Fanfic: Todo o nada

Historias, Relatos, fanfics y todo tipo de composición escrita original de temática libre
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Lucy Norton
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 22 Ene 2016 15:40

¡Hola a todos! Os traigo un nuevo capítulo que va a dar un giro inesperado a la historia. ¡Disfrutadlo!

14.


Camino por el pasillo que lleva hacia el despacho de Irons sin saber muy bien qué pensar. Viniendo de él, puede ser cualquier cosa. A pesar de que la inclusión de los S.T.A.R.S. en Raccoon City fue idea suya, no parece muy contento porque estemos aquí. Suspiro. Somos como una piedra en la suela de su zapato.
Giro a la derecha haciendo resonar mis botas. No hay nadie a la vista. Esperaba que Jill ya estuviera por aquí. Todavía es temprano. Faltan quince minutos para las seis. Ya llegará. Tomo asiento en uno de los sillones que hay frente a la puerta. Me parece escuchar voces al otro lado.
Pego la oreja intentando captar cualquier palabra. Sólo oigo distorsionada la voz de Irons. No pillo gran cosa. La puerta parece estar hecha a medida para evitar a los espías. Mierda. Vuelvo a mi asiento y jugueteo con mis pulgares aburrido.
Mi móvil vibra en mi bolsillo. Lo cojo y miro la pantalla. Es un mensaje de Jill. El corazón empieza a latirme con fuerza. Cada vez que leo su nombre me pasa.

¿Estás arriba?

Le escribo que sí y ella me responde que acaba de aparcar y que viene hacia aquí. Bueno, al menos la soledad va a durar un poco menos. Cuando termine la reunión llamaré a Claire. He estado toda la mañana durmiendo. Me he despertado a las cuatro. Me he duchado, he comido y conducido hacia aquí para verle el careto al inepto de Irons.
Anoche, mientras estábamos trabajando y Wesker nos dejaba, Jill y yo lo estuvimos hablando por escrito a través del ordenador. Ella cree que quiere seguir dilapidándonos por el partido que perdimos, y tal vez decirnos que nos va a mandar al banquillo en el próximo encuentro.
Yo, sinceramente, no lo creo. Si hubiera querido hacer eso, lo habría hecho con público, y mucho además. Vete tú a saber qué se le estará pasando por la cabeza. Le escribo a mi hermana para decirle que la llamaré a partir de las ocho. Guardo el teléfono en el momento en el que oigo unos pasos.
Giro la cabeza en dirección al pasillo. Segundos después, mi compañera aparece. Le sonrío. Me devuelve la sonrisa. Lleva una cazadora de cuero y unos ajustados pantalones vaqueros. Le sienta de maravilla. Me excita verla así. Intento tranquilizarme para que mi amigo no se anime.
-¿Preparada? –le pregunto mientras se sienta a mi lado.
-Más quisiera… -murmura dejándose caer. Cierra los ojos unos segundos y me mira -. No he parado de darle vueltas desde que me he levantado.
-Le corre mucha bulla para llamarnos a esta hora –opino consultando por enésima vez mi reloj de pulsera.
Faltan cinco minutos para las seis. Podríamos entrar ya para acabar lo antes posible. Pero lo mejor será esperar a que nos llame. Bastantes quebraderos de cabeza me ha dado ya. Me quedo en silencio. La espera me mata. Jill también parece estar nerviosa.
La puerta se abre y me levanto como si me hubieran puesto una chincheta en el culo. El bigote del jefe de policía aparece en primer lugar, y luego su cara y se rechoncho cuerpo. Nos observa con sus diminutos ojos examinándonos.
-Redfield, Valentine. Adentro –nos indica haciéndose a un lado.
Dejo pasar en primer lugar a Jill, y luego entro yo. Me quedo boquiabierto. Juraría que había alguien más con Irons. A no ser que se haya vuelto majara y esté hablando solo. No lo entiendo. En el despacho sólo estamos los tres. Jill se sienta a la izquierda, y yo a la derecha. Irons se acerca con lentitud y sin prisa hacia el otro lado de la mesa.
Lo observo sin perder detalle. Viste una camisa blanca con un chaleco negro que parece que le va a explotar en cualquier momento. No comprendo cómo ha podido dejarse tanto. Por el amor de Dios. Es la máxima autoridad dentro de este edificio. Y si aquí no se hace respetar… fuera menos. No conozco ningún policía que tenga buenas palabras para él.
Irons se deja caer en su sillón de cuero con un gran estruendo. Veo que Jill se mueve un poco inquieta en su asiento. Ya he observado esa conducta anteriormente en otras mujeres cuando están en presencia del jefe de policía. Ya lo conozco suficientemente bien para saber cómo se las gasta este cabrón.
-Como sabrán, tengo mejores cosas que hacer, pero el trabajo es el trabajo –empieza diciendo Irons haciéndonos saber que no le agrada lo más mínimo nuestra presencia. No hace falta que lo jure. Yo soy el último que quiere estar aquí -. En fin. Quién iba a decir que el baloncesto iba a empezar a gustarme.
Me mira directamente a los ojos unos segundos. Yo le aguanto la mirada. Si quiere intimidarme la lleva clara. Jill está callada, con los brazos cruzados a la altura del pecho. Me alegro de que haga eso. No soportaría que el cabrón de nuestro jefe se deleite con su presencia.
-La gente os quiere –comenta sin darle demasiada importante. Su tono de voz le traiciona. Está rabiando, lo sé. No soporta que alguien sea más popular que él -. Han llegado numerosas cartas y correos de seguidores alabando vuestra actuación. Pero sobre todo comentan que juntos sois una pareja explosiva.
Asiento en silencio. Desde luego que nos entendemos de maravilla, prácticamente desde que nos conocimos. Eso sólo me pasa con mi hermana, pero no tiene comparación. Es mi hermana. Si no tuviera confianza y compenetración con ella entonces apaga y vámonos.
-Pese a que yo tengo opinión contraria –continúa hablando. Yo sonrío al oírle decir eso. Que se joda -, os han observado de cerca. Ayer por la tarde recibí una llamada. Me han hecho una oferta por vosotros.
Miro a Jill con la boca abierta. Su sorpresa también se refleja al parpadear varias veces. ¿De qué demonios está hablando? ¿Una oferta? ¿Es que nos van a largar a otro sitio? ¿O es que quieren que nos dediquemos profesionalmente al baloncesto? Yo me niego desde luego. Adoro mi trabajo. No lo cambiaba por nada del mundo. Abro la boca para protestar, pero Jill se me adelanta.
-¿Qué quiere decir…? –puedo sentir el miedo en la voz de Jill. Me mira buscando apoyo. No puedo hacer más que sostenerle la mirada.
-Tranquila, señorita Valentine, de momento siguen aquí, si es lo que pensaba.
Suspiro aliviado, y veo que Jill se deja caer un poco en su asiento. Por un momento yo también pensaba que Irons iba a hacer un trueque con nosotros o nos iba a despedir para mandarnos a otro lado. Entonces, ¿de qué se trata? De pronto, la puerta que está a nuestra izquierda se abre, y por ella aparece un hombre trajeado.
No es demasiado mayor. Tal vez no supere los cuarenta y cinco. Tiene el pelo algo canoso pero bien cuidado. Viste un elegante traje gris que le ha debido costar una pasta. Juraría que por lo menos mi sueldo entero. Lleva unas gafas de montura negras que hacen juego con sus ojos oscuros.
Lleva en la mano un maletín marrón que parece estar lleno de papeles. Es un hombre de negocios. Eso me queda totalmente descolocado. Jill arquea una ceja tan sorprendida como yo.
-Les presento a Joel Malcom, director de Durex en Estados Unidos –anuncia Irons cuando llega a su lado.
Vuelvo a quedarme boquiabierto. ¿El director de Durex? ¿Aquí? Cada vez estoy entendiendo menos.
-Un placer –saluda con una amable sonrisa tendiéndole la mano a Jill.
Ésta tarda unos segundos en reaccionar. Al igual que yo, está intentando procesar toda la información que acabamos de recibir. Le estrecha la mano sin demasiada fuerza y luego se la estrecho yo sin darme cuenta de lo que hago. Irons le da una palmada en el hombro haciéndose el importante.
Cretino santurrón.
-El señor Malcom ha venido directamente desde Washington para conocerles –dice Irons sonriendo como un porcino. Su visión me hace gracia -. Quiere hablar con ustedes sobre un proyecto que tiene en mente. Estaré fuera para que puedan hablar tranquilamente.
Al decir lo último me mira como si me estuviera advirtiendo. Yo intento mostrar mi mejor sonrisa. Sé que eso le pone de los nervios, y lo haré siempre que haga comentarios fuera de lugar. Escucho la puerta cerrarse y nos quedamos los tres solos. Trago saliva con dificultad al pensar en algo de lo que no me había dado cuenta.
Durex es una de las principales marcas de preservativos del mundo. Yo mismo las utilizo. Es la que más seguridad y posibilidades me da. Si nos quieren a Jill y a mí será para promocionar algo… Pero, ¿el qué? ¿Por qué nosotros?
-Lo primero, me gustaría agradecerles su presencia –nos dice Joel con tono de disculpa -. Sé que no están en horario laboral y que han trabajado de noche, por eso se lo agradezco aún más –nos observa detenidamente con una sonrisa -. Por sus caras, deduzco que no tienen ni idea de qué hacen aquí y por qué he venido a verles –asiento lentamente. No me fijo si Jill lo hace -. Bueno, supongo que conocen Durex y algunos de sus productos.
Yo vuelvo a asentir. Miro a Jill. Se sonroja. Yo sonrío. A veces es tan tímida… que me encanta.
-Queremos hacer una nueva campaña televisiva, sólo a nivel regional –nos comenta poniendo las manos sobre el escritorio -. Estamos buscando a un hombre y a una mujer que hagan ver, sobre todo a los jóvenes, de la importancia de mantener relaciones seguras en todo momento. Tras una estadística realizada, hemos comprobado que Pennsylvania es el estado en el que más menores mantienen relaciones sexuales sin ningún tipo de protección, y queremos cambiarlo.
Jill se ha quedado como una estatua. Yo trago saliva con dificultad. No sé por qué pero me da que lo que nos va a ofrecer va a ser algo calentito. Me excito al pensarlo, al recrear en mi mente algunos de anuncios en los que aparece una pareja en actitud cariñosa a punto de jugar. Y si es con Jill… Me estoy empezando a empalmar. Intento centrarme en la conversación antes de vaya a peor.
-Básicamente lo que queremos es rodar un spot televisivo en el que ustedes sean los protagonistas –nos confiesa con una mirada esperanzadora. Quiere que lo hagamos. Estoy totalmente convencido.
-¿Por qué nosotros? –pregunto nervioso.
-Les vi jugar en Salt Lake City –responde volviendo a sonreír -. Me sorprendió mucho ver cómo se entienden sin siquiera dirigirse la palabra, el buen rollo que parece haber entre ustedes… Eso es exactamente lo que buscamos para captar al público. Además, ya me han comentado lo populares que se han vuelto desde el encuentro, y eso inclina un poco la balanza, ¿no les parece?
Nos guiña un ojo. Está intentando ganarse nuestra confianza siendo buena gente. A mí ese rollo no me va mucho. Si quiere convencerme de que haga algo de lo que aún no tengo ni idea, va a tener que currárselo mucho. Me quedo en silencio. Pongo las manos en el respaldo de la silla pensando en lo absurdo que suena todo esto del anuncio.
-Seguro que hay modelos más que suficientes que están acostumbrados a estar delante de las cámaras –dice Jill con el gesto serio. Por su expresión sé que niega en rotundo la idea.
Joel niega en silencio sin dejar de sonreír.
-¿Es que no lo entienden? Carpe Diem. Vive el momento. La sensación del momento… ¡son ustedes! –exclama señalándonos -. Claro que hay modelos de los que podemos tirar, pero queremos gente cotidiana para que parezca más real. Son polis, todo el mundo les admira y les respeta…
-No todos… -murmuro en voz baja. Creo que no me ha oído. Veo la media sonrisa de Jill. Ella sí.
-Si ellos, que velan por la seguridad, disfrutan de su salud sexual sin preocupaciones, ¿por qué no va a hacerlo el resto?
Me llevo las manos a la cabeza. No sé qué pretende con todo esto. Sigo sin entender absolutamente nada de lo que está pasando. Jill y yo intercambiamos una mirada. Está tan confundida como yo. No sé cómo va a acabar esto, pero me da que no tiene buena pinta.
-A ver si lo he entendido… -sintetizo mirando al tipo que tenemos delante a los ojos -. Quiere que Jill y yo participemos en una campaña televisiva para concienciar a la población de la importancia de usar preservativos en sus relaciones, ¿me equivoco?
-Yo no lo habría resumido mejor –contesta Joel sonriéndome -. Exacto. Eso es lo que espero de ustedes.
-Pero eso implica… -lo interrumpe Jill. Veo la duda en sus ojos -. Tendremos que hacer cosas que hacen las parejas: besos, caricias…
Se detiene porque se pone completamente colorada. Qué mona cuando se le suben los colores. Me quedaría observándola eternamente. Tiene razón en todo lo que ha dicho: en el anuncio nos pedirán que actuemos como una pareja normal y corriente, no como compañeros…
Bueno, ya tenemos un poco de experiencia…
-Bueno, no vamos a pedirles nada complicado –explica Joel ante nuestra atenta mirada -. Aunque bueno, supongo que les dará un poco de pudor porque tendrán pareja…
Niego en silencio lentamente. Entre los entrenamientos y el trabajo estoy como para tener novia encima. Aunque no sea porque no quiera… pero es algo difícil de alcanzar. Nunca sucederá. Somos compañeros. Pase lo que pase. Ése es nuestro primer mandamiento.
-Bueno, eso simplifica un poco las cosas… -susurra mientras abre el maletín y saca dos hojas de papel -. Les he redactado un informe con los objetivos de nuestra campaña y un poco lo que pretendemos hacer con ustedes. También he traído un contrato para firmarlo en el caso de que aceptasen. Pero aún no es el momento. Primero quiero saber si están de acuerdo con la propuesta.
Nos pasa un folio a cada uno. Pero yo no lo leo. Es demasiado para leerlo en poco tiempo. Todo esto me ha pillado en frío. Ni de lejos me esperaba que el mismísimo mandamás de Durex se presentara aquí para que colaboremos con ellos. Yo no lo veo claro… y por la expresión Jill, ella tampoco.
-No sé… Creo que primero deberíamos discutirlo en privado –opino mirando a Jill -. Yo no lo veo claro.
Jill asiente con lentitud. Veo en su mirada un destello de gratitud. Sé que es lo mejor que podemos hacer. Esta propuesta me queda… tan grande. ¿Y si no cumplo con los requisitos? ¿Y si me pongo tan caliente que no soy capaz de aguantar y estropeo nuestra relación? Porque no soy de piedra, y ella tampoco. Y sé que con ese anuncio nuestros deseos sexuales van a estar al máximo.
-Sí. Me gustaría discutirlo primero con Chris –dice Jill sin apartarme la mirada.
-Lo entiendo perfectamente –se defiende Joel -. Aunque déjeme que les diga que me sentiría muy decepcionado si no consigo un sí por ambas partes. Además, los honorarios son muy buenos. Se lo comenté al jefe de policía. Se les pagaría veinte mil dólares netos a cada uno. Se les daría un quince por ciento del total de anticipo. Sin embargo, el jefe ha insistido en que el veinte por ciento de lo que ganen vaya destinado a la comisaría.
Me quedo boquiabierto. Será cabrón. Quiere sacar tajada de todo. No se contenta con embolsarse todos los meses una cantidad considerable de dinero. Ya sabía yo que ese cretino no iba a aceptar sin obtener nada a cambio. Me lo imagino al otro lado poniendo las orejas para oír todo cuanto estamos hablando.
Hombre, un dinero extra no me vendría nada mal. Tengo que pagar los estudios de Claire y mi alquiler además de todos mis gastos. Con mi sueldo llego justo a fin de mes. Pero necesito hablarlo con Jill y compartir ideas. Estamos juntos en esto y no daremos un paso en falso.
-Me reafirmo. Quiero hablarlo con mi compañera –digo con un tono de voz más o menos autoritario. Jill me sonríe y yo le devuelvo la sonrisa.
-De acuerdo –se resigna Joel con un suspiro -. Voy a dejarles también una copia del contrato para que le echen un vistazo a todas las condiciones. Les voy a dar mi número de teléfono por si tienen alguna duda.
Nos pasa una tarjeta con su nombre, teléfono y dirección. Tal vez las dudas salgan cuando empecemos a grabar, si es que lo hacemos. El monstruo que duerme en mí ruge contento al emocionarse con la idea. De pronto, la puerta principal se abre, y Irons irrumpe en la sala con cara de no haber roto un plato. Pongo los ojos en blanco sin que me vea.
-Bueno, seguro que ya hay trato –afirma muy seguro de sí mismo. No le pega nada -. Estos S.T.A.R.S. son de los mejor.
Éste si se parece más al capullo que conozco.
-No, aún lo tienen que pensar –rectifica Joel intentando ser amable.
Irons se gira como un gato en celo y nos fusila con la mirada. Si las miradas mataran… ésa lo habría conseguido. Su rostro empieza a parecerse poco a poco a un tomate. Aprieta los puños furioso.
-¿Le importaría dejarme un momento a solas con mis chicos? –espeta de malhumor. Joel asiente en silencio y sale al exterior lo más rápidamente posible.
Irons no le pierde de vista hasta que desaparece por completo y se centra en nosotros. No estoy tenso. Simplemente no sé por dónde nos puede salir este mequetrefe. Se lleva las manos detrás de la espalda y pasea de un lado a otro ahora sin mirarnos. Miro a Jill, que tiene los labios apretados.
-Con la cantidad de dinero que hay en juego, ¿a qué esperan? –nos recrimina sin dirigirnos aún la mirada.
-No sé cuándo pensaba contarnos que piensa llevarse un porcentaje –le suelto casi sin pensarlo. Me hierve la sangre. Me da igual. Jill me mira con miedo. Sabe que he ido demasiado lejos.
-Eso no es asunto suyo, Redfield. Necesito un buen motivo. Ya.
-Necesitamos pensarlo, señor –responde Jill temerosa -. No es una decisión que pueda tomarse a la ligera.
-¡Necesito una respuesta hoy mismo! –exclama completamente ido. Yo no me inmuto, pero Jill se echa hacia atrás en su asiento -. Me da igual lo que hagan fuera de aquí, pero esta noche cuando vuelvan quiero un sí. Ahora, lárguense. Tengo cosas más importantes que hacer.
Aprieto los puños con fuerza, casi haciéndome daño. Me levanto un poco de mi asiento, pero Jill me pone una mano delante y me impide hacer algo. Me mira y niega en silencio antes de hacerme un gesto con la cabeza para que nos larguemos. Salgo sin mirar atrás pero deseando darle su merecido a ese cerdo.
Jill abre la puerta y yo paso como una exhalación. No me detengo cuando paso junto a Joel. Miro a mi lado, pero veo que Jill no me sigue. Me giro y la veo charlando con el director de Durex.
-Estaré por Raccoon City hasta mañana –nos dice siendo amable -. No duden en llamarme si necesitan que les aclare cualquier punto.
-Lo tendremos en cuenta. Gracias –responde Jill antes de caminar hacia mí -. Vamos.
Caminamos en silencio hasta salir del pasillo. Me detengo al cerrar la puerta. Me siento como si me acabaran de privar de un gran regalo. Hubiera sido una enorme satisfacción poner a Irons en su sitio. Sé que no es políticamente correcto. Pero qué a gusto me hubiera quedado.
-Chris, ¿estás bien? –me pregunta Jill preocupada. Me pone una mano en el hombro. Yo suspiro.
-Es sólo que no soporto cómo nos trata ese cabrón –contesto mirándola directamente a esos preciosos ojos grises.
-Pensaba que lo tenías controlado.
-Cuando se pone a decirme cosas a mí no me importa, porque sé que lo hace para provocar, y no quiero entrar en su juego… Pero cuando insulta a mis camaradas… Eso no.
-Chris…
-Si ese malnacido vuelve a decirte algo fuera de tono, te juro que me lo cargo.
Vuelvo a apretar los puños con fuerza. Necesito descargar adrenalina. Mi cuerpo me lo pide, y sólo conozco dos cosas que me podrían ayudar: hacer el ejercicio y echar un polvo… y ninguna de las dos cosas es viable en este momento. Jill se aparta un poco mí y me observa detenidamente.
-Éste es otro juego más de Irons, Chris. No lo olvides –me recuerda con el gesto serio -. Además, tenemos que tratar un asunto importante, y me gustaría dejarlo zanjado antes de volver al trabajo. ¿Qué opinas?
Sonríe con timidez y yo se la devuelvo. Da gusto tener personas a tu alrededor que consigan sacarte una sonrisa a pesar de tener un humor de perros.
-Eso está mejor –opina dándome una palmada en el hombro -. Vamos, te invito a un café.
Tráiler estatuas de Anticolat
http://es.youtube.com/watch?v=WxUiTPTlYmU

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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 29 Ene 2016 19:28

¡Muy buenas a todos una semana más! Os traigo un nuevo capítulo cargadito. ¡Espero que os guste!

15.

