso… ¿Dónde firmo?

Ella le indicó las áreas que debía firmar, mientras su compañero firmaba, Spencer se acercó a la mujer y le dijo algo. Marcus no puso mucho interés en lo que hablaban esos dos, ¡Qué tontería! Lo que el realmente deseaba era que esa farsa terminara de una vez.

-¿Es todo lo que tengo que firmar? –preguntó Marcus con notable frialdad.

La mujer tomó las hojas y las revisó, todas tenían la firma del director del centro de formación y entrenamiento ejecutivo de Umbrella.

-Es todo –dijo la mujer con una sonrisa-. A partir de este momento, Lenore Bradshaw pasa a ser Lenore Marcus. Ahora permítame salir un momentito a traer a la niña.

La mujer salió de la oficina dejando a Marcus y Spencer a solas.

-No tienes idea –dijo Spencer- de la cantidad de gente que tuve que sobornar para que te quedaras con la niña.

-Yo nada mas te aviso una cosa –advirtió Marcus-. Si el proyecto resulta un fracaso, o todo lo que me has dicho sobre lo "especial" que es la mocosa resulta ser mentira…

-Si es un fracaso –murmuró Spencer-, puedes hacer con ella lo que te venga en gana; mátala, úsala de sujeto de pruebas en otros experimentos, córtala en pedacitos o guísala si quieres, no me interesa. Pero por lo pronto, sé un padre modelo.

-Espero que al menos sea bonita –dijo Marcus mirando a Spencer con fastidio-. Nunca te voy a perdonar esto…

-Bonita o no… -dijo Spencer mirándolo fijamente- tendrás que tratarla bien, y mostrarte lo mas cariñoso posible. Pero no te vayas a sobre pasar, tampoco quiero que empiecen con sospechas de que eres de gustos… especiales, no quiero que piensen que eres un pedófilo.

Un destello de enojo se percibía en las pupilas celestes de Marcus.

-Imbécil. –murmuró.

En ése instante, la puerta se abrió y entró la directora del orfanato con Lenore. La niña entró a la oficina con las mejillas arreboladas por el sol. Marcus miró a la niña con atención. La niña que tenía al frente era un delicado medallón de marfil, con un rostro dulce y una mata de cabello cobrizo que le llegaba a la cintura, y grandes ojos color turquesa.

-Esta es la niña. –dijo la directora del orfanato a Marcus.

-Vaya -murmuró Marcus para sí mismo-… es una muñeca… Por fortuna es bonita...

-¿Perdón? –inquirió la directora del orfanato.

-Nada –dijo Marcus-. Solo pensaba en voz alta… ¿Hay alguna otra cosa pendiente?

-Ninguna, Doctor Marcus –dijo la directora.

Marcus estrechó la mano de la mujer.

-Gracias por su tiempo –dijo.

-Gracias a usted –respondió ella.

-Espérame con la niña afuera en el corredor –dijo Spencer a Marcus- Salgo en un momento…

Marcus salió de la oficina con la niña. Ya adentro, Spencer le entregó a la directora el portafolio que traía.

-Aquí tiene su pago –dijo Spencer sonriendo-. Fue un placer hacer… negocios con usted. Espero y comprenda que de aquí en delante necesitaré su absoluta discreción…

La mujer puso el portafolio sobre el escritorio y lo abrió, estaba lleno de fajos de billetes de los grandes.

-No me quedó otra opción. –dijo ella.

-Era o la niña o su propia familia –dijo Spencer-. Le prometo que no se arrepentirá. Espero que este trato no salga de aquí… y si alguien sabe acerca de esto, mandaré a mi gente a saludarla a usted y a su familia.

Marcus se encontraba sentado muy meditabundo en una banca en el corredor esperando a Spencer.

-No puedo creer lo que acabo de hacer -pensó Marcus-. Spencer quiere que la trate bien y que juegue al niñero… Aunque… quizá pueda voltear esto a mi favor… Le daré lo que quiere a ese imbécil, la trataré tan bien, que haré que Spencer se arrepienta de esto. Asimismo, si todo sale bien, en un futuro esta niña pueda serme útil. Si la mocosa tiene el potencial que dice Spencer que tiene, es mejor tenerla de aliada que de enemiga.

Desde hacía unos minutos, desde que le llevaron a la niña, para ser exactos, James Marcus se sintió observado. Miró a todos lados discretamente y con desconfianza y se dio cuenta de que no había nadie que lo estuviera observando, entonces miró a Lenore, quien se encontraba sentada a su lado muy quieta mirándolo sin quitarle la vista de encima. Había algo en la mirada de esa niña que lo perturbaba. Cuando lo miraba, lo hacía de una manera tan especial.

-Tiene una mirada muy extraña –Pensó Marcus.

Marcus sabía que si ganaba el cariño y la confianza de la niña, ésta sería más dócil y eso haría más fácil para él la tarea de "criarla", además de que podría sacar partido de ella. Si el proyecto salía como ellos deseaban, la pequeña Lenore sería una aliada muy poderosa, y así, con la ayuda de su niña el controlaría todo.

-Además –pensó el-. Se atrapan mas moscas con miel que con hiel.

El científico acarició el cabello de la pequeña y la abrazó. Una tierna sonrisa se dibujó en el rostro de la cría.

Spencer salió de la oficina de la directora del orfanato y vio a Marcus, y sentada muy junto de él se encontraba Lenore. Marcus acariciaba el cabello de la niña. Spencer sonrió.

-¡Vaya! –Dijo Spencer- Al parecer estás un poco mas conforme.

-¿Qué quieres que diga? –Respondió el científico- La niña es perfecta, y parece ser que le agrado. –señaló James Marcus mientras acariciaba el cabello de la pequeña.

Spencer vio la forma en que Lenore miraba a James y se estremeció por un momento.

-Creo que le agradas demasiado –puntualizó Spencer.

James Marcus se levantó y marchó en compañía de Spencer hacia la salida. Lenore los seguía. Spencer volteó a mirarla y reparó en que Lenore no dejaba de mirar Al Científico con esa mirada.

-¿Por qué Lenore te mira con ojos de enamorada?

-No digas idioteces –replicó James-. ¡Solo es una niña! ¡Lo que dices es completamente ilógico, absurdo y ridículo!

El Dr. Marcus volteó a mirar a la pequeña, y luego miró a Spencer.

-Aunque si tiene una mirada muy extraña… -dijo el científico

-Si no fuera porque es ridículo e ilógico –comentó Spencer-. Me atrevería a pensar que esa niña está enamorada de ti.

-¡Qué estupidez! –musitó James y volteó a mirar a la cría. El científico no pudo evitar sonrojarse.

El trayecto hacia el centro de formación del cual el Dr. Marcus era director, fue muy tranquilo. Lenore estuvo junto a Marcus durante todo el camino, pequeña sombra silenciosa que no dejaba de mirarlo hasta el momento en que ambos se encontraban ante a las puertas del centro de formación. La niña miraba a su alrededor maravillada.

-¡Anda! –Exclamó la pequeña con su vocecita de bebé en un marcado acento británico- ¡Se parece a la casa de los Locos Addams!

Marcus volteó a mirarla admirado y entonces la cargó para corroborar lo que había escuchado ¿Esa niña hablaba?

-¿Qué? –preguntó la niña sin entender el por qué su padre la miraba como si fuera un fantasma.

-No creí que hablaras… eres muy pequeña –dijo el sorprendido-. ¿Qué edad tienes?

-Cumplo tres años en noviembre… -contestó la pequeña.

Marcus estaba pasmado, pues a una edad en la que la mayoría de los niños apenas si dicen algunas palabras, y mal pronunciadas, Lenore parecía una enana razonable, hablaba un perfecto español (bastante perfecto para sus casi tres años) con un marcado y elegante acento británico, y comía sola; todo eso gracias al sistema que su madre, Kerrigan Bradshaw, utilizaba para criarla. Kerrigan le hablaba a la niña todo el tiempo, sin usar medias lenguas ni diminutivos, en correcto español, en forma pausada y razonable como si dialogara con una persona adulta. La inteligencia que la niña había heredado de ambos padres, y la conversación tuvieron la virtud de hacer que la niña comenzara a articular frases al año y medio. Para los dos años la pequeña Lenore hablaba casi perfectamente.

Marcus estaba gratamente sorprendido, el hecho de que la niña hablara a esa edad, y las habilidades que ella tenía gracias al trabajo de sus difuntos padres, la convertían en un sujeto realmente interesante. Todo parecía indicar que realmente valdría la pena el convivir tan estrechamente con ella, pues así el podría observarla y evaluarla. Tenía un espécimen bastante interesante en sus manos.

-Eres una pequeña caja de sorpresas –pensó James sonriendo.

En ese instante, sintió la suave calidez de la manita de la niña, demasiado pequeña para agarrar su mano, aferrarse a uno de sus dedos, una extraña sensación se apoderó de Marcus, removiendo un sentimiento desconocido en el. Marcus tomó a la pequeña de la mano y entró con ella al centro de formación.

Lenore miraba a su alrededor asombrada, pues nunca había estado en un lugar así. La niña se adelantó corriendo al enorme retrato de Marcus que se encontraba al subir la escalera, lo miró y se volvió a su ahora padre.

-¡Eres tú! –Exclamó la nena mirando al científico-. Pero… ¿Por qué estás enojado?

-¿Enojado? –murmuró el sin entender.

Marcus subió y miró su retrato detenidamente, en efecto, la expresión de su rostro era severa.

-No estoy enojado. –replicó James.

-Pues no te ves muy contento. –Alegó ella.

-Bueno –dijo James-. Tampoco estaba contento, solo estaba un poco serio…

-Si tú lo dices…

James tomó a la niña de nuevo en brazos.

-Ven –dijo James-. Vamos a la cocina.

-Sí. –Dijo Lenore sonriendo.