El café ha servido para relajarnos un poco a los dos. El ambiente estaba muy cargado y tenso tras la conversación con Irons. ¿Y qué podía esperar? A ese hijo de puta sólo le ha faltado insultarnos para salirse con la suya. Ahora que tanto Chris como yo estamos más calmados vemos la situación desde otra perspectiva. No tenemos que caer en sus juegos. Eso sólo le hará crecerse más.
Es como si fuera un niño pequeño sólo que un poco más crecidito. Son casi las nueve y media de la noche. Hemos venido en el coche de Chris a su apartamento para ver qué es lo que vamos a hacer con la campaña de Durex. La idea no me atrae lo más mínimo… pero debemos ser educados y valorarlo todo antes de dar el sí o el no.
Hemos comprado comida china en un restaurante cercano para ahorrarnos tener que hacer de comer. Tenemos que estar a las doce de vuelta, así que no me mola nada la perspectiva de ponerme a cocinar a esta hora. Chris se detiene frente a su puerta con las bolsas en la mano. Veo que del bolsillo trasero de su pantalón sobresalen las llaves de su casa. Sonrío.
Vamos a divertirnos un poco.
Atrapo la llave silenciosamente, tal y como me enseñó mi padre, con un leve giro de muñeca. La aprieto contra la palma de mi mano disimulando todo lo posible. Chris se lleva una mano hacia la parte trasera del pantalón. Palpa varios lugares sin éxito. Yo aguanto la risa como puedo.
Se gira con el ceño fruncido y mete las manos en los bolsillos delanteros. Saca su cartera, pero no hay rastro de las llaves de su piso.
-¿Qué ocurre? –le pregunto intentando parecer preocupada. Me lo estoy pasando bomba viéndolo desesperado.
-No encuentro las llaves –responde con un tono de voz que indica que, aunque no está al borde del pánico, está empezando a asustarse.
-¿Has buscado bien?
-Sí, ¡maldita sea!
Se da la vuelta registrando los bolsillos de su cazadora. Ahora es el momento. Introduzco la llave en la cerradura, y sin hacer ruido, la giro. Vuelvo a dejarla en su sitio sonriendo ampliamente. Qué mala puedo ser a veces. Chris se rasca el pelo nervioso. Empieza a dar vueltas de un lado a otro intentando tranquilizarse. Creo que la broma ha llegado a su fin.
-¡Chris! En el bolsillo del pantalón –exclamo señalando la llave que sobresale.
Mira hacia atrás y suspira aliviado. Me llevo una mano a la boca aguantando la risa. Introduce la llave en la cerradura… y no gira. Se queda quieto y empuja la puerta hacia dentro. Suelto una carcajada silenciosa. Chris frunce el ceño muy serio. Sé que está muy confundido.
-¿Cómo estaba la puerta abierta? –le pregunto haciéndome la sorprendida.
-¿Cómo lo has hecho?
Me queda callada. ¿Se ha dado cuenta? Si es así, le debo una explicación… y no me apetece ni pizca dársela. Trago saliva con dificultad. De ninguna manera puede haberse dado cuenta. Ni siquiera le he rozado, y la puerta tampoco ha sonado.
-¿Hacer el qué? –consigo decir intentando que no se note mi tono de sorpresa.
-Abrirla.
-¿Cómo voy a abrirla sin la llave? Chris, piensa un momento lo que estás diciendo –comento con un tono de voz que pretende ser enfadado. Debo reconocer que me lo estoy pasando en grande.
Chris me examina detenidamente. Sé que no se lo está tragando. Lo que me sigo preguntando es cómo ha sido capaz de adivinarlo. ¿Estaré perdiendo facultades? Últimamente sólo he practicado sola. Me niego a volver a la senda que empecé hace unos años, cuando el robo lo significaba todo para mí.
-Lo siento… No quería… -se disculpa Chris casi con un susurro. Ya vuelve el Chris de siempre.
Me acerco a él y le acaricio el rostro mientras niego en silencio. Él cierra los ojos y suspira. Me aparto segundos después y le miro. Sé que siente mal por haber dudado de mí. Tengo ganas de volver a reír. Mi broma se ha pasado un poco de la raya. Creo que debería disculparme. Lo pienso…
Debería dar muchas explicaciones. Mejor me quedo calladita.
-Vamos. La comida se va a enfriar –le animo sonriéndole. Él me devuelve la sonrisa. Coge las bolsas del suelo y entra en el interior. Yo voy tras él.
Mientras Chris deja las bolsas sobre la mesa yo camino un poco inspeccionando el lugar. El salón es bastante amplio. Hay un sofá negro que ocupa gran parte del fondo y que parece bastante cómodo. A su lado hay un balcón con vistas a un parque poco iluminado.
Hay varias vitrinas llenas de trofeos y fotografías. Casi todos son relacionados con su etapa en las fuerzas aéreas. Veo a varios muchachos posando frente a un helicóptero. Reconozco inmediatamente a Chris. Está muy joven. ¿Cuántos años tendría? ¿Dieciocho? ¿Diecinueve?
Veo una medalla con su nombre y el título “al mérito militar”. Hay varias, pero ésa es la que más destaca. Vaya, Chris tuvo que hacer algo realmente heroico para que se la otorgaran. Sigo pasando por las vitrinas y veo más fotos, y esta vez me alegra ver a algunos de mis compañeros en los S.T.A.R.S.
Y entonces, la máscara de los celos vuelve a apoderarse de mí. En muchas fotos aparece acompañado de una joven de pelo largo, con los ojos marrones y que parece llevarse especialmente bien con él a juzgar por su actitud. En algunas fotos se abrazan, en otras se dan besos en la mejilla o hacen burlas a la cámara.
Mis pulsaciones empiezan a dispararse. ¿Y si nunca me ha contado que tiene novia? ¿Por qué entonces se muestra tan cariñoso conmigo? ¿Lo sabrá ella? Las dudas empiezan a martillear mi cabeza, y no sé si debería estar aquí. ¿Y si aparece en cualquier momento y les provoco una discusión?
-Ésa es Claire. Mi hermana –me dice Chris casi sobresaltándome. Acaba de poner los platos, los vasos y los cubiertos sobre la mesa. Mi cuerpo se afloja al escucharlo.
Es la hermana, ¿ves? Y tú sacando conclusiones precipitadas.
-Os parecéis mucho –comento para quitarle hierro al asunto. Sé que ha notado mi temor por su expresión. Él sonríe y camina hasta situarse a mi lado.
-El gen Redfield… es innegable –afirma divertido. Yo sonrío -. Es lo que más quiero en este mundo…
-La echas mucho de menos, ¿verdad?
Asiente lentamente en silencio observando las fotos con nostalgia.
-Fue muy duro para los dos separarnos –me explica sin apartar la mirada de las imágenes -. Después de estar toda la vida juntos, cuesta adaptarse. Pero ella entendió que no podía dejar pasar esta oportunidad, y me animó a venir a Raccoon City.
-Seguro que eres un gran hermano para ella –comento sonriendo. Chris me devuelve la sonrisa.
-Eso espero. Vamos a comer o voy a tener que poner el microondas.
Asiento y nos dirigimos hacia la mesa. Nos sentamos uno enfrente de otro. Sobre la mesa están colocados los recipientes donde nos han servido la comida. Hemos pedido tallarines con bambú y setas, gambas picantes y pollo al limón. Mi estómago empieza a rugir de hambre al ver tanta comida.
-¿Cerveza? –pregunta Chris abriendo una lata. Asiento en silencio y me llena el vaso. Se echa el resto en el suyo -. Si no te importa, voy a empezar por los tallarines.
-Pensaba hacer lo mismo.
Chris sonríe y abre la tapa. Me pasa el recipiente con una cuchara para que me sirva a mi gusto. No hemos hablado absolutamente sobre el tema que nos tiene aquí reunidos, ni siquiera durante el café. Aunque creo que allí los nervios aún estaban a flor de piel tras la conversación con Irons.
Le devuelvo la comida a mi compañero y enrollo en el tenedor unos cuantos tallarines junto con algo de bambú y setas. Me lo llevo a la boca. Lo saboreo. Está delicioso. Parece que en Raccoon City también hay buenos restaurantes si sabes bien dónde buscarlos.
Comemos en silencio unos instantes. No sé cómo abordar el tema. Chris parece estar pensando lo mismo. Es todo tan… inverosímil. ¿Cómo se les ha ocurrido a los de Durex acudir a nosotros? Vale que en Raccoon City hemos creado una gran expectación. Todo el mundo nos aprecia, pero creo que de ahí a querernos meter en pantalla… No sé… No lo veo.
Doy un trago a la cerveza y me limpio la comisura de los labios con la servilleta. Chris me observa mientras lo hago. Frunce un poco el ceño mientras mastica. Incluso así es guapísimo. Sigo sin entender cómo las chicas no le tiran la caña a la primera de cambio.
-¿En qué piensas? –me pregunta de pronto mientras vuelve a llevarse comida a la boca. Noto que me sonrojo.
Si tú supieras…
No respondo. Como en silencio sin querer mirarlo. No me atrevo a confesarle que yo sería la primera en tirarle la caña si no fuera por nuestra situación. Sé que entre nosotros existe muy buen rollo, y que sentimos un cariño especial el uno por el otro. Una amistad que nos ha ayudado a conocernos más en profundidad.
-Todo esto nos queda un poco grande, ¿eh? –comenta al ver que no voy a soltar prenda. Menos mal. No pensaba sacar la bandera blanca.
-No entiendo qué han visto en nosotros.
Chris arquea una ceja sorprendido.
-¿Que qué han visto en nosotros? Somos guapos, jóvenes, polis… ¿qué más quieres?
No sé si reír o decirle que es un creído. Finalmente me callo. Echo un poco más de tallarines en mi plato y vuelvo a sumirme en el silencio. Siempre me apetece hablar mientras como con alguien, pero hoy es que las palabras no parecen salirme. Estoy muy inquieta con todo el tema del anuncio.
-¿Tú estás dispuesto? –le pregunto. Chris mastica la comida sin decir nada. Se me queda mirando unos segundos hasta que contesta.
-A ver, no es que me guste ir exhibiendo mi cuerpo a gente que no conozco de nada… Pero no me avergüenzo de él.
-¿Lo harías entonces?
Se encoge de hombros.
-Bajo ciertas condiciones.
-¿Y son…?
Chris sonríe y niega en silencio. Abre las gambas picantes y las mezclas con los tallarines que quedan en su plato. Me observándolo unos segundos más, pero no parece que haya a responderme. Creo que será mejor que deje el tema por el momento. Quizá cuando estemos llenos y tranquilos surgirá.
-¿Por qué te echaron del ejército? –le interrogo como si se tratara de un criminal. No es lo que pretendo, ni mucho menos.
-¿De verdad quieres saberlo?
-Mi curiosidad te lo agradecerá - Chris ríe antes de probar las gambas -. Recibiste una medalla al mérito. Tuviste que hacer algo muy importante.
-Bueno, fue por eso por lo que me echaron.
Frunzo el ceño.
-¿A qué te refieres?
Deja los cubiertos sobre el plato y bebe un largo trago de su vaso de cerveza. Junto las manos delante su rostro antes de dirigir la mirada hacia un lado y luego hacia mí.
-Estábamos en una misión de reconocimiento. Uno de nuestros compañeros se quedó aislado en la montaña. Hubo una avalancha. Mi capitán nos ordenó que nos retiráramos. Yo fui a rescatar a mi compañero. Cuando volví, me comunicaron que no volviera nunca más por allí, que mi impulsividad podría habernos matado. Pero no fue así. Conseguí salvarlo –me cuenta con un tono de voz triste. Sé que ese recuerdo no es de los mejores que guarda -. Al día siguiente, me llamaron. Mi compañero exigía que me condecoraran por haberle salvado la vida. Ellos aceptaron a regañadientes.
Guardo silencio escuchando atentamente cada una de sus palabras. Pobre Chris. Sé a ciencia cierta que jamás dejaría a un amigo detrás si hay una mínima posibilidad de salvarlo. Me conmueve su entrega. Creo que yo habría hecho lo mismo. Sería capaz de arriesgar mi vida para evitar que otra que me importa caiga. Nunca he llegado al extremo de Chris, pero sí he evitado situaciones que podrían haber acabado muy mal.
-Vaya… -susurro cogiendo una gamba sin demasiado ánimo. Abrir las heridas de guerra me quita el apetito -. Sabes que hiciste lo correcto. No tienes que martirizarte por ello. Si te sirve de consuelo, yo también lo habría hecho. No me importaría jugarme la vida por alguien que me importa.
Mis palabras lo dejan sorprendido. Creo que mi declaración de intenciones lo ha pillado con la guardia baja. Él no sabe que lo digo completamente en serio. Aún no sabe hasta dónde soy capaz de llegar. Saboreo las gambas con otras ganas. Ahora están de maravilla.
Repito de nuevo con las gambas y atraco en último lugar el pollo con limón. Creo que es una de las mejores comidas chinas que he probado jamás. Chris sabe dónde llevarme. Se nota que ya se conoce la ciudad bastante bien. Ya lo haré yo también, o eso espero.
Cojo los platos para llevarlos hacia el fregadero, pero Chris me los arranca literalmente de las manos. Me indica que me siente en el sofá. Le hago caso. Cojo mi chaqueta y saco los papeles que nos ha pasado Joel. Voy a echarles un vistazo por encima antes de que Chris se una al debate.
El primero son las condiciones en las que trabajaríamos. Serían tres sesiones de dos a tres horas con posibilidades de ampliarlas en el caso de que se necesitara a lo largo de una semana. Todo ello sin influir en nuestros horarios de trabajo y sueño. Bueno, al menos parecen que van a respetarnos un poco en ese aspecto.
La grabación sería aquí, en Raccoon City, para evitar que estemos lejos en el caso de que nos requieran. Nuestra profesión exige que debamos estar disponibles siempre por si surge una emergencia. Lo que me pregunto es dónde tendrá lugar la grabación. Será en cualquier estudio. Como ya he dicho, aún no estoy del todo familiarizada con la ciudad.
El siguiente punto trata sobre nuestro compromiso a mostrarnos semidesnudos delante de las cámaras. En el caso del hombre, en calzoncillos, y la mujer en sujetador y bragas o tanga. Niego en silencio. No quiero que mi trasero se pavonee delante de las cámaras y de las atentas miradas del sector masculino.
Bueno, ya tengo algo de experiencia en esto. Cuando Chris me dio el masaje sólo me cubrían dos toallas diminutas, y debo reconocer que no me sentí incómoda en ningún momento. Salvo cuando me rozó. Pero sé que no lo hizo queriendo porque se retiró al instante. Lo cierto es que me hubiera gustado que continuara.
Me vuelvo a sonrojar al recordarlo. Estoy mal, muy mal. Creo que necesito un polvo de emergencia para tranquilizarme. Llevo tantos meses sin alternar con un hombre que creo que voy a olvidar lo que es. Una mujer también tiene sus necesidades a pesar de lo que piensen muchos.
-No debes estar pensando en nada bueno –me interrumpe Chris el pensamiento poniéndose a mi lado. Echa el brazo por encima del sofá pero sin llegar a tocarme. Eso nos hace estar más próximos.
Chris coge el documento de mis manos y lo pone en medio para que podamos verlos los dos sin problemas. Apoya el codo que le queda libre en su rodilla sin dejar de leer las primeras líneas.
-¿Quieres ir por partes? –pregunta mirándome. Estamos tan cerca… Casi puedo saborear el olor de su crema de después del afeitado. Asiento -. Bien. Lo de las sesiones no lo veo mal. Si conseguimos sacar las tomas sin repetirlas muchas veces en dos días podremos terminar. No creo que el anuncio vaya a durar más de treinta segundos.
-Lo que no sabemos es cuándo tienen pensado grabarlo –le interrumpo observando el papel -. Sería muy importante saberlo por si nos pilla en horario de noche o mañana.
-Voy a apuntarlo.
Se levanta y abre un cajón. De él saca un bolígrafo y un folio en blanco antes de volver a sentarse a mi lado. Se apoya en una libreta que saca de un estante que hay junto al sofá y le veo escribir “mes y horario”. Me mira.
-Continuemos. Era de esperar que la grabación fuera aquí en Raccoon. Me habría negado si fuera en otro lugar.
-Yo también. No voy a abandonar mi puesto de trabajo por nada del mundo.
-Así se habla –sonríe antes de volver a centrar su atención en el papel.
Volvemos a guardar silencio mientras leemos las siguientes líneas. Trago saliva con dificultad. El semidesnudo. ¡Que no somos actores ni nada de eso! No tenemos ni idea de cómo mostrarnos naturales ante las cámaras. Observo a Chris. Está serio, pero al llegar a una parte sonríe. Seguro que ha leído lo del tanga.
-Bueno, aquí llega el meollo de la cuestión –comenta antes de mirarme -. Sé que para ti es más difícil. Yo no tengo tantas partes a admirar que mostrar. No me importa estar en calzoncillos, aunque voy a estar un poco incómodo a veces.
Sé por dónde van los tiros. No hace falta que lo explique. Después de tanto roce vamos a estar que nos vamos a subir por las paredes. Vamos a necesitar desfogarnos de alguna manera. ¿Cómo? No tengo ni puta idea. Pero lo que está claro es que con él no aunque me atraiga la idea.
-Es normal. Tanta escena subida de tono no sé si será buena para nosotros.
-Bueno, siempre hay soluciones –opina encogiéndose de hombros. Oh, no. Estamos entrando en zona peligrosa -. Ya compartimos experiencias en el hotel.
-Lo sé, pero con tanta gente mirándonos mientras simulamos pasión… No sé si quedará tan creíble como ellos esperan. Deberían elegir a una pareja de hecho.
-¿Y por qué crees que nos va a faltar pasión?
El corazón se me acelera. En ese estado de complicidad soy capaz de dejarme llevar y echarlo todo a perder. Aunque por sus palabras deduzco que él está pensando exactamente lo mismo. ¿De verdad que seré capaz de actuar con naturalidad ante las cámaras?
-Porque no somos pareja –respondo con sinceridad -. Todo será muy artificial. No daremos credibilidad.
Chris niega en silencio.
-Mira, somos amigos. Nuestra confianza es nuestra mayor virtud… y creo que a nosotros nos sobra.
Pienso detenidamente en sus palabras. Es cierto. Es el mejor amigo con el que puedo soñar en este momento. Me escucha siempre que lo necesito, me da consejos, confianza, y sobre todo, respeta todas mis decisiones. Sé que ahora está intentando convencerme, pero es que no me entusiasma la idea.
-Oye, contéstame sinceramente –le pido girándome un poco para mirarlo de frente -. ¿Te ha visto más de una persona a la vez desnudo?
Se lo piensa. Se lleva la mano a la barbilla. Su silencio me deja helada. Me está dando a entender que sí, que ha compartido experiencias con más de una persona a la vez. Dios, ¿quién lo hubiera pensado? O bueno, tal vez me esté precipitando un poco…
-Sí –afirma rotundamente -. Pero no es eso de lo que quiero hablar. Lo que me importa es si te sientes cómoda conmigo.
Suspiro. Cada día este hombre me sorprende más. Su confesión me ha dejado descolocada. No pensaba que a Chris le fueran los tríos o las orgías. Lo veía más bien chapado a la antigua. No sé si eso será bueno o malo. ¿Volveré a mirarlo del mismo modo sabiendo que ha compartido experiencias sexuales con hombres y mujeres a la vez?
-No sé qué decir… Me has dejado en fuera de juego –respondo con la boca seca. Demasiadas confesiones en un momento.
-Han sido sobre todo mujeres. Hombres pocos. Pero no he hecho nada con ellos, si es lo que te preguntas –me explica con seriedad. Eso sólo me tranquiliza un poquito, no más.
Me quedo en silencio mirando ausente el suelo. No creo que sea capaz de rodar ese anuncio. No voy a estar a la altura. Él parece más que dispuesto tras ir leyendo una a una las condiciones que nos plantea la compañía. ¿Por qué siempre todo esto es más fácil para un hombre que para una mujer?
Porque nosotras mismas nos ponemos prejuicios. Ellos no tienen ningún tipo de pudor, y se muestran tal y como son.
-Dime algo, por favor –me pide casi en tono de súplica -. No tendría que haber dicho nada de eso.
-No, te lo agradezco. Me estoy dando cuenta de lo diferentes que somos en algunos aspectos.
Chris arquea una ceja sorprendido.
-¿A qué te refieres?
-Tú siempre pareces tan seguro, confías tanto en ti… que eres capaz de hacer todo lo que te propongas.
-Yo también he dicho que no a veces –me confiesa muy serio -. Sé dónde están los límites de mi cuerpo y mi corazón –guarda silencio -. Mira, lo que creo que te pasa es que los hombres con los que has estado no te han inspirado la suficiente confianza… y no te han respetado.
Esta vez me toca callarme a mí. Tal vez tenga razón. Mis experiencias han sido bastantes desastrosas por unas causas u otras: cuernos, discusiones, incluso maltratos… Pienso en cuando estaba en Jerry. Se me pone la carne de gallina. Dios. ¿Cómo pude aguantar ese infierno cada vez que bebía? El sudor empieza a bajarme por la frente. Chris me mira preocupado.
-¿Estás bien? – me pregunta mientras me pasa un brazo por los hombros. Yo apoyo mi cabeza contra su pecho y escucho el rítmico latir de su corazón -. Si quieres dejamos esta conversación para más tarde o para mañana.
No digo nada. Cierro los ojos y me dejo llevar por sus latidos. Estar allí me hace sentir tan relajada… tan viva. Creo que me quedaría eternamente en sus brazos. Ningún hombre ha consentido escucharme nunca, ni siquiera darme un abrazo o una palmada para animarme. Sólo mi padre tiene ese honor…
-Es la primera vez que un hombre que no es mi padre me abraza si no es para mantener relaciones –le confieso abriendo los ojos. Chris me mira sorprendido.
-¿En serio? Vaya, no creo que te hayas cruzado con hombres muy buenos –contesta con tristeza. Parece que realmente lo siente, y eso me ablanda un poco el corazón.
Vuelvo a guardar silencio. No me apetece hablar de ello ahora mismo. Agradezco que Chris no insista y que se limite a abrazarme y a jugar con mi cabello en sus dedos.
-¿Te apetece algo de beber? –me interroga con la mirada. Yo me incorporo un poco y niego en silencio. Me pone las manos en la cara y nuestros ojos cruzan miradas. Trago saliva con dificultad. Ahora no, por favor -. Si no quieres hablar de ello, lo entiendo perfectamente. Te escucharé cuando quieras. Creo que deberíamos dejar lo del anuncio para mañana.
-No –niego rápidamente -, no le demos una excusa más a Irons para que nos lapide.
-Pero…
-Me gustaría zanjar este asunto cuanto antes –dictamino con seriedad. Cuanto antes lleguemos a una conclusión, mejor. Chris vuelve a escrutarme con la mirada antes de apartarse un poco.
-Está bien –acepta sin demasiado convencimiento -. Pero creo que ahora mismo tenemos unas posturas bastante opuestas. A mí lo único que me echa para atrás es que en ocasiones no voy a poder controlarme, y voy a estar realmente incómodo. Pero es algo que puede solucionarse.
-Tal vez… debería imaginar que estoy en la playa.
Chris sonríe ampliamente y me pone una mano en la rodilla cariñosamente.
-Podemos hacer una cosa –comenta pensativo -. Podemos pedirle al director que antes de grabar realicemos una prueba. Si nos convence, pues adelante. Que no… Siempre podemos rechazar.
Chris echa un vistazo al contrato. Lo lee en silencio durante casi un minuto mientras pienso en la locura que estamos haciendo. No es que vayamos a una peli porno, pero no me agrada enseñar parte de mi cuerpo a desconocidos. No somos actores ni nada por el estilo.
-No vamos a firmar el contrato hasta hacer la prueba –indica Chris con el ceño fruncido -. Eso es lo que le diremos.
Quizá sea lo mejor después de todo. Si la prueba no nos convence, adiós y muy buenas. Asiento lentamente. No sé si aún quedarán puntos a tratar de las condiciones en las que trabajaremos. Le quito el papel a Chris y lo leo en silencio. Vamos a tener asesores personales que nos orientarán sobre cómo actuar delante de las cámaras y nos explicarán técnicas para parecer más seductores.
Trago saliva con dificultad. Madre mía. Esto se va animando por momentos. ¿En serio me estoy planteando seguir adelante? Es una locura… pero aquí estoy examinando una por una las condiciones. Veo que Chris también lo está leyendo por encima de mi hombro.
El siguiente punto nos indica la cantidad que vamos a cobrar: veinte mil dólares cada uno, de los cuales un veinte por cierto irá destinado al departamento de policía. Me niego a darle al cabrón de Irons tanto. Se quedaría con ocho mil dólares por no hacer nada.
-Lo de Irons… Ni hablar… -comento negando en silencio -. Un doce por cierto y va que chuta.
-Totalmente de acuerdo –me apoya Chris sonriendo y apuntando en el folio “doce por ciento para Irons”.
Y la última condición me acelera el pulso. Vamos a recibir un lote completo de varios productos de Durex por participar en la campaña, que van personalizados en función del sexo. Vaya, me pica bastante curiosidad. No he pasado más allá de los preservativos.
-Un gran detalle obsequiarnos con sus productos –dice Chris contento -. Tienen un gran surtido. Yo tengo algunas cosas, pero no me importaría ampliarlo.
Asiento distraída. Ya me contó en el hotel que siempre le gusta ir preparado. Tengo la sensación de que sabe bastante sobre sexo, bien por su experiencia o porque se ha informado. La verdad es que mi vida sexual ha sido bastante normalita tirando a monótona. No es que me queje, pero nunca he disfrutado mis relaciones plenamente.
-¿Llamamos a Joel Malcom? –pregunto sin estar del todo segura. Chris niega.
-Primero se lo deberíamos contar a nuestro querido jefe, y luego al señor Malcom.
-Espero que nuestras cabezas no rueden hasta entonces –murmuro sin darme cuenta.
Chris me sonríe y yo suspiro. Nos estamos metiendo en la boca del lobo.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 05 Feb 2016 16:01

¡Hola a todos! Aquí tenéis un nuevo capítulo. ¡Espero que os guste!

16.

El mes de abril ha llegado casi sin darme cuenta. Hemos disputado dos partidos en casa, y los hemos ganado casi sin despeinarnos. El primero, contra Washington. Ganamos de quince puntos. El segundo partido contra Portland estuvo algo más igualado, pero conseguimos vencer de siete.
El equipo cada vez está más confiado. La moral está por las nubes en el vestuario y en la ciudad. No hay sitio al que vayamos sin que nos paren o se hagan fotos con nosotros. A veces debo reconocer que es un poco agobiante. Pero de alguna manera u otra nos estamos acostumbrando.
Jill y yo cada vez lo hacemos mejor en el campo seguidos por el capitán Wesker. Todo el mundo comenta que es una delicia para los ojos vernos correr por la pista. He mejorado mucho mi tiro. Los puntos ya no se me resisten tanto. Los pases son otro cantar… por mucho que Jill me ayuda, no consigo acertar siempre.
Cada vez estamos más cerca de resolver el caso del violador que atacó a cinco mujeres en los últimos meses. Algunos clientes de bares de copas han afirmado haberlo visto intentando acechar a más jovencitas, aunque por ahora sin demasiado éxito. Sólo necesitamos la autorización de Irons para intervenir.
Irons… Irons… Cómo se puso cuando Jill y yo nos presentamos en su despacho para decirle que no nos rapiñara tanta cantidad. Tras mucho discutirlo finalmente aceptó porque sabe que va a sacar algo de tajada. Si por mí fuera no le daba ni un centavo. Aún sigo sin entender por qué exige dinero a cambio de ofrecernos. No es nuestro representante ni nada de eso.
Según él por las molestias que pueda ocasionar a la comisaría nuestra ausencia mientras grabamos.
Joel Malcom nos dijo que no iba a pisar nuestro horario de trabajo ni de descanso. Además, este mes lo tenemos más fácil. Trabajamos por la mañana, y tenemos toda la tarde y la noche libre para hacer lo que nos apetezca. Creo que eso a Irons es lo que peor le ha sentado. Que se joda. Fue él quien nos metió en esto.
El señor Malcom nos ha dejado la primera semana para que volvamos a acostumbrarnos a un nuevo horario de sueño y comida, alterado por las noches en vela que hemos pasado en el mes de marzo. Intento concentrarme en mis hobbies la mayor parte del tiempo para no pensar en la que se nos viene encima.
Cuando Jill y yo decidimos aceptar, nos entrevistaron expertos asesores en imagen para valorarnos. Dijeron que éramos perfectos, que sólo nos hacía falta ponernos delante de las cámaras y empezar a grabar. Yo estoy muy nervioso. Pero la que peor lo lleva es Jill. Está bastante distraída últimamente, como si su cabeza estuviera en otra parte.
Sé que no paramos de darle vueltas. Lo hemos hablado algunas veces, y barajamos la posibilidad de practicar por nuestra cuenta. No sé. Por mucho que lo desee no creo que sea muy prudente. Volvemos a lo de siempre: somos compañeros. Nuestros asesores nos han aconsejado ejercicios para controlar nuestros impulsos mientras grabamos, para que todo salga lo mejor posible.
¿Y qué he hecho yo a lo largo de la semana? Por la mañana trabajar, por la tarde descansar y por la noche, follar. Sí, estoy muy desatado últimamente. La perspectiva de retozarme con Jill la próxima semana me está convirtiendo en un animal sexual. Para no pensar durante las noches, quedaba con conocidas a las que sé que les gusta jugar conmigo, y lo cierto es que los resultados no han sido los esperados.
Los asesores ya nos lo advirtieron. Es muy importante que tengamos absoluto control sobre nosotros. Y yo me he dejado llevar… y he tenido un par de gatillazos. Dios. Me quería morir. Sé que es algo que alguna vez puede pasar, pero dos veces casi seguidas me han hecho ver que necesito poner el freno. No creo que haya sido bueno emocionarme tanto.
Barry incluso me ha notado raro. Me abordó el otro día cuando terminó nuestro turno. Es mi mejor amigo. No puedo ocultarle nada, pero me avergüenza que sepa que me he dejado llevar esta semana y que he sufrido dos piscinazos de cuidado. Lo único que le dije fue que estaba muy nervioso por lo de la grabación.
Jill y yo estuvimos hablándolo, y decidimos contárselo. Él estuvo presente cuando Wesker nos dijo que Irons nos buscaba en la galería de tiro. Sé que no iba a parar de molestarme hasta que se lo contara, y así fue. No le hizo mucha gracia. No sé por qué.
Lo he estado pensando mucho, y tal vez crea Jill y yo empezaremos a hacer locuras. Jill es mi tipo. Me atrae mucho, es una mujer inteligente y con la que me divierto mucho… pero no voy a arriesgarme. No si ella no quiere. Nunca me había llevado tan bien con una mujer aparte de mi hermana.
Si no le importaras ya te habría mandado a la mierda. Ni sería tan cariñosa contigo, ni te contaría sus cosas, ni te hubiera dado aquel beso que te trae loco.
Lo que me llamó mucho la atención fue la forma de Barry a abordar a Jill. Delante de mí, le dijo que con ella sí que podía razonar, y que si de verdad le importaba yo, que nos echáramos atrás. Sé que lo estuvo pensando seriamente, al igual que yo. El director de Durex es muy flexible en ese sentido. Como aún no hay contrato firmado estamos a tiempo de echarnos atrás.
Pero ya que han venido los asesores, nos están dando buenas instrucciones y nos consideran perfectos para la campaña, ¿por qué echarse atrás? Sé que el bueno de Barry intenta protegernos para que no nos pase nada. Somos adultos. Ya somos lo suficiente mayores como para tomar nuestras propias decisiones.
Ahora estoy relajado en el sofá de mi casa escuchando algo de música con mi orgullo varonil herido. Me siento muy culpable por haber querido volcar toda mi ansiedad con las mujeres y de la mejor forma que sé: sexo, sexo y sexo. Pero aún retumban en mi cabeza los recuerdos de los últimos dos intentos. Desde entonces, me he abstenido de pensar en sexo y en masturbarme.
Son casi las siete de la tarde. Estoy intercambiando mensajes con mi hermana para ver si me relajo un poco. Tal vez ella consiga hacerme olvidar un poco todo lo que me ha ocurrido en la semana anterior. Ojalá no lo hubiera hecho. Ahora me doy cuenta del error que he cometido. Yo no disfruté mucho que digamos… y ellas no tengo ni idea. Las dos del gatillazo seguro que se quedaron con ganas de más.
Le pregunto a Claire si puedo llamarla por teléfono. Me apetece escuchar su voz y que me cuente sus andanzas juveniles. Cada día es más guapa. Va a ser un gran partido de aquí a pocos años. Sonrío mientras leo su respuesta. Dice que ya estoy tardando. Río y marco su número antes de llevármelo a la oreja. No tarda ni tres segundos en cogerlo.
-¡Hola guapo! –me saluda amistosa.
-¿Qué tal pequeña? ¿Cómo va la vida estudiantil?
-Un poco amargada porque no dejan de mandarnos absurdos trabajos y montones de deberes. ¡Y encima estudiar! –se queja casi gritando -. No sé cómo voy a llegar a final de curso.
-Bueno, el último año siempre es duro. Pronto empezarás la universidad. ¿Sabes ya a cuál quieres ir?
-Me gustaría estudiar derecho… Pero hasta que no me informen un poco mejor de las posibilidades que ofrece cada universidad, no voy a decidirme… ¿Y qué tal por Raccoon City?
-La verdad es que no puedo quejarme –comento cerrando los ojos unos instantes -. Ando muy ocupado últimamente entre el trabajo, los entrenamientos y la grabación de un anuncio.
-¿Un anuncio?
Esperaba esa reacción. Aún no le he dicho nada, pero quiero que se te entere por mí en vez de por otros. Si no confío en mi hermana, ¿en quién voy a hacerlo?
-Sí, la verdad es que no he tenido tiempo de contártelo… -trago saliva con dificultad. ¿Por qué me cuesta tanto? -. Hace unas dos semanas se presentó en la comisaría un representante de Durex…
-¿Cómo? –me interrumpe gritando casi como una loca -. Estamos hablando de los condones, ¿no?
-Sí… Bueno, el caso es que se fijaron en Jill y en mí… y quieren que grabemos un anuncio para ellos.
-¿Qué dices? ¿Y cómo ha sido eso?
Sonrío ante el tono emocionado de mi hermana. Ya sabía yo por qué tenía que acudir a ella.
-Por lo visto estuvieron presentes en el partido que jugamos en Salt Lake City… y les gustamos.
-Jill es tu compañera de los S.T.A.R.S., ¿no?
-Sí, sí.
-Bueno, ¿y habéis aceptado sin más? ¿No os da… corte?
Suspiro. No es el corte precisamente lo que me preocupa. Debería estar practicando las técnicas que me han recomendado.
-Lo hemos discutido mucho. No estamos del todo convencidos aún. No hemos firmado nada por si acaso –le cuento incorporándome un poco -. Queremos hacer una prueba primero. Ya sabes que los anuncios de Durex suelen ser bastante subiditos de tono aunque no se vea gran cosa…
-Ay, Chris, no sé qué decirte. ¿Lo pagan bien?
-Veinte mil dólares. Un quince por cierto el primer día de grabación, y el resto al terminar –le explico intentando no darle demasiada importancia -. Pero mi querido jefe ha insistido en quedarse el doce por cierto por prestarnos.
-Vaya cabrón…
-Así hablan los S.T.A.R.S. y los Redfield.
Oigo a mi hermana reír al otro lado. Me encanta hacerle reír aunque sea a más de mil kilómetros de distancia. Los primeros meses fueron muy duros para los dos. Yo no me acostumbraba a estar solo, y ella tampoco. Concretamos vernos al menos una vez al mes para ir desapegándonos. Ahora, sólo cuando tengo vacaciones voy a verla. Mi sueldo tampoco me da para estar cada dos por tres viajando.
-Oye, Chris, ¿y no has pensado que eso que vais a hacer puede cambiar vuestra relación? –comenta Claire más seria. Guardo silencio meditando sus palabras.
Ése precisamente es el principal problema que encuentro. Puede que hagamos el anuncio, nos quedemos muy calientes y decidamos liberar tensiones cada uno por su lado. ¿Y si quiero hacerlo con ella? ¿O al revés? ¿Cómo podríamos mirarnos luego sin pensar: yo me he acostado contigo? Qué difícil es todo esto.
-Sí, Claire, lo he meditado, y mucho. Si jugamos bien nuestras cartas no creo que haya que preocuparse –miento como sé que nunca le haría a mi hermana. Me conoce tan bien que sé que no se lo va a tragar.
-Chris, te conozco muy bien… y no creo que hayas cambiado mucho en Raccoon City. ¿Qué me dices de las fiestas a las que hemos ido? ¡Acababas con una distinta todas las veces!
Me termino de incorporar por completo y me rasco el pelo nervioso. Sí, es cierto. No he dejado del todo mi vida liberal en Raccoon City. Si lo hago es porque creo que no daño a nadie, y lo hacemos porque queremos. Además, siempre me buscan a mí, salvo la última semana.
-Esta vez se trata de trabajo –digo tranquilizándome un poco -. No pienso poner en riesgo nuestra relación laboral por esto. Me niego –de pronto mi móvil empieza a pitar. Alguien me está llamando. Tal vez sea importante -. Me están llamando, Claire. Luego hablamos. Un beso.
-Vale, Chris. Te quiero.
Cuelgo, y entonces aparece el nombre del capitán aparece en la pantalla. Frunzo el ceño. Pues sí que era importante la llamada. Debe de tratarse de algo excepcional para avisarme fuera del trabajo. Una emergencia. Lo cojo con dedos temblorosos.
-Chris al habla, capitán.
-Chris, Irons nos ha dado vía libre para capturar al violador –me cuenta Wesker como si se tratara de una noticia sin importancia. Yo me emociono. Eso puede significar que vamos a actuar -. Dewey, del equipo Bravo, está rondando por las zonas donde suele estar nuestro amigo. Le han dado un chivatazo de que esta noche se va a dejar caer por allí a eso de las once. Vamos a intervenir.
Yo sonrío. Bien, justo lo que necesito para olvidarme de toda la mierda que me está sacudiendo últimamente. Me siento ansioso. Hace tanto que no entraba en acción que lo echo muchísimo de menos. Sin darme cuenta me levanto del sofá para dirigirme a mi habitación para vestirme de calle.
-Genial, capitán. ¿A qué hora tiene lugar la extracción?
-Me gustaría reunir al equipo a eso de las nueve. Los Bravo van a hacer un primer reconocimiento, y luego intervendremos nosotros. Enrico y yo estamos elaborando el plan. Ya he avisado a todo el equipo, pero no consigo contactar con Jill… ¿Está contigo?
Pongo los ojos en blanco. Otro igual. ¿Es que no nos van a dejar en paz y van a estar emparejándonos siempre?
-No, pero puedo intentar contactar con ella o llegarme a su apartamento a unas malas –respondo entrando en mi habitación.
-Hazlo, por favor. Dile que se venga muy arreglada. Luego te cuento. Nos vemos.
Me quedo mirando la pantalla sin entender mucho lo último que ha dicho. ¿Qué vaya arreglada? ¿Es que tienen ya algo pensado? Sé que todos somos profesionales, y que si han dicho eso es por algún motivo especial. Tal vez piensen que con sus encantos pueda atraerlo hasta nosotros… Lo pienso… Es posible.
Suspiro. Abro el armario para buscar algo que ponerme. Dejo las puertas abiertas y me siento en la cama. Vuelvo a coger el móvil y miro la última conexión de Jill. Hace más de media hora. No me preocupa, pero es extraño. Puede que esté durmiendo y no se haya enterado. Voy a llamarla de todos modos. Da cinco o seis tonos y no obtengo respuesta. Mierda. ¿Dónde está?
Volveré a intentarlo más tarde. Cojo una camiseta de manga larga marrón. Aunque no hace mucho frío tampoco es para ir manga corta. Me pongo unos pantalones azules y me abrocho la correa. Quiero llegarme antes para ayudar en todo lo posible a los capitanes. Abrocho el cinturón y escucho mi móvil vibrar. Lo cojo. Es un mensaje de Jill.

Un segundo.

¿Cómo que un segundo? ¡Tenemos que actuar! Pero caigo en la cuenta de que ella no sabe todavía nada. Tengo que avisarla. Habrá visto la llamada de Wesker, y me extraña que haya decidido llamarme a mí primero en vez de al capitán. La llamo, pensando aún en lo extraño que me resulta que haya acudido a mí en primer lugar. Pasan casi cuatro tonos cuando por fin lo coge.
-Dime Chris.
Detecto por su tono de voz que parece estar molesta por algo. Oigo de fondo también mucho ruido, como si estuviera en un local o un centro comercial. No voy a sacar conclusiones precipitadas aunque sigue sin haber algo que no me cuadra del todo.
-Ha llamado el capitán. Nos quiere reunidos en menos de dos horas.
-¿Cómo? –su tono ahora es completamente diferente -. ¿Vamos a por el violador?
-Eso creo. Nos ha citado a las nueve en la oficina –voy a despedirme, pero entonces recuerdo lo que me ha dicho Wesker -. Ah, por cierto. El capitán dice que vayas muy arreglada.
Guarda unos segundos silencio antes de contestar.
-¿Arreglada informal o fiesta?
-No entiendo de moda, señorita Valentine –bromeo recordando la vez que comimos en el restaurante allá por San Valentín. ¡Cómo pasa el tiempo! Y no hace ni dos meses.
La oigo reírse al otro lado. Escucho una música potente que empieza a martillearme los oídos. Estoy por intentar sonsacarle algo de información, aunque sé que no va a soltar prenda así como así. Pasa un poco de tiempo hasta que la escucho responder.
-Bueno, me las apañaré para encontrarme algo. Te veo luego Chris.
-Adiós, Jill.
Pero no cuelgo. Me quedo con el teléfono en la oreja para ver si puedo captar algo. Y entonces, escucho una voz masculina:
-Adiós, guapa. Nos vemos.
Me quedo boquiabierto. ¡Jill estaba con un hombre! Me cae un peso en el estómago. El mundo se desmorona. No lo soporto. ¿Cómo es posible? Eso me demuestra que me ha olvidado. ¿Será verdad? Bueno, ¿acaso yo no he ido con otras mujeres también?
Pero tú la has espiado, ella a ti no. Deberían meterte en un centro para celosos, Redfield.
No estoy celoso. Me siento… traicionado. Joder, debo olvidarme de esto cuanto antes. Me están esperando en la comisaría. Cierro las puertas del armario con más fuerza de la debida y salgo de mi habitación muy furioso. Lo último que me apetece ahora es ir a la comisaría.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 12 Feb 2016 11:23

¡Buenas! Os dejo otro capítulo de mi historia. Gracias a todos los que me léeis.

17.

Camino lo más rápidamente que puedo hacia el despacho. No sé si la vestimenta que he elegido es la adecuada: camisa blanca con bastante escote, unos pantalones negros muy pegados y unos zapatos con un poco de tacón. Creo que es más o menos lo que buscan. Me pregunto para qué… pero hasta que no llegue no lo sabré. Recorro a la carrera los últimos metros, y en la puerta veo a Forest y a Richard charlando.
-Hola chicos –los saludo con una sonrisa.
-¡Vaya, Jill! –exclama Forest boquiabierto -. Estás…
-¿Están todos dentro? –pregunto nerviosa para cambiar de tema. No me apetece que empiecen a piropearme.
-Sí… -responde Richard a media voz.
Paso de largo. Cruzo el umbral como si me dispusiera a entrar en una plaza de toros. Lo primero que hago es mirar hacia la mesa del capitán, que está hablando con Enrico en voz baja. Wesker levanta la mirada y me ve. No muestra emoción alguna. Enrico me examina unos segundos y levanta el pulgar para indicar que todo está bien.
Suspiro un poco aliviada y miro a mi alrededor. Todos me observan boquiabiertos. Todos… menos Chris. Está con el gesto serio y los labios apretados. Me inquieta su actitud. Algo no le agrada. No creo que sea la vestimenta. Él debe saber más que yo sobre esto, así que no tengo ni idea.
Barry da unos pasos hacia mí y me observa de arriba abajo como si no diera crédito a lo que ve.
-¿Y esto? –pregunta con curiosidad. Lo cierto es que a mí también se me hace raro no estar con el uniforme.
-Wesker lo quiso así –contesto sin darle mucha importante y encogiéndome de hombros. En realidad, Chris fue el que me transmitió sus órdenes, pero no sé… está muy raro.
-Enrico y él llevan un buen rato cuchicheando –dice Joseph a mi espalda -. Puede que aún no esté nada claro el plan.
-Yo creo que algo hay –opina Chris girando un poco su silla -. Si le han pedido a nuestra compañera que se luzca… será por algo en concreto.
Me quedo en silencio analizando sus palabras detenidamente. Lo primero: no me ha llamado por mi nombre. Lo segundo: ha pronunciado la palabra “luzca” con cierta ironía. Esto aumenta mis sospechas de que no le hace gracia que vaya así. Pero, a ver, sólo estoy siguiendo órdenes. Ni que fuera a tirarme al otro.
Entonces, se me revuelve el estómago. No había pensado en ello. ¿Y si pretenden que tontee con él, incluso que pueda llegar a algo más para bajarle la guardia? Trago saliva con dificultad. Estaba tan centrada en buscar algo que ponerme que no me había parado a pensar en ello. ¡Qué follón! ¿Será por eso por lo que Chris está tan distante?
No es mi pareja. No tiene que sentirse celoso. No le pertenezco.
Me muero por devolverle la indirecta, pero me muerdo la lengua. Me siento en la silla que hay junto a mi escritorio. Voy a dejar que Richard se siente en el sillón de cuero. Me pongo de cara a los capitanes y me obligo a no mirar a Chris. Él parece haber adoptado la misma táctica.
Forest y Richard entran y cierran la puerta. Richard pasa por mi lado y me sonríe. Yo le devuelvo la sonrisa. Sienta bien entrar en acción. Es nuestra primera misión, y espero no cagarla. No sé por qué, pero me da que voy a tener la voz cantante en todo esto.
Enrico carraspea para llamar nuestra atención. Se hace el silencio absoluto. Wesker baja la pizarra plegable mientras Enrico lee por última vez unas notas que tiene apuntadas en una carpeta. El capitán Wesker empieza a dibujar lo que parece ser unas calles y unos edificios situando el nombre de cada uno de ellos.
-Muchachos, hoy es el día en el que vamos a capturar a ese criminal –empieza hablando Enrico situándose a un lado de Wesker -. Lo llamo así porque no se me ocurre otro nombre –veo a algunos de mis compañeros sonreír -. Edward nos comunicó esta tarde que tenía información bastante valiosa. ¿Te importa compartirla?
-En absoluto –contesta la potente y ronca voz de Edward Dewey, del equipo Bravo -. Me encontraba a eso de las seis menos cuarto cerca de los bares de copas. El capitán Enrico me había ordenado que procurara obtener cualquier cosa que nos sirviera para atrapar a ese sinvergüenza –sonrío esta vez -. Me encontré con un conocido. Le hice una descripción del sujeto en cuestión, y me dijo que lo ha visto rondar por allí las últimas dos noches.
-¿Acude siempre a la misma hora? –pregunta el capitán Wesker ajustándose sus gafas de sol.
-No lo sé, capitán –responde Edward -. Mi contacto sólo pude confirmarme que normalmente suele aparecer alrededor de las once. Algo que también llamó la atención de mi conocido es que siempre aborda a chicas jóvenes. Nunca se fija en las de más de treinta y tantos años.
-Interesante… -comenta Barry rascándose la perilla. Es algo que hace cuando está nervioso -. Eso podría situar a nuestro sujeto en una franja de entre veinte y cuarenta años.
-El R.P.D. no ha conseguido sacar nada más –dice Kenneth desde el fondo de la sala -. No tenemos nombre, ni dirección, ni grupo sanguíneo… Nada que lo pueda relacionar salvo los testimonios de las víctimas.
-El tipo se está tomando muchas molestias para evitar que lo pillemos –comenta Brad bastante tenso. Por su rostro, debe estar a punto de cagarse encima. Su visión me divierte.
-Si no quiere ir a la cárcel, más le vale –le corta Chris poniendo los ojos en blanco. Me mira un segundo y luego vuelve a centrar su atención en los capitanes. Estoy más que desconcertada.
-Procederemos del siguiente modo –habla Wesker volviendo a captar nuestra atención -. El equipo Bravo partirá a eso de las diez treinta hacia el objetivo, un local de moda llamado Kitten Heaven. Richard y Edward entrarán en el bar simulando ser dos clientes. Permanecerán allí hasta que vean llegar al sujeto.
Wesker lleva una flecha desde una calle lateral hasta el local.
-Los demás nos camuflaremos en vehículos por las calles cercanas –explica haciendo cruces en diferentes puntos cercanos al bar -. Utilizaremos tres vehículos del R.P.D. que son como los de calle para que no nos descubra antes de tiempo.
Veo a Joseph levantar la mano.
-¿Qué ocurre si nos reconoce? Seguramente habrá visto algún tipo de noticia en la televisión o en algún otro medio.
-Por lo que sabemos ese tipo es nómada –contesta Enrico apoyándose en su mesa -. Va de un lado a otro sin detenerse mucho para que no lo identifiquen. Ni siquiera sabemos si tiene casa propia. Nos arriesgaremos.
-Bien –continúa el capitán Wesker -, llegamos a ese punto es donde entras tú, Jill.
Y noto que todos los ojos se centran en mí. Trago saliva con dificultad. Ya me temía que algo de esto iba a pasar. Puedo palpar la tensión que existe en el ambiente. Pero es una tensión sana. Están preocupados por lo que pueda pasar. Yo lo único que sé es que voy a tener que tirar de repertorio para conseguir lo que quieren.
-Te sentarás en la barra o en una mesa que esté libre, lo que elijas –me ordena Wesker con su tono profesional. Me transmite seguridad -. Intenta captar la atención del sujeto con miradas, insinuaciones… lo que se te ocurra.
Su voz se entrecorta al final. Detecto una pizca de rubor en sus mejillas. Vaya con el capitán. No creo que esté pensando en que voy a tirarle los tejos también. Niego en silencio para desechar la idea. No me van los rubios.
-Cuando lo atraigas –continúa una vez que se ha recuperado -, entabla conversación con él. Muéstrate amable y simpática para que se confíe. ¿Alguna pregunta hasta aquí? –niego en silencio. La pregunta es si seré capaz de hacerlo. Ay madre. Veo a Kenneth levantar la mano.
-¿Cómo sabremos cuándo intervenir?
-Jill llevará un micrófono oculto en la blusa por el que podrá hablarnos sin levantar sospechas –explica Enrico atusándose el bigote -. También tendrá un auricular en la oreja por el que podrá escuchar lo que le digamos.
-¿Y nosotros permanecemos en el lugar en todo momento? –pregunta Richard muy serio. Se nota que está concentrado.
-Sí –asiente Wesker -, vosotros seréis el enlace entre el interior y el exterior. Jill os hará una señal, y nos avisaréis para entrar pasados… digamos… cinco segundos.
Richard, Edward y yo asentimos en silencio. Nadie dice nada. Pero yo tengo muchas dudas. Puede salir cualquier cosa mal: una palabra fuera de tono, que el tipo no se fije en mí, o que intente sacarme de allí a la fuerza… Cualquier cosa. Veo a Chris levantar la mano con media sonrisa en el rostro. Debo reconocer que me da miedo su expresión.
-¿Y si fracasamos?
-El fracaso no es una opción, Chris –contesta Wesker muy serio. Le gusta muy poco o nada que le recuerden que podemos fallar -. En el caso de que Jill necesitara ayuda porque la situación se complique, intervendremos.
Volvemos a quedarnos todos en silencio. Wesker y Enrico cuchichean cerca de la mesa. No sé de qué estarán hablando, pero parecen tener posturas contrarias. Wesker niega continuamente con la cabeza y Enrico agita las manos en un intento de explicarle algo. Observo a mis compañeros. Algunos hablan entre ellos en voz baja y otros están pensativos.
El labio de Brad tiembla como si tuviera un tic. Creo que los capitanes harían bien en dejarlo aquí como enlace. Aunque estoy empezando a sentir algo de compasión por él, no haría más que estorbarnos. Es la triste y cruda realidad. Es un piloto y un informático cojonudo, pero a la hora de entrar en acción… mejor ni hablar.
-Muchachos –nos llama Wesker volviendo a dejar toda la sala en silencio -, vamos a recoger nuestro equipo. Quiero a todo el mundo de uniforme menos a Richard, Edward y Jill. Repasad un poco cómo vais a actuar una vez que estéis dentro –mira a Brad -. Tú te quedarás de enlace en la comisaría.
Brad asiente nervioso mientras el resto de nuestros compañeros abandonan la oficina para dirigirse a los vestuarios. Edward se acerca a nuestra mesa mientras veo a Brad haciendo algunas comprobaciones en el sistema de comunicaciones. Richard, Edward y yo nos miramos.
-Estaremos allí para cubrirte, Jill –me dice Edward con una amplia sonrisa -. No vamos a dejar que ese cabrón se pase contigo.
Yo le devuelvo la sonrisa un poco tensa. Mi ex se encargó de que, si ya de por sí odiaba a este tipo de hombres, deseara capturar a todos y cada uno de ellos por hacer sufrir a mujeres y familias inocentes. Creo que fue ese motivo el que me animó a alistarme a los S.T.A.R.S. Y puede que hoy empiece mi cacería de esos malhechores.
-Lo sé –respondo con un suspiro -. Es sólo que esto para mí es… algo personal.
Richard y Edward asienten mientras me escuchan atentamente.
-Bueno, ¿qué plan tenemos entonces? –pregunta Richard volviendo a ponernos en acción -. Edward y yo entramos primeros. Nos sentamos en una mesa que esté cerca de la puerta, para tener una mejor comunicación.
-De acuerdo –afirma Edward rascándose la barbilla -. Creo que allí también tendremos mejor visión de lo que esté pasando.
-Entro unos diez minutos después –continúo hablando -. Lo mejor será que me siente por la barra para no levantar sospechas. Así no sabrán que vamos juntos.
-Me parece bien –me apoya Richard -. Cuando el tipo acceda al interior avisaremos a nuestros compañeros. No le quitaremos el ojo de encima en ningún momento… por si la cosa se pone fea.
Me miran. Sé que quieren protegerme, y lo agradezco. Me conmueve su decisión de hacer todo lo posible para no sufrir daños. Pero me considero una mujer fuerte, que no se deja intimidar fácilmente. La Delta Force me endureció mucho, y qué decir el entrenamiento básico de los S.T.A.R.S.
-Cuando tenga al sujeto a mi merced –les explico reanudando la conversación -, os haré una señal para que aviséis al resto del equipo.
Richard y Edward asienten en el momento en el que la puerta de entrada se abre, y por ella empiezan a entrar el resto de nuestros compañeros con sus uniformes reglamentarios. Se me hace raro no tenerlo yo también. Voy en plan de ligue, como solía decir cuando iba de marcha en New Orleans.
Forest les da a Richard y a Edward sus pistolas reglamentarias. Se las colocan en las caderas, donde tienen su pistolera abrochada. Se echan la camiseta por encima para que nadie pueda verlos. Yo me observo. Mi camisa no es lo suficientemente larga como para cubrirme. Mierda. Entonces, palpo mi espalda para comprobar la longitud. Llega hasta el culo. Bien, creo que podría funcionar.
El único problema es que voy a estar bastante incómoda con la boca del arma dándome en el trasero. Pero la necesito. Con la Beretta me siento más segura. Barry me pasa mi arma y mi pistolera. Me sonríe tenso. Sé que está muy preocupado por lo que puede pasar, al igual que yo.
-Gracias Barry –le digo con una sonrisa sincera -. Voy a ponérmela en la espalda, ¿me ayudas?
Barry me engancha la pistolera en el pantalón y luego introduce la Beretta antes de tapármela con mi blusa. Mientras lo hace observo a Chris. Sus ojos, aunque no me miran, sé que está que echa chispas. ¿Qué coño le pasa? No entiendo absolutamente nada. Que yo sepa, no he nada que pueda molestarlo. Es más, esta mañana se ha actuado como siempre, y ha sido a partir de nuestra conversación telefónica cuando ha empezado a actuar raro.
Estaba tarde me fui a tomar algo. Simplemente estaba siguiendo los consejos que me está dando mi asesor. Me advirtió que si me sentía muy agobiada que fuera a que me diera el aire. Y yo decidí presentarme en un bar para distraerme. Allí me encontré con un muchacho que trabaja en una tienda de comestibles cerca de mi casa. Estuvimos charlando hasta que me llamó Chris.
Es muy majo. Cada vez que me ve se para a charlar conmigo y de vez en cuando me regala algo de su tienda. Creo que quiere algo conmigo, pero no sé. Tampoco le he prestado mucha atención. Mis sentidos están puestos ahora mismo en otras cosas… como un capullo que no me habla.
-¿Estás bien? –me pregunta Barry dándome una palmada en el hombro. Vuelvo a sonreír.
-Preparada para patearle el culo a ese desgraciado –respondo con la mayor sinceridad de la que soy capaz. Estoy un poco nerviosa, pero que es más por pensar que voy a intervenir que por el caso en sí. Lo echaba de menos.
Consulto mi reloj de pulsera. Son casi las diez. Pronto, cuando los capitanes lo estimen oportuno, saldremos en dirección a la avenida Packson, donde tendrá lugar el arresto, o eso espero. La boca del arma empieza a hacerme un poco de daño en el trasero, y eso que acabo de ponérmela.
Miro hacia la pared. Está en la derecha, así que lo tengo más fácil para desenfundar. Me quedo quieta y llevo una mano rápidamente hacia atrás y saco la pistola. Apenas he tardado tres segundos. Pero sé que no tengo tanto tiempo en el local. Debo hacerlo más rápido.
Pruebo otra vez. Y esta vez el dedo se me queda enganchado en la blusa. Maldita sea… Tendría que haber practicado mucho antes. ¿Cómo lo he podido pasar por alto? Sé que Richard y Edward van a estar vigilándonos constantemente, y que actuarán con rapidez si algo sucediera. ¿Y si ve mi arma y me la quita? Entonces sí que estoy perdida.
Miro hacia atrás y veo a Chris negando con la cabeza. Se está burlando de mí. Tal vez debería pedirle a él que me enseñara si es tan listo. Me está sacando de mis casillas. Me está empezando a recordar al principio cuando nos conocimos. Odio cuando estamos así. Y sé que ahora mismo necesito tener la mente despejada de cualquier cosa que no sea el caso.
-Bueno gente, nos ponemos en marcha –anuncia el capitán dirigiéndose a todos los que estamos allí.
El corazón empieza a latirme con fuerza. Ya nos vamos. Y yo aún no consigo controlar bien la técnica que estoy practicando. Dios, esto es horrible. Sólo me queda confiar en mi instinto y esperar que todo salga según lo planeado. Empezamos a desfilar por la puerta dejando a Brad solo ante los mandos.
Wesker se acerca y le dice algo en el momento en el que salgo al pasillo. Camino sola y en silencio detrás de Kenneth y Joseph, que bromean sobre algo que han visto. Me siento confiada. Sé que puedo hacerlo. Las sesiones con el asesor están siendo de lo más productivo que he hecho últimamente.


Nuestro coche se detiene enfrente del local. Forest va al volante, y Enrico a su lado. Barry va detrás conmigo. Todos guardamos silencio. Tenemos que esperar a que Richard y Edward entren. Ellos están en otro vehículo en una de las calles laterales junto a Wesker y Chris.
Kenneth y Joseph llevan el coche en el que meteremos al tipo una vez que le echemos el guante. Cuento mentalmente hasta tres. Cojo aire y lo echo lentamente. Cierro los ojos, e imagino que estoy en una playa. Mi asesor me dijo que lo hiciera para desconectar.
Visualizo una playa a la que fui con mi padre cuando era pequeña. Noto que mi cuerpo se relaja. Bien, eso es lo que quiero. Me veo capaz de hacerlo. Puedo conseguir todo lo que me proponga. Me viene a la mente el masaje de Chris. Ese día también estaba muy confiada, pero mi cuerpo se tensa al pensar en él.
Creo que tengo que arreglar lo que sea que pasa antes de que empecemos con las pruebas. Es tan difícil manejar el corazón y los sentimientos de un hombre… Abro los ojos, y veo que Barry me mira. Le sonrío, pero él se limita a sostenerme la mirada.
-Puedo hacerlo Barry –susurro mientras veo que Forest y Enrico no pierden detalle de lo que ocurre en el exterior.
-No me refería a eso –responde poniéndose más serio -. Es sobre Chris.
Pongo los ojos en blanco. ¿Ya estamos otra vez? No necesito, o mejor dicho, no quiero hablar de él ahora mismo. Es más, creo que por lo menos hasta mañana no quiero saber de él. No contesto. Me pongo a observar la calle por mi ventana.
-Ya salen –anuncia la voz de Wesker por un walkie.
Agudizo más mi vista mirando hacia el frente. Entonces, los veo doblar la esquina actuando como si fueran dos amigos que van a tomar una copa. Edward abre la puerta para dejar entrar a Richard primero, y luego lo hace él. A partir de este momento tengo unos diez minutos para acceder al local.
No consigo ver dónde se han sentado, pero da igual. Dijeron que cerca de la entrada. Aparto la mirada de la ventana en el momento en el que Enrico se gira para darme algo. Veo en sus manos unos diminutos auriculares.
-Ve poniéndotelos –me ordena con voz tranquila -. Ya mismo estarás dentro.
Asiento en silencio y cojo lo que me da. Abro un botón de mi camisa dejando al descubierto un poco más mis pechos. Engancho el micro por la parte interna y vuelvo a abrocharme el botón. Estoy un poco colorada, pero poco más. Me llevo una mano a la oreja y coloco el pequeño dispositivo. Parece un pendiente. Me gusta.
-Ya estamos sentados –informa casi con un susurro la voz de Richard. Lo extraño es que puedo escucharlos por el auricular y los altavoces.
-Entendido –dice la voz del capitán Wesker.
Todo vuelve a quedarse en silencio de nuevo. Yo me dedico a repasar el plan de nuevo mentalmente. Debo hacer uso de todos mis encantos para captar su atención. Lo cierto es que nunca me ha hecho falta. Los hombres han venido a mí sin yo esperarlo. Sé que les llama mucho la atención mis ojos… y mis tetas.
Entro, pido algo, me siento en la barra y espero. Cuando llegue me fijo en él y sigo así hasta que me aborde. Le doy un poco de conversación y cuando esté distraído lo tumbo.
Suena más fácil de lo que en realidad es. Pueden fallar muchas cosas, pero quien arriesga no gana. Ahora lo pienso, creo que no estaría de más avisar a alguno de los camareros de lo que vamos a hacer por si la cosa se complica.
-Capitán, ¿deberíamos advertir a los empleados? –le pregunto a Wesker por el micrófono. Aunque Enrico está conmigo, Wesker es el que lo supervisa todo. Vuelvo a escucharme por los altavoces incómoda.
-Negativo Jill –responde serio -. Es una operación secreta.
Consulto mi reloj. Apenas quedan diez minutos para las once, y menos de un minuto para entrar en el local. Me retoco un poco el pelo y compruebo que el maquillaje está más o menos bien. Me empieza a doler el culo de aguantar la presión de la pistola.
-¿Preparada? –me pregunta Enrico examinándome con la mirada. Yo asiento con energía -. Vamos. Suerte, Jill.
-Gracias.
Intercambio una última mirada con Forest y con Barry y salgo al exterior. Oigo la voz de Enrico decir que he abandonado el coche mientras cruzo la calle. No hay demasiados coches, así que puedo ir con tranquilidad. Me detengo frente a la puerta, suspiro y entro.
Es el lugar adecuado. Las tenues luces iluminan poco a nada cada una de las mesas que hay distribuidas a lo largo de la pequeña sala. A pesar de la hora que es, y de ser entre semana, hay bastante gente. Miro de reojo a Richard y Edward, que están a mi izquierda. Ellos permanecen impasibles, al igual que yo. Camino hacia la barra con tranquilidad y me siento en uno de los pocos taburetes que hay libres.
Examino detenidamente cada rincón a conciencia. Me he situado en una de las esquinas más alejadas, el lugar perfecto para mantener una conversación sin ser oídos o molestados. Las mesas no me convencen del todo. Están muy juntas. Ahora entiendo por qué el tipo decidía marcharse del local con sus adquisiciones. Aquí es bastante fácil que lo identifiquen o se le echen encima.
Por lo que me ha explicado Enrico mientras veníamos aquí, un par de manzanas más al fondo están los callejones donde el sujeto abusaba de sus víctimas. Pero yo no voy a llegar tan lejos. Pienso terminar este asunto aquí, delante de todos los que nos observan. Pocos parecen prestarme atención. Eso es buena señal. Procuro no dirigir demasiado la mirada hacia mis compañeros, ellos parecen hacer lo mismo.
-¿Qué le pongo, señorita? –me pregunta una camarera joven con tono amable. Debe tener más o menos mi edad.
-Un Vodska Martini –respondo. Es lo que siempre me pido cuando me siento con energía. Para las depresiones y las noches de desenfreno, Whisky. Sé que es un poco raro, pero mi cuerpo se siente bien así.
La chica se retira y miro hacia la puerta. No hay aún señales de nuestro hombre. Mierda. Si al menos pudiera ponerme a charlar con Richard y con Edward…
-Sujeto localizado a las nueve en punto del objetivo –anuncia Kenneth por el auricular con voz grave pero contenta. Así que viene por la izquierda… Lo tendré en cuenta.
Intercambio una última mirada con Richard y Edward en el momento en el que la camarera me trae mi pedido. Le pago los cuatro dólares y cincuenta centavos y guardo la cartera en el bolso. Doy un sorbo a la copa en el momento en el que la puerta principal se abre… y todos mis sentidos se ponen alerta.
Casi se me cae de la boca el líquido al ver a nuestro objetivo entrar. Lleva un sombrero tejano, un pañuelo en el cuello y una gabardina marrón que le llega hasta las rodillas. Lleva las manos metidas en los bolsillos, y me doy cuenta de que puede llevar un arma perfectamente. Debo ser muy precavida.
El tipo duda unos segundos y se sienta a unos dos taburetes de distancia de mí. Tal vez debería dejar mi canal abierto para que todos sepan cómo va la cosa. Miro de un lado a otro, y discretamente meto por mi escote y pulso un pequeño botón que hay en el lateral. Al retirar la mano se me desabrocha uno de los botones. Mierda.
Pero lo pienso unos segundos. Si quiero captar su atención, será mejor que no haga nada más. Me incorporo con la mayor naturalidad posible y le doy un nuevo sorbo a mi copa relamiéndome los labios. Me está mirando. Punto para la señorita. Me pongo coquetamente el pelo detrás de la oreja y hago como que miro distraídamente al exterior.
Veo que la camarera que me atendió a mí le está tomando nota. Entonces, gira su butaca un poco hacia mí y veo que sonríe ampliamente. Venga, que empiece el juego. Lo estoy deseando en parte. Quiero demostrarle que conmigo no se juega.
-¿Estás sola? –me pregunta con un tono de voz bastante seductor. Se me hiela la sangre. Me quedo sin palabras. No me extraña que las chicas acudan corriendo a su llamada.
-Sí, acabo de salir del trabajo y he decidido venir a tomarme una copa –miento sonando bastante convincente.
-¿Un día duro?
-Y tanto… No he parado desde esta mañana.
-¿A qué te dedicas?
-Trabajo en una tienda de moda –digo antes de coger la aceituna y metérmela en la boca. Cierro los ojos y la saboreo. Al abrir los ojos, me topo con una mirada lleno de deseo que ni parpadea.
Me dan ganas de vomitar. No puedo creerme que esté ligando con un cabrón del estilo de Jerry. Dije que nunca más, pero el trabajo es el trabajo. Le traen su bebida, una especie de cóctel cuyo contenido es marrón. No sé lo que es, pero huele muy fuerte.
-Yo soy corredor de bolsa –me cuenta antes de darle un trago a su bebida -. Corren buenos tiempos para los inversores.
Puto mentiroso.
-¡Vaya, es genial! –exclamo poniendo cara de interesante y una risita tonta. Espero que nadie me esté grabando haciendo el gilipollas.
El tipo sonríe y me coge una mano. Siento un escalofrío. Empiezo a recordar a mi ex. Toda esta situación me es sumamente familiar… Un hombre que se muestra simpático y que luego es un monstruo. Ya está tardando la bestia en despertar.
Masajea mis nudillos sin dejar de mirar mi escote. Veo de nuevo el deseo ardiente en sus ojos. A mí me produce asco, pero debo mantener la compostura. El tipo coge nuestras bebidas y las pone en la mesa que hay detrás y vuelve a mi lado.
Me va a poner una mano en la cintura, pero yo me giro rápidamente al darme cuenta de que va a tocar la pistola. Se queda un poco sorprendido, y yo le tiendo una mano para hacerle ver que sigo en el juego. Me la coge con una sonrisa y la besa. Aunque le devuelvo la sonrisa, por dentro estoy que me muero de asco.
Me levanto e intercambio una rápida mirada con mis compañeros. Me siento en el sillón junto al hombre y él me pasa un brazo por encima de los hombros.
-Ya lo tiene. Estamos preparados –dice Edward por el auricular.
-Entendido. Tomamos posiciones. Sigue así, Jill –responde el capitán Wesker con tranquilidad. Agradezco tener un capitán tan formal y que no se deja llevar por el pánico en ningún momento.
-Llevo mucho tiempo buscando a alguien como tú, preciosa –murmura el objetivo acariciándome las mejillas. Su voz es tan hipnótica que me deja sin habla.
-Vaya, y yo que pensaba que estarías casado con lo encantador que eres… -miento como una bellaca. Él pasa un dedo por mi escote. Su respiración se vuelve más agitada. No quiero ni imaginar lo que estará pensando.
Al igual que otro que yo me sé…
-Eres perfecta –murmura acercando su cara a la mía. Seguro que eso se lo dice a todas para tenerlas a sus pies.
Y antes de que pueda reaccionar, pone sus manos en mi cara y me besa. Me mete la lengua, y yo intento resistirme, pero me tiene bien sujeta. Su aliento sabe a una mezcla de tabaco, vino y alcohol. Vuelve a recordarme a Jerry. Me vuelven a dar ganas de vomitar.
Yo le sigo el juego mientras llevo una mano hacia la pistola. ¿Por qué tardan tanto? Rozo la culata de mi Beretta y la desenfundo mientras me aparto. Le apunto a la cara ante su inminente sorpresa.
-Fin del juego, capullo –le digo enseñándole mi placa. Richard y Edward se sitúan a mi lado -. Quedas detenido por violar a siete mujeres.
-¡S.T.A.R.S.! ¡Qué nadie se mueva! –exclama el capitán Wesker con la pistola por delante.
Detrás de él veo a Enrico y a Barry cubriéndole las espaldas. No veo a Chris por ningún lado. Mejor. Me sabe la boca fatal. Necesito un trago para quitármelo cuanto antes. Edward va a agarrar al sujeto, pero entonces éste se abalanza sobre mí y me agarra los pechos.
Edward lo aparta de un empujón gritándole algo. Yo me acerco con los dientes apretados y le doy una torta que resuena con fuerza en el silencioso local. Respiro entre jadeos mirándolo con desafío. Noto cómo unas manos me agarran por los hombros, pero yo me aparto violentamente.
Vuelvo a apuntarle con mi arma sin importarme que todos me estén mirando.
-Hazlo otra vez, y te juro que te reviento la cara por todas las mujeres que hemos sufrido por… asquerosos como tú –le suelto llena de rabia.
Veo el miedo en sus ojos. Mis palabras le han calado hondo. Yo sigo respirando y jadeando. El único que se mueve es el capitán, que coge al individuo aún sorprendido y le pone unas esposas en las manos. Retiro mi arma con lentitud sin apartar la mirada.
Wesker lo sujeta por el hombro y empieza a dirigirlo hacia la entrada. Sin apartarme la mirada, empieza a forcejear. Algunos de mis compañeros acuden en ayuda del capitán.
-¡Zorra! ¡Puta! ¡Calienta pollas! –exclama el tipo completamente fuera de sí. Wesker, Enrico, Edward y Kenneth consiguen arrastrarlo al exterior entre forcejeos y golpes.
-Lo tomaré como un cumplido –murmuro sonriendo ampliamente. Noto la boca amarga. Necesito beber ya. Me acerco a la barra -. Un vaso corto de whisky. Rápido.
El camarero ni se lo piensa y coge la botella. Echa un poco en un vaso y me lo dejo con dedos temblorosos. Creo que van a tardar un poco en volver a la normalidad. No creo que todos los días la policía acuda a su local a arrestar a delincuentes. Me llevo el vaso a los labios y bebo el contenido de un tirón. Cierro los ojos. Está fuerte, pero es mejor que saber a tabaco, vino y una mezcla extraña.
Dejo el vaso con un ruido sordo en la barra y niego en silencio. Espero que no se me suba a la cabeza, porque la resaca puede ser descomunal. Beber a palo seco es lo peor que se puede hacer. Miro la mesa y veo que mi Martini aún tiene algo. Lo cojo y me lo bebo también de un tirón. Alguien me agarra del hombro y me giro. Veo a Barry.
-¡Jill! ¡Ya vale! –me grita arrastrándome hacia fuera. Yo me suelto. Y me atrevo a mirar a Chris.
Su mirada es una mezcla de emociones que no soy capaz de captar: miedo, ira, compasión… Sé que quiere decirme algo, pero no se atreve o no le salen las palabras. Salgo al exterior acompañada de Barry. La cabeza me está empezando a dar vueltas. La mezcla no ha sido muy buena, tal y como esperaba.
-Buen trabajo, muchachos –nos felicita el capitán estrechándonos la mano.
Veo el coche que lleva al preso pasar por nuestro lado. Yo sonrío. Va a ser una noche muy larga.
Tráiler estatuas de Anticolat
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Mensajepor Lucy Norton » 19 Feb 2016 11:49