El científico sintió cómo la pequeña apoyó su cabecita en su hombro. Siendo James Marcus una persona poco afectiva, era predecible el hecho, de que le desagradara el movimiento, sin embargo, por alguna extraña razón, la cercanía de la pequeña Lenore no le desagradaba del todo.
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Re: Fic: Sentimientos Olvidados (18+)

Mensajepor Ele Alzerav » 09 May 2013 19:45

jajaja hasta Marcus tiene su corazoncito, aunque aparente ser desabrido xD
Buen capítulo, me gustan mucho los dibujos con los que los acompañas :)
Sigue así =D>
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Mensajepor Lenore Marcus » 10 May 2013 09:09

Ele Alzerav escribió:jajaja hasta Marcus tiene su corazoncito, aunque aparente ser desabrido xD
Buen capítulo, me gustan mucho los dibujos con los que los acompañas :)
Sigue así =D>


Jejejeje muchas graciaaas!!
Me alegro mucho de que te guste mi trabajo :D
Y no es por presumir, pero los dibujos con que acompaño los capítulos son hechos por mí.
Gracias, en serio por su apoyo como lectoras y un favor sí les pediré muy grande...
Ayuden a difundir esta historia. Realmente en ella pongo todo mi corazón y es mi forma de mantener vivo a un personaje tan maravilloso y desperdiciado como lo es James Marcus, y darle más profundidad. Me alegro que les guste y la historia sigue... esto se pone cada vez mejor :D
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Re: Fic: Sentimientos Olvidados (18+)

Mensajepor Lenore Marcus » 21 May 2013 07:32

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-Capítulo 5-

-Coincidencias-



Azalie abrió sus ojos y lo primero que vió fue la lente de la cámara de video de su hermana, quien al parecer llevaba un buen rato grabándola.

-¡Méndiga Sara! –Dijo Azalie mientras golpeaba a Sara en la cabeza con una bolsa -¿Me estuviste filmando mientras dormía?

-¡No te enojes! -Exclamó Sara entre risas- ¡Es que te veías tan linda que no pude evitar grabarte! ¡Eres muy fotogénica!

-Sí, como no… -dijo Azalie-. ¡Un día te voy a filmar dormida y no te va a gustar! ¿No querrás que todos se enteren de que babeas mientras duermes?

-¡Oyeee! –Respondió Sara- ¡No siempre babeo!

-Pues ahora sí que babeaste… -dijo Christopher señalando la gran mancha de saliva que estaba en su camisa.

Azalie, Sebas y Yoshua comenzaron a reír ante una muy avergonzada Sara.

-No se burlen –dijo Christopher mientras abrazaba a Sara-. A lo mejor estaba cansadita… ¿Verdad, Sara?

-¡Chí! –respondió la chica con voz infantil.

-¡Eres una babosita adorable! –dijo Christopher mientras le daba un beso en la frente; Sara agarró a Christopher del cuello y apretó la cara del muchacho contra su pecho tratando de asfixiarlo.

-¿Cómo que babosita? –dijo Sara mientras frotaba agresivamente sus nudillos en la cabeza del muchacho.

-Oigan –dijo Yoshua- Despierten a los demás, ya vamos llegando a Matamoros.

Sara soltó a Christopher y despertó a Beka y Azucena, todos agarraron sus maletas y bajaron del autobús. Las muchachas se adelantaron al baño dejando a los chicos cargando con las maletas. Yoshua miró a Christopher; el muchacho traía una gran sonrisa en sus labios.

-Tu felíz de la vida, ¿Verdad, Cabrón?

Christopher miró a Yoshua y negó con la cabeza.

-Estaría mas felíz si se decidiera a ser mi novia… -dijo el muchacho con melancolía.

-Mira, wey… -dijo Yoshua mientras le daba palmaditas en la espalda- Yo creo que tienes todas las de ganar…

-Mientras no aparezca otro cabrón que la pretenda…

-¡Wey! –dijo Yoshua- ¡Pueden pretenderla todos los cabrones que sean, mientras a ella no le guste ninguno, ya chingaste!

-Tienes razón –Respondió Christopher mientras limpiaba sus gafas-. Por lo pronto, esta camisa no la voy a lavar… ¡tiene babas de mi niña!

-¡Eso es asqueroso! –exclamó Yoshua.

-¡Qué asco!– Exclamó Sebas mientras Abner se reía.

Azalie miraba la escena divertida. Ella sabía bien lo que Christopher sentía por su hermana puesto a que el mismo se lo había dicho en una ocasión, por lo cual le había sugerido que se declarara en el viaje.

Una vez que salieron de la central de autobuses, Sara y compañía fueron recogidas por la tía Betty, una tía de Leticia que vivía en esa ciudad. De ahí, llevó a toda la comitiva directamente al aeropuerto de Brownsville que se encontraba crizando la frontera.

Afortunadamente para Sara y compañía, la fila para cruzar la frontera en el puente internacional era muy corta, por lo cual no tardaron nada en pasar de Matamoros Tamaulipas a Brownsville Texas.

Podía notarse claramente la diferencia entre ambas ciudades, que, a pesar de ser tan cercanas en distancia, cada una mostraba las características del país al cual cada una de ellas pertenecía, el contraste era increíble, como si hubieran pasado a otro mundo. Tenían que estar en el aeropuerto una hora antes de que saliera el avión sin embargo faltaban dos horas para que saliera el vuelo, por lo cual tenían tiempo de ir a almorzar antes de irse al aeropuerto.

Decidieron irse a almorzar pizza, por lo cual la tía Betty los llevó a almorzar a una pizzería que se encontraba en el centro, para después llevarlos a todos al aeropuerto. Una vez ahí, la tía los acompañó a comprar los boletos y los dejó en la sala de espera, se despidió de sus dos sobrinas-nietas y de los amigos de estas y se fue. Sara estaba sentada en la sala de espera escuchando a Mago de Oz mientras esperaba el avión junto con Christopher, quien usaba el otro audífono. En ese momento, Azalie, Sebas, Yoshua, Beka, Zuci y Abner llegaron con refrescos. Azalie le entregó uno a Sara y Yoshua le entregó uno a Christopher.

-Ya quiero llegar a Raccoon –dijo Sara mientras abría la lata de refresco.

-No eres la única… -replicó Beka.

-Oigan –dijo Sara-. ¿Cuánto falta para que llegue el avión?

Christopher miró su reloj.

-Faltan veinticinco minutos. –dijo.

-Okey –dijo Sara-. ¿Quién me acompaña al baño?

-Yo –dijo Azalie-. Vamos…

Sara le dio el último trago a su refresco.

-Vamos. –dijo.

Sara y su hermana se dirigieron al baño más cercano. Afuera de la puerta del baño de mujeres se encontraba un hombre de unos treinta y nueve años, moreno, apuesto, vestido de traje negro y lentes obscuros. Sara lo vió desde lejos.

-¡Órale con los Hombres de negro, wey! –Dijo Sara a su hermana al oído- Por aquí debe haber un marciano.

Azalie miró al hombre y lanzó una carcajada.

-¡No digas pendejadas Sara! –Dijo Azalie entre risas- Debe ser un guardaespaldas.

-Ya sé, si no soy tonta. –replicó Sara.

En efecto, el hombre era un guardaespaldas que esperaba a su jefa. Sara miró al sujeto con más detenimiento, pues su rostro le parecía haberlo visto antes. Las hermanas pasaron cerca del custodio, y la mirada del sujeto se cruzó por un instante con la de la muchacha. El sujeto palideció.

-No puede ser… -pensó mirándola asombrado.

En ese momento, una elegante mujer salió del baño.

-Vámonos, Tango. –dijo la mujer.

Tango no le respondió.

-Tango, ¿Se encuentra bien? –Inquirió la mujer mirándolo con sus ojos negros- ¡Parece como si hubiera visto un fantasma!

-Es que… -dijo el guardaespaldas- En verdad acabo de ver uno…

-¿A qué se refiere? –dijo la mujer sin entender.

Tango cerró los ojos, su mente lo llevó años atrás, cuando trabajaba como guardaespaldas para el director del centro de Formación de Umbrella.

En aquel entonces, Ernesto Castillo tenía alrededor de 20 años, le apodaban Tango debido a sus raíces argentinas y a su gusto por dicho estilo musical. A pesar de ser tan joven, Tango era un excelente guardaespaldas, por lo que le fue fácil conseguir trabajo en Umbrella como el custodio del Dr. James Marcus. Tango lo acompañó el día en que fue a adoptar a Lenore, lo acompañó en todas las salidas que él hacía, y llegó a conocer parte de la vida de Marcus y su hija Sara, aunque realmente él desconocía muchas cosas…

Quizás demasiadas.

Tango trabajó para Marcus hasta después del fallecimiento de Lenore. El estuvo en el sepelio de la niña, por lo cual él sabía que la pequeña estaba muerta. Tango recordaba con mucho cariño a la traviesa hija del Dr. Marcus.

Realmente, Tango sentía mucho la muerte de esa dulce criatura, sobre todo siendo tan pequeña. El había estado en el sepelio de la niña, el cual en realidad fué un sepelio simbólico, pues nunca se encontró el cuerpo. Días después, Tango fué despedido por Marcus no sin antes dejarle carta de recomendación.

Tango nunca supo nada sobre lo que realmente sucedía en ese centro; jamás supo a qué se dedicaba realmente la empresa en la que trabajó. Y es que el custodio no pasaba mucho tiempo en el centro de formación, por lo cual nunca vió nada que a él le pareciese raro, lo cual fue mejor para él, pues por esa discreción, precisamente, Salió vivo de Umbrella.

Lo último que Tango supo sobre su antiguo jefe, el Dr. James Marcus, fue que desapareció misteriosamente.

La voz de la dama interrumpió los recuerdos de Tango

-Tango, ¿a qué se refiere con eso de que acaba de ver un fantasma? –inquirió la señora.

Tango volteó a mirarla.

-Si no fuera porque sé que está muerta, juraría que se trata de ella…

-¿De quién? –preguntó la mujer.

-De la difunta hija de mi primer jefe –Dijo Tango-. Acabo de ver a una muchacha que podría jurar que es ella.

-Bueno, todos tenemos un doble en algún lugar –dijo la mujer-. Además, la niña lleva muchos años de fallecida, según usted me contó.

-Sí –dijo Tango mientras miraba a la puerta del baño-. Tiene razón. Sin embargo, juraría que se trata de ella.

-Seguro son figuraciones suyas… –dijo ella.

-Sí, es verdad –comentó el-. Los muertos no regresan.

Tango y su jefa se alejaron del lugar.

-¿Te gustó el guarro, o qué? –Preguntó Azalie en tono malicioso.

-No, no es eso –dijo Sara mientras se lavaba las manos-. Es que… me pareció haberlo visto antes. Y él se notaba sorprendido al verme. Se puso pálido.

Azalie bajó la mirada. ¿Será que ese hombre conocía a Sara? ¿Habría el tenido algo que ver con la vida pasada de su hermana?