¡Hola a todos! Como cada semana, os traigo un nuevo capítulo. Espero que lo disfrutéis. ¡Saludos!

18.


Aparco mi coche frente al bloque de apartamentos un poco nervioso. No he dormido nada en toda la noche, apenas unas tres horas. Ojalá hubiera tenido el día libre, pero como un buen currante a las ocho de la mañana ya estaba en la comisaría. Wesker sólo decidió darles el día libre a Richard, Edward y Jill.
Lo veo justo. Fueron los que más actividad tuvieron y los que nos ayudaron a zanjar en gran medida este asunto. Es una suerte que lo hayamos conseguido. No quiero ni imaginar lo que puede pasar con este tipo fuera de la cárcel. Ya vi con mis propios ojos cómo jugaba con Jill y la atraía con engaños.
Evidentemente todo estaba pensado, y sé que en circunstancias normales lo hubiera mandado a la mierda desde el segundo uno. Pero desde ayer no puedo dejar de pensar en lo furioso que me sentí cuando vi a aquel desgraciado besarla. Hubiera entrado y le hubiera partido la cara allí mismo.
No sé nada de Jill desde anoche, desde que Joseph se ofreció para llevarla. Yo lo hubiera hecho, pero estaba que me subía por las paredes, hecho un completo lío, y no sabía cómo reaccionar. Demasiadas emociones en un día. Lo que más me preocupó fue su estado. No estaba borracha, pero sí que había bebido.
Es más. Forest nos contó que se quedó dormida durante el trayecto a la comisaría. Y luego la oí quejarse de que tenía un fuerte dolor de cabeza. Normal, se tragó un Vodska Martini y un chupito, o algo más, de Whisky. Hacer mezclas no es bueno. Lo sé por experiencia propia.
El capitán Wesker me ha pedido que venga a verla. Yo no quería hacerlo porque aún sigo un poco molesto por lo que pasó ayer, pero me sentiría más tranquilo si veo con mis propios ojos que está recuperada. Sentí un miedo desconocido. Miedo a que ese tipo le hiciera daño con sus juegos.
La angustia por no ver lo que estaba pasando me hizo salir del coche y detenerme frente a la puerta del local, y fue entonces cuando lo vi metiéndole mano y la lengua. Debo reconocer que sentí morirme… y eso nunca me ha pasado con una chica que no sea Claire.
Bajo de mi coche y cruzo por un paso de cebras cercano. Son casi las siete de la tarde. Espero que esté despierta. Tal vez tendría que haberla avisado. No. Quiero que sea una sorpresa, que se quede sin habla al verme. La puerta del bloque está abierta, lo cual me evita llamar por el portero.
Suerte que no es un piso con muchas plantas. Sonrío. Me estoy volviendo un flojo. Subo hasta la segunda planta y me detengo frente a la puerta. Pego con los nudillos. No veo timbre por ningún lado. Espero unos instantes que se me hacen eternos… y la puerta sigue sin abrirse.
Frunzo el ceño. Vuelvo a pegar, esta vez más fuerte. ¿Y si le ha pasado algo? Niego en silencio. Puede que simplemente esté en el servicio o que, como pensaba, esté durmiendo… o tal vez es que no quiere hablar conmigo. Suspiro con resignación. En qué líos nos metemos. Sé que ayer no le dirigí la palabra durante la operación, y puede que esté molesta por ello.
-¡Jill! ¡Abre, por favor! –grito con toda la fuerza de la que soy capaz.
Y entonces, la puerta se abre lentamente, y me quedo boquiabierto. Jill lleva un pijama verde de manga larga con unos dibujos de unas nubes y un sol. Su aspecto denota que tiene una resaca de cuidado. Pero lo que más me llama la atención es que lleva una pequeña bolsa de hielo en la cabeza. Voy a decirle algo, pero ella se me adelanta.
-¿Es que una chica no puede tener algo de intimidad? –comenta con un tono entre cansado y bromista. No sé si tomármelo como que tiene ganas de verme o que me largue.
Yo sonrío y espero su reacción. Se apoya contra la pared y me mira con ojos cansados. Parece que no soy el único que ha dormido poco. Espero que me invite a entrar, pero no lo hace. Tengo la sensación de que no soy demasiado bien recibido. Pero no pienso irme de allí hasta aclararlo todo. Además, me gustaría felicitarla personalmente por lo bien que lo hizo anoche.
-Estoy segura que no has venido aquí sólo para verme con una bolsa de hielo en la cabeza –vuelve a bromear pero sin alterar su tono de voz. No sé qué decirle. No sé de qué humor está. Me mira con cansancio -. Vamos, no quiero que todo el vecindario se entere.
Sonrío de nuevo ante su comentario y entro en su apartamento con cierto titubeo. Oigo la puerta cerrarse a mi espalda mientras camino con lentitud hacia el sofá que está casi al fondo del pequeño salón. Es la primera vez que entro, y se nota su toque. Cortinas azules, manteles azules… Cualquier diría que no es su color favorito. Jill me adelanta y se sienta en el sofá echándose la cabeza hacia atrás con la bolsa aún en la mano.
-¿Cómo te encuentras? -le pregunto preocupado mientras me siento a su lado. No me mira al principio. Sigue con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados. Debe ser una resaca de mil demonios.
-Las he pasado mejores… -responde incorporándose un poco. Yo asiento en silencio. Me encantaría poder abrazarla, dejar que descanse en mis brazos -. Al menos todo esto me ha servido para no pensar mucho en ese hijo de puta…
Sé que se refiere a Brandon Holmes, el tipo al que arrestamos anoche. Miembros del R.P.D. han estado interrogándolo toda la noche, y por lo que he oído, al final consiguió derrumbarse y confesó haber abusado de todas las jóvenes que ya sabíamos. Está en prisión preventiva hasta que se celebre el juicio.
-Te alegrará saber que ha cantado como un jilguero –le cuento intentando ser amistoso. Quiero que todo vuelva a la normalidad. Espero que ella ponga de mi parte. Me sostiene la mirada unos segundos y sonríe antes de volver a dejarse caer en el sofá.
-Me alegro. Deberían matarlo. Tipos como él sobran –comenta muy seria quitándose la bolsa de la cabeza. La observa con pena. Ya no queda más hielo -. ¿Podrías traerme otra del congelador, por favor?
Me levanto y camino hacia su cocina. Es bonita. Me gusta su diseño, y tiene vistas a un parque infantil. Abro el congelador y saco una pequeña bolsa de hielo. Vuelvo a la sala de estar y se la entrego. Nuestros dedos se tocan unos segundos, y noto un calambre. Hacía tiempo que no experimentaba esa agradable sensación.
-Gracias –me dice cogiéndolo y poniéndolo en la sien izquierda -. Me ha dicho el médico que esto aliviará un poco el dolor.
-¿Has tomado algo?
-Sí, dos paracetamol, pero no me hacen ningún efecto –se echa hacia atrás y vuelve a cerrar los ojos… y sonríe -. Dios, ni tiempo que no tenía una resaca como ésta, y eso que tampoco bebí tanto.
-Bueno, si consideramos que te tragaste un Vodska Martini y un poco de Whisky del tirón… No lo veo tan improbable –opino con un tono de voz que procuro que no suene demasiado acusador. Jill vuelve a sonreír y me mira.
-¿Y lo bien que me quedé después de darle esa torta? Eso fue épico.
-Y que lo digas… Aunque debes reconocer que te pasaste un poco con la bebida.
-Ay, Chris, es lo único que podía hacerme olvidar… que ese cabrón me había puesto las manos encima. ¡Y me besó! ¡Me metió la lengua! –exclama con un gesto de asco, como si tuviera ganas de vomitar.
La comprendo perfectamente. Ese imbécil lo único que buscaba era aprovecharse de ella cuando fuera lo suficiente vulnerable. Como en la cárcel no va a estar en ningún sitio. Allí va a saber lo que de verdad es sufrir y pasar penurias. Se lo merece después de haber hecho sufrir a varias mujeres… y especialmente a Jill.
Le pongo una mano en la rodilla y se la acaricio con dulzura. Me mira con cansancio, pero sé que me agradece el gesto. No sé, tal vez debería dejarla descansar. Ahora sé que se encuentra más o menos bien, y puedo irme tranquilo. Jill apoya la cabeza en mi hombro, y nos quedamos así cerca de un minuto hasta que se aparta.
-Lo hiciste genial anoche –le comento notando lo cerca que estamos el uno del otro. Puedo notar el calor que transmite su cuerpo y su olor a colonia. Jill me sonríe cambiando la bolsa de sien.
-Gracias, Chris. No habría podido hacerlo sin vosotros.
Me mira esta vez con sinceridad. A la mierda el enfado. Creo que es imposible estar enfadado con ella cuando se muestra tan tierna. Pero necesito saberlo. No quiero quedarme con la duda… y mi corazón sin latir.
-Oye, Jill, ¿puedo preguntarte algo? Bueno, varias cosas –rectifico al darse cuenta de que quiero entrar en detalles de lo que pasó anoche. Jill me sostiene la mirada y cierra los ojos.
-Espero pasar la prueba del polígrafo, señor Redfield.
Yo río sin poder evitarlo. Me sorprende cómo es capaz de bromar a pesar de no encontrarse en óptimas condiciones. Me pongo un poco más serio, decidiendo por dónde puedo empezar. Hay algunas cosas que quiero saber: si le costó trabajo mostrarse cariñosa con nuestro objetivo, qué pensó cuando se lanzó, por qué dijo eso de las mujeres violadas, por qué recurrió a la bebida como válvula de escape… y la más importante… con quién estaba cuando la llamé por la tarde.
-No voy a ser muy duro –bromeo intentando sonar divertido. Jill medio sonríe mientras hace una mueca de dolor al retirarse la bolsa. El hielo ya se ha acabado. Espero que no vuelva a hacerme ir a por más. Guarda silencio a la espera de que hable. Vale, vamos bien -. Bueno, mi primera pregunta… Aunque no lo creas, estuve observando y, por supuesto, escuchando todo lo que pasó en el local… Y me sorprendió lo receptiva que te mostraste con ese… dejémoslo ahí… Lo digo porque me confesaste hace poco que iba a costarte trabajo mostrarte natural… Ya sabes… Por lo del anuncio…
Jill me mira con los ojos como platos. Seguro que no se esperaba ni mucho menos la pregunta. Bueno, la he pillado en fuera de juego. No sé si interpretarlo como un signo bueno o malo. Guarda silencio unos segundos más, y yo me impaciento. Se lo está pensando, y mucho.
-Han cambiado muchas cosas últimamente –me confiesa poniendo un brazo sobre el respaldo del sofá -. Lo creas o no, nuestra “preparación” está cambiando mi forma de ver ciertas cosas.
-¿A qué te refieres? –pregunto esta vez siendo yo el sorprendido. Estoy muy intrigado.
-Todo estaba aquí –y se señala la cabeza con una mueca de dolor -. Me faltaba confianza en mí misma… porque nunca me he probado. Siempre me decía no, yo soy incapaz de hacer esto y aquello. Pero mi asesor me ha hecho valorarme más, y sé que si no lo intento, nunca podré saber el resultado.
Sus palabras vuelven a dejarme de piedra de nuevo. He detectado cierto doble sentido en las palabras finales, y creo que sé por dónde van. Pero no, ahora mismo eso es lo menos importante. No puedo dejarme llevar tan fácilmente por mis sentimientos y pensar más con la cabeza y en lo que es mejor para todos.
-Entonces para ti esto fue como una especie de prueba de fuego… -comento pensativo y rascándome la barbilla. Jill asiente lentamente sin apartarme la mirada.
-Y creo que pasé el corte con nota –bromea como sin darle importancia. Yo sonrío y asiento -. ¿Sabes? Fue muy curioso, porque los hombres siempre han acudido a mí sin tener que hacer absolutamente nada… Bueno, aunque éste tampoco tardó mucho…
-Pues a mí no me extraña tanto… -murmuro en voz alta sin darme cuenta. No sé si me habrá escuchado, pero por su expresión deduzco que sí. Sólo me ha faltado decir que a mí me produce el mismo efecto. Guardamos un incómodo silencio que se prolonga demasiado para mi gusto. Carraspeo y decido romper el silencio -. Pues yo siempre te he considerado una chica muy segura de sí misma.
Su gesto se vuelve un poco más serio, como si hubiera recordado algo que no le hiciera especial gracia. Espero pacientemente su respuesta. Jill se lleva una mano a la cabeza y se rasca la sien derecha distraídamente.
-En el plano laboral no tengo ningún problema… Es en el personal…
Su voz, aunque no es borde, tiene cierto aire cortante. Vaya, es un terreno peligroso. Será mejor que, de momento, no profundice mucho en él. Debo cambiar de rumbo inmediatamente. Lo presiento.
-Sé que lo hiciste porque era parte del plan… pero, ¿qué se te pasó por la cabeza cuando… te besó?
Su expresión se ensombrece aún más. Creo que la situación va empeorando por momentos. Mierda, la estoy liando con cada palabra que digo. Voy a disculparme de inmediato, pero Jill se me adelanta.
-En que iba a morir del asco –me confiesa con seriedad, aunque creo ver en sus ojos cierto destello de humor -. Me hizo… recordar cosas del pasado.
-¿Algo relacionado con lo mencionaste cuando le diste la torta?
Su expresión se vuelve fría de repente… y yo me arrepiento de haber soltado eso sin más. Le pongo una mano en el hombro a modo de disculpa. Lo estuve pensando mucho, y llegué a la conclusión de que Jill fue, de alguna manera, víctima de un violador o que presenció un acto de ese calibre. Noto su cuerpo tenso. Retiro la mano de inmediato, pero la agarra y me la aprieta sobre su rodilla.
Nos quedamos así, y yo no sé qué decir. Me siento genial, sí, de que me muestre tanto cariño y tanta confianza. Necesita apoyo. Le he hecho recordar algo que no quería o que le desagrada, y me siento mal por ello.
-En otro momento, Chris… -susurra sin soltarme la mano. Entiendo que se refiere a que me lo contará tarde o temprano. Yo asiento lentamente. La respeto. Es su decisión, y yo estaré para escucharla siempre que me lo pida.
Suspiro. Cómo me gustaría que pudiéramos hablar de cualquier cosa sin miedo, sin que nos lleve a pensar qué dirá la otra persona cuando le cuenta tal cosa. La confianza se muestra con actos, no con palabras. Siempre lo he dicho, y creo que esta vez no es una excepción tampoco.
-¿Por qué te pusiste a beber como una loca? –le pregunto de repente. Mi tono no es molesto, pero sí un poco dolido. Si la hubiéramos dejado, habría arrasado con más de una copa posiblemente. Esta vez es Jill la que suspira. Se queda pensativa, y entonces contesta.
-Chris… no quiero que me juzgues mal… -se calla. Traga saliva -. No es que tuviera problemas con la bebida, pero acudía a ella cada vez que las cosas no salían bien… Un regalito de mi querido ex…
-¿Empezaste a beber por él?
Mi cabeza vuelve a trabajar a gran velocidad. Dios, hay tantas cosas que me gustaría saber y darle respuesta… Jill se lleva las manos a la cabeza y niega en silencio varias veces.
-Más adelante, ¿de acuerdo? –su voz viene cargada de promesas. Yo asiento. Estoy seguro de que algún día conseguirá abrirme su corazón y contarme todo lo que ha pasado. Hay muchos temas que ha evitado, y eso me llama la atención -. ¿Ha terminado con el interrogatorio, agente Redfield?
Sonrío. Me encanta la Jill bromista. Vuelvo a mirarla deseando besar esos labios apretados no sé si por la tensión o por el dolor de cabeza.
-Una más, señorita Valentine… -suspiro. Bien, vamos allá -. ¿Con quién estabas ayer?
Su reacción me pilla por sorpresa. Está furiosa. Sus labios apretados tiemblan, y su mano se retira de la mía. Vaya, hemos vuelto a tocar su fibra sensible. ¿Cuándo puedo acertar con esta mujer? Que yo sepa, no todas las mujeres son tan cerradas, aunque eso las hace más interesantes bajo mi punto de vista. Me encanta que se hagan las difíciles.
-¿Me estuviste espiando? –me espeta con una voz cargada de reproche y decepción. Niego inmediatamente en silencio al darme cuenta de mi error. Efectivamente ha dado la sensación de que la estaba vigilando. No es cierto… bueno… sólo tardé un poco más en colgar el teléfono.
-Cuando iba a cortar la llamada, oí la voz de un hombre, eso es todo –le confieso siendo sincero. Jill me escruta con la mirada… sé que no se lo ha tragado del todo, y espero que no me considere un acosador ni nada del estilo.
-Detecto cierto tonito celoso –dice Jill con una sonrisa maliciosa. Yo arqueo una ceja sorprendido. ¿Celos? Bueno, vale, un poco… -. Para tu información, fue pura casualidad. Decidí salir a tomar algo y me encontré con el muchacho de la tienda de enfrente. Es muy simpático. Así que me quedé con él hasta que recibí la llamada. Fin de la historia.
Asiento lentamente sin saber si sentirme más aliviado por saber la verdad o preocuparme por saber que se divierte más con otros hombres que conmigo. ¿Por qué no voy a creerla? Es mi amiga. Sé que, aunque me oculta cosas, son temas personales y delicados y que no quiere hablar de ellos de momento. En fin, todo el mundo tiene su tendón de Aquiles.
-Voy a marcharme ya –anuncio consultando mi reloj de pulsera. Son más de la ocho. ¡Llevo más de una hora allí! ¡Cómo pasa el tiempo! -. No quiero molestarte más. Algunas tienen que trabajar mañana.
Sonrío burlonamente al pronunciar “algunas”. Mañana es mi día libre, así que esta noche puedo hacer lo que me apetezca. Seguro que ya se me ocurrirá algo. Jill me mira con tristeza. ¿Es mi imaginación o no quiere que me vaya? Me levanto del sofá ante la atenta mirada de Jill. Doy un paso, pero entonces ella me agarra de la mano. Me vuelvo. Su mirada ahora es de súplica.
-Chris…
-¿Jill?
-Bésame.
Me quedo boquiabierto. ¿Acaba de decir lo que creo que ha dicho? La sorpresa me impide reaccionar. Mi cuerpo empieza a temblar de emoción, y el calor sube a un ritmo alarmante. La boca se me seca. Lo estoy deseando, pero no me atrevo. Jill da unos pasos hacia mí. Se me agita la respiración. No, no debo hacerlo. Puedo pero no debo. Me lo repito varias veces hasta que no puedo más.
La cojo entre mis brazos y beso sus labios con pasión. Creo morir. Estoy completamente excitado. Jill me pasa los brazos por detrás del cuello y nuestras lenguas se buscan con desesperación. Paso mis brazos por su cintura y la atraigo aún más hacia mí. Nos tropezamos con el sofá y nos caemos en él sin apartarnos la mirada y sin dejar de besarnos.
Mi pene empieza a ponerse erecto, y estoy completamente seguro de que Jill lo nota a través de la tela de su pantalón, que no es muy gorda además. Cae encima de mí y nos apartamos lentamente. Durante unos segundos sólo se escuchan nuestras respiraciones. Esto es demasiado. Quiero más. La deseo. Pero mi conciencia me dice que ya he ido demasiado lejos.
Nuestras caras están apenas separadas por unos centímetros, pero no volvemos a besarnos a pesar de que sé que los dos lo deseamos. Puedo ver en sus ojos azules sus ganas de repetirlo.
-Suficiente… -susurra Jill antes de levantarse. Yo me incorporo poco después un poco aturdido y caliente. ¿Y qué hago ahora? Jill me observa detenidamente con una sonrisa -. La mejor medicina para el dolor de cabeza que me han dado nunca.
Sonrío un poco tenso. ¿Cómo hemos podido volver a caer? Me dije a mí mismo que no volvería a jugar de esta forma. Yo quiero más, ella también. ¿Qué va a ocurrir? Tengo que marcharme de allí antes de que la cosa se ponga peor.
-En fin, será mejor que me marche –me despido un poco nervioso. Jill me acompaña hasta la puerta. La veo un poco más animada. ¿Era esto lo que quería todo el tiempo? Abre la puerta y me giro en el quicio -. Luego seguimos hablando.
-Buenas noches, Chris.
Se despide con una amplia sonrisa. Yo empiezo a bajar la escalera casi de dos en dos. Mi erección se va controlando afortunadamente, pero mi deseo no. Llevaba tanto tiempo esperando volver a repetir ese beso… Salgo al exterior casi sin darme cuenta. El aire fresco me sienta de maravilla.
Camino hacia mi coche con mi cabeza sin parar de procesar información. Sólo hay una cosa que tengo clara: nuestra atracción es mutua.
Tráiler estatuas de Anticolat
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Cursed » 19 Feb 2016 23:04

Es una especie de Resident Evil versión instituto. Interesante.

Un apunte: "Río mientras quito la música del móvil." De aquella no había móviles. O al menos la gente corriente no solía tenerlos. Mucho menos con música.

Sigue así =D>

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¿Lloraré yo cuando no haya más normas por quebrantar?

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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 26 Feb 2016 11:35

¡Buenas! Creo recordar que en el primer capítulo comenté que iba a actualizarlo todo un poco para que la historia tuviera un poco más de sentido; el detalle siempre lo he tenido en cuenta. Sin más rodeos os dejo un nuevo capítulo para que lo disfrutéis.

19.


Me miro al espejo una vez más. Estoy hecha un flan. Es el gran día. Vamos a hacer la prueba, y si todo sale bien, vamos a seguir adelante. Trago saliva con dificultad. Temo que vuelva a pasar algo parecido a lo que ocurrió en mi apartamento hace unos días, cuando dejé que mis impulsos se interpusieran a mi razón. Chris y yo no hemos hablado de ello. Hemos decidido actuar como si nada hubiera ocurrido.
A pesar de que es un día bastante frío tengo mucho calor. La espera me tiene en puro deseo. Rodar un anuncio para una marca de preservativos con un chico cañón no es algo que se hace todos los días. Mi vestimenta se compone de un sujetador de encaje verde y unas braguitas bastante ajustadas del mismo color. Lo bueno es que mi trasero no se ve demasiado.
Al parecer, la vestimenta ha sido elegida por Chris, y eso me sorprende mucho. De hecho, a mí me han preguntado que cómo me gustaría que mi pareja me recibiera para grabar. No sabía qué decir. La vergüenza me comía al principio. Pero al final elegí unos boxers negros y una pajarita en el cuello. Siempre ha sido mi sueño acostarme con un hombre que vaya vestido así. Hoy, en parte, va a hacerse realidad, porque evidentemente, todo lo que pase aquí no va a ser más que unas cuantas insinuaciones, caricias, risas…
Las suficientes para dejarte cachonda una semana o más… Algo habrá que hacer al respecto.
Suspiro. ¿Y a quién voy a acudir para saciarme? Desde luego que mi primera opción es Chris, pero no voy a pedírselo. Es mi mejor amigo, y por mucho que lo desee, no voy a estropear mi relación con él por un desliz. Espero que se me ocurra algo para compensar la excitación que vamos a sentir mientras estemos grabando.
Ya se me están poniendo los vellos de punta. Mi corazón empieza a latir con fuerza. Me miro en el espejo. Me sienta genial el conjunto. Estoy segura de que Chris lo ha elegido a propósito. Ya tuvo la oportunidad de experimentar con mi cuerpo en el hotel cuando me dio el masaje. El recuerdo me enciende aún más todavía. Cojo un abanico del tocador y me doy un poco aire.
Creo que podría freír unos huevos con mis mejillas si me lo propusiera. Cierro los ojos, cojo aire por la nariz y lo expulso por la boca. Repito la operación un par de veces más y abro los ojos. Estoy sola en el camerino que han dispuesto para mí. Chris tiene el suyo propio, aunque no sé en qué lugar. No es que el sitio sea demasiado grande, pero estoy segura de que lo han colocado lejos de mí.
El jefe de dirección es un tipo muy amable. Se llama Jake Griffin, y al parecer lleva más de diez años grabando todos los anuncios que salen en la televisión de Durex. Debe ser una tarea muy difícil contenerse al ver que dos personas arden en deseos delante de sus ojos. Yo, personalmente, creo que no podría aguantarlo. Necesitaría echar todos los días un polvo para quitarme el calentón.
Me han dejado unos minutos para que me concentre y me prepare. Vuelvo a observarme. Me gusta que la maquilladora no se haya excedido demasiado con el maquillaje de la cara. No estoy tan blanca como a diario pero tampoco parece que voy de boda. Cojo el albornoz del respaldo de la silla y me lo coloco. Abrocho el cinturón y me quedo de pie apoyando las manos en la silla.
Por una parte, estoy deseando empezar. Quiero probarme ante una situación completamente desconocida. El productor nos ha asegurado que nos lo vamos a pasar muy bien, y que nos servirá para conocernos mejor a nosotros mismos en la intimidad. Puede que tenga razón. Soy muy tímida, y tal vez esto me empuje un poco a descubrir todos mis encantos.
Wesker nos dejó a Chris y a mí salir un poco antes de la comisaría, a eso de las tres y cuarto. A las cuatro teníamos que estar en un estudio situado a las afueras de Raccoon City, y como no sabíamos exactamente la ubicación, podríamos incluso perdernos. Afortunadamente, y gracias a las indicaciones de Joel Malcom, lo encontramos al instante.
Chris y yo no hemos venido juntos. Lo hablamos, y decidimos que era lo mejor para no caer en las tentaciones. Cuánto me gustaría poder ir un poco más lejos. Chris no sólo me atrae en lo físico. Es un hombre divertido, inteligente y que me comprende aunque a veces no hay quien lo entienda. Cosas de hombres…
Ya estuve con uno a base de sexo durante mucho tiempo… y me di cuenta de que si seguía así iba a acabar loca porque sé que él quería algo más. ¿Y yo? Lo cierto es que no. No me atraía como hombre, sólo en el plano sexual.
Y eso es exactamente lo que temo que pase con Chris. Si mantengo con él una relación de solo sexo, ¿cómo acabará todo al final? ¿Seguiremos siendo amigos? ¿Podremos volver a mirarnos a la cara del mismo modo? No pienso pasar por eso. Nos haría mucho daño a los dos, y eso es lo último que quiero.
El problema es que yo quiero algo más que eso, y me frustra no conseguirlo. Tengo miedo al rechazo, al fracaso, al sufrimiento por mis experiencias anteriores. Creo que lo mejor será que me olvide de él en ese sentido si nunca voy a aspirar a ser algo más que su compañera de armas.
Pegan a la puerta. Me sobresalto.
-Adelante –contesto con la voz un poco temblorosa.
La puerta se abre y por ella aparece uno de los encargados de producción. No recuerdo su nombre, pero creo que era algo así como Rob o Bob. Me levanto de la silla un poco nerviosa y doy unos pasos hacia él.
-Señorita Valentine, todo estará preparado para empezar –anuncia con una sonrisa. Yo asiento y salgo por la puerta.
Le sigo por unos pasillos que, aunque no son demasiado largos, están llenos de puertas por todos lados. Estoy muy inquieta. No sé cómo va a acabar esto. Camino distraídamente hasta que llegamos a una amplia sala bastante iluminada por unos focos situados en diferentes puntos.
Unos cuantos técnicos están en uno de los laterales inspeccionando una estructura y discutiendo sobre la colocación de otro elemento que no tengo ni idea de lo que es. Y entonces, me fijo en el decorado. Hay una pequeña piscina llena de agua, y a su lado una cama. También hay un recipiente con fresas y unos cuantos geles de diferente color.
Ahora que lo veo sé que son geles de sabores. Puede que incluso haya alguno de frío o calor. Me empieza a temblar todo. Es el momento de la verdad. No puedo echarme atrás. Veo que Chris está hablando con el guionista. Le está explicando algo relacionado con la cama.
Levantan la cabeza y me ven. Sonríen. Yo no puedo devolverles el gesto. Me acerco lentamente hasta situarme cerca de ellos. Chris lleva una bata parecida a la mía, sólo que la suya es roja y la mía rosa.
-Bienvenida, señorita Valentine –me saluda amistosamente Mike, el guionista -. Estaba comentándole al señor Redfield lo que me gustaría que hicieran… ¿Ha leído el guion?
-Sí –asiento lentamente -. Estoy preparada.
Mike sonríe ampliamente y se aleja dejándonos a mí y a Chris solos. Todo esto es realmente excitante. Creo que Barry va a tener razón al final. Más tarde puede que no sea tan buena idea habernos calentado tanto. No es tan difícil lo que hay que hacer, pero vamos a terminar muy cachondos.
Chris me mira sonriendo. Puedo sentir que él también está un poco nervioso. Suspiro mientras veo a los dirigentes tomar posiciones. Chris me pone una mano en el hombro.
-Lo haremos bien –dice intentando sonar convencido. No me salen las palabras.
Me alejo hasta situarme en mi posición, justo a la salida de la piscina. No debo quitarme el albornoz todavía. Escucho un chapoteo en el agua, y sé que Chris se ha metido dentro. Los nervios vuelven de nuevo. ¿Por qué es todo esto tan morboso? Me estoy poniendo a cien.
Los directores discuten en voz baja. Uno de los cámaras se sitúa a mi lado, y desde allí empieza a enfocar la piscina. Miro de reojo. Veo que Chris lleva la pajarita. Me sonrojo. Esto es demasiado. El cámara avanza un poco hacia la derecha y coge otro plano. Sin estar del todo satisfecho, se va hacia el otro lateral de la piscina. Niego en silencio.
-El plano frontal es el mejor –opina dirigiéndose a sus jefes. Uno de ellos asiente.
-Venga, pues podemos empezar –anuncia. Yo trago saliva con dificultad -. Señor Redfield, apoye los brazos sobre el borde y cierre los ojos unos segundos. Cuando los abra, la señorita Valentine dejará caer el albornoz con sutileza… Adelante.
Chris y yo intercambiamos una rápida mirada antes de que cierre los ojos. Lo observo. Qué guapo está. Me entran ganas de entrar a mí también en la piscina quitarle de un tirón la pajarita. Pasados unos segundos, Chris abre los ojos y yo me desabrocho con lentitud el albornoz y lo dejo caer a mis pies. Chris me mira con deseo y lujuria. Mal empezamos.
Oigo cuchichear a los dirigentes, pero no me giro. Sólo tengo ojos para mi compañero. No quiero volver a ponerme el albornoz. El calor empieza a ser bastante bochornoso. Por sus tonos deduzco que hay algo que no les ha gustado. Pero ya estoy concienciada: vamos a tener que repetir esto varias veces.
-No está mal –nos anima uno de los que está sentado en las sillas de dirección -, pero nos gustaría profundizar un poco más –me miran -. Señorita Valentine, cuando deje caer el albornoz, mire hacia atrás e insinuándose.
Asiento lentamente antes de volver a coger el albornoz. Abrocho el cinturón y me coloco de nuevo en mi posición. Chris cierra los ojos, y cuando los abre, dejo caer el albornoz con un poco más delicadeza y miro hacia atrás con una sonrisa pícara. No sé si eso es exactamente lo que busca, pero tal vez funcione.
Veo a Chris muy incómodo. Cómo me divierte esto. Al final va a resultar que me va a gustar y todo. Aparto la mirada sin quererlo y la dirijo hacia los directores, a los que veo asentir en silencio. Vale, vamos por el buen camino. Si consideran que parece creíble, pasaremos a la siguiente fase.
Quién me iba a decir a mí hace unos meses que iba a estar en Raccoon City, ¡trabajando para la policía ni más ni menos! Jugando a baloncesto y rodando un anuncio para Durex… mucha información para procesar en tan poco tiempo. Durante unos segundos nadie dice nada.
-Eso está mejor –comenta un hombre con bigote -. Se va acercando más a lo que buscamos… Vamos a repetirlo un par de veces más, y si nos sigue gustando lo dejamos como está.
Vuelvo a dejar mi albornoz un par de veces, y en la última, al girar la cara, guiño un ojo. Chris parpadea varias veces y sonríe divertido. Sus ojos arden en deseo. No quiero ni imaginar su cuerpo. Y yo, aparte de divertirme, me estoy excitando a niveles alarmantes. Todo es tan… erótico. Me encanta ver cómo un hombre disfruta con mi sensualidad.
El director principal eleva el pulgar indicándole que le ha gustado. Decido dejarlo para la toma definitiva. Ahora estamos yendo por partes, y aún es pronto para llegar a las partes más complicadas. El siguiente paso, si mal no recuerdo, es que tengo que caminar hacia la cama y Chris me sigue.
Uno de los guionistas se acerca a mí.
-Señorita Valentine, ahora tiene que caminar hacia la cama. Contonéese un poco hasta llegar –me explica indicándome con las manos. Ahora mira a Chris -. Señor Redfield, en cuanto la señorita Valentine llegue a la altura de la cama, salga de la piscina como si estuviera hambriento y desesperado.
Yo sonrío ampliamente. No creo que le cueste mucho trabajo. El guionista se aleja hasta volver a su posición mientras veo al cámara hacer unos comprobaciones de plano. Se mueve de un lado a otro, y decide quedarse en el lateral izquierdo. Me hace una seña para que avance, y lo hago.
Me muevo con elegancia, contoneando las caderas suavemente hasta llegar a la altura de la cama. Entonces, escucho movimiento en el agua y dos segundos después tengo a Chris a mi lado. Está jadeando y mojado de hombros para abajo. La pajarita le queda genial… y qué decir de sus boxers. Se le marca absolutamente todo… y lo que veo… me encanta.
Chris me observa unos segundos mientras su respiración vuelve más o menos a la normalidad. Sus ojos arden de deseo. ¿Y si por un día me dejo llevar? Hace tiempo que no echo un polvo, y seguro que mi cuerpo hoy me lo pide. Como dice el dicho, una vez al año no hace daño… salvo que se trata de mi compañero de trabajo. Descarto la idea con desilusión.
-Voy a explotar si esto sigue así… -murmura con una voz muy sensual.
Yo me acerco un poco más mientras veo que un par de colaboradores limpian la zona que ha mojado Chris. Puede ser muy peligroso. Si se resbala y se cae puede partirse algo, y no creo que al capitán le haga mucha gracia. A mí tampoco, por supuesto. Me dolería en el alma.
-Al final me va a gustar y todo… -susurro cerca de su oído. Él sonríe tímidamente, y no se me pasa inadvertido que deja más tiempo su mirada en mis pechos y mi trasero.
Sí, admíralo bien… que yo haré lo mismo con tu cosa…
Me dan ganas de reír, pero me contengo. Veo que comprueban que todo está seco y en perfecto estado y nos piden con un gesto que lo hagamos otra vez. Camino con un poquito más de lentitud esta vez desplegando todos mis encantos. Llego a la cama y escucho el chapoteo del agua.
Chris me salpica un poco al llegar a mi lado, y me agarra de la cintura como si se hubiera resbalado. Pero sé que lo ha hecho a propósito. Su sonrisa pícara me lo dice. El director se levanta de su asiento.
-¿Todo bien? –pregunta un tanto preocupado. Chris asiente lentamente sin apartar sus manos -. Vale, me gusta cómo está quedando. Vamos a hacerlo un par de veces más desde otra toma y pasamos a la siguiente.
Pero las repeticiones con la cámara desde otra perspectiva no les convencen, y deciden dejarlo como las dos primeras veces. Bueno, ahora la cosa va a ponerse más interesante. Ahora Chris tiene que agarrarme y tirarme a la cama. Mientras yo me doy la vuelta, él tiene que coger la cesta de fresas y el gel.
Le hacen una seña a Chris para que se acerque y se quite la ropa mojada. No le va a hacer falta de momento. Le ponen una toalla para que no se le pueda ver nada y yo sonrío. No voy a asustarme… pero una parte de mí se muere por estar allí. Le retiran la toalla pasados unos segundos y se acerca a mí sonriendo.
-Te debo una –murmuro entre dientes cuando se pone a mi lado. Él sigue sonriendo.
-No lo creo… Yo soy la que debería castigarte por provocarme de esta manera –responde con una voz cargada de deseo. Decido no seguirle el juego. Bastante feas se van a poner las cosas me parece a mí.
El director nos hace una seña. Chris corre hacia mí y me empuja hacia la cama. Y me da un escalofrío. Puedo notar su miembro completamente erecto sobre mi nalga. Me empieza a entrar el calor de nuevo. Nunca en mi vida he estado tan excitada. Chris se aparta de mí y va hacia la mesa. Yo me doy la vuelta y me quedo abierta de piernas.
Veo a Chris tirar el gel sobre la colcha y sentarme a mi lado con la cesta de fresas. Paramos. Nos miramos. Lo besaría ahora mismo, y me perdería entre las sábanas si me lo propusiera. Nunca llegué a pensar que esto iba a gustarme tanto. En su cara también lo veo.
-Genial –comenta el director -. Hagámoslo un par de veces más.
Cojo la bandeja que Chris tiene en las manos y el gel y lo pongo sobre la mesita de noche. Veo al cámara cambiar de plano. Se coloca a nuestra derecha. Esperamos a que nos haga la señal y entonces Chris vuelve a agarrarme por la cintura. Su erección me roza el trasero. El calor llega a extremos límites.
Chris vuelve a la mesita de noche y vuelve a tirar el gel. Se sienta con la bandeja a mi lado y volvemos a parar. Nuestras respiraciones jadeantes se cruzan. Chris se pone tenso de pronto, y sale corriendo por la puerta. Uno de los directores se levanta y abandona la sala.
Me quedo un poco sorprendida. ¿Qué le habrá pasado? Pero tardo sólo dos segundos en entenderlo.
Se ha corrido…
Me queda sentada en la cama esperando. Bueno, creo que entraba dentro de lo previsible. Un tío suele aguantar menos, y lo que estamos haciendo tampoco es que ayude a controlar. Yo tengo todos mis sentidos más que activados. Pasado más de un minuto Chris vuelve a entrar.
Lo miro, pero no consigo descifrar nada. Trota los últimos metros hasta llegar a mi lado y se sienta.
-¿Gajes del oficio? –susurro sin poder evitar sonreír. Él me mira divertido.
-No aguantaba más… Qué a gusto me he quedado.
-Bueno, vamos con la última parte –nos interrumpe el director alzando un poco la voz -. Señor Redfield, con la bandeja en la mano, póngale una fresa en la boca a la señorita Valentine –me mira -. Muérdala cerrando los ojos, saboreándole. Luego, quítele la cesta de las manos, y tírelo contra la cama. Coja el gel… y actúen cómo lo haría una pareja.
Trago saliva. Bueno, vamos a ver qué tal se me da. Ya hice una muestra durante la operación con el violador… Esto no va a ser peor ni mucho menos. Cojo aire y lo suelto. Venga, puedo hacerlo. Nos miramos. Chris asiente. Coge una fresa y la pone en mi boca. Le doy un mordisco y cierro los ojos. La muerdo. Está deliciosa.
Abro los ojos y le arranco literalmente la cesta de la mano a Chris. Lo echo sobre la cama y cojo el gel. Paso la punta por todo su torso desnudo con una sonrisa. Él cierra los ojos y se mueve al notar el contacto del gel. Lo tiro al suelo y me pongo sobre él. Le acaricio el rostro y él me pasa las manos por la espalda. Me deja a su lado y me acaricia también con una sonrisa.
-¡Corten! –grita el director mientras siento que no puedo apartar los ojos de Chris. Nuestras respiraciones vuelven a unirse -. Excelente trabajo, chicos. Creo que va a quedar genial. Vamos a tomarnos un descanso.
Chris se aparta de mi lado y se incorpora tendiéndome una mano. Me incorporo con tanta fuerza que me choco contra su cuerpo… y algo más. Vuelve a estar tan activo como antes por lo que puedo comprobar. Me separo lentamente y me acerco a coger el albornoz.
Me abrocho el cinturón y vuelvo junto a Chris, que se está poniendo el suyo. Veo que el director se acerca a nosotros con una amplia sonrisa. Parece que le estamos dejando bastante contento.
-¿Podemos hablar? –yo asiento, y Chris también -. ¿Qué tal les está pareciendo la experiencia?
Yo me quedo pensativa. ¿Estimulante? ¿Excitante? ¿Novedosa? Creo que soy incapaz de decidirme. No creo que pueda elegir uno solo. Son tantas emociones la que he sentido…
-Reveladora –contesta Chris pensativo. Me mira. Me ha pasado la pelota con descaro.
-Algo… novedoso… -digo un tanto dubitativa. Sí, quizá sea lo que mejor lo defina.
El director nos sonríe ampliamente mientras nos da unas palmadas en los hombros y nos pasa los brazos sobre ellos mientras hablamos.
-Este anuncio va a ser una gran campaña para la empresa –reconoce con orgullo en su voz -. Creo que hemos elegido a los candidatos perfectos. El público estará encantado… Ahora –nos suelta -, a descansar un poco.
Chris y yo caminamos hacia la salida en silencio. Miro hacia delante. Toda esta experiencia está siendo demasiado. Caminamos por un pasillo completamente desierto, con las puertas cerradas y sin ni un solo ruido. Le miro. Me sostiene la mirada y de repente me coge y me estampa contra la pared.
Me pasa las manos por la cintura y me besa con pasión, con deseo. Yo cierro los ojos y me dejo llevar. También lo deseo. Todo este jueguecito me ha dejado muy caliente. Busco su lengua desesperadamente, y bajo las manos por su espalda mientras se pega un poco más a mí. Su erección me roza el ombligo… y me encanta.
De repente, se aparta. Nuestras respiraciones agitadas es lo único que se escucha. Le miro con ganas de más. Pero él se aleja negando constantemente con la cabeza, dejándome allí sin más. Echo la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, escuchando mi respiración. Esto no puede seguir así.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 04 Mar 2016 14:28

¿Qué tal estáis? Aquí os dejo un nuevo capítulo. Las cosas se van a poner interesantes.

20.


Paseo de un lado a otro del salón comprobando que todo esté en orden. Estoy muy nervioso. Mi corazón me dice que estoy haciendo lo correcto. Enciendo con mi mechero las velas que he colocado en la mesa y miro hacia la puerta con las pulsaciones a mil por hora.
Ha pasado algo más de una semana desde que grabé el anuncio para Durex, y lo cierto es que aún no he podido verlo. Al parecer, todavía no está listo para ser comercializado. Tienen que hacer unos retoques y conseguir unos permisos especiales. Tampoco me corre mucha bulla, aunque sí es cierto que mis compañeros no paran de preguntarme sobre él.
Si no pueden conmigo bombardean a Jill, y la verdad es que los dos estamos un poco cansados del tema. Tampoco es algo que me quite el sueño, aunque sí es cierto que siento curiosidad por ver el resultado final. Malcom nos pasó un breve adelanto ayer, y lo cierto es que no tiene mala pinta.
Me resulta un poco raro verme delante de las cámaras. Los S.T.A.R.S. no estamos acostumbrados a ellas aunque sí es cierto que muy de vez en cuando nos entrevista la televisión local en el caso de que hayamos intervenido en algún suceso. Es todo tan extraño...
Tal y como nos habían dicho, recibimos un tanto por cierto al principio de la grabación, y lo restante al final. Mi cuenta de ahorros ha engordado considerablemente en los últimos días, y ahora no sé qué hacer con tanto dinero. Lo más sensato sería dejarlo ahorrado en el caso de que lo necesite de verdad. No me considero una persona que despilfarra el dinero por gusto.
Miro a la puerta de forma distraída y luego consulto mi reloj. Ya tendría que estar aquí Amanda. Es una policía del departamento de homicidios, y nos conocemos casi desde que llegué a Raccoon. Es cierto que sentí cierta atracción por ella casi desde que la vi, y creo que a ella le pasa más o menos lo mismo.
Hemos salido algunas veces de copas y alguna que otra vez hemos coincidido en el gimnasio y en la cafetería. La he invitado a cenar a casa. Quiero darle una oportunidad. Quiero reconducir mi vida de una forma diferente a la de ahora... y creo que ella es la mujer adecuada para eso.
Quiero pasar página, empezar una nueva vida y dejar de lado algunas de las cosas que me estaban llevando por el mal camino últimamente. La actitud del capitán con Jill y con conmigo parece haber cambiado un poco desde la grabación del anuncio. No sé cómo explicarlo. Es como si pensara que eso nos ha descentrado un poco del trabajo.
Sí es cierto que más de una vez ha tenido que mandar a callar a alguien por estar preguntándonos a mí y a Jill cosas relativas al anuncio, pero, ¿y qué esperaba? Es la novedad, somos ahora el centro de atención. Se dirige a nosotros de una manera un tanto más cortante y distante.
¿Y qué decir de Jill? Bueno... eso es otra historia. Es como si hubiéramos puesto una barrera de por medio que sólo parece levantarse un poco en los entrenamientos, cuando gracias al deporte y al buen ánimo del equipo conseguimos olvidarnos un poco de todo este asunto.
Sin embargo, sí es cierto que en las últimas semanas no hemos estado como siempre. Barry ya me había advertido que podría haber consecuencias si continuaba por ahí. No he tenido mucho tiempo de hablar con él. Sólo sabe trazos que le voy contando en momentos que vamos teniendo libres.
No sé si Jill habrá hablado con él y si lo ha hecho, lo que le habrá contado. Sí es cierto que aún no le contado nada de lo de esta noche. Ya habrá tiempo... Suena el timbre. Voy corriendo hacia el espejo y me pongo bien el pelo. Me remango los puños de la camisa celeste y cojo aire.
Cojo el pomo de la puerta con algo de nerviosismo y abro la puerta. No puedo evitar quedarme boquiabierto al observar a la despampanante mujer que está allí. Amanda lleva un vestido rojo que le llega más o menos a la altura de las rodillas y unos tacones que la hacen casi tan alta como yo.
No sé qué perfume lleva, pero huele de maravilla. Ella me sonríe ampliamente y yo le cojo una mano para besarla. Le doy una vuelta completa sin dejar de admirarla. Está espectacular. Uno de los mejores partidos que uno puede encontrar.
-Estás preciosa -le susurro al oído mientras cojo su bolso. Amanda ríe mientras dejo su bolso colgado en un perchero junto a la puerta.
-Tú no estás nada mal tampoco -responde mientras me coloco a su espalda y le quito el abrigo con lentitud. Me acerco a su oído y le pongo el pelo detrás de la oreja. Le doy un suave beso detrás de la oreja y me aparto un poco para ver su reacción.
Me mira con ojos deseosos... un deseo provocado por mi juego. Cuelgo el abrigo junto a su bolso y sonrío ampliamente. Me encanta complacer a las mujeres, sobre todo a las que me gustan o me caen bien.
-Vamos a comer algo. Estoy hambriento. ¿Tú no?
-Mucho.
Vuelvo a sonreír al oír su respuesta y la cojo de las manos. Su tacto es tan suave que no me cansaría nunca de tocarlas. La conduzco hacia su silla y la dejo sentarse. Cojo una botella de vino y el sacacorchos. Introduzco la punta en el corcho y lo enrosco.
-Ahí va -anuncio en el momento en el que el tapón sale despedido. Amanda emite un débil gritito de sorpresa al verlo volar.
Cojo la copa y la coloco delante de su plato antes de tomar asiento al otro lado de la mesa. No pudo evitar dejar de sonreír. Presiento que va a ser una noche maravillosa. Me quito la chaqueta y la dejo colgada en el respaldo de mi silla. Veo que Amanda observa detenidamente todo lo que hay en la mesa con una sonrisa de satisfacción.
No soy un gran cocinero. He tenido que buscar por Internet recetas fáciles y que no llevaran demasiado tiempo elaborar. La cocinera en la familia es Claire, no yo. Decidí hacer un pollo al horno acompañado de unas patatas asadas cortadas en rodajas con una salsa un poco picante, parecida a la barbacoa, pero que no recuerdo el nombre ahora mismo.
Tengo otras cosas en la cabeza. Cojo el vaso de vino y lo lleno hasta arriba. Le doy un pequeño sorbo sin apartar la mirada de mi compañera. Creo que no me he equivocado lo más mínimo. Es realmente guapa... aunque un poco tímida. Eso me gusta.
-Gracias por la cena, Chris. Eres muy agradable -dice Amanda rompiendo el silencio mientras se aparta un poco de patatas en su plato.
Dejo mi copa en la mesa sin quitar la sonrisa. Quiero cogerle la mano... pero está demasiado lejos. Me estoy empezando a poner nervioso, y no sé por qué. Tal vez no estoy seguro... o temo que me rechace.
No... si quisiera rechazarte no habría aceptado la invitación. Así que ya puedes quitarte los pajaritos de la cabeza.
-No ha sido ninguna molestia -respondo haciendo un gesto con la mano para restarle importancia. Y es verdad. No me ha importado estar toda la tarde hecho un manojo de nervios con tal de conseguir lo que quiero -. Espero que todo lo que haya te guste... Tampoco sabía muy bien dónde elegir...
-Es perfecto, Chris.
La forma en la que pronuncia mi nombre... Me pone los vellos de punta... y lo que no son los vellos. Cierro los ojos unos segundos para tranquilizarme y vuelvo a abrirlos. Entonces, veo que Amanda se levanta de su silla y se acerca a mí. Mi gesto de sorpresa debe delatarme, porque se ríe con gracia.
Se sienta en mis rodillas pasándome los brazos por los hombros y con una sonrisa pícara. Vaya, vaya... Así que la tímida se está soltando. Ahora que lo pienso... creo que me gusta más esta faceta. Paso mis brazos por sus caderas y acercamos nuestros rostros hasta que casi puedo sentir su aliento.
-Me gustas mucho, Chris... -me susurra al oído al mismo tiempo que juega con mi lóbulo izquierdo. Cómo me gusta eso. Me están entrando escalofríos por todos lados.
-Lo sé... Por eso estamos aquí...
Y sin más, acerco mis labios a los suyos y nos besamos. Nuestras lenguas se encuentran al instante y juegan durante unos instantes mientras acerco mi mano derecha hasta su trasero. Y vaya culo... Mi amigo y yo nos estamos animando muy rápido. Amanda se aparta un poco y me besa por el cuello.
Cierro los ojos. ¿Esto es lo que realmente quiero? ¿Es esta la vida que quiero empezar a pesar de que tenga que sacrificar algunos peones? Me aparto y miro a Amanda. Definitivamente, sí. Vuelvo a besarla con pasión durante unos instantes más y me aparto.
-¿Te gustaría empezar algo serio? -le pregunto sin rodeos. Amanda se queda mirándome unos instantes jugando con su pelo. Su sonrisa no ha desaparecido lo más mínimo. Me gusta verla sonreír.
-Contigo, todo lo que quieras.
Detecto en su tono cierto doble sentido. Vaya, sí que me he equivocado con las apariencias. Lo cierto es que tampoco la conozco demasiado para juzgar. Pero bueno, para eso están las parejas. Para conocerse y comprobar que son compatibles en todos los aspectos.
Le acaricio el rostro con dulzura sin dejar de sonreír. Estoy convencido de que esto saldrá adelante. Voy a hacer todo lo posible por no arruinar una relación que puede ser muy duradera. Debo dejar atrás todas mis salidas y mis escarceos en el trabajo para centrarme en lo que más me importa: mi hermana, mi trabajo y mi relación con Amanda.
Jill ha pasado a la historia.
-Oye, ¿podemos pasar al postre? -murmura Amanda con un tono de voz sensual y cargado de erotismo.
La leche. Mi amigo está tan tieso que es imposible decir que no. Además, yo también estoy deseando probarte, pequeña. Sonrío travieso mientras Amanda se levanta echándose el vestido hacia abajo. De pronto, lleva su mano hacia mi paquete y lo masajea con brío.
-Vaya, y yo que pensaba que iba a necesitar un poco de trabajo... -comenta al comprobar mi erección. Cierro los ojos y gimo de placer. A este ritmo no voy a aguantar mucho.
-Vamos... - murmuro conduciéndola hacia mi habitación.
Una buena forma de empezar una relación.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 10 Mar 2016 23:11

¡Hola a todos! ¿Qué tal estáis? Fiel a mi cita os dejo un capítulo más. La cosa promete...

21.