-Azalie, ¿Me estás escuchando? –Inquirió Sara.

La joven dirigió su mirada hacia Sara, escudriñándola con sus hermosos ojos color rubí.

-Sí, sorry… -dijo Azalie- es que me quedé pensando. No es nada.

-No, si de un tiempo para acá andas bien, pero bien ida, manita. –Dijo Sara mientras se echaba agua en la cara – ¿Puedes decirme qué chingados traes?

-No es nada –respondió ella-. Vamos a la sala de espera, los demás deben estar preocupados.

-Tienes razón –Dijo Sara.

Sara y Azalie salieron del baño. Sara se quedó mirando en donde antes había estado el guardaespaldas y movió la cabeza negativamente.

-Al chile, que yo conozco a ese wey de algún lado –pensó Sara-. ¿Pero de dónde?

Mientras, Beka, Zuci, Yoshua, Christopher y los demás se encontraban en la sala de espera; la voz efusiva de una jovencita sonó en medio del barullo de la gente.

-¡Maestro Shaka!

Repentinamente, Christopher sintió cómo alguien se arrojó encima de él a abrazarlo ante la mirada sorprendida de todos sin darle tiempo de reaccionar. Christopher miró a la chica que lo abrazaba con excesivo entusiasmo.

-¿Montse? –dijo el muchacho mirándola entre horrorizado, incómodo y sorprendido sin dar crédito- ¿Qué haces aquí?

-Voy a ir de vacaciones a Disney con mis papás –dijo la chica mirándolo con sus ojos oscuros-. Es mi regalo de 15 años. ¿Y tú a dónde vas?

Montse era una chica amiga de Martín, un amigo de Christopher, quien se la había presentado hacía algún tiempo. La chica tenía la maña de arrojarse a cualquier muchacho hasta casi tumbarlo, sin soltarse pegándosele como lapa. Montserrat no era particularmente bonita, era de tez muy oscura, y cabello muy corto color negro. Christopher la miró algo incomodado al haberse sentido invadido a su espacio personal.

-Yo voy a una conve a Raccoon City. –dijo Christopher.

-¿Vas a la Anicomix? –Dijo la adolescente sin soltarlo- ¿Por qué no me invitaste?

En ese momento, Sara y Azalie iban llegando, Sara miró hacia donde se encontraban sus amigos y se detuvo en seco. Se quedó mirando fijamente a Christopher y a la chica que lo tenía casi inmovilizado.

Christopher volteó la mirada con ligero fastidio, y la sangre se le heló al ver la frialdad con que Sara lo miraba.

Azalie volteó a ver a Sara, quien se encontraba lívida de coraje. Vió la mirada en los ojos de su hermana y cayó en la cuenta de que había un gran parecido entre ella y el Dr. Marcus. Azalie alguna vez había escuchado, que los hijos adoptivos realmente podían adoptar cierto parecido físico a sus padres cuando la relación era muy estrecha, llegando incluso a parecerse más de lo que se pudieron haberse parecido a sus padres biológicos, éste era el caso de Sara y el doctor James Marcus.

Sara fijó su mirada en Montse, la forma en que la miraba simplemente daba escalofríos. El ambiente se había tornado tenso. Christopher miró a Sara suplicante. Ésta lo miró con desdén y se dio la media vuelta.

-No me tardo –dijo tajantemente-. Olvidé algo en el baño. Avísenme cuando falte poco para salir.

Azalie sabía perfectamente que Sara deseaba estar sola un momento.

Sara entró furiosa al baño y dio un fuerte puñetazo en el muro.

-¡Maldita prieta renegrida color de llanta, parece mierda asoleada! –Exclamó Sara furibunda- ¿Cómo se atreve? Es MI Christopher

Unas lágrimas rodaron por la mejilla de Sara. Repentinamente, la puerta del baño se abrió con violencia y entró al baño una joven alta, delgada, de piel blanca y cabello rizado color castaño claro. Era notorio que se trataba de una niña rica.

-¡Maldito gnomo, cara de ardilla atropellada! -exclamó la chica furiosa- ¿Cómo se atreve esa naca a meterse con MI Pacheco?

Sara volteó a ver a la muchacha.

-O sea, dime: ¿A poco no te daría coraje ver que una estúpida rancherita se le ande resbalando a la persona que te gusta? –inquirió la desconocida.

-Créeme –dijo Sara-. Acabo de pasar por eso.

-Ya somos dos. –Dijo la chica- ¿A ti qué te pasó?

Sara se limpió las lágrimas que escapaban de sus ojos color turquesa.

-Unos amigos y yo vamos a ir a Raccoon City, uno de ellos se llama Christopher, digamos que Christopher es muy atento conmigo, y es muy tierno, y dulce.

-Te gusta el tal Christopher… -intervino la chica.

-Algo así –afirmó Sara-. El problema es que hace un momento, iba yo saliendo a la sala de espera y ¡Sorpresa! Me encuentro a una tipa prieta a más no poder muy colgada de MI Christopher…

-Osea, ¡Helloo! –Exclamó la otra chica- Exactamente lo mismo que pasó conmigo. Osea, Checa esto: Yo voy de regreso a México, con MI Pacheco, ¿Por qué no? mi mamá, y su esposo. La hija del esposo de mi mamá, es un pinche gnomo cara de ardilla y anda tras de MI Pacheco. Hace un momento, la muy estúpida rancherita de quinta se le abrazó por que según ella, le tiene miedo a los aviones, ¿Sí me entiendes?

Sara sonrió.

-Claro que te entiendo. –Dijo Sara- Por cierto, me llamo Sara.

-Yo Bárbara –respondió la otra-. Mucho gusto.

Entre tanto, Christopher buscaba a Sara entre la gente en la sala de espera. Estaba algo preocupado por el hecho de que la pelirroja estaba furiosa con él, por lo que no se fijó al tropezar con Tango, quien parecía llevar mucha prisa debido a que no le hizo el menor caso a la fotografía que cayó de su camisa al momento de chocar con Christopher.

-Ah, raza descuidada que no se disculpa… -pensó Christopher mientras levantaba la foto del suelo.

El muchacho miró la fotografía, la cual al parecer, había sido tomada hace unos quince años. En ella aparecía el mismo sujeto con quien había tropezado hacía apenas unos segundos cuando era más joven, acompañado de un anciano alto de cabellos plateados, porte distinguido y expresión severa. El anciano cargaba a una hermosa niña, la cual llamó la atención de Christopher.

Al mirarla con atención, el muchacho palideció.

-Esa niña… -murmuró Christopher sorprendido- es Sara…

La voz de Azalie lo sacó de ese trance.

-Christopher…

El muchacho se sobresaltó y volteó a mirarla.

-¿Qué te sucede? –Preguntó Azalie- ¡Estás pálido!

Christopher le dio la foto sin decir nada. Azalie la miró y sufrió un sobresalto.

-¿De dónde sacaste esto? –dijo Azalie con el rostro lívido.

-Se le cayó a un tipo con el que tropecé –respondió el-. Si esa niña no es Sara por lo menos es su clon más perfecto.

-Esa niña es Sara –corrigió Azalie.

Christopher no se atrevió a objetar la respuesta de Azalie, pues él sabía perfectamente que ella podía ver "más allá de lo evidente".

-Me imagino –dijo el chico- que el que la trae en brazos es su abuelo…

-Su padre –corrigió la chica.

-¡No manches! ¿Cómo va a ser su padre? Está muy ruco –protestó el.

-O su tío, o no sé… -Dijo ella nerviosa- Nadie te asegura que sea su abuelo.

Christopher indagó en la mirada de Azalie.

-Tú sabes algo… ¿No es cierto? –inquirió Christopher con su mirada fija en ella.

Azalie desvió la mirada.

-¿Por qué me desvías la mirada? –dijo Christopher.

La chica lo miró a los ojos y bajó la mirada con melancolía.

-Creo que es algo muy de mi hermana –dijo Azalie al fín-. Y no tengo por qué contártelo.

Christopher la miró comprensivo, entonces lanzó un pequeño suspiro.

-Mira, Azalie –dijo el muchacho colocando una mano sobre el hombro de Azalie- Yo entiendo, que quieres mucho a tu hermana. Sin embargo, tú sabes lo que yo siento por ella, sabes a la perfección que la quiero bien, y deseo tener algo serio con ella. Yo quiero saber todo de ella, todo lo de tu hermana me interesa.

Azalie lo miró a los ojos, y se dió cuenta de que él era sincero.

-Está bien… -dijo ella al fin- Pero júrame que no le dirás nada de esto a nadie, ni siquiera a Sara por que ella no sabe nada…

-Perfecto –dijo el-, yo no diré nada.

Azalie miró por el ventanal hacia la pista de aterrizaje y comenzó a hablar.

Mientras tanto, Sara se enjuagaba la cara en el baño.

-Me enjuago la cara –dijo Sara mientras se secaba la cara- porque no quiero que se note que lloré.

-Mira, ven. –dijo Bárbara.

Sara se acercó y se puso a espiar desde la puerta del baño. A unos metros se encontraban un muchacho muy apuesto blanco de cabello negro y ojos café, acompañado de una muchacha bajita, de piel blanca y ojos azul grisáceo.

-Ese –dijo Bárbara señalando al chico de cabello corto- es MI Pacheco, Nicolás Pacheco.

-Está guapo –comentó Sara.

-La otra -continuó Bárbara- es Tontiana, mejor conocida como la cara de ardilla atropellada.

Sara soltó una carcajada.

-Sí parece ardilla atropellada –dijo Sara riendo–. Mira: ¿Ves a ese gordito de lentes de allá?

-¿El de playera roja? –Preguntó Bárbara- Si.

-Ese es Christopher. Y esa otra de allá –dijo Sara señalando a Montse, quien ya se había alejado de Christopher- Es la tipa que te digo.

Bárbara se quedó mirando a Sara y se cruzó de brazos.

-¿Así o más naca en la vida? –exclamó Barbara- ¡Esa tipa no tiene nada qué hacer al lado tuyo! ¡Está del nabo! Osea, ¡Mírate! ¡Estás hermosa! Esa tipa sale perdiendo... Así de: Me tapo un ojo, me tapo el otro, me quito los lentes y nada que ver.

Sara sonrió.

-Si ese tipo no te hace caso –continuó Bárbara-, en verdad es un loser. Eres más de lo que el podría aspirar: Cuerpazo, caraza, pelazo… La verdad, creo que mereces algo más a tu altura, te lo juro… Aunque te recomendaría que te hicieras un cambio de look. Así, ya sabes, bien fashion como yo, y a ver si no atrapas a un galanazo de esos ¡Bueno! tipo Brad Pitt.

Sara volteó a mirar a Christopher con melancolía.

-Oye, ¿De dónde eres? –inquirió Bárbara.

-De Ciudad Victoria Tamaulipas. –respondió Sara.

-Me tienes que dar tu Messenger –dijo Bárbara mientras sacaba de su bolso una libretita y una pluma-. Llegando a mi casa te agrego., así cuando vayas a México D.F. Me vas a visitar y te quedas a dormir a mi casa. ¿Okeeey?

-¡Claro! –exclamó Sara mientras tomaba la libretita y la pluma para apuntar-. Así nos hablamos.

Sara le apuntó el Messenger a su nueva amiga.

-Bueno, yo me voy, no quiero que la cara de ardilla se aproveche. ¡Nos vemos, Sara!

-¡Bye! –Se despidió Sara-. ¡Suerte con TU Pacheco!

-Suerte tú con TU Christopher, ¿Okeeeey? –Dijo Bárbara mientras salía del baño.

-¿Quieres decir –dijo Christopher consternado- que Sara estaba con ustedes de "por mientras"?

Azalie asintió.

-Pero… -dijo ella- nunca regresó por Sara, a pesar de que debió haber venido por ella hace como diez años. Algo pasó.

-Pero dices que tu amiga dice que está vivo. –dijo el.

-Sí, lo sé… -dijo ella- Y Abril nunca se equivoca. Posiblemente tenga algún asunto pendiente.

-¿Y Sara no recuerda nada de su papá? –inquirió Christopher con un dejo de tristeza en su mirada.

-No –contestó Azalie-. No con claridad, lo recuerda entre sueños. Sin embargo, Abril me dijo que el día en que Sara vuelva a ver su rostro, todos sus recuerdos regresarán a ella.

Christopher miró la foto. El rostro del Dr. Marcus se veía muy nítido.

-No vayas a mostrarle esa foto ni a decirle nada a Sara –dijo Azalie-. Por favor.

El muchacho la miró comprensivo.

-Yo ya te dije lo que querías saber –continuó la joven- Ahora tu cúmplemelo. No le muestres la foto. Consérvala si quieres, pero no se la enseñes ni comentes nada de esto.

Christopher miró a Azalie, luego miró la foto y la guardó.

-De acuerdo. Pero… -dijo Christopher- ¿No crees que Sara merezca saber la verdad? Después de todo es su pasado… y no vas a impedir que el Dr. Marcus llegue por ella…

-Lo entiendo perfectamente –respondió Azalie mirándolo a los ojos-. Pero entiende: Sara es mi hermana, y la quiero como no tienes una idea. No quisiera separarme de ella… La conozco, y sé que si ella recuerda todo, es capaz de ir hasta el fin del mundo hasta encontrar a esa persona a quien tanto quiere…

-¿Y no crees que estás siendo muy egoísta? –inquirió Christopher mirándola fijamente.

Azalie sonrió dulcemente y negó con la cabeza.

-No –dijo ella con voz dulce- Simplemente no quiero precipitar las cosas. Yo sé perfectamente que ellos dos volverán a encontrarse, tengo ese presentimiento. Claro que me va a doler si se va, sin embargo, yo quiero disfrutar el tiempo que aún le queda antes de que vuelva a ser Lenore Marcus, quiero disfrutar a mi hermana Sara mientras pueda. Sé a la perfección que de algún modo ellos volverán a reunirse y cuando llegue ese día yo quiero estar ahí.

-Pero igual se irá –dijo Christopher con la mirada llena de pesar.

-Tienes razón, pero el día en que se reúna con su padre, yo estaré ahí para compartir su felicidad… -Dijo Azalie levantando el rostro por cuyas mejillas rodaban unas lágrimas- Y con eso me basta.

Christopher la miró con pesadumbre… El nunca imaginó, que esa niña tan alegre, y llena de vida escondiera un pasado tan difícil. Nunca imaginó que esa muchacha tan ruda, tan fanfarrona, y vanidosa pudiera ocultar algo así. Eso explicaba el hecho de que Christopher notaba en ocasiones un dejo de nostalgia y melancolía en la mirada de Sara.

En ese momento, Sara venía saliendo del baño.

-Wey, -dijo Azalie- ¡Por un momento pensé que te nos habías ido por la taza!

-¿Cómo crees? –dijo Sara- Me quedé platicando con una chica… se llamaba Bárbara. Era muy buena onda para ser fre… ¡En la madre!

-¿Qué pasa? –Preguntó Christopher- ¿Por qué ese "En la madre"?

-¡Me quiero volver chango –exclamó Sara-, me hice amiga de una fresa!

-¡Caray, eso es de no creerse! –exclamó Azalie.

En ese momento, una voz femenina salió a travez de las bocinas anunciando el vuelo a Raccoon City,

-¡Oigan! –Dijo Beka- Hay qué prepararnos para subirnos al avión.

-Muy bien –dijo Sara- ¿Estamos todos los que somos?

-Y somos todos los que estamos. –respondió Sebas.

-Pues hay que apurarle. –dijo Abner mientras se adelantaba.

Sara y los demás se apresuraron para subir al avión. Christopher no podía dejar de pensar en Sara y su extraño pasado. Si bien, Azalie le había explicado algo, no le había explicado todo… como la razón exacta por la cual el doctor Marcus la había dejado con la familia Andrade.
"Now I will have my revenge on Umbrella... and the world will burn in an inferno of hate!!"

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Re: Fic: Sentimientos Olvidados (18+)

Mensajepor Raven Bellamy » 28 May 2013 21:23

Perdona por no comentar antes, pero me quedé sin internet O__O Dios, fue horrible XD
En fin, me ha gustado lo que he leído hasta ahora, llevas muy bien la historia y la narración es muy buena :)
A veces me siento rara escuchando esas palabras tan mexicanas .__. extraño porque soy orgullosamente mexicana, pero por lo regular los fics que he leído mantienen lo que se diría "un lenguaje universal" pero bueno, admito que le da un toque de humor y teniendo en cuenta que la protagonista se crió ahí pues no hay mucho que objetar.

Otra cosa que quiero decirte es que AMO tus imágenes, es bastante lindo ver en cada cap estos dibujos *-*
Mis felicitaciones por tan magnifica historia, esperaré el siguiente cap :D
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Re: Fic: Sentimientos Olvidados (18+)

Mensajepor Lenore Marcus » 29 May 2013 05:26

-Capítulo 6-

-Sueños-

Oculto:
Imagen


-¡Por fín llegamos! –exclamó Sara mientras se dejaba caer sobre la cama del hotel "Paradise Inn".

Sara y compañía arribaron a Raccoon a las siete de la tarde del diecinueve de julio. Para las siete y media llegaron al hotel. Sara y las chicas estaban en una habitación y los muchachos en otra, El viaje había sido cansado, por lo cual todos se dispusieron a descansar un poco antes de salir a cenar algo.

Yoshua, Christopher, Abner y Sebas habían terminado de instalarse. Christopher miraba por la ventana consternado el ir y venir de los carros. No podía dejar de pensar en lo de la foto, y lo que Azalie le había contado acerca de Sara. En ese momento, Sebas se acercó a él.

-Ya, wey –dijo Sebas-. No es bueno que andes llorando por los rincones, no fue tu culpa. Debes explicarle eso a Sara. Si quieres yo te hago el paro. Además, ni que fuera la única vieja sobre la tierra.

-Yo digo –dijo Yoshua- que mejor ya te le declares de una buena vez. ¿Cuándo piensas hacerlo?

-Necesitaría tener un momento a solas con ella –dijo Christopher mientras se quitaba los zapatos-. Pero quiero que sea un momento que se de por sí solo.

Abner se acercó a Christopher.

-Wey, lo bueno de esto, es que al parecer le interesas. Si no, no se hubiera puesto celosa. –Aseveró Abner.

Christopher sonrió un poco. Después de todo, Abner tenía razón. Además, el asunto de Montse no le preocupaba demasiado, eso no tenía importancia. A Christopher le preocupaba otra cosa

Mientras, Sara y sus amigas se encontraban descansando. Sara se levantó furiosa.

-Wey, les juro que no soy nazi, ni racista –dijo Sara- pero… ¡Pinche prieta renegrida! ¿Quién se cree para andar colgándosele así a MI Christopher?

-¡Los elotes se están quemando! –comentó Azalie en tono burlón.

Sara volteó con sus ojos turquesa muy abiertos.

-¿Celosa yooooooooo? ¿De esa india patarrajada? ¡Para nada! Yo estoy hermosa, mi reina, ella no puede compararse conmigo. ¿Están de acuerdo? ¡Además, ni que Christopher estuviera tan bueno! ¡Ni que tuviera los ojos azules!

Azalie, Azucena y Beka intercambiaron una mirada entre ellas y rieron.

-Sara, ¿por qué te enojas? –Dijo Beka- No fue culpa de Christopher, la tipa se le abalanzó por sorpresa, el pobre no sabía cómo quitársela de encima. Yo estuve ahí, y Azucena también. Ambas podemos decirte que eso fue lo que pasó.

-Como haya sido –dijo Sara acomodándose el cabello y guiñando un ojo-. Christopher me debe pedir perdón. Que sufra tantito. Además, ya va haciendo hambre, ¿No?

-Sí –respondió Beka-. ¿Por qué no les decimos a los otros que vayamos a cenar?

-Si –dijo Azucena-. ¿Pero quién va?

-Yo voy –Dijo Sara mientras se dirigía a la alcoba de los muchachos.

Christopher leía tranquilamente el Silmarilion mientras Abner y Sebas jugaban un duelo de Yu-gi-oh! Yoshua iba saliendo del baño cuando repentinamente, la puerta se abrió de golpe, y Sara apareció ante ellos.

-¡Órale, bola de cabrones vámonos a tragar! -Dijo Sara- los esperamos abajo en el restaurante del hotel.

Sara cerró la puerta y los muchachos se miraron el uno al otro sorprendidos.

-¡Qué tierna! –comentó Yoshua

-Será mejor que bajemos –dijo Christopher mientras salía de la alcoba.

-¡Mandilón! –gritaron Abner y Sebas a coro.