Creo que por primera vez en mi vida llego con bastante antelación a algo. Aún no he visto ninguno de los coches de mis compañeros, aunque tampoco es de extrañar. Aún falta más de media hora para que empiece nuestro turno mañanero. Bajo de mi coche con lentitud y me dirijo hacia la parte trasera para coger mi maletín.
Lo cierto es que no dormí demasiado bien la pasada noche. Me desvelé en numerosas ocasiones sin motivo aparente y me costó coger el sueño. A pesar de todo no me encuentro demasiado cansada. El cansancio es todo físico. Quedan sólo tres días para nuestro próximo partido en Portland, un largo viaje en el que no me apetece nada embarcarme. Demasiadas horas en avión.
Estamos mejorando mucho a nivel colectivo. Cada vez nos entendemos mejor, y eso se traduce en la intensidad defensiva y las jugadas de ataques que estamos creando para miembros concretos del equipo. No podemos decepcionar a los casi cien mil aficionados que han venido a apoyarnos en los dos últimos partidos.
He podido notar el gran cariño que nos tiene el pueblo no sólo por la labor que realizamos, sino por haber desviado su atención en una competición que hasta hace poco más de dos meses ni siquiera existía y que está generando una gran expectación allá por donde voy.
No paran de pedirme autógrafos, de querer hacerse fotos conmigo... y lo cierto es que a veces es un agobio. No soy la única a la que le está afectando todo esto. Chris es otro de los grandes afectados. Y qué revolución se ha creado tras la emisión del dichoso anuncio...
Niego en silencio mientras cierro el maletero. No pudo ir peor. Decidieron dejar que los aficionados acudieran a vernos entrenar al estadio, y en la pantalla de los marcadores fueron proyectando vídeos, imágenes, estadísticas de todo tipo sobre el equipo.
Y en una de esas colaron nuestro morboso anuncio. Nadie se dio cuenta hasta que escuchamos al público silbar y gritar. Recuerdo que Barry me dio un codazo señalándome la pantalla y cómo me quedé petrificada al verme allí en actitud muy cariñosa con Chris.
Debí encenderme hasta límites insospechados. Incluso todos mis compañeros pararon para ver qué era exactamente lo que estaba pasando. Pude ver por el rabillo del ojo cómo algunos hacían comentarios y reían en silencio. Suerte que cuando terminó el capitán nos mandó inmediatamente a continuar con el entrenamiento.
Recuerdo que Chris y yo compartimos una breve mirada y lo vi encogerse de hombros, como quien no quiere la cosa. Lo cierto es que nadie esperaba esto, y nos ha pillado a todos por sorpresa. Aún así... creo que lo peor ya ha pasado. De pronto, oigo un coche acercarse a mi posición.
Distingo casi de inmediato un coche negro que identifico como el del capitán. Es tan hermético como la propia personalidad del capitán. Todos los miembros del equipo nos preguntamos en más de una ocasión qué estará pensando. Pasa junto a mí y aparca a unos cuatro o cinco aparcamientos del mío.
Activo el mecanismo de cierre del coche en el momento en el que el del capitán se para. Decido esperar para saludar. No creo que quede demasiado bien irse sabiendo que ha pasado por mi lado. Doy unos pasos tímidos hacia la parte trasera del vehículo del capitán mientras la puerta delantera se abre.
-Buenos días, capitán Wesker -saludo intentando sonar amistosa y amable. Por muy cansada que me encuentre debo mostrar mi mejor cara.
Wesker se gira con cara de sorpresa. Vaya, sin duda no me esperaba tan temprano. Siempre acostumbro a llegar de las últimas.
-Vaya, Jill, no te esperaba tan temprano -responde cerrando la puerta de su vehículo. Yo sonrío. Qué cabrón. Ni siquiera me mira a la cara, aunque sea a través de sus gafas de sol.
-Ya... bueno... pensé que aquí sería más útil.
Cierto. Estamos a un paso de descubrir la identidad del grupo al que llevamos siguiendo estos meses atrás. Hoy puede que consigamos avanzar algo más. El único que no estará será Joseph, que tiene el día libre, pero le hemos prometido avisarlo en el caso de que la situación lo requiera.
Wesker sonríe ampliamente al oír mi comentario. Entonces, esta vez parece que me mira directamente. Trago saliva con dificultad. Resulta tan intimidante como el primer día. El capitán consulta su reloj de pulsera y avanza unos pasos, pero entonces se detiene.
-Oye... -se gira y vuelve a mirarme. Frunzo el ceño. No me gusta nada el tono en el que lo ha dicho -. Suerte que Chris y tú no sois tan buenos actores como agentes.
Me quedo unos instantes en silencio asimilando lo que ha dicho. Ha sido una manera un poco sutil de decir que actuamos de puta pena. ¿Y qué esperaba? Somos polis, no actores. Demasiado bien lo hicimos a mi parecer. Lo cierto es que no he tenido tiempo de hablarlo con nadie ni he escuchado comentarios al respecto salvo los silbidos y los gritos del público del día anterior en el pabellón.
-Espero que esto no interfiera en el trabajo -me suelta con un tono un poco más seco. ¿A qué viene eso? ¿Se pensará que voy a tirarme a Chris todas las noches? Está claro que no -. Eres más sensata que Chris. Espero que lo entiendas.
Y se larga sin más. No entiendo absolutamente nada. Esa manera de hablar parece más incriminatoria que otra cosa. ¿Y por qué? ¿Sabrá algo de los momentos que hemos compartido Chris y yo? Han sido breves pero intensos, y lo cierto es que me parece que se huele algo.
Niego en silencio antes de dirigir mis pasos hacia el vestuario para cambiarme. Tal vez debería esperar a que el capitán termine primero. Sí, iré al servicio primero y ya luego me pasaré por mi taquilla para entrar en faena.
Los pasillos de la comisaría están bastante desiertos a esa hora de la mañana. Todos los polis están ya currando o tomándose un café matutino. Veo a un par de compañeros del R.P.D. charlando junto a una máquina expendedora. Sólo los conozco de vista.
Noto cómo se me quedan mirando mientras camino hacia el pasillo que me conducirá hacia los lavabos. Que miren. Quizás se les gasten los ojos de tanto mirarme. Sonrío pícaramente mientras abro la puerta que conduce al pasillo donde están los servicios del ala este de la comisaría.
Mira que llevo algún tiempo aquí, pero aún no he terminado a acostumbrarme. Ni creo que lo haga nunca. Abro la puerta de los lavabos comprobando que no hay nadie. Bien. No hay ninguna pava retocándose el maquillaje o contando cotilleos a otras.
Estoy empezando a descubrir en primera persona esa teoría de que los servicios sirven para ponerse al día de todo. Camino hacia la parte del fondo, donde están los espejos y los grifos. Nadie puede verme. Estoy tapada por las cabinas de los váters. Me observo en el espejo.
Las palabras de Wesker me han dejado un poco preocupada. No consigo captar del todo su significado. Lo que sí está claro es que no pienso hacer nada que arriesgue mi puesto. Me ha costado mucho llegar hasta aquí, y pienso quedarme aquí hasta el día que me retire.
Me gusta mi trabajo. Me siento como una más del equipo, y la ciudad está encantada con nuestra labor. Raccoon, a pesar de ser una ciudad pequeña, tiene muchos lugares y sitios que visitar. Me retoco un poco el pelo con las manos en el momento en el que la puerta se abre.
Me quedo en silencio al oír unas voces femeninas charlar animadamente. Me quedo quieta apoyando las manos en el lavabo y agudizando mi oído. No asomo la cabeza por si acaso. Sus voces no me suenan de nada. Hay tantos departamentos que es imposible conocer a todo el personal.
-Estos zapatos me están matando -comenta una voz algo aguda. Oigo el ruido de una cremallera y el de unos tacones al ser quitados.
-Vamos, chica, tampoco son tan altos. Si vieras algunos de mis modelitos...
Algunas ríen y escucho un par de puertas abrirse y cerrarse. Apoyo las manos en el lavabo con todos mis sentidos alerta. No sé por qué, pero me siento como una espía que está intentando recabar información sobre algo.
-Melinda -creo que pertenece al departamento de delitos infantiles -, ¿qué pasó al final con Robert?
-¿Ése? Mucho músculo y poco cerebro.
La mayoría de las que están allí ríen cuando una de ellas emite un grito que me asusta. Leches. Me llevo una mano al pecho. Miro hacia atrás. No me han visto. ¿Qué ha pasado?
-No me he acordado contaros... ¿A qué no sabéis con quién está saliendo Amanda, la del departamento de homicidios?
-¿Con quién? ¿Con quién?
-¡Con Chris Redfield!
Me agarro aún con más fuerza al lavabo. ¿Cómo? ¿Cuándo ha sido eso? Creo que me he perdido. Oigo alguna que otra exclamación de sorpresa, pero nadie comenta nada. Aprieto los puños con fuerza y frunzo el ceño. Maldita sea. ¿Por qué no lo he sabido?
-¿Pero Chris no estaba saliendo con la otra S.T.A.R.S.? ¿Cómo se llamaba?
-Jill.
-Eso... Qué extraño... Juraría que estaban juntos.
Me quedo boquiabierta. Espera un segundo. ¿Pensaban que estábamos liados? Me pongo las manos en la boca para que no se escuche mi suave risa. La imaginación a veces no tiene límites. Pero lo que me pregunto es qué les ha llevado a pensar eso. ¿El anuncio? A saber.
-Yo que queréis que os diga -comenta una que está saliendo del retrete porque estoy escuchando la puerta abrirse -. Yo también lo había pensado. En el anuncio se les veía muy acaramelados. Y si accedieron es por algo, ¿no?
-¡Ay, chica! Si es por dinero y retozarme con un chico guapo hago lo que sea falta.
Todas ríen a la vez. Cierro los ojos. Tengo sentimientos contradictorios. Me alegra que haya encontrado alguien, pero por otra parte, eso significará que nuestra relación será un poco más distante. Y lo cierto es que no quiero eso. Chris se ha convertido en uno de mis mejores amigos.
-Por lo visto pasaron la noche juntos en casa de él -comenta de nuevo la que inició el cotilleo. Parpadeo varias veces. ¿Y yo sin enterarme absolutamente de nada? No lo entiendo -. Me lo contó anoche por Whatsapp mientras él dormía. Por lo visto... hubo tema.
Hay un murmullo general que se apaga pasados unos segundos. Lo cierto es que no me siento sorprendida. Conozco lo suficiente a Chris para saber que es un ligón nato. Niego en silencio. Me siento muy decepcionada. Si es cierto que nuestra relación últimamente estaba un poco estancada, pero pensaba que me metía más en cuenta...
-Pues Amanda ha triunfado. Seguro que ella le saca más partido que otras.
Ríen con gracia, pero yo tuerzo el gesto. ¿Lo estaban diciendo por mí y lo del anuncio? Desde luego que no tiene ninguna gracia. Aunque me siento atraída por Chris jamás haría nada que pudiera poner en riesgo nuestra relación y nuestro trabajo. Cojo mi bolso.
Bien. Vamos a jugar un poquito.
Me miro una vez más en el espejo y camino hacia fuera. Me las encuentro de frente. Algunas de ellas incluso se quedan boquiabiertas. Sí, perras, estaba aquí escuchándolo todo. Veo que incluso alguna otra se sonroja. Se lo merecen por cotillear sin miramientos.
-Buenos días -saludo con una amplia sonrisa antes de salir por la puerta. Las caras que se les ha quedado ha sido todo un poema.
Camino con rapidez por el pasillo sintiendo una punzada en el corazón. Creo que Barry tenía razón. Al final acabaríamos haciéndonos daño el uno al otro.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 18 Mar 2016 14:04

¿Qué tal estáis? Aquí os dejo un nuevo capítulo. Gracias a todos por el apoyo.

22.


Me bajo de mi coche con una sensación un tanto... diferente. Veo que ya han llegado casi todos. Necesito hablar con Barry. Quiero hablar del asunto con él primero. Tal vez pueda darme consejos y su opinión al respecto. Echo un rápido vistazo a los coches de mis compañeros y veo el de Barry. Bien. Quizá pueda pillarlo antes de empezar nuestro turno.
Paso junto al coche de Jill. Jill... qué tema más complicado. ¿Cómo va a ser nuestra relación ahora? Abro la puerta que me lleva al interior de la comisaría. No he tenido demasiado tiempo para pensar. Me quedé como un tronco después de hacer el amor un par de veces con Amanda.
Lo cierto es que debería estar tranquilo... Pero es todo lo contrario. Me cruzo con un par de agentes del R.P.D. que salen de la armería y les saludo levemente con la cabeza. Me detengo frente a la puerta de nuestros vestuarios, rezando porque no haya nadie en el interior.
Lo primero que veo es una cabellera roja que identifico como la de Barry. Está atándose los cordones de sus botas sin prestarme demasiada atención aún. Bueno, mejor eso que encontrarme con el capitán o con Brad.
-¿Cómo va eso, Barry? -lo saludo amistosamente mientras camino hacia mi taquilla. Mi compañero levanta la cabeza y me sonríe ampliamente.
-Intentando encontrar la puñetera manera de que los cordones aguanten lo suficiente para no tener que estar pendiente de ellos cada dos por tres.
Emito una carcajada mientras abro la puerta de mi taquilla. Cojo mi uniforme perfectamente doblado, aunque he de reconocer que le pedí a Joseph que me ayudara. Soy un poco desastre para mantener la ropa sin demasiadas arrugas. Dejo la camiseta y los pantalones en el banco de mi lado y cierro la puerta con algo de trabajo.
Maldita sea. Los de mantenimiento no nos hacen ni puto caso. Ya hemos dicho varias veces que nos arreglen las puertas de las taquillas porque cuesta un trabajo horrible cerrarlas. Creo que incluso Forest comentó que tenía que darle una patada a la suya para poder encajarla.
Me quito la camiseta de calle mientras Barry se levanta de su banco y me observa con los brazos cruzados.
-Normal que tengas a todas las chicas detrás... -comenta en el momento en el que me pongo la camiseta de trabajo. Me río mientras niego en silencio con la cabeza.
-Parece ser que mi cuerpo es lo único que les interesa últimamente... -comento quitándome el cinturón de mi pantalón vaquero. Me lo quito casi de un tirón y cojo el que tengo para trabajar.
-Quizá puedas hacer algo para cambiarlo -responde Barry mirándome con el cejo fruncido. Guardo silencio mientras me subo los pantalones, pensando qué hacer.
Barry es mi mejor amigo. Debería contarle algo.
Lo pienso unos segundos más mientras me ajusto el cinturón. Me siento en el banco y cojo mis botas hecho un completo lío. Quizá él pueda ayudarme un poco y darme consejo. Tiene mucha más experiencia que yo, por no decir que lleva casado bastantes años y que tiene dos niñas pequeñas.
-Bueno... tal vez ya haya actuado -le suelto casi sin pensarlo. Me concentro en los cordones de mis botas. No me atrevo a levantar la mirada.
Escucho unos pasos que se acercan a mi posición. Termino de atarme la bota derecha en el momento en el que Barry se sienta a mi lado.
-¿A qué te refieres? -me pregunto con cierta curiosidad.
Levanto un poco la mirada dirigiendo mi atención hacia la puerta. No quiero que nadie de nuestro entorno oiga esto... de momento. Miro a Barry con un suspiro. Él me sostiene la mirada.
-Le he pedido salir a alguien...
La cara de Barry cambia de un estado de incertidumbre a miedo total. Estoy completamente seguro de lo que está pensando. Se lleva las manos a la cabeza mientras intento que las palabras que me salgan.
-No, no... tranquilo -intento tranquilizarlo bajando un poco el tono de voz. Alguno de nuestros compañeros podría llegar en cualquier momento -. He empezado a salir con Amanda Forest, del departamento de homicidios.
Barry me escruta con la mirada mientras se rasca la perilla distraídamente. Por su gesto creo que no le ha parecido demasiada buena idea. No sé, yo creo que puede ser el comienzo de algo muy bueno. Quién sabe...
-¿De qué la conoces? -me pregunta con el gesto bastante serio.
-En realidad... poco -me encojo de hombros intentando quitarle importancia -. Sólo sé que desde que la vi me gustó. No encontraba la oportunidad de hablar con ella.
Barry se levanta de su asiento y pasea de un lado a otro sin dirigirme la mirada y negando en silencio constantemente con la cabeza. Me mira... abre la boca, pero no dice nada. Es mi mejor amigo, y sé que se preocupa mucho por mí.
-¿Lo haces para olvidar?
Su pregunta me pilla completamente por sorpresa. ¿Para olvidar el qué? ¿O quién? ¿De Jill? No, ni hablar.
-Barry -le digo casi sin alterarme -, quiero empezar una vida nueva. Quiero centrarme algo más en el trabajo... y en normalizar mi vida personal.
-¿Tú? -Barry me mira escéptico -. De cualquiera me lo creería... pero de ti...
Me pone una mano en el hombro y me mira como cualquier padre lo haría con su hijo cuando va a contarle algo muy importante. En cierto modo, Barry es como si fuera mi padre y mi hermano. Tengo la misma confianza en él que mi hermana... y últimamente estaba teniendo también mucha confianza con Jill, pero...
-Chris, cuando os vi a ti y a Jill por primera vez... La primera vez que os visteis... Sentí la misma sensación que el día que conocí a Kate... Una atracción a primera vista... -guarda silencio unos segundos antes de darme unas palmadas en el hombro -. Pero ya sabes lo que dicen... No hay que mezclar el amor con el trabajo... Lo único que quiero es que no te hagan daño.
-Lo sé, Barry... Valoro mucho vuestra amistad, tanto la tuya como la de Jill, es sólo que... -guardo silencio -. Es complicado.
-Te entiendo, Chris... Sólo espero que hayas tomado la decisión correcta...
En ese momento, la puerta que comunica con los vestuarios se abre... y por ella aparece Jill. Madre mía. Parece que la he invocado. Si llega a entrar diez segundos antes nos hubiera pillado de lleno. Barry me dirige una rápida mirada un tanto nervioso. Aún va vestida de calle. Qué raro. Juraría que ha llegado antes que nosotros.
-¿Qué tal, Jill? -la saluda Barry sonando totalmente sincero. Me encanta la facilidad que tiene para que no se noten sus emociones.
-Deseando que se acabe la tortura de Portland -responde llegando a su taquilla, que está dos o tres lugares a mi derecha. Sonrío al oír su comentario.
-Venga ya, teniéndote a ti ganamos seguro -bromeo dándole un pequeño codazo. Jill me sonríe... pero es una sonrisa tensa. La veo abrir su taquilla sin dirigirme aún la mirada. Vaya... está más seria de lo normal.
-Bueno, a veces se tiene un poco de suerte -comenta cogiendo su uniforme y cerrando la puerta de su taquilla. Entonces, nos mira alternativamente a mí y a mí a Barry -. Voy a cambiarme. No quiero hacer esperar al capitán.
Y esos recuerdos del anuncio vuelven a aparecer en mi mente. Cómo nos acariciamos, cómo jugábamos en la cama improvisada... Debo parar. Estoy en el trabajo. No es nada profesional pensar en esas cosas.
¿Acaso es la primera vez que lo haces?
-¿Te esperamos fuera? -le pregunta Barry con voz amistosa.
-No te preocupes. Ya os veré en el despacho -responde mientras camina hacia los servicios.
Barry me hace un gesto con la cabeza y nos dirigimos hacia la salida. Tras cerrar la puerta, no puedo dejar de darle vueltas a las palabras de Barry y a lo seria que estaba Jill esta mañana. Sé bastante bien que las mujeres tienen un sexto sentido para detectar cosas que nos pasan a los hombres y que intentamos ocultar a toda costa.
Es casi imposible que se haya enterado. Que yo sepa, no tiene ningún tipo de relación con Amanda. Es más, creo que ni siquiera han llegado a hablar. Pero no puedo quitarme de encima la sensación de que, de algún modo, sabe que una mujer ocupa mi corazón.
¿Y a ella que más le da? Somos compañeros de trabajo. Nuestra relación se limita básicamente a eso.
Pero es cierto que hemos pasado por cosas que dos amigos normales nunca han afrontado. Grabar el anuncio para Durex fue la punta del iceberg, y Barry ya me lo había advertido en repetidas ocasiones. Quizá debería contarle algo antes de que se entere por boca de otros... Y Claire. Si no me mata.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 25 Mar 2016 11:25

¡Hola a todos! ¿Qué tal lo lleváis? Aquí os dejo un nuevo capítulo. Gracias por el apoyo.


23.


Bajo de mi coche aparcado a pocos metros del bloque de apartamentos. Ya estamos en abril, y la subida de temperatura y la llegada del buen tiempo ha animado a los ciudadanos a pasar más tiempo en la calle. Eso sí, poca gente se atreve aún a ir en mangas cortas. Yo aún no me he quitado el uniforme de invierno, y la verdad es que tampoco me apetece.
Dirijo mis pasos hacia la tiendecita que hay en la acera de enfrente para comprar unas cosas. Lo cierto es que pienso pasar una tarde relajada. Ha sido una mañana bastante cargada de emociones, y lo único que me apetece es estar tranquila haciendo algo que me relaje.
Aún llevo el uniforme puesto. No el de combate, si no el de diario: una sudadera azul, una camiseta blanca y unos pantalones grises. He pensado poner una lavadora esta misma tarde, y quiero lavar el que llevo puesto. Tengo uno de recambio en la comisaría, así que no hay problema.
Miro de un lado a otro. No hay moros en la costa. Cruzo a buen paso la carretera hasta llegar al otro lado. Espero que esté Tom en la tienda, un chico muy majo que parece llevar el negocio. Casi siempre que he ido está atendiendo, y no sé si porque es el único que está allí.
Agarro el pomo y tiro de la puerta hacia fuera. Miro hacia el mostrador... y veo a Tom leyendo lo que parece ser un periódico. Levanta la cabeza y sonríe ampliamente al verme. Dobla el periódico y lo deja a un lado levantándose de su silla. A decir verdad, es bastante guapo.
-¡Hola, Jill! -me saluda amistosamente.
-¿Qué tal Tom? -le respondo intentando mostrar mi mejor cara. No estoy de muchos ánimos hoy.
-Un poco aburrido, la verdad -me mira el uniforme -. Seguro que tú has tenido un mejor día.
-¿Yo? -bromeo apoyándome en el mostrador -. La vida de poli a veces es bastante aburrida. Dedicas más tiempo a rellenar absurdos papeles y a atender asuntos sin demasiada importancia que haciendo cosas útiles. No me extraña que haya algunos con culos como tapas de cubos de basura.
Tom ríe al oír mi comentario. A decir verdad, tiene una sonrisa bastante bonita. Vaya, ahora que lo pienso, tengo hasta humor para bromear después de la ajetreada mañana... ¿Por qué será?
-Bueno, Jill, ¿en qué puedo ayudarte? -me pregunta Tom cuando vuelve a la calma. Yo ya incluso me había olvidado de por qué había ido allí. Estaba tan tranquila que ya ni me acordaba de las compras.
-Dame medio kilo de manzanas -respondo después de meditar unos segundos.
-Estás de suerte -comenta poniéndose unos guantes transparentes -. Nos han llegado esta mañana, así que serás de las primeras en probarlas.
Sonrío distraídamente pensando qué más tenía que llevarme. Tom coge la bolsa con las manzanas y las pone en un peso que hay a su derecha. Teclea algo en la pantalla y vuelve a mirarme.
-¿Algo más? -me pregunta sacándome de mis pensamientos. Me quedo unos segundos en silencio. Mierda. Sé que era algo más...
-Sí... -me rasco la barbilla distraída. Vale. Ya caigo -. Dos cartones de leche semidesnatada.
Tom camino por uno de los pasillos que hay tras el mostrador y se pone a mirar por los estantes hasta que lo veo estirar un brazo y coger dos cartones de leche. Los pone sobre el mostrador y vuelve a sonreírme. Vaya, parece que está sonriendo más de la cuenta. Me pregunto por qué.
-¿Alguna otra cosa? -vuelve a preguntarme acercándose un poco más a mí. Puedo oler su agradable fragancia a colonia y casi sentir su tacto. Me estoy poniendo un poco nerviosa. Pero es un nerviosismo... sexual.
-De momento... eso es todo -respondo intentando sonar divertida -. El interrogatorio ha terminado por ahora.
Tom y yo reímos sin poder evitarlo. Todas estas bromas me están haciendo olvidar la mala mañana que he tenido. Nos observamos durante unos instantes. Lo cierto es que tiene unos ojos azules preciosos y unos labios bastante sensuales. El silencio se prolonga más de la cuenta, pero no me importa. Estoy disfrutando de esta visión.
-¿Cuánto te debo? -digo rompiendo el silencio. Tom me mira unos segundos más casi sin pestañear. Conozco esa mirada dulce. Sólo la he visto en dos hombres: mi padre... y Chris. Puede ser terreno peligroso a fin de cuentas.
-Por ser tú... una cita.
-¿Una cita? -repito riendo. Espera. Espera. ¿He oído bien? El muchacho va a por nota sin duda. Al ver mi gesto, su cara se descompone por completo.
-Lo siento... -se disculpa de inmediato -. Sólo estaba bromeando.
Aunque en cierto modo no lo parece. Es un chico que me ha caído bien desde el primer momento. Además, es bastante interesante. Puedes hablar con él de cualquier cosa con naturalidad. Debo mantener la calma. Tengo que controlar la situación.
Pero la cuestión es: ¿quiero cruzar ese umbral? Debo hacer algo de inmediato. El silencio está prolongándose más de lo debido otra vez. Está siendo realmente incómodo para mí. Supongo que también para Tom.
-¿Por qué no? -comento casi sin pensarlo. Vaya, vuelve la Jill impulsiva de hace unos años. No sé si ése es el camino correcto.
-Tal vez me he precipitado -responde sin dejar de mirarme. Esa mirada... me está poniendo nerviosa... nerviosa en el buen sentido -. A tu novio no le gustará...
Río sin poder evitarlo. No sé lo que es tener una relación estable desde hace muchísimo. Concretamente... año y medio. Lo cierto es que desde que llegué a Raccoon City han pasado muchas cosas... y todas me han hecho cambiar la perspectiva de lo que puede ser mi nueva vida, la vida que quiero labrarme en esta nueva ciudad.
-Hace tiempo que no mantengo relaciones con hombres -respondo intentando quitarle hierro al asunto. Su gesto se relaja un poco... sólo un poco más -. Así que soy libre como un pájaro.
La sonrisa de Tom ahora parece más sincera, más relajada. Eso me gusta.
-Bueno... no sé... si te apetece... podríamos cenar esta noche -me propone con un tono de voz algo dudoso. Puedo notar lo nervioso que está... y me lo está contagiando en parte.
Aún recuerdo perfectamente la última cita que tuve... y cómo acabé liándome con Chris. Sin embargo, esta situación es muy diferente. Chris es mi amigo, mi compañero, y Tom es sólo un vecino simpático y bastante atractivo que sólo quiere pasar un buen rato en mi compañía.
-Claro -sonrío ampliamente. Vale, vamos a darle una oportunidad a ver qué tal es el muchacho -. Mañana tengo el día libre, así que no tengo prisa.
-Genial -exclama Tom muy contento. Desde luego que parece que se le ha abierto el cielo. Pobre. No parece muy acostumbrado a que le digan que sí -. ¿Te gusta el rissoto?
-¿Bromeas? ¡Es uno de mis platos favoritos!
-Pues estás de suerte, porque hago unos rissotos de muerte -me guiña un ojo y yo sonrío complacida. Qué fácil es encandilar a una mujer. Y encima si el hombre sabe cocinar... -. ¿Dónde prefieres cenar?
Medito unos instantes. No sé qué hacer. Lo que sí es cierto es que el chico parece muy interesado en mí. No voy a decirle que no. Además, me viene bien desconectar un poco. El capitán está planeando que nos infiltremos en la organización terrorista, y lo más posible es que sea en los próximos días.
Además, hoy tendría que estar de camino a Portland para disputar el cuarto partido, pero los S.T.A.R.S. de allí nos han pedido un par de días para resolver unos asuntos de suma importancia. Eso es bueno por una parte. Lo malo es que los nervios me van a durar un poco más.
Tom me mira esperando una respuesta. Me rasco la cabeza distraída. Es algo que suelo hacer cuando estoy meditando algo muy seriamente. Sonrío y le devuelvo la mirada. Al carajo. Una noche es una noche.
-Podemos cenar en mi casa si te apetece -propongo con bastante convicción -. ¿Te parece bien a las nueve?
-Genial -asiente ampliando aún más su sonrisa. Es tan simpático... -. Oye, ¿cuál es el número de tu piso?
-2ºB -respondo cargando con las bolsas -. Avísame cuando estés listo.
-Te veo luego, Jill.
Y se despide saludándome con la mano. Camino hacia la salida sin poder evitar sonreír. Me siento como una colegiala filtrando con un chico que le gusta. Demonios. ¿Qué estoy haciendo? Cambiar el rumbo de mi vida. Simplemente eso.