-¡Cállense o los meo! –respondió Christopher.

Los muchachos bajaron al restaurante, donde las chicas los esperaban, al ser varias personas, tuvieron que juntar dos mesas para que cupieran todos. Para fortuna de Sara y de Christopher, quienes eran unos tragones de primera, esa noche había buffet. Ambos se sirvieron cantidades exorbitantes de comida.. Sara se sirvió todo tipo de comida, en especial carnes. Todos se encontraban sentados en la mesa.

-Qué bien –dijo Christopher-. Llegamos antes de lo contemplado.

-La conve es pasado mañana –comentó Sara mientras le daba una mordida a una pierna de pollo-. El veintitrés empezamos con nuestra investigación. Así que mañana disfrutaremos el día en la alberca y recorriendo la ciudad.

-Me muero por que ya vayamos al bosque de Raccoon –dijo Beka alegremente-. ¡Imagínense que en lugar de encontrar al chupacabras o a algún extraterrestre, descubriéramos que en realidad se trata de fantasmas vengativos!

-¡No, que fuera siendo la "Bruja de Raccoon! –mencionó Azalie- en lugar de "La bruja de Blair", ya saben…

-Mejor que fuera un atractivo vampiro… -expresó Azucena.

-Estoy de acuerdo contigo –Opinó Sebas.

-Prefiero los Hombres lobos –dijo Abner.

-¿Saben qué sería la mamada? –intervino Sara- Que no fueran ni fantasmas, ni brujas, ni vampiros ni chupacabras, ni hombres lobos… ¡Que fueran zombies!

-No mames, Sara -dijo Yoshua-. Eso solo pasa en las películas.

-Mugre Sara ya vas a empezar con tu necrofilia –dijo Sebas.

-Oye Sebas la necrofilia es divertida –intervino Beka.

-¡Oigan! –Exclamó Sara- ¡Yo no soy necrófila!

El grupo comenzó a hacer bromas acerca de la supuesta inclinación sexual de Sara por los muertos, las risas eran tan fuertes, que un empleado del restaurante tuvo que ir a pedirles amablemente que tuvieran un poco mas de discreción. Una vez que terminaron de cenar, salieron a tomar el fresco en la terraza del hotel para relajarse un poco. Sara sacó la guitarra y comenzó a tocar las canciones que le gustaban de Metallica, empezando por Nothing else Matters, y pasando por The Unforgiven y Unforgiven II.

-Hay que cantar algo que todos nos sepamos… -dijo Sebas.

-¡Ya sé qué canción tocar! –dijo Sara mientras empezaba a tocar.

Todos reconocieron la canción y comenzaron a cantar:


Es la historia del niño de la colina

Le gustaba inyectarse heroína

Es la historia del niño de la colina

Le gustaba, le gustaba la Paulina

Pero a ella le gustaba la María.

Y las cacha haciendo una orgía.

Y el sentía, el sentía que se moría

Se moría, se moría se moría

Y en la noche…

Se cortó las venas con una Sandía.


Después de la interpretación de tan singular canción, las risas no se hicieron esperar.

-¡Pinche canción más pendeja! –dijo Sara entre risas mientras guardaba la guitarra.

Azalie bostezó; sus ojos se notaban cansinos.

-Oigan, ya es hora de irnos a dormir, ¿no lo creen?

-Sí. –dijo Beka- Vámonos a dormir.

Sara y las chicas se fueron a dormir a la alcoba. Mientras los muchachos quienes no tenían sueño aún, se quedaron jugando cartas.

Alrededor de la 1 de la madrugada, el viento comenzó a soplar con tal violencia, que la puerta del balcón de la habitación se abrió bruscamente despertando a Azalie., quien al ver la puerta abierta, se levantó a cerrarla. Extrañamente, nadie más en la habitación se había despertado por el sonido. La joven miró a la cama de su hermana y sintió cómo el corazón dio un vuelco tremendo al ver que dicha cama se encontraba vacía. La chica volteó hacia la puerta que daba al pasillo del hotel y se encontró con que estaba abierta. Azalie se preocupó y salió de la recámara para ver si podía divisarla, miró hacia ambos lados de la habitación sin lograr vislumbrar a su hermana; entonces, salió a buscarla por los pasillos del hotel, con el sonido del viento que golpeaba las puertas sin cesar y al parecer no parecía importarle a nadie.

La joven salió a la terraza, e incluso a la alberca gritando inútilmente el nombre de su hermana con creciente angustia. Azalie salió a la calle, y a varios metros, pudo distinguir una silueta femenina. Azalie supo de inmediato que se trataba de su hermana.

-¡Sara! –gritó Azalie esperando que Sara atendiera su llamado.

La pelirroja no volteó siquiera a mirarla, simplemente se quedó ahí parada mirando quien sabe qué cosa. Azalie se encontraba lo suficiente cerca para ver que en efecto se trataba de Sara, con su largo cabello cobrizo ondeando al viento, y sus hermosos ojos turquesa fijos con la mirada perdida, Sara no parecía siquiera percatarse de la presencia de Azalie, parecía hipnotizada. Sara siguió caminando, parecía como si alguien la estuviera llamando. Azalie la siguió preguntándose hacia donde iba. Conforme iban avanzando, Azalie oía una especie de cántico… era una voz de soprano sorprendentemente dulce… La muchacha pudo notar que Sara estaba siguiendo la misteriosa voz, pues con cada paso que daban, el sonido era más cercano.

La misteriosa voz parecía provenir del cementerio de Raccoon. Cuando Sara se encontró frente al gran portón de barrotes negros, este se abrió inexplicablemente ante ella. Esa imagen fue por demás impresionante para Azalie.

Sara no se inmutó y siguió su camino. Seguida por su hermana, quien sentía una especie de miedo combinada con curiosidad. La voz cada vez se oía más cerca, Azalie pudo vislumbrar una extraña silueta caminando entre las tumbas, se trataba del misterioso cantante cuya voz venían siguiendo. Azalie se detuvo, sin embargo, Sara siguió su camino. El extraño se detuvo frente a una de las tumbas fue entonces cuando Azalie pudo verlo al detalle. Se trataba de un joven muy alto, de porte distinguido, descalzo, vestido con una extraña túnica blanca, de cabello largo, completamente lacio, su piel tenía una palidez casi cadavérica, de facciones delicadas y ojos celestes. Era el tipo de hombre que tanto le gustaba a Sara. Azalie sintió como si hubiera visto a esa persona antes, pues su cara le parecía conocida de algún lado.

El misterioso joven no pareció percatarse de la presencia de Azalie, no obstante, miraba a Sara con mucho cariño, como si se tratara de alguien muy importante para él. El individuo extendió su brazo mientras seguía cantando, como indicándole a Sara que se acercara. Sara avanzó hacia el sin inmutarse y en cuanto lo miró a los ojos, la joven sonrió con ternura y se dejó caer en el, quien la detuvo a tiempo. El muchacho la abrazó y hundió su nariz en el cabello de Sara mientras lo acariciaba con ternura. La expresión del rostro del tipo era como si llevara años de extrañarla y por fin se reencontraba con ella. Azalie se acercó a ellos silenciosamente y miró el sepulcro que se encontraba frente a ellos. Era una sencilla lápida con un querubín grabado en el mármol y el nombre que se encontraba grabado era: Lenore Marcus.

Azalie volteó a mirar al hombre que abrazaba a su hermana con tanta ternura, entonces, el sujeto volteó a mirarla y le sonrió con tal frialdad, que Azalie sintió que se le helaba la sangre.

En ese instante, la chica se despertó con todo el cuerpo bañado en sudor. En efecto esa noche venteaba demasiado fuerte. Azalie miró a su alrededor y vio a su hermana dormida en su cama.

-Vaya…- suspiró Azalie aliviada- Sólo se trataba de un sueño… sin embargo… no es un sueño cualquiera… puedo asegurar que se trata de un sueño premonitorio…

Azalie miró a su hermana dormida en la otra cama y suspiró. Se acercó a la cama de su hermana y le dio un beso en la frente.

-Pase lo que pase –dijo Azalie mientras acariciaba el cabello de su hermana- Yo voy a estar aquí para ayudarte… Y cuando encuentres tu felicidad, quiero estar ahí para verlo.

La joven regresó a su cama y volvió a dormir.

A la mañana siguiente, Azalie, Sara y sus amigos pasaron toda la mañana en la alberca del hotel. Por la tarde, decidieron dar un paseo por la ciudad.

Después de recorrer centros comerciales, parques, y centros de videojuegos, en la noche, Sara y compañía decidieron cenar en un restaurante italiano. Sara pidió lasaña y ravioles, al igual que Christopher. Azalie pidió espagueti y Yoshua comió ravioles. Los demás prefirieron Pizza.

Mientras cenaban Sara y sus amigos platicaban sobre la programación de la tele.

-Lo malo es que creo que aquí en Raccoon no podremos ver "El show del Chango güero"-comentó Christopher- ni "Goshi, el elegido"

-Si… Tendré que perderme el Show de Jirafín –dijo Beka- y "Las no tan emocionantes aventuras de los botes mutantes adolescentes vegetarianos del futuro".

-Yo quería ver "Las aventuras de Chicho, el niño con Senos" –mencionó Sebas.

-Yo me estoy perdiendo "Las crónicas de Sebastián". –dijo Sara.

Esa era la intelectual plática que mantenía el grupo; Azalie por su parte, se encontraba ensimismada pensando en el sueño que había tenido recientemente. Después de un rato, terminaron de cenar y pagaron la cuenta

En el camino de regreso al hotel, Sara caminaba por las calles de Raccoon alegremente algo separada del grupo. Por alguna razón, el lugar le era familiar. Christopher la miraba con ternura mientras ella miraba a su alrededor maravillada.

-Te ves muy felíz, Sara. –comentó Christopher.

Sara volteó a mirarlo y sonrió.

-No sé…. –dijo ella- Siento, algo de nostalgia… como si hubiera recorrido estas calles antes… Lo extraño es, que nunca había venido a Raccoon.

-Igual te recuerda algún otro lugar. –comentó Yoshua.

-O una vida pasada… -dijo Christopher.

El grupo pasó por una joyería, entonces, Sara se detuvo en seco, y se quedó mirando el establecimiento, el cual estaba cerrado.

-Yo he estado aquí… -murmuró Sara- ¿Pero cuando?

Azalie miró a su hermana y notó una lágrima deslizándose por su mejilla.

-¿Sara –dijo Azalie preocupada- estás bien?

Sara miró a su hermana y solo asintió. Azalie tomó las manos de Sara entre las suyas y cerró los ojos. Sin embargo, por más que lo intentó, no pudo ver nada… era como si ese recuerdo estuviera sellado en algún lugar de su mente. Quizá ese recuerdo era de suma importancia para Sara. Quizá haya sido una vivencia de gran valor sentimental. Azalie no pudo hacer más que abrazarla. Christopher quiso acercarse a ella, pero Sebas lo detuvo.

-Ahí vas, mandilón –dijo-. ¡Déjala!

-Pero… -dijo Christopher titubeante.

-Wey, debe estar en sus días –replicó Sebas- Déjala.

Christopher se quedó callado y sólo miró a Sara con melancolía.

Esa noche, Christopher dormía tranquilamente en la cama, cuando de pronto, oyó como la puerta que conectaba su alcoba con la de las muchachas se abría lentamente. El muchacho abrió los ojos y ante el estaba Sara, con su largo cabello cobrizo suelto, el verde mar de sus ojos felinos, fijo en el. Christopher se incorporó admirado. Sara sonrió.

-Perdóname por tratarte tan fríamente hace rato… -dijo ella acercándose a él- Pero… estaba celosa. Nunca te lo había dicho, pero te amo desde hace mucho.

Christopher la miraba sin articular palabra. Sara se quitó la delgada bata de algodón que la cubría, dejando al descubierto su piel blanca. De un momento a otro, Sara se encontraba desnuda ante él.

-Hazme tuya… -gimió ella mientras ponía la mano de Christopher sobre uno de sus pechos.

Christopher la atrajo suavemente hacia sí y la abrazó. Comenzó a recorrerla con las manos mientras ella acariciaba su miembro suavemente. El acercó sus labios a los de Sara, y ella le correspondió besándolo con la ansiedad. En ese instante, Christopher despertó, agitado y con una evidente erección.

-Maldición –Pensó-. Por un momento pensé que era verdad…

Se levantó algo agitado y se dirigió al baño, abrió la llave del lavamanos y se enjuagó la cara con agua helada. Entonces, Christopher levantó el rostro y se vio reflejado en el espejo. Entonces, vino a su mente la imagen de Sara mirando con tristeza la joyería.

-Sara… -murmuró Christopher- Si yo pudiera hacer algo…

En ese instante, la imagen de Sara desnuda, lo asaltó. Christopher volvió a echarse agua fría en la cara. Entonces, cayó en la cuenta de que había perdido el sueño,.. Así que decidió salir a la terraza del hotel a despejarse un poco.

El viento soplaba fuertemente esa noche. Sara siempre fue enemiga de dormir con aire acondicionado, así que decidió abrir la puerta del balcón de la recámara antes de irse a acostar. Sara y sus amigas dormían apaciblemente en la alcoba.

Repentinamente, una fuerte ráfaga de viento entró por la ventana levantando por completo la cortina. Cuando se calmó ese ventarrón, una extraña silueta apareció en la oscuridad de la alcoba y se dirigió sigilosamente hacia la cama donde Sara descansaba. El extraño se sentó en la cama de Sara y acarició con su mano el rostro de la joven.

Sara sonrió sin abrir los ojos y acarició la mano del sujeto.

-Por fin me encuentras… -murmuró Sara- No quiero que vuelvas a alejarte de mi lado nunca.

Sara abrió los ojos. No había nadie a su alrededor más que su hermana y sus dos amigas. Quienes descansaban en las otras camas. Sara se levantó desconcertada… En realidad había sido un sueño, sin embargo… ¿Quién era esa persona? ¿Por qué su olor le era tan familiar? Sara solo tenía esa reacción cuando soñaba algo referente a su pasado o su supuesto padre… no obstante, ese era un sueño que no parecía tener algo que ver con el pasado, sin embargo, de algún modo Sara sentía en ese momento esa nostalgia que siempre la invadía cuando soñaba a su padre, la misma nostalgia que había estado sintiendo desde que llegó a Raccoon y la misma nostalgia que se había apoderado de ella al pasar por aquella joyería. Sara se encontraba algo turbada por el sueño, así que decidió ir a la terraza del hotel a calmarse un poco.

Sara salió de su habitación para relajarse un poco, y en el trayecto hacia la terraza se encontró con Christopher.

-¡Christopher! –Dijo Sara extrañada- ¿Qué haces despierto a estas horas?

-Estaba algo inquieto –respondió Christopher mientras limpiaba sus anteojos con su camiseta- así que decidí caminar un rato a ver si así me tranquilizaba.

-Pues creo que ya somos dos. –replicó Sara sonriendo-. ¿Te parece si vamos acá a la alberca?

-Vamos. –dijo Christopher sonriendo.

Sara y Christopher se dirigieron a la alberca y se sentaron en la orilla, metiendo los pies en el agua. Christopher miró a Sara y se dio cuenta de que algo la tenía inquietada.

-¿Qué sucede? –Inquirió Christopher.

-Nada… -dijo Sara sonriendo- Tan solo es insomnio.

Christopher solo sonrió y miró hacia el cielo.

-¿Puedo hacerte una pregunta? –dijo el muchacho.

-Dime. –respondió ella.

-¿Cómo era tu papá? –preguntó Christopher.

-Pues… ya lo sabes, -dijo Sara sonriendo- es el simpático director funerario que vive acariciándose la barba que vive en mi casa y se la pasa cantando "Im just a gigoló" o cualquier canción ochentera ¡Duh!

-No me refiero a él –dijo Christopher serio-. Me refiero a la persona a quien llamas en sueños.

Sara lo miró sorprendida.

-¿Cómo sabes eso? –preguntó la joven mirándolo con los ojos muy abiertos.

-Hoy en el autobús te quedaste dormida en mí –dijo el muchacho mirándola a los ojos- Tu hablabas dormida y llamabas a tu papá en sueños… Y sé perfectamente que no se trataba del Señor Adolfo.

Sara lo miraba sin dar crédito. Christopher puso su mano sobre la de Sara.

-Sara… -dijo el joven mirándola a los ojos- ¿Tu recuerdas algo de tu pasado? ¿Algo… sobre tu anterior familia? Puedes decírmelo… confía en mí.

Sara intentaba esquivar la mirada de Christopher, quien la miraba fijamente.

-¿Recuerdas algo sobre tu papá? –Preguntó Christopher- ¿Quién era? ¿Cómo era?

Sara retiró la mano violentamente.

-¡No sé! –dijo ella molesta- Eso fue hace muchos años. ¡Además no quiero hablar de eso!

Sara se levantó molesta, Christopher la agarró del brazo impidiendo que se fuera. Sara volteó a mirarlo y Christopher notó cómo algunas lágrimas rodaban por las mejillas de Sara.

-Soñaste algo referente a él hace unos momentos, ¿Verdad? –insistió Christopher.

Sara se zafó violentamente.

-¡Eso es algo que no voy a discutir contigo! –Exclamó la chica con lágrimas en los ojos- No quiero hablarlo, así que por favor déjame sola.

-Pero, Sara… -dijo el acariciándole el cabello.

-¡Lárgate! –Vociferó ella- ¿Qué parte de "lárgate" no entiendes?

Christopher agachó la mirada y se retiró sin decir nada. Sara se quedó llorando a la orilla de la piscina. No era el interés del muchacho lo que le molestaba, si no mas bien el hecho de que ella misma no recordaba con exactitud el rostro de aquel a quien llamaba "papá", lo cual le causaba un sentimiento de desazón. Y es que si ese hombre la había amado tanto, era una ingratitud el no poder recordar su rostro, el haberlo olvidado así como así…

-¿Qué haré si un día lo vuelvo a ver y me reconoce? –se preguntaba la pelirroja…

-Así que la primera unidad de investigación ya se encuentra en el viejo centro de formación. –dijo Wesker mientras daba un sorbo a su bebida.

Albert Wesker y William Birkin solían frecuentar el bar del hotel "Paradise Inn" para hablar de los asuntos del trabajo desde que eran jóvenes, siempre se sentaban en la mesa de hasta el fondo. El lugar era tranquilo, y ambos se manejaban con mucha discreción.

-Así es –ratificó Birkin mientras revisaba unas notas sin importancia-. La segunda unidad llega para el veintitrés, aproximadamente. Sir Spencer quiere que estemos ahí para checar todo ese día.

Albert Wesker se quedó pensando un momento.

-¿En qué piensas? –inquirió Birkin.

-Nada… es solo que me preguntaba… Me imagino que no faltarán los osados que quieran buscar "el santo grial" del centro de formación.

Birkin lanzó una carcajada.

-Tú sabes que eso sólo es una leyenda… una macabra leyenda. –dijo.

-Sin embargo… tiene mucho sentido –rebatió Wesker- recuerda que nunca se encontró el cuerpo de la mocosa.

-Albert, tú eras tan cercano al Dr. Marcus como yo –dijo Birkin-. Nosotros ya lo habríamos encontrado, sin embargo nunca apareció. Lo cual prueba que esa leyenda urbana que corría entre los internos del centro de formación, no era más que eso. Una leyenda.

-¿Insinúas que Lenore Marcus está viva? –inquirió Wesker mirando fijamente a Birkin por encima de sus gafas obscuras.

-Es más creíble que el cuento de que el Dr. Marcus escondió el cuerpo en algún lugar del centro de formación o que lo tiene en criogénica –dijo Birkin con sus ojos azules fijos en el-. Esos rumores me suenan a Walt Disney… son totalmente absurdos.

-Lo que es absusrdo –dijo Wesker- Es que no te quites la bata de laboratorio ni para salir.

-No es algo que me importe mucho –Dijo Birkin-. Nunca sé cuando debo regresar. Mira quién lo dice… el que usa lentes oscuros de noche…

Birkin tuvo una extraña sensación y levantó la vista. Oportunamente para ver a la atractiva joven de cabello cobrizo que entraba al bar en ese momento, vestida con un short ligero de algodón y una delgada camisola de tirantes. La chica se acercó a la barra y se puso a pedir algo. Birkin no le quitaba los ojos de encima.

-Tan seriecito que te veías Birkin –dijo Wesker con una sonrisa burlona-. ¿Y Anette?