Está siendo una velada de lo más agradable. Me siento muy relajada y a gusto. ¿Por qué no decirlo? Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien. Tom está resultando ser un chico muy interesante, más incluso de lo que me esperaba. Y cómo cocina... ese rissoto estaba de muerte, uno de los mejores que he probado.
Estamos sentados en el sofá tomándonos unas copas. Son casi las once de la noche, pero no tengo ninguna prisa. Incluso el tiempo se me está pasando más rápido de la cuenta. Doy un sorbo a mi bebida mirando al frente. Me he puesto bastante arreglada a decir verdad. He elegido una camisa de botones verde y unos pantalones negros bastante ajustados. Me he puesto también los tacones que elegí para el día de mi presentación en la comisaría.
Qué recuerdos... y parece que ha pasado ya una eternidad desde entonces, y no hacen ni cuatro meses. Han pasado tantas cosas desde entonces... En cierto modo no puedo quejarme. El rumbo que ha tomado mi vida es el correcto. Ahora, en parte, no tengo que estar mirando por encima del hombro cada dos por tres en busca de algún agente secreto o policía que quiera echarme el guante. Esos días han quedado atrás... aunque haya tenido que pagar un alto precio.
Miro a Tom, que me observa con una mirada llena de gratitud y complicidad. No sabría muy bien explicarlo. Deja la copa sobre la mesa de madera que hay frente a nosotros y se echa un poco hacia atrás para tener una mejor visión de mí.
-¿Dónde naciste? -me pregunta de pronto. Lo cierto es que durante la comida hemos hablado, pero apenas hemos tocado temas relacionados con nuestra privacidad -. Por tu acento deduzco que debes ser del sur.
Sonrío ampliamente al oírlo. Sí que tiene buena intuición el muchacho.
-No te equivocas. New Orleans -Tom me mira sorprendido -. Mi padre es francés, y cuando se trasladó a Estados Unidos decidió buscar un lugar que más o menos se asemejara a su tierra... y como en New Orleans hay una amplia colonia francesa decidió empezar su nueva vida allí...
-Entonces sabes también hablar francés...
-Sí... -sonrío. Suerte que no me ha pedido que le diga algo en francés. Odio ser un mono de feria -. Mi padre siempre me hablaba en francés cuando era pequeña, y en colegio también nos enseñaron algo.
-¿Vivías con tu padre antes de mudarte a Raccoon?
-Sí -asiento antes de darle otro sorbo a mi bebida -. La verdad es que me costó adaptarme mucho las primeras semanas. Dejar mi casa, la ciudad en la que he vivido siempre, mi padre... no fue fácil.
-Te entiendo... -susurra poniéndome una mano en el hombro. ¿Por qué Chris no ha hecho esto conmigo más veces? -. Venir a una ciudad nueva, con gente a la que no conoces de nada... es muy duro. Al menos yo tuve a mi familia, que no es poco.
-¿Tienes hermanos?
Señala cuatro dedos con la mano con una amplia sonrisa.
-¿Tienes cuatro hermanos? -repito un tanto perpleja. Vaya, pues sí que son una familia numerosa.
-Soy el más pequeño de los cinco -comenta con un tono más serio -. Tengo tres hermanas y un hermano. A pesar de que somos muchos nos llevamos muy bien. Pero con quien mejor me llevo es con Ray.
-¿Vivís todos juntos?
Tom ríe al oírlo.
-Fue una locura cuando éramos pequeños -me cuenta cuando para de reír -. Ahora que somos adultos casi todos tienen su vida resuelta. Nacimos todos en Philadelphia. Brenda, mi hermana mayor, vive allí aún. Trabaja para una empresa de cosméticos.
-¿No tendrá nada que ver con Umbrella, verdad? -bromeo con un tono de voz que suena más serio de lo que parece. Tom ríe al oírme.
-Que va. Aunque en un futuro no me extraña que expandan su mercado.
-¿Y cómo sabes eso? -pregunto con el ceño fruncido.
Tom da un sorbo a su copa haciéndose el importante. Se acomoda un poco más en el sofá y me pone una mano en la rodilla. Puedo notar su tacto a través del tejido. Me pongo un poco alerta, no sé por qué.
-Estudio economía -comenta sin apartarme la mirada...y sin retirar la mano -. Y pienso que si Umbrella ha conseguido en poco más de diez años dar vida a esta ciudad... En un futuro va a querer expandir sus fronteras. Estoy seguro.
-He oído que más de la mitad de la población trabaja de alguna forma para ellos.
-Exacto -asiente Tom con energía -. De hecho, mi hermana Lara es la secretaria de uno de los peces gordos... aunque ahora no recuerdo su nombre. No me interesan demasiado.
Sonrío ampliamente. Desde luego que me cae bien este chico. Se acerca un poco más a mí, haciendo que nuestros cuerpos casi se tocan. Mis sentidos se ponen alerta de nuevo. No sé qué me pasa. Con lo relajada que estaba antes... y ahora estoy con el cuchillo entre los dientes.
-Hay algo que he querido preguntarte desde que te conocí... -me dice con un tono de curiosidad. La curiosidad mató al gato, no lo olvides. No digo nada, y él lo interpreta como que puede lanzar la pregunta -. ¿Por qué decidiste alistarte en los S.T.A.R.S.?
Tardo unos segundos en procesar la información. Ni mucho menos era esa la pregunta que me esperaba. Doy un trago a mi copa para evitar responder. Desde luego que la pregunta tiene su... trampa.
Si tú supieras...
No puedo contarle la verdad si no quiero que salga corriendo. Además, me pondría en un serio aprieto. Debo contarle algo que sea creíble... y que más o menos se asemeje a la realidad.
-Antes de venir a los S.T.A.R.S. estaba en la Delta Force -Tom arquea una ceja sorprendido. Ya no me sorprenden nada esas reacciones -. Allí me encargaba de desactivar bombas y vigilar la retaguardia. Mi trabajo no estaba nada mal... -titubeo un poco -, pero sentía que mi vida necesitaba un nuevo rumbo, y por eso decidí realizar el entrenamiento básico con los S.T.A.R.S.
-¿No te preocupa poner tu vida en peligro todos los días?
-Es un riesgo que tenemos que asumir -sonrío ampliamente. Ya estoy hecha a esa sensación de ¿y si no vuelvo más a casa?, y la verdad es que no me preocupa lo más mínimo -. Mi trabajo es ayudar y servir al pueblo, y hago todo lo posible para cumplirlo... aunque ello me suponga arriesgar mi vida.
Tom mira su reloj y suspira con resignación.
-Será mejor que me marche ya -comenta decepcionado. Su rostro y su voz detonan claramente que no quiere irse. Lo estamos pasando muy bien, y a mí este tiempo que he pasado con él se me ha pasado volando -. Mañana tengo clase temprano.
-Te acompaño hasta la puerta -comento poniéndome también en pie.
Tom coge su chaqueta de su silla pero no se la pone. La verdad es que va muy elegante: camisa blanca, pantalones vaqueros y unos zapatos negros. Nos detenemos frente a la puerta y giro las llaves para abrir. Abro la puerta y Tom cruza el umbral hasta quedar al otro lado.
Se da la vuelta y apoya una mano en el quicio. Me mira sin pestañear y con una pequeña sonrisa. Yo tampoco puedo dejar de mirarle. No decimos nada. Simplemente nos observamos. Nuestras miradas lo dicen todo.
-Me lo he pasado muy bien -digo con total sinceridad mientras Tom me acaricia el rostro con dulzura. Es una sensación realmente reconfortante.
-Yo también -comenta acercándose un poco más.
Puedo oler su agradable perfume y su loción para después del afeitado. Y antes de que me dé cuenta nuestros labios se buscan y se encuentran. Cierro los ojos. Nuestros labios sellados no hacen ningún ruido. Simplemente disfrutan del contacto. Pasados unos segundos siento que Tom se aparta. Abro los ojos, y lo primero que veo es su sonrisa.
-Mañana hablamos encanto. Que descanses -se despide cogiéndose una mano y dándome un beso.
-Buenas noches, Tom.
Y no puedo borrarme la sonrisa idiota de la cara mientras lo veo bajar las escaleras. Me quedo unos instantes con la puerta agarrada y lentamente entro y la voy cerrando dándole vueltas a la cabeza. Siento que puede ser el comienzo de algo. Es un chico diferente a otros que he conocido.
Me apoyo contra la puerta resoplando. ¿Éste es el cambio de vida que quiero?
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 01 Abr 2016 15:21

¡Hola a todos! Os dejo un nuevo capítulo. Espero que lo disfrutéis.


24.


Todo está en calma. No se mueve ni una rama. Observo la calle apoyado contra la ventana mientras Amanda prepara la cena. No recuerdo qué está haciendo, pero huele de maravilla. Ha llegado hace poco de trabajar, y decidimos quedar para cenar durante la comida en la comisaría, donde coincidimos unos momentos.
Lo cierto es que nuestra relación no va del todo mal. Vamos cogiendo confianza con el paso de los días, aunque lo cierto es que llevamos poco tiempo. Mi hermana no se lo ha tomado del todo mal, a decir verdad. Básicamente me dijo que si yo era feliz con ella que adelante, pero que no me precipitara ni hiciera daño a nadie.
No sé si eso último lo dijo con otro sentido, aunque no lo parece. Su tono de voz fue alegre durante toda la conversación telefónica que mantuvimos el día anterior, justo después de salir de la comisaría. En fin, espero que ella y Amanda se lleven bien; me quitaría un gran peso de encima.
Barry parece un poco más tranquilo desde la vez que tuvimos la conversación, pero sólo un poco. Creo que sigue pensando que no he tomado una buena decisión con Amanda. Y no lo entiendo, la verdad. No la conoce de nada, no sabe que me estoy sintiendo feliz con ella... aunque quizá sea pronto.
Pero sin duda el momento en el que peor lo pasé es cuando se lo conté a Jill mientras almorzábamos en la cafetería. Me sorprendió su reacción: cuando se lo conté, se rio... ¡y me dijo que ya lo sabía! Me quedé un rato dándole vueltas. ¿Cómo demonios se ha enterado?
Sin embargo, me agradeció que confiara en ella y que esperaba que fuera feliz... Aunque luego me dijo algo que no me gustó un pelo. Me advirtió que tuviera mucho cuidado, que lo poco que conocía de Amanda... no le gustaba. Básicamente me ha dicho lo mismo que mi hermana pero con un tono más... serio.
Supongo que como amiga busca lo mejor para mí... pero no sé, esperaba algo más de apoyo. Me aparto de la ventana y me acerco a la cocina, donde mi chica está moviendo algo en la sartén. Me acerco en silencio y la agarro por la cintura.
-¡Ah! -grita al verse sorprendida por mis brazos. La sartén se tambalea un poco, pero consigo agarrarla por el mango justo a tiempo -. ¡Casi echas a perder nuestra comida!
-Lo siento -me disculpo sin poder evitar sonreír -. Sólo quería comprobar cómo te desenvuelves en la cocina, señorita Forest.
Amanda me devuelve la sonrisa mientras me quita la sartén de las manos. Se acerca a un cazo que hay en la parte izquierda y mueve el contenido con una cuchara.
-Huele muy bien -comento acercándome un poco -. ¿Qué es?
-Es salsa de queso agridulce -responde levantando la cuchara -. Viene muy bien para las verduras que he hecho a la plancha...
-Vaya... -comento sin saber qué decir. No es que deteste las verduras, pero tampoco siento mucha predilección por ellas.
-Aún le queda un poco -dice bajando un poco el fuego -. Habrá que dejarlo unos cinco minutos más.
Deja la cuchara sobre un papel y me echa los brazos por los hombros. Adoro sus contactos. Me espabilan de inmediato. Nos observamos durante unos instantes y la beso. Cierro los ojos. Abro la boca y nuestras lenguas se encuentran. Juguetean durante unos instantes hasta que Amanda se aparta. Me mira con una sonrisa pícara.
-Creo que podemos aprovechar bien el tiempo antes de cenar... -me susurra al oído mientras me coge una mano. Cómo me gustan las mujeres picaronas.
Oculto:
Me lleva hasta el salón, concretamente hacia el sofá. Me empuja contra él mientras se va desabrochando la camisa que lleva. Observo con curiosidad el espectáculo. Mi corazón se acelera al ver cómo tira la camisa hacia un lado. Quiero tenerla en mis brazos. Necesito sentirla.
Agarro con fuerza los cojines que a mi lado conteniendo la respiración. Mi pene está ya más que erecto, preparado para entrar en acción. Amanda se quita el sujetador y le deja caer al suelo. No aguanto más. La agarro y la atraigo hacia mí mordisqueando y chupando uno de sus pezones.
Amanda gime de placer echando la cabeza hacia atrás. Lamo un pezón y otro sin bajar el ritmo. Estoy muy excitado. Me encanta que me pillen desprevenido. Ya estoy completamente empalmado, y no sé cuánto podré aguantar. Dejo de chuparle los pezones y me quito el cinturón de mi pantalón mientras Amanda hace lo propio con el suyo.
La atraigo hacia mí y le beso con dulzura mientras ella juega con mi pene. Me echo hacia atrás en el sofá. Cierro los ojos y gimo de placer mientras sus dedos suben y bajan. Entonces, noto cómo se introduce mi polla en su boca y la chupa.
-Sí... -murmuro poniendo las manos en su cabeza.
Amanda aumenta el ritmo de la felación para mi deleite. Qué gusto. Me estoy poniendo más que a tono. Amanda se aparta y se quita el tanga que lleva. Yo me bajo casi de un tirón los calzoncillos. La observo detenidamente. Es una auténtica belleza, una fiera de las buenas.
Amanda se monta encima de mí e introduce mi pene en su interior. Empieza a moverse con suavidad y va aumentando el ritmo de las penetraciones con el paso de los segundos. Uf. Qué gusto. Pongo las manos en su culo prieto y decido tomar la iniciativa. Aumento aún más el ritmo con penetraciones secas y fuertes.
Mi chica grita de placer. Doy unas sacudidas más seguidas sin apartar la mirada de mi excitada compañera. Cómo me gusta ver que una mujer disfruta de esa manera conmigo.
-Chris... -murmura entre los gritos con los dientes apretados.
Amanda se aferra a mí con fuerza, sin dejar de moverse a mi ritmo. Qué gozo. Noto que ya mismo estoy a punto de correrme. Pero aún puedo aguantar más. Amanda se echa un poco hacia atrás, y noto cómo mi polla se introduce aún más en su interior. Qué sensación tan... morbosa. Me encanta lo que veo.
Me parece oír un teléfono sonar, y entonces caigo en la cuenta de que está sonando una melodía que tengo programada sólo para llamadas prioritarias o del capitán Wesker. Casi doy un salto al darme cuenta de lo que eso significa: ha pasado algo importante.
-Debo cogerlo -digo con un tono de voz nervioso y dejando a Amanda con cara perpleja.
-¿Vas a dejarme así? -comenta bastante enfadada.
Cojo mi móvil y miro la pantalla. Es el capitán Wesker. No dudo un instante en responder.
-Chris al habla.
-Chris, he convocado al equipo para las doce -me cuenta sin alterar lo más mínimo su tono de voz. De pronto, Amanda me echa contra el sofá casi tirándome el móvil de la mano. Vuelve a ponerse encima y me sigue follando. La miro boquiabierto -. El jefe Irons nos ha dado vía libre para actuar. Forest ha encontrado lo que parece ser el cuartel desde donde dirigen todas las operaciones.
-¿Qué tipo de asalto va a realizarse? -pregunto sin estar demasiado concentrado. Le pongo la mano que tengo libre en la boca a Amanda para amortiguar el sonido de sus gemidos.
-El equipo Bravo realizará un reconocimiento. Nos proporcionarán una visión general de la distribución del lugar, de los miembros del grupo y de las posibles vías de escapes que puedan tener...
-¿Armamento pesado? -pregunto en el momento en el que Amanda se deja caer contra mi cuerpo.
-No, quiero que sea una operación limpia -responde el capitán con su habitual tono tranquilo. Es lo que todo el equipo admira más de él -. Entrar y salir sin ser vistos. Voy a avisar a Brad y a Jill. Te espero en la comisaría.
-Sí, capitán.
Cuelgo en el momento en el que yo me dejo ir. Mi respiración se vuelve algo más irregular mientras noto cómo el líquido sale de mi pene. Amanda me mira con una sonrisa pícara apartándose el pelo de la cara.
-Estás hecho un toro -comenta acariciándome el rostro. Yo no sonrío. Estoy pensando en la operación, en lo cerca que estamos de pillar a esos cabrones que nos han tenido dando palos de ciegos estos meses.
-Tengo que volver a la comisaría -comento mientras Amanda se levanta. Cojo un paquete de klínex y cojo uno para limpiarme.
-¿Y eso? -me pregunta mientras coge otro klínex para ella.
-Vamos a intervenir en una operación para pillar a un grupo al que llevamos varios meses siguiendo por tráfico de drogas y blanqueo de dinero.
-Vaya... -comenta con un tono de voz que parece sorprendido... aunque creo detectar que puede haber algo más.
Cuando termino de limpiarme cojo los calzoncillos y los pantalones para ponérmelos. Estoy más nervioso de lo que pensaba. Llevaba esperando esto demasiado tiempo. Es demasiado bueno para ser verdad.

Hace una noche realmente agradable. Aunque estoy en el interior de un local puedo notar que no hace demasiado frío. No hay mucha gente, y la verdad es que podemos mantener una conversación normal. Tom y yo hemos decidido ir a un pub que hay cerca de donde vivimos.
Nunca había estado aquí, y eso que he pasado por la puerta muchas veces. He decidido pedirme un Bacardi con Sprite, y Tom ha optado por un Ron con Coca-cola, un clásico que nunca falla. Tom me pasa el brazo por los hombros y se acerca un poco más a mí.
Mientras intentaba dormir anoche no paré de darle vueltas al asunto. Incluso recibí un mensaje suyo poco después de marcharse. Sólo quería agradecerme haber compartido con él esa cena y que era una chica maravillosa. Creo que tardé bastante en conseguir responderle. No sabía qué decirle.
Me había pillado completamente desprevenida, aunque claro, después de habernos dado un pico... qué iba a esperar. A mí me también me gustó. Para mí fue genial olvidarme de mi rutina diario con un chico encantador que es muy atento y que me muestra mucho aprecio.
Miro a Tom y le sonrío. Diablos. Tiene unos labios muy tentadores. En general no está nada mal. No sé cómo alguna no le ha echado la caña ya... aunque bueno, puede que yo lo esté haciendo. Tom me acaricia el rostro con una mano y me devuelve la sonrisa.
-¿Sabes? Estuve en el estadio viendo el último partido que jugasteis -comenta con un tono de voz amistoso. Me sorprendo. Menos mal que no hice mucho el ridículo... -. Aluciné con tu juego. ¿Desde cuándo sabes jugar así?
Me río. Desde luego que he sorprendido a todo el mundo. Tampoco es para menos. Nadie, ni siquiera yo, esperaba a estar a la altura y al nivel al que estoy rindiendo. Aunque tampoco estoy sola. Tengo unos compañeros maravillosos que me ponen las cosas muy fáciles.
-En el instituto jugaba para el equipo local, y bueno, parece que no he perdido mi tacto del todo. No es que destacara mucho, pero tampoco se me daba del todo mal...
-Te entendías muy bien con uno de tus compañeros... -le doy un sorbo a mi copa y casi me atraganto un poco. ¿Por qué siempre me pasa algo así cuando hablo de Chris?
-Ah, sí... -respondo carraspeando un poco -. Supongo que te referirás a Chris.
-Imagino que será él, sí... -afirma Tom con el gesto pensativo y rascándose la barbilla -. Llevaba el número veintiuno.
-Es él, sí -confirmo con una pequeña sonrisa. Debo hacer algo para reconducir la conversación hacia otro lugar. No quiero seguir por ahí -. Tenemos unos gustos parecidos en lo que respecta al baloncesto. Somos muy buenos amigos también, y creo que ahí está la clave de nuestro buen juego.
-Entiendo... -murmura Tom dándole un trago a su bebida.
Desde que ha salido este tema se ha puesto más serio. ¿Estará celoso? ¡No me lo puedo creer! Le pongo una mano en la rodilla con algo de duda. No sé si será correcto, pero no pierdo nada por comprobarlo. Para mi sorpresa, pone su mano derecha sobre la mía y la acaricia.
-Chris y yo somos muy buenos amigos -le confieso con total sinceridad. Creo que es la primera vez que le estoy contando esto a alguien -. Nunca habrá nada entre nosotros. Lo aprecio mucho... y creo que a él le pasa lo mismo.
Tom me mira en silencio. No dice nada durante unos segundos. Sin embargo, su gesto se vuelve un poco más relajado, incluso sonríe un poco. Yo también me relajo bastante. Algo me dice que estoy haciendo lo correcto, y que debo ver a Chris como lo que es: un amigo y un compañero de trabajo.
-Oye... -me interrumpe Tom sacándome de mis pensamientos dejando su bebida sobre la mesa y volviendo a mirarme. Me coge las manos y vuelve a centrar su atención en mí. Lo noto un poco nervioso -. Desde que te vi por primera vez noté que había algo especial en ti, y estos dos días contigo han sido... sensacionales. Ninguna chica me ha hecho sentir así jamás -me quedo boquiabierta. Desde luego que sigue sumando puntos positivos con el paso de los días -. ¿Te... gustaría... que este fuera el comienzo de una bonita relación?
Me quedo sin palabras. Nunca, jamás en mi vida me habían dicho nada semejante. Mi historia con Jerry fue un tormento desde el principio durante los casi dos años que estuvimos juntos. Me estremezco involuntariamente al pensarlo. No puedo llorar aquí.
-¿Estás bien? -me pregunta Tom muy preocupado. Me coge la cara con las manos y no me aparta la mirada.
-Sí... -respondo con la voz entrecortada -. Sólo estaba pensando que jamás me han dicho nada semejante.
-¿De verdad? -su tono de voz es de estar bastante sorprendido -. Eso es porque no te valoran lo suficiente. Ven aquí...
Y nos damos un abrazo que para mí tiene mucho significado. Por todo lo que he tenido que luchar. Por todo lo que he tenido que sufrir para llegar hasta aquí. Echaba mucho en falta el cariño de alguien que me aprecia. Me he sentido tan sola desde que llegué a Raccoon...
-Sí quiero... -murmuro al oído de Tom completamente feliz.
Me aparto un poco y beso a Tom en los labios. Me siento liberada y querida en mucho tiempo. Tom vuelve a abrazarme y apoya la cabeza contra mi hombro. Me planta un beso en él y yo acaricio su cabello.
Oigo mi móvil sonar de repente. Frunzo el ceño pensativa. ¿Quién puede ser a estas horas? Me pongo nerviosa. ¿Y si le ha pasado algo a mi padre? No quiero ni pensar en ello. Me aparto de Tom rápidamente y abro con dedos torpes mi bolso marrón, que está junto a mi chaqueta.
Busco a tientas mi teléfono y lo encuentro cuando lleva ya tres o cuatro tonos. Mi corazón late deprisa al leer el nombre del capitán Wesker en la pantalla. Y la preocupación es sustituida rápidamente por los nervios. Si me está llamando a esta hora es que ha pasado algo importante. No puedo esperar.
-Jill al habla -contesto al aceptar la llamada.
-Jill, el jefe Irons nos ha dado autorización para capturar a los traficantes -me cuenta el capitán con su habitual tono tranquilo y pausado -. He convocado al equipo para las doce. Los Bravo van a realizar una inspección del lugar antes de nuestra llegada.
-¿Hay riesgo de fuga? -pregunto completamente emocionada. ¡Mi primera operación seria con los S.T.A.R.S.! Miro a Tom. Está distraído mirando su refresco.
-Es posible. Por eso he decidido actuar de inmediato. Te espero en la comisaría a las doce.
-Sí, capitán.
Y colgamos. Miro a Tom aún sorprendida. No puedo creer la suerte que estoy teniendo esta noche. Estoy con un chico maravilloso que me adora... ¡y voy a intervenir con los S.T.A.R.S.!
-Por tu conversación... deduzco que era tu jefe -dice Tom antes de apurar los últimos tragos de su copa.
-Sí -asiento con una amplia sonrisa -. Vamos a intervenir en una operación muy importante... esta misma noche.
-¿Esta noche? -repite Tom un poco preocupado.
-Sí... a las doce tengo que estar en la comisaría -contesto sin poder ocultar mi emoción.
Tom me mira. Puedo sentir lo preocupado que está. Noto en él la misma sensación que invadía a mi padre cada vez que iba al cuartel de la Delta Force. Sé que debe ser duro para ellos verme marchar... y no saber cuándo voy a volver. Pero tengo plena confianza en mí. Mis años de experiencia y mi entrenamiento me han fortalecido como soldado y como mujer.
-Jill... -susurra Tom. Me coge las manos de nuevo -. No voy a dormir tranquilo sabiendo que estás en peligro. No vayas, por favor.
Su tono desgarrador me conmueve. ¿Cómo puedo decirle que no a este hombre que sufre por mi culpa?
-El riesgo existe -digo intentando mantener la calma por los dos. No quiero vernos sufrir... pero es algo inevitable -. Pero tengo mucha confianza en mis posibilidades... y estoy segura de que todo va a salir bien.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Cursed » 02 Abr 2016 20:38

Es una premisa interesante. La verdad el enfoque erótico con serie de policías de oficina abre un campo argumental original para la historia. La pregunta es ¿En qué estado a nivel de relación se encontraban Chris y Jill al llegar a la mansión? ¿Sex-buddies? ¿Sólo amigos? ¿Casi pareja? ¿Celos?


Ya nos revelarás. :wink:


Salu2 8)
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 07 Abr 2016 22:48

¡Muy buenas a todos! Aquí os dejo un nuevo capítulo. Gracias a todos por leer mi historia. La historia va a tomar un giro inesperado.


25.


Entro en la comisaría más nervioso de lo que me gustaría. A pesar de que no es la primera vez que intervengo con los S.T.A.R.S., hace tiempo que no participamos en una operación de tal escala. Desde el primer momento, el R.P.D. nos dio la dirección del caso, y de eso hace ya... ¿cuánto? ¿Tres meses?
Encuentro un sitio junto a un coche plateado, que si no recuerdo mal es el de Joseph. Espero no haber llegado el último. Sonrío. No, el último lugar siempre está reservado para Jill. Detengo el coche con una ligera sacudida y echo el freno de mano antes de parar el motor.
Echo un rápido vistazo a mi alrededor. Casi todos los lugares reservados para los S.T.A.R.S. están pillados, salvo dos o tres aparcamientos. Bajo de mi vehículo en el momento en el que escucho el ruido de otro coche acercarse. Entonces veo a Jill acercarse con su coche.
Suspiro. Han cambiado muchas cosas en los últimos días, y es cierto que últimamente no estamos de tan buen rollo como otras veces. Me saluda con la mano y yo le devuelvo el gesto sin demasiado entusiasmo. Diablos. Qué complicado es todo. Veo que aparcar justo enfrente de mí y decido esperarla.
Poco después mi compañera se baja de su coche... y no puedo evitar quedarme boquiabierto. Va muy bien vestida. Demasiado. Chaqueta negra. Camisa blanca. Pantalón vaqueros. Tacones. Desde luego que no venía de su casa. Me pregunto de dónde vendrá...
-Vamos a llegar tarde al espectáculo -bromea caminando hacia mí. Intento devolverle una sonrisa sincera, pero lo más consigo es una leve mueca.
-No me lo perdería por nada del mundo -digo sin sonar demasiado convencido.
Jill se para unos instantes. Me mira. Parece que quiere decirme algo, pero se lo piensa y permanece en silencio. Incluso así soy capaz de saber lo que piensa, y cuando jugamos a baloncesto... No quiero ni contarlo. Parece que tenemos telepatía. Muchos de nuestros compañeros lo comentan, y lo cierto es que a veces da hasta miedo.
Jill me hace un gesto. La sigo. Tiene razón: debemos movernos para llegar lo antes posible al despacho. Quién sabe si no nos están esperando ya. Pero antes tenemos que pasarnos por los vestuarios para coger nuestros uniformes. Caminamos juntos sin dirigirnos la palabra ni la mirada.
Me siento muy incómodo, a decir verdad. Nuestra relación siempre ha sido muy buena, y últimamente está pasando por un bache un tanto peliagudo. Sé que Amanda tiene toda la culpa de ello. ¿Y qué voy a hacer? Es mi novia. Es normal que ponga más ímpetu en mi relación con ella que con Jill.
Aun así, no hay motivos para que nos tratemos como si fuéramos casi dos desconocidos. Hemos pasado por muchos momentos juntos, y es una de mis mejores amigas. Caminamos por el pasillo que nos conduce al sótano con el único sonido de nuestros pasos.
-Lo haremos bien -digo intentando darle ánimos y para romper el hielo. Sé que es su primera misión importante, y lo que eso significa: el fracaso o el éxito en tu trabajo en un futuro inmediato.
-Seguro -afirma Jill bastante convencida. Vaya, desde luego que nunca dejará de sorprenderme -. Por algo somos los mejores.
Sonríe mientras nos tenemos junto a la puerta de los vestuarios. Extiendo la mano para agarrar el pomo en el momento en el que Jill también lo hace. Nuestras manos se unen unos segundos, los suficientes para que ella se ponga roja como un tomate y yo aparte la mano como si me hubieran dado un calambre.
Diablos. ¿Siempre voy a sentir esta sensación cuando... estoy cerca de ella?
-Lo siento -murmuro sin darme cuenta de que unos pasos se acercan a nuestra posición.
Me giro y veo a Barry caminar a prisa hacia nuestra posición. Su rostro su vuelve más tranquilo al vernos. Tengo la sensación de que estaba preocupado por llegar tarde.
-Bonita noches, chicos -nos saluda dándole una leve palmada en el hombro a Jill y chocándome la mano.
-Perfecta para ver una película de acción -bromeo abriendo la puerta de los vestuarios. Oigo a mis compañeros reír mientras accedo al interior.
Camino hacia mi taquilla oyendo de fondo a Jill y a Barry hablar. Me acerco a mi taquilla y la abro sin dar cuenta de nada más. Veo mi uniforme colgando y lo cojo poniéndolo bien doblado sobre un asiento que hay a mi lado. Saco también las botas y cierro la taquilla con algo de dificultad. Se queda mucho atascada últimamente. Tal vez deba decirle a los de mantenimiento que vengan a echarle un vistazo.
Me quito mi chaqueta marrón y me quedo con una camiseta blanca lisa. Me la quito casi de un tirón en el momento en el que oigo un silbido a mis espaldas. Me giro y veo a Barry poner cara de estar viendo un espectáculo digno especialmente para mujeres. Sonrío, agarro la camisa y se la tiro.
-Qué te gusta lucir palmito -bromea echando mi camiseta a un lado.
-Serás cabrón... -murmuro mientras Jill pasa por mi lado con su uniforme en la mano.
Se pierde de vista en el cuarto de baño y me quito los pantalones con algo más de parsimonia. Barry se sienta a mi lado y empieza a ponerse el uniforme también. Cojo los pantalones y me los pongo comprobando que está bien ajustado con el cinturón. Me levanto y cojo la camisa que le tiré a Barry.
Dudo. Creo que aún hace un poco de frío para ir en manga corta. Tal vez debería ponerme esta camisa debajo. Vamos, que me he lucido para nada. Aunque bueno, Jill ya me ha visto así, tampoco es nada nuevo. No me ha pasado inadvertida la breve miradita que me ha echado cuando ha pasado por mi lado.
No hay ni un solo día en el que no recuerde los momentos que pasamos grabando el anuncio para Durex. Fue uno de los momentos más excitantes de mi vida, debo reconocerlo, y creo que jamás lo olvidaré.
-¿En qué piensas? -me pregunta Barry sacándome de mi estado. Me pongo la camiseta y vuelvo a mi sitio.
-Nada importante -miento. Sé que Barry me tiene calado desde que me conoció, y que no cuelan las mentiras con él -. Sólo me preguntaba si será una operación de entrar y salir.
-¿Qué tal con Amanda? -me pregunta bajando un poco la voz cuando me pongo a su lado. Le veo echar una ojeada a la puerta del cuarto de baño, donde Jill se está cambiando.
-Bien, la verdad -respondo sin saber bien qué decir. Me ha pillado completamente por sorpresa -. ¿Por qué lo preguntas?
-Por saber cómo te va tu nueva vida -noto cierto recalco en las palabras "nueva vida". La verdad es que estoy un poco desconcertado. Sé que Barry es mi mejor amigo, que siempre busca lo mejor para mí.
Sus consejos y sus palabras siempre me han sido de mucha ayuda. Barry es un hombre que se ha curtido en mil y una batallas, y entiende más de la vida que muchos de los que hay en este edificio. Bendito día en el que me crucé con él en aquella mercería en New York.
-Por ahora todo va sobre ruedas -contesto poniendo mi cuchillo en su abertura, sobre mi pecho en el chaleco -. Amanda es una chica maravillosa. No puedo quejarme de nada.
-¿Y qué tal con Jill? -vuelve a preguntar bajando aún más su tono.
Abro la boca, pero entonces escucho la puerta del cuarto de baño abrirse. Jill aparece completamente vestida con su uniforme. A diferencia del mío, es suyo es azul. Cada uno lo ha personalizado en función de sus preferencias. Barry se levanta y entra en el cuarto de baño sonriendo a Jill.
Permanezco en mi sitio mirando al frente. Me cruzo de brazos y decido mirar a mi compañera. Me está mirando. Su gesto es pensativo. Puedo notar en ella la misma sensación que me tenía yo en mi primera misión: nervios, ilusión, confianza... Sentimientos contradictorios que pueden mantenerte con vida en ciertos momentos.
-Vamos a lograrlo -nos anima sin alterar lo más mínimo su expresión. Me extiende el puño, y mi reacción debe ser de chiste. Tardo mucho tiempo en darme cuenta de que está intentando llevarse bien conmigo y darme ánimos.
Qué carajo. Le choco el puño y me levanto cuando Barry vuelve con nosotros. Puede que ésta sea una pequeña tregua a nuestros problemas.

Los del equipo Bravo ya han acordonado la zona y echado a los curiosos que había por los alrededores. A nosotros nos queda poco para llegar. Las calles están bastante desiertas, por no decir que no se mueve ni una rama. Estoy sentada en la parte trasera junto a Chris y a Barry. Brad está enfrente de nosotros y el capitán Wesker va delante con Joseph al volante.
Es el especialista en vehículos y, a excepción de los helicópteros, que son pilotados por Brad principalmente, y en algunas ocasiones por Chris, es capaz de conducir cualquier cosa que se le ponga por delante. Veo por la ventana que giramos por una calle a la derecha. Me suena bastante. Creo que está casi a las afueras de Raccoon, por el polígono industrial.
Barry comprueba nuestras armas sin levantar la mirada. Su rostro está completamente serio, muy concentrado en lo que está haciendo. Lo cierto es que apenas hemos hablado desde que nos montamos en el coche. Observo a Chris. Está con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Me pregunto qué estará pensando.
Suspiro lentamente. Espero no cagarla. Lo del bar fue coser y cantar... Pero esta vez nos enfrentamos a gente que sabe lo que hace, aunque la mayoría de las veces cometan imprudencias. Barry me mira de reojo y me sonríe. Es su forma de darme ánimos. Yo intento devolverle la sonrisa lo mejor que puedo... aunque los nervios no me dejan apenas mover un poco los músculos.
Barry le entrega su pistola a Chris, que reacciona después de casi varios minutos sin apenas pestañear. Le veo comprobar algo en la culata antes de coger un cargador que lleva en su bolsillo y meterlo en la ranura. Le pone el seguro al arma y la enfunda en la parte izquierda de su pantalón.
Y entonces... me mira. Me mira con una sonrisa que intentar mostrar calma. Yo me relajo un poco. Si todos mis compañeros están tan tranquilos... ¿por qué estoy yo al borde de un ataque de nervios? En la Delta Force he intervenido un montón de veces en operaciones de gran calibre... y siempre he salido airosa.
-De acuerdo -dice el capitán Wesker en voz alta. Veo a Brad girarse un poco en dirección al capitán -. Diles que rodeen el perímetro. Estamos con vosotros enseguida.
Imagino que estaría hablando con Enrico. Barry sigue comprobando el arsenal en silencio. Noto cómo la velocidad del coche va en descenso, hasta detenerse por completo. Barry me acerca mi pistola y la cojo nerviosa. Vuelvo a coger aire en el momento en el que Brad abre la puerta trasera.
Barry lo sigue poco después, y luego voy yo. Hace un poco de frío. Suerte que voy en manga larga. Chica precavida... vale por dos. Chris se une a la pequeña comitiva, y poco después el capitán Wesker y Joseph. Wesker gira la cabeza deteniéndose unos segundos en cada uno. Sé que suena muy repetitivo, pero es imposible saber lo que piensa, y mucho menos si nos está mirando.
-Los Bravo están al otro lado del edificio -nos informa con un tono de voz sereno. Suerte que hay alguien que mantiene la compostura siempre -. Vamos a encontrarnos con ellos antes de entrar.
-¿Qué se sabe del grupo que hay dentro? -pregunta Barry haciendo un gesto con la cabeza señalando el edificio abandonado.
-Según los informes, los sensores infrarrojos han detectado cuatro o cinco presencias humanas en el interior -responde el capitán consultando unos papeles que lleva en la mano -. No se han movido de allí desde hace tres horas. Puede que estén haciendo guardia, así que hay que abrir bien los ojos. ¿Lleváis las armas?
Yo asiento lentamente, y veo a mis compañeros coger sus pistolas y comprobarlas. Bueno, parece que vamos a ponernos en marcha. El capitán avanza por delante, con la pistola apuntando al frente y observando detenidamente los alrededores. Yo me sitúo en la retaguardia, tal y como hemos acordado en la comisaría, junto a Joseph. Yo me encargo de la parte izquierda, y Joseph de la derecha.
A lo lejos oigo el sonido de alguna fábrica que tiene una maquinaria en funcionamiento. Debe ser bastante pesada para que el sonido llegue hasta donde nos encontramos. Aunque tampoco es tan extraño. La zona está llena de fábricas, la mayoría de ellas propiedad de Umbrella, y creo que hay una o dos que trabajan por la noche.
Observo detenidamente al edificio al que nos dirigimos. Parece una fábrica abandonada. Es bastante alta. Quizá llegue a medir quince metros, y puede que incluso tenga más de una planta. Hay varias ventanas, algunas de fácil acceso. La construcción, hecha de ladrillo, parece estar en las últimas. El tiempo y las lluvias han derruido buena parte de los laterales.
El capitán se detiene frente a una puerta de acero. Todos nos paramos a la vez. Observo a mis compañeros. Todos están concentrados, esperando órdenes. Todos... excepto Brad. Mueve la boca de forma nerviosa, y las manos le tiemblan con un ritmo alarmante. Espero que no tenga que disparar... porque a saber a qué es capaz de apuntar.
El capitán se acerca aún más a la puerta, apoya la mano y mira hacia arriba. No sé qué es lo que está buscando exactamente, pero imagino que está pensando en una forma de entrar por este lado. Comparto una rápida mirada con Chris. Está muy tranquilo. Sabemos que el capitán es un auténtico profesional.
-Bueno, parece que se lo han montado bastante bien -comenta alejándose un poco -. Es bastante difícil acceder a él desde esta parte... y pueden pasar desapercibidos casi todo el tiempo. No es una zona muy transitada.
De pronto, se oye una fuerte explosión procedente del interior. Miro a todos lados. ¿Qué demonios ha sido eso? Veo al capitán llevarse una mano al auricular con el rostro muy serio.
-Vale. Nos vemos dentro -le oigo decir casi gritando. Se acerca de nuevo a la puerta y le veo examinar la cerradura. Se queda unos segundos observándola, y entonces, me mira -. Al parecer, los traficantes están en posesión de explosivos y armas pesadas. El equipo Bravo va a acceder por la puerta principal, así que es de suponer que intentarán salir por aquí...
No me dice nada, pero entiendo el significado: abre la puerta. Siento un escalofrío. Ninguno de mis compañeros, ni siquiera Chris, conoce mi habilidad para abrir cerraduras. ¿Y de verdad es el momento oportuno? El gesto del capitán se vuelve más serio, casi como una advertencia.
Puedo notar cómo varios ojos me miran sin entender bien qué está pasando. Saben que el capitán me está mirando, pero no saben por qué. Suspiro. Vale, ahora de volver a ser una chica mala. Hace varios días que no practico con las ganzúas, pero eso no se olvida.
Desenfundo mi arma y corro hacia la posición del capitán. Suerte que decidí echarme mi juego de ganzúas por si me hacía falta. Me arrodillo junto a la puerta y observo la cerradura. Es bastante vieja. Creo que incluso con un arma potente como una escopeta podría destruirse. No me llevarán más de treinta segundos abrirla.
Meto las manos en el bolsillo y palpo el juego de ganzúas. Lo cojo e introduzco la parte más delgada en la cerradura. Empieza el juego. Muevo de un lado a otro la pieza buscando el punto exacto que desbloquea el seguro. Sólo me llevan diez segundos localizarlo, y unos cinco conseguir que el cierre ceda.
Saco las ganzúas muy satisfecha de mi trabajo. La he abierto en un tiempo récord. Creo que no he tardado ni veinte segundos. Si me viera mi padre... se sentiría muy orgulloso. Me echo a un lado y asiento al capitán para indicarle que está abierta. Él me devuelve el gesto y se pone al otro lado de la puerta.
Le indica a Barry que avance, y éste hace lo propio dándole una patada a la puerta, abriéndola de par en par. Chris, Brad y el capitán entran justo detrás, luego Joseph, y yo me quedo la última. Echo un último vistazo al exterior con un nudo en el estómago, sabiendo que se acerca el momento.
Accedo al interior con la pistola por delante y con los sentidos bien abiertos. Estamos en una habitación amplia llena de maquinarias, aunque apenas puedo ver nada. La oscuridad reina en el ambiente, y no es hasta que alguien a mi izquierda enciende una linterna cuando consigo ver algo más.
Hay una escalera metálica que lleva a una pasarela en la planta superior. Joseph, que es el que ha encendido la linterna, enfoca diferentes puntos. No se ve nada fuera de lo normal... salvo otra explosión que se escucha. Doy un sobresalto. No quiero ni pensar que los del equipo Bravo están en el otro lado...
-¡Vamos! -grita el capitán señalando la escalera.
Chris y Barry corren en primer lugar con las pistolas por delante. Joseph les sigue de cerca, y luego vamos el capitán y yo. Corro lo máximo que puedo. La preocupación por lo que les pueda estar pasando a mis compañeros me mata. Termino de subir los peldaños con la respiración cada vez más agitada y el corazón latiéndome a mil por hora.
Giro a la derecha tras subir por la escalera y camino en línea recta siguiendo muy de cerca a Joseph. Veo que algunos de mis compañeros se detienen junto a una puerta, y que se colocan a ambos lados. Joseph enfoca una puerta metálica completamente cerrada.
Wesker le hace un gesto a Chris, y éste abre la puerta de un tirón antes de entrar en la siguiente habitación. Oigo un grito de exclamación en el momento en el que cruzo por el umbral de la puerta. Escucho un débil pitido procedente de algún punto de la sala.
-¿Qué es eso? -pregunto Brad muy nervioso por algún lugar a mi derecha.
-Silencio -ordena el capitán alzando una mano.
Veo su sombra caminar hacia delante, hacia algún lugar a la izquierda. Hay unas ventanas por las que entra algo de luz de unas farolas. El edificio parece estar dividido en dos partes unidas por alguna especie de pasillo o sala. Aún no lo he llegado a ver, pero tiene toda la pinta.
El ruido me suena muy familiar. Suena como...
-Una bomba -anuncia el capitán agachándose. Joseph enfoca con su linterna y veo un cilindro negro con numerosos cables y con una cuenta a cero.
-No jodas... -murmura Barry a mi lado. Lo que no saben es que no está activada, aunque en cualquier momento podría iniciarse una cuenta atrás... y que se me da de maravilla desactivar esos cacharros.
-¿Y ahora qué hacemos? -comenta Joseph sin dejar de alumbrar la bomba -. No creo que al R.P.D. le dé tiempo a llegar...
-No hace falta -responde el capitán volviendo a centrar su atención en mí. Demonios. Hoy voy a tener que hacer de todo.
Y lo peor de todo es que Joseph enfoca el haz de luz hacia mi posición. Maldita sea. Más publicidad no. Chris y Barry me observan con muchísima curiosidad, y qué decir tiene que a Brad está a punto de caérsele la mandíbula. Le sostengo la mirada al capitán, y doy unos pasos dubitativos.
-Madre mía, chica... -murmura Chris cuando paso por su lado -. ¿Qué pasa hoy contigo?
-Calla... -susurro con los dientes apretados. Ahora no es el momento de hacer preguntas. Me coloco delante de la bomba. No se ve un pimiento desde allí. Si tan sólo una de las farolas iluminara un poco más... -.Necesito luz.
Oigo unos pasos a mi espalda e instantes después Joseph se pone a mi lado. Miro los cables atentamente. Un corte en falso podría poner en funcionamiento la bomba... Debo concentrarme. El capitán me pasa unos alicates, y yo me echo a un lado el flequillo.
De pronto, oímos un ruido al otro lado de la puerta. Todos apuntamos hacia la puerta en el momento en el que se abre. Joseph enfoca a dos hombres que se ponen las manos en la cara para cubrirse la cara.
-¡Alto! -exclama uno de ellos. Su voz me es familiar -. ¡Somos S.T.A.R.S.!
-¿Richard? -pregunta Joseph sin bajar aún el arma ni la linterna.
-¿Joseph?
Y entonces, se descubren los rostros. Suspiro aliviada al descubrir que se tratan de Richard y Enrico. Nos observan durante unos instantes más mientras todos bajamos las armas.
-¿Cómo está la situación? -pregunta el capitán Wesker dirigiéndose a Enrico, que se atusa el bigote un poco algo nervioso.
-Les hemos perdido el rastro -responde cruzándose de brazos -. Cuando escuchamos la explosión, accedimos al interior del edificio desde la entrada principal. No sé cómo lo hicieron, pero se esfumaron. El edificio tampoco es tan grande, aunque está conectado a otros dos.
-¿A otros dos? -repite Barry sin poder creérselo.
-Exacto -asiente el capitán del equipo Bravo -. Speyer y Sullivan están investigando todas y cada de las habitaciones...
-Pues nosotros nos hemos encontrado con un regalo -comenta el capitán Wesker señalando con la mano la bomba.
-Pero, ¿qué...? -exclama Richard sorprendido -. ¡No me jodas!
-¿Puedes desactivarla, Jill? -me pregunta Enrico un tanto preocupado.
-Eh... -su pregunta me ha pillado completamente desprevenida -. Iba a encargarme de ella ahora mismo...
Me quedo pensativa. No creo que tarde más de cinco minutos, siete a lo sumo. Aunque es cierto que en la Delta Force conseguí desactivar una en apenas tres minutos. No creo que ésta me suponga muchos problemas.
-Con cinco minutos creo que tengo suficiente... -afirmo mirando a mi capitán. Él asiente lentamente antes de mirar a los demás.
-Vamos a conseguirte ese tiempo... -comenta sin dirigirse a nadie en concentro -. Vamos a ayudar a Sullivan y a Speyer -dirige su mirada a Joseph, Barry y Brad -. Cubridle las espaldas a Jill. No quiero que nadie se haga con esa bomba. ¿Entendido?
Asentimos en silencio antes de ver a mis compañeros moverse. Los primeros en salir son los capitanes, y luego les siguen todos los miembros del equipo Bravo. Y el último en abandonar la habitación es Chris, que comparte con Barry una mirada de preocupación. ¿Soy yo o le está diciendo que cuide de mí?
Por último, posa su mirada sólo unos instantes en mí y se marcha. Vaya... me siento... halagada. Pero no debo dejarme llevar por las emociones. El equipo me ha dejado una tarea muy importante, y debo cumplir como se merece. Observo las conexiones de los cables durante unos instantes.
No hay un orden concreto para cortar, pero sí es cierto que hay veces que hay ciertos indicadores que te dicen qué cable debes cortar en primer lugar y el orden que debes seguir. Uno de los cables sobresale un poco más que el resto. Observo su recorrido, pero algo me dice que ése no es el primero. No es la posición que adoptaría un cable inicial.
-¿Hay algo que no hayamos visto hoy de ti, chica? -comenta Barry muy asombrado, Le miro y sonrío -. ¡Qué barbaridad!
-Si te vale que también sé hablar francés... -bromeo sin perder de vista un cable azul de lo más sospechoso. Va hacia uno de los laterales de la bomba. Tiene que ser ése el primero.
Cojo los alicates y corto con los dedos algo temblorosos el cable. No sucede nada. La bomba se queda tal y como está. Suspiro aliviada. Uno menos. Si no recuerdo mal, el segundo debería conectado directamente con el interior de la bomba. Veo un cable amarillo que se pierde en el interior. Lo corto sin dudarlo.
Aparece el número cinco reflejado en una pantalla, pero no avanza. Vamos por el buen camino. Ya sólo quedan dos. Ahora viene lo difícil. A veces, el tercer cable suele ser el que más sobresale, aunque no lo es siempre. Me levanto y doy una vuelta observando las posiciones de los cables.
El cable verde está en el lateral izquierdo, y conecta con el temporizador. El otro cable, el rojo, va hacia el interior. Me rasco la barbilla. ¿Qué haría mi padre en esta situación? Cierro los ojos y visualizo una de sus lecciones.

-Cuando tengas los cables en dos posiciones diferentes, ten en cuenta esto: nunca te dejes engañar por las apariencias. Lo evidente ha conducido a más de uno al error, y nosotros vamos a evitarlo a toda costa. Hay que anticiparse a la situación, y dar por hecho todas las situaciones posibles por muy disparatadas que puedan sonar. Usa la cabeza, Jilly. Ella te mantendrá con vida.

Y entonces, encuentro la respuesta.
-¡Eso es! -exclamo en voz alta sin darme cuenta de que mis compañeros están vigilando los alrededores y echándome un vistazo de vez en cuando para ver mis progresos.
Acerco los alicates al cable verde y lo corto sin dudar. Ahora la cuenta se detiene en el número tres, pero al igual que la vez anterior, no avanza. Ya la tengo. Corto el cable rojo casi de inmediato. Los números desaparecen. La tensión se ha terminado. La bomba está desactivada.
-¿Lo lograste? -me pregunta Brad con la voz tomada por el pánico. Yo me limito a sonreír.
-Claro -responde Joseph respondiendo a mi sonrisa -. ¿O acaso no ves que seguimos de una pieza?
-Sí, pero...
-Ni peros que valgan -le corta Barry con un tono autoritario. No puedo evitar mirar a Joseph y reírme por lo bajo. Cómo nos encanta tomarle el pelo a Brad -. Vamos a reunirnos con el resto.
-Capitán Wesker, bomba desactivada -anuncia Joseph por su auricular. Se queda durante unos segundos escuchando hasta que vuelve a hablar -. De acuerdo. Vamos para allá -. Nos mira -. Dice que han cogido a uno de ellos, que nos reunamos con el equipo en el otro edificio.
-¡Ah! -exclama Brad con la boca completamente abierta y señalando con el dedo al exterior.
-¿Qué ocurre? -pregunto caminando hacia mi compañero, que está sólo a unos pasos de mí.
Miro hacia el exterior, y veo a un par de tipos correr por un callejón que separa los dos edificios. Llevan algo en la mano, pero desde mi posición no puedo ver exactamente qué es lo que es. Miran hacia nosotros. Nos ven. Mierda. Tenemos que salir de allí de inmediato.
Voy a decírselo a mis compañeros, pero entonces veo que arrojan un objeto del tamaño de una piedra contra la ventana. Atraviesa el cristal y cae pocos metros por detrás de Brad. El corazón se me detiene.
-¡Brad! -exclamo en el momento en el que empujo a mi compañero.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 15 Abr 2016 22:10

¡Hola a todos! ¿Cómo lo lleváis? Aquí os dejo el siguiente capítulo para que descubráis qué ha pasado :O

26.


No puedo quitarme la sensación de que separarme de mis compañeros no es buena idea. Pero las órdenes son órdenes. Si el capitán ha querido que Brad, Joseph y Barry se queden cuidándole las espaldas a Jill será por algo. Suerte que está acompañada por Joseph y Barry, porque Brad no es de fiar precisamente.
Debo reconocer que estoy muy sorprendido por lo que estoy descubriendo. Primero, porque estos tipos están sabiendo darnos esquinazos con una facilidad pasmosa. El edificio no es tan grande. Aunque está dividido en dos secciones, es imposible que aún no hayamos dado con ellos.
Me pregunto si nos estarán observando desde algún lugar, o si simplemente es que no estamos jugando bien nuestras cartas. Sea como sea, tenemos que hacer algo de inmediato, antes de que consigan despistarnos por completo.
Pero sin duda lo que más me está sorprendiendo es la habilidad de Jill para abrir puertas y desactivar bombas. ¿Desde cuándo sabe hacer eso? Hay tantas preguntas que me pasan ahora mismo por la cabeza que no sabría por dónde empezar... Pero ahora mi principal prioridad es ayudar a mis compañeros a capturar a esos traficantes de una vez por todas.
Cierro la retaguardia infiltrado entre miembros del equipo Bravo. Sólo el capitán y yo pertenecemos al equipo Alpha, y lo cierto es que me siento bastante raro ir sin mis compañeros habituales. Aunque los del equipo Bravo suelen estar más verdes y ser más inexpertos, se defienden muy bien. Por lo poco que he visto de los nuestros, no tienen nada que envidiarnos.
Enrico abre una puerta de madera que nos lleva un amplio almacén lleno de cajas. Madre mía. Debe ser tan grande como cuatro o cinco casas juntas. Aunque no puedo distinguir mucho, sé que es bastante grande porque nuestros pasos hacen mucho eco.
No sé si eso es bueno. Si hay alguno de ellos por allí va a saber en todo momento qué estamos haciendo y hacia dónde nos dirigimos. Alguien a mi izquierda se detiene, y yo hago lo propio. Por uno de los débiles rayos de luz de una de las ventanas diviso el bigote de Enrico.
-Esperad... -susurra muy bajo. Oigo que de pronto todos los pasos se detienen. Creo que está pensando lo mismo que yo -. Caminad despacio. Pueden estar cerca.
Nadie puede discutir que Enrico y Wesker son unos auténticos líderes. Saben leer las situaciones como auténticos capitanes. Nunca nos llevan al error, y siempre sacan lo mejor de sí mismos.
Intento guiarme un poco en la oscuridad. Es una pena que no dispongamos de una linterna. Caminar a ciegas es de locos. No veo más allá de mi propia nariz. Doy unos pasos hacia la izquierda andando casi de puntillas. Agarro con fuerza mi Beretta intentando percibir algo fuera de lo normal.
Miro hacia las ventanas. Hay cinco ventanas distribuidas a lo largo de la habitación. Dos de ellas están por completo en penumbra, y las otras tres sólo reflejan débiles rayos de luz de farolas que hay por el exterior del edificio. No es suficiente. Necesitamos algo que nos haga pasar desapercibidos. Algo como...
Visión nocturna.
Me paro en seco. Ahora que lo pienso... ¿y si los traficantes disponen de aparatos tan sofisticados como la visión nocturna? De ser así, ahora mismo estamos haciendo el gilipollas. Somos un blanco fácil si no actuamos con rapidez. ¿Y cómo demonios aviso a los demás?
Giro la cabeza de un lado a otro notando un fuerte tirón en el lado izquierdo. Maldita sea. Lo que me hacía falta ahora es tener tortícolis durante varios días. Me llevo una mano hacia mi dolorido cuello, y entonces me fijo en algo que brilla a unos metros delante de mí.
Es un reflejo plateado, como el de... un arma. Mis sentidos se ponen en alerta. Nadie ha pasado por mi lado, y que yo sepa, nadie está agachado. ¿Y si es uno de ellos? ¿Por qué no dispara? ¿Y si son Kenneth o Forest? No puedo precipitarme. Lo pienso... y sólo se me ocurre una opción.
Me agacho y avanzo en cuclillas hacia el objeto brillante. Voy acortando metros conforme avanzo. Pero entonces hay algo que no me cuadra. El objeto no tiene forma cilíndrica... es rectangular. ¿Qué demonios está pasando? Agarro mi pistola con una mano y apunto al frente.
Doy un par de pasos. Me detengo. Y entonces, descubro que lo que estaba viendo brillar era una chapa metálica de esas que se cuelgan al cuello. ¿Alguno de mis compañeros lleva una chapa metálica? No. Entonces, ¡es uno de ellos! Tiemblo de emoción. He pillado a uno de ellos con las manos en la masa.
Tengo que actuar con rapidez antes de que se dé cuenta de que estoy por detrás. Me siento más aliviado al comprobar que mi teoría de la visión nocturna no ha prosperado. De lo contrario, ya estaríamos todos muertos probablemente. Doy un paso más. Calculo que sólo me faltan cuatro o cinco para llegar hasta la posición del traficante.
Cojo aire por la boca con lentitud. Bien. Es hora de demostrar quién manda aquí. Me lanzo hacia delante y choco de lleno contra un cuerpo. Se me corta la respiración. No imaginaba que estuviera tan cerca. Apunto con mi pistola al suelo mientras cojo bocanadas de aire.
-¡.S.T.A.R.S.! ¡Identifíquese! -exclamo con un hilo de voz. Toso con fuerza, como si me hubieran dado un martillazo en el pecho.
-¡Maldito cabrón! -responde una voz ronca forcejeando sin demasiado éxito.
Oigo varios pasos apresurados que se acercan a mi posición. Veo un haz de luz dirigirse hacia nosotros. El primero en aparecer es el capitán Wesker, que lleva una linterna en la mano. Le siguen Richard y Enrico. No sé cómo, pero he logrado inmovilizar por las piernas a ese desgraciado.
El haz de luz me da de lleno en la cara. Me llevo una mano a la cara entrecerrando los ojos. Parece que me acabo de levantar y estoy subiendo la persiana de mi cuarto. Enrico y Richard se dirigen a mí y agarran al tipo por los brazos. Yo me echo a un lado para que puedan levantarlo.
-Buen trabajo -me felicita el capitán sin alterar lo más mínimo su tono. Se lleva una mano al auricular y responde casi de inmediato. Le escucho mientras veo a Richard ponerle unas esposas al tipo -. De acuerdo. Acabamos de capturar a uno de ellos. Seguidnos hacia el otro edificio.
Sólo espero que Jill haya conseguido desactivar la bomba. Richard pasa por mi lado dándole un empujón al detenido para que camine.
-¿Qué hacemos con éste? -pregunta sin dejar de apuntar al tipo.
-Vamos a llevarlo a la furgoneta -responde Enrico con voz tranquila -. En cuanto llegue el resto del equipo...
Lo que iba a decir Enrico queda silenciado por un enorme estruendo que sacude la estancia. Nos miramos. ¿Qué demonios ha sido eso? Entonces, veo al mismo tiempo a Wesker y a Enrico llevarse la mano al auricular. Sus gestos son muy tensos, casi de pánico.
-¡Sacadla de ahí, rápido! -exclama el capitán Wesker muy nervioso. Creo que es la primera vez que lo veo así -. ¡Prestadle atención médica y llevadla al hospital! ¡Rápido!
El capitán mira a Enrico sin saber bien qué decir. Sus rostros son de auténtico nerviosismo. Richard y yo intercambiamos una mirada. Hay alguien herido. Dios. Y