-Es que no había visto a una muchacha tan atractiva –respondió Birkin-. Además eso no significa que no pueda ver el menú…

-Pues no está nada mal –dijo Wesker mirando a la chica-. Es de pechos grandes y es evidente que no trae sostén… aunque a decir verdad, ya sabes… no me agradan mucho las pelirrojas…

-Ya sé por quien lo dices –replicó William riendo-. Pero debes reconocer que era una niña preciosa.

El rubio de la bata de laboratorio miraba insistentemente a la pelirroja.

-Aquí huele a marido infiel –comentó el rubio de lentes oscuros.

-Pues si se me diera la oportunidad de tirarme a esa pelirroja, ni loco la desaprovecharía –dijo Birkin-. Ya sabes, uno a veces necesita distracciones, y últimamente he estado presionado… y amo a Anette, pero eso no significa que me niegue a una pequeña aventurilla…

Mientras, Sara se encontraba tomando una piña colada en la barra, aún seguía agobiada por el extraño sueño de hacía unos minutos, y la reciente plática con Christopher no la ayudaba mucho a animarse, por lo cual decidió ir al bar y tomarse un trago para intentar calmarse. Sara notó que alguien la observaba, por lo que miró a su alrededor. El bar se encontraba vacío, a excepción de los dos sujetos de la mesa del fondo. Ambos sujetos eran rubios, uno usaba bata blanca de laboratorio, y el otro usaba gafas oscuras, lo cual Sara encontró ridículo tomando en cuenta que era de noche. Sin embargo, el de la bata de laboratorio le había parecido atractivo, en parte por la misma bata, ya que por alguna razón, ella encontraba atractivos a los hombres que usaban bata de laboratorio, sin embargo, el hombre en sí era atractivo y la miraba con insistencia.

-El tipo está guapo –Pensó- Quizá es una buena oportunidad de ligue…

Sara se levantó y avanzó hacia donde estaban los dos sujetos, quienes siguieron hablando entre ellos.

-Hola –dijo ella- ¿No hay problema si me les uno?

Wesker se puso pálido al ver de cerca de la muchacha, cosa que Birkin notó, por lo cual alzó el rostro para ver de cerca de la chica y se sobresaltó al ver que el rostro de la joven le era demasiado familiar.

-¿Tu… -tartamudeó Birkin atónito- eres…?

-Sara –dijo la muchacha sonriendo- Me llamo Sara Andrade Garza. ¿No hay problema si me siento, William?

Ambos sujetos se miraron nerviosos.

-Bueno, si les molesta, me voy, no hay pedo… -dijo Sara mientras se daba la media vuelta.

-¡Espera! –Dijo William- ¿Cómo es que sabes mi nombre? ¿Nos conocemos?

Sara se volvió hacia el.

-Si, wey, te conocí cuando era muy niña… -dijo Sara en tono sarcástico- ¿No te acuerdas?

Albert Wesker miraba a la chica sin dar crédito. Sara inmediatamente continuó.

-¿Cómo quieres que no sepa tu nombre –inquirió Sara con una mirada irónica- si traes una placa con el logo de Umbrella donde viene escrito "Dr. William Birkin"?

El sujeto miró la pequeña placa de identificación que traía prendida a su bata y lanzó un suspiro de alivio. Si esa chica fuera Lenore Marcus, los habría reconocido de inmediato, después de todo… ¿Cómo olvidar a los empleados de confianza de su padre, con quienes llegó a pasar bastante tiempo?

-Oye, William… -dijo Sara interrumpiendo sus pensamientos- Veo que están ocupados, mejor me voy.

-No –dijo William- Ven, siéntate con nosotros. –Agregó Birkin ofreciéndole asiento junto a el.

-Gracias –dijo la chica sonriendo mientras se sentaba.

Wesker decidió iniciar conversación.

-¿Te estás hospedando aquí? –preguntó Wesker acomodándose las gafas.

-Sí –respondió Sara- Soy de México, de Ciudad Victoria, para ser exactos.

-Ya veo… -dijo Birkin inclinándose un poco hacia ella- ¿Y vienes sola?

-No –dijo ella dando un sorbo a su bebida- Vine con mi hermana y unos amigos.

-¿Y qué los trae a Raccoon? –Inquirió Birkin- ¿Tienen familia aquí?

-No –respondió Sara- vinimos por la convención de cómics.

-¿Pues qué edad tienes? –cuestionó Albert.

-Tengo diecinueve años. –respondió sencillamente.

Wesker y Birkin se miraron sorprendidos el uno al otro.

-Tiene la misma edad que Lenore en caso de que estuviera viva… -pensó Birkin.

-¿Y ustedes dos son novios, o qué? –preguntó Sara con una sonrisita burlona.

Por un momento, ambos sujetos sintieron como si el tiempo hubiera regresado quince años atrás.

-Por supuesto que no. –Dijo Wesker molesto- Somos amigos desde hace varios años, desde que éramos estudiantes.

-Bueno, pero no te enojes… -dijo ella- ¡Tranquilo! Por cierto… ¿Cuál es tu nombre?

-Es verdad –dijo Wesker- No me he presentado… Mi nombre es Albert Wesker. Trabajo en el departamento de policía de Raccoon. En la división de S.T.A.R.S.

-¿S.T.A.R.S? –Dijo la chica sin entender.

-Special Tactics And Rescue Services. –Dijo Wesker con voz serena- Es un equipo especial de la policía de Raccoon.

-¡Ah! –Dijo Sara- Tu eres de los que hacen operativos y cosas así, contra los terroristas, y los narcos y eso…

-Sí –respondió Wesker-. William, como ya te habrás dado cuenta, trabaja en la corporación Umbrella como investigador.

Sara se volvió hacia Birkin.

-Umbrella hace muy buenos productos –comentó Sara- Mi hermana y yo solemos tomar sus pastillas contra los cólicos menstruales.

Birkin sólo sonrió, la chica le gustaba mucho, por lo cual decidió quitarse la alianza matrimonial y guardarla en la bolsa de su bata sin que Sara se diera cuenta. Entonces se volvió hacia Wesker.

-Albert, nos ponemos en contacto después… me habías dicho que tenías prisa por llegar a la oficina.

Albert lo miró. Había entendido el mensaje. William quería quedarse solo con la chica.

-Sí, se me hace tarde. Te veo luego, William. Nos vemos luego Sara –dijo Wesker saludando de mano a la chica.

Sara observó como Wesker se alejaba y esbozó una sonrisa burlona.

-Tu amigo es algo fantoche, Will –dijo Sara jugueteando con una servilleta.

-¿Por qué dices eso? –inquirió Birkin divertido.

-¿Quién usa lentes obscuros en plena noche? ¡Eso es ridículo! ¿O qué? ¿Los tiene pegados?

Birkin sonrió. Por un momento sintió que hubiera regresado años atrás, cuando él y Wesker estudiaban en el centro de formación y trabajaban para el director del mismo. En una ocasión, Wesker y Birkin se encontraban en la oficina del Dr. Marcus. Lenore se encontraba sentada muy quieta sobre el escritorio, y los tres hombres se encontraban hablando acerca del proyecto "Blade Maiden". La niña observaba muy atentamente a Wesker, lo cual llamó la atención de Marcus.

-¿Pasa algo, Lenore? –inquirió Marcus mirándola con sus ojos celestes.

La niña se acercó a Wesker y lo observó.

-Albert… -dijo la niña al fín- ¿Tienes los lentes pegados o qué?

El Dr. James Marcus y William Birkin jamás olvidarían la cara tan cómica que puso Albert Wesker frente al cuestionamiento de la pequeña.

-¿Qué te hace decir eso, gatita? -preguntó Marcus con una sonrisa burlona.

-Porque siempre que veo a Albert, sea de día o de noche, trae gafas para el sol ¡Sólo un loco usa lentes de sol estando oscuro! -Decía Lenore- ¡Podría apostar a mi papá a que se baña con ellos puestos!

Marcus se quedó mirando a la niña sorprendido. ¿Apostarlo a él? ¡Cuánto amor!

-Pero eso no significa que los traiga pegados -dijo Birkin no muy convencido.

-Entonces Albert está loco. -dijo la niña muy seria.

Wesker alzó una ceja, el comentario de la niña no le había hecho mucha gracia. Marcus y Birkin intentaban ocultar la risa.

-¿De qué te ríes, Will? –inquirió Sara regresándolo a la realidad.

-Nada –dijo el-. Lo que pasa es que hace mucho, una niña le hizo esa pregunta a Albert cuando éramos estudiantes. Y lo más divertido del asunto es que la niña era muy parecida a ti.

-¡Ah! –Dijo Sara sonriendo- Entonces, esa niña debió haber sido casi perfecta.

-De hecho… lo era –dijo William.

Sara miró hacia una ventana y lazó un suspiro.

-No creas –dijo Sara en un tono más dulce- Tu amigo no me cayó mal… de hecho, cuando estuve hablando con ustedes dos… sentí como si los conociera desde hace mucho.

Sara acarició la mano de Birkin y este la miró.

-¿Te gustaría ir a algún otro lugar? –inquirió Birkin con una sonrisa.

-¿Tienes tiempo? –preguntó ella.

-A decir verdad, casi no salgo por mi trabajo, -respondió Birkin- y pues ya que estoy aquí… puedo aprovechar. Además, no estarás aquí mucho tiempo.

Sara pasó su lengua sensualmente por su labio. Ese día se sentía más estresada que de costumbre, y aunado a eso, un hombre atractivo en bata de laboratorio la estaba invitando a salir. Después de todo, llevaba tres años sin haber besado siquiera a un hombre, y una noche de diversión quizá le quitaría el estrés. Además el tipo lo acababa de mencionar, tenía una vida social demasiado pobre, por lo cual estaba segura de que no padecía alguna enfermedad de transmisión sexual. Por otro lado, si resultara un maniático homicida, no había nada que temer, ya que sus navajas la ayudarían.

-Okey –respondió ella-. Pero necesito ir a avisarle a mi hermana, puede preocuparse. Acompáñame, me esperas afuera de mi habitación.

-Vamos –dijo Birkin levantándose mientras sonreía pensando en lo que vendría después.

Después de pagar la cuenta, Sara y su acompañante se subieron al ascensor. William Birkin miró a Sara. Si bien, el parecido de la muchacha con la hija del Dr. Marcus era impresionante, si se tratara de ella, lo habría reconocido. Sara lo miró a los ojos y se mordió el labio. Birkin la tomó por la cintura y la besó pegando su cuerpo al de la muchacha. Era la primera vez que Sara decidía tener una aventura de una noche, lo cual la tenía algo nerviosa. Además, considerando la suerte que tenía ella, quizá esa sería la única manera de calmar su instinto, ya que Christopher parecía demasiado indeciso, y ella no lo esperaría toda la vida.

Mientras tanto, Christopher y Azalie hablaban en la habitación.

-¿Cómo se te pudo haber ocurrido preguntarle? –Preguntó Azalie mirando a Christopher con sus ojos carmín centelleantes de furia.

-Pensé que sería un buen momento. –dijo Christopher agachando la mirada.

-Pues no –dijo Azalie molesta-, no lo era. Ya viste como reaccionó. Ahorita está en el bar, y conociéndola, estando así de deprimida puede ser muy susceptible a hacer una locura… Y no estoy hablando de suicidio.

-Pero… -dijo Christopher.

-Habría sido un momento perfecto para que te le declararas, -interrumpió Azalie- no para que le preguntaras acerca de un pasado que ni siquiera puede recordar con exactitud.

En ese instante la puerta se abrió y Sara entró a la alcoba.

-Sara, qué bueno que llegas… -dijo Azalie aliviada- Estaba preocupada.

-Estoy bien –dijo Sara con una sonrisa- De hecho sólo vengo a avisarte que voy a salir.

-¿Qué? –dijeron Azalie y Christopher a coro.

-¿Con quién vas a salir? –inquirió Christopher serio.

-Es un hombre muy atractivo que usa bata de laboratorio –dijo Sara en tono triunfal- Trabaja en Umbrella.

Azalie conocía bien que su hermana tenía debilidad por los hombres atractivos, y más si usaban bata blanca. Tomando en cuenta sus visiones, era fácil de explicar, un hombre en bata de laboratorio le recordaba de algún modo a su padre o la infancia que vivió a su lado.

-¿Estás loca? –Dijo Azalie sin dar crédito- ¿Cómo te vas con un desconocido? No sabes ni quien es, ni qué onda.

Sara la miró con fastidio.

-Wey, neta… quien sabe cuando tenga oportunidad, además el tipo está güerito y muy guapo,aparte se ve medio ñoño… y ya conoces la suertecita que tengo. Además no vine a pedirte permiso, yo soy la mayor así que ya me voy. –dijo Sara saliendo de la habitación.

Azalie corrió detrás de ella furiosa. Realmente desconocía a su hermana en ese momento.

-¡Pinche Sara puta cabrona chingada, ven para acá! –Vociferó Azalie mientras Sara se alejaba alegremente sin hacerle el menor caso. Los demás salieron de la habitación despertados por los gritos de Azalie.

-¿Qué pasó Azalie? –Dijo Sebas modorro- Tus gritos se oyen hasta en la calle.

-Nada, nada. –dijo ella entrando a su alcoba.

Azalie miró a Christopher furiosa.

-Todo es tu culpa, pinche Christopher. –dijo.

Sebas y Abner fueron con Christopher quien se encontraba en el pasillo. Beka y Azucena entraron de nuevo a la alcoba con Azalie.

-¿Qué pasó, Christopher? –preguntó Abner curioso-. Nunca había escuchado a Azalie decir tantas palabrotas en una oración. ¿Por qué andaba tan enojada?

-Se me hace que Azalie cachó a Christopher y a Sara haciendo cochinadas y por eso se encabronó –dijo Sebas en tono burlón.

-No –dijo Christopher- Para nada. Lo que pasa es que Sara se enojó por mi culpa. Le hice una pregunta que no debía.

-Si serás pendejo –dijo Sebas.

Sara se encontró con William Birkin en el ascensor, el rubio se acercó a ella.

-¿Tuviste problemas? –preguntó el científico.

-Nada de importancia. –dijo ella.

Birkin oprimió el botón del ascensor y se puso a esperar a que llegara al piso donde se encontraban. Sara le lanzó una mirada seductora a Birkin y el la miró.

-Juraría que es Lenore Marcus –Pensó Birkin sin quitarle la vista de encima.

-¡Cómo tarda esta chingadera! –exclamó Sara tamborileando la pared con los dedos impacientemente.

Birkin observó a Sara con detenimiento, si bien, era muy parecida a Lenore Marcus físicamente, sus maneras no coincidían con las de Lenore, a quien recordaba como una muñequita viviente, una princesita siempre vestida impecablemente, perfectamente peinada con listones en su cabello, amable, bien portada, moviéndose con gracia, como si estuviera volando. La joven que tenía en frente, en cambio, no era tan femenina, y sus movimientos y actitudes eran ágiles, sin embargo, más bruscos. Podría decirse que se trataba de una versión muy bizarra de Lenore Marcus.

En ese momento, Birkin la tomó de la cintura y la besó. De pronto, algo cayó del bolsillo de William haciendo un sonido metálico. Sara miró al suelo y recogió la alianza matrimonial que Birkin había escondido previamente en su pantalón. Sara lo recogió y se le quedó mirando unos segundos. Entonces miró a Birkin.

-¿Eres casado? –inquirió Sara mirándolo muy seria a los ojos.

-Sí, -respondió el abrazándola- Pero no te preocupes, ella no se va a enterar.

-No –dijo Sara apartándose bruscamente.- Claro que no se va a enterar, porque para empezar, tú y yo no vamos a hacer nada. Yo no me meto con casados.

-Oye, no va a pasar nada… en serio –dijo él mientras se abrazaba de nuevo a la pelirroja pegándose a ella.

-Es que tú no entiendes: A mí no me gustaría que mi esposo o novio se revolcara con otra. –dijo Sara muy seria-. Por eso yo no lo hago. Además, pensándolo bien, me he estado absteniendo precisamente porque no tengo pareja… ¿Qué clase de persona sería si me acostara con alguien por la pura calentura?

-Vamos –dijo Birkin mientras la tomaba por la cintura-. Hace unos momentos estabas dispuesta…

Sara le sonrió.

-Está bien, hagamos esto: Yo te doy tu anillo –dijo la joven entregándole la argolla matrimonial-, me voy a mi cuarto y tú te vas a chingar a tu madre. –concluyó sonriendo.

Birkin se quedó mirándola sin decir nada. Sara le dio un beso en la mejilla y en ese momento se abrió la puerta del ascensor.

-Órale –dijo ella empujándolo al ascensor- ¡A chingar a su madre! ¡Bye, bye!

Inmediatamente, Sara se dio la media vuelta y se fue dejando a William Birkin como novia de rancho; vestido y alborotado… aunque algo pensativo, y es que la fuerza de esa chica era mayor que la de una muchacha de su edad, peso, estatura y edad. La posibilidad de que la chica era Lenore Marcus no parecía muy remota.

-Sin embargo, -Pensó el- Si fuera Lenore, nos habría reconocido de inmediato a Wesker y a mí… además, sería demasiada coincidencia.

Birkin comenzaba a tener serias dudas sobre la identidad de la chica… por un momento pensó que si ella realmente era Lenore, seguro trabajaba para alguien… alguien que quería quitarle su trabajo de toda la vida… su precioso G-virus

Sara iba de regreso a su alcoba cuando en el pasillo se topó con Christopher.

-¿Y tú qué haces aquí, Sara? –Inquirió Christopher muy serio- ¿Qué pasó con el "Señor bata de laboratorio?

Sara miró a Christopher muy seria y levantó el dedo meñique de su mano. El muchacho sonrió.

-Me voy a dormir –dijo Sara secamente mientras entraba en la alcoba.

Christopher sonrió tranquilo, de sobra sabía que la razón del prematuro regreso de Sara no era precisamente la "pequeñez" de Birkin, conocía bien a Sara.

Azalie estaba sentada sobre la cama muy meditabunda, cuando vió entrar a su hermana.

-Sara… -dijo ella sorprendida- ¿Tan rápido regresas? ¿Qué pasó?

Sara se sentó junto a ella.

-Nada, el wey era casado… -dijo ella Sara recostándose.- Además, no me voy a andar acostando con un desconocido. Como dice papá: "Caras vemos, enfermedades venéreas no sabemos". Aparte de que eso no va conmigo.

Azalie sonrió, pues en el fondo, ella sabía que su hermana no era del tipo de chica que se prestaría a una aventura de una noche, la conocía y sabía que recapacitaría antes de que fuera demasiado tarde.

-Sabía que recapacitarías. –señaló Azalie sonriendo.

-Sí –respondió Sara-. No estaba pensando correctamente.

-¿Y eso? Indagó Azalie.

-Tuve un sueño muy raro... –contestó Sara.

-¿Sobre tu padre?-inquirió Azalie mirando a su hermana.

Sara negó con la cabeza.

-No –dijo- era un sueño del presente… Soñé que alguien acariciaba mi rostro mientras dormía. Lo impresionante es que yo sentía que conocía a esa persona. Incluso era como si la hubiera estado esperando durante toda mi vida, y después de mucho tiempo, me encontraba. Sin embargo, desperté de inmediato.

-¿Y viste quien era? ¿No habrá sido tu padre?

Sara negó con la cabeza.

-No… -dijo- Yo llegué a acariciar su mano, y no se sentía como la de mi padre. Era la mano de un hombre joven, así que no puede tratarse de la mano de mi papá. Sin embargo, por un momento llegué a pensar que se trataba de él. De hecho… sentí que ese sueño tenía un carácter… profético.

-Bueno –comentó Azalie- Cualquiera puede llegar a tener sueños premonitorios…

-En un descuido y se trata de mi alma gemela –dijo Sara riendo-. A lo mejor lo conoceré en la conve.

-¿Ya ves? –dijo Azalie en tono sermoneador- Y tu por poco vas y le das las nalgas a un desconocido…

Sara se rió y miró a su hermana.

-Te quiero un chingo. –dijo Sara sonriendo-. Pero será mejor que vaya a dormirme, porque si no… no me voy a levantar y mañana es la convención… -remató Sara mientras se dirigía a su cama.

-Que sueñes con tu alma gemela. –dijo Azalie sonriendo-. Espero y esta vez lo veas.

Sara se durmió. Sin embargo, Azalie no pudo conciliar el sueño en toda esa noche…

-¿Acaso se tratará de la persona que ví en mi sueño? –Pensaba Azalie.
"Now I will have my revenge on Umbrella... and the world will burn in an inferno of hate!!"

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http://www.fanfiction.net/~lenoremarcus


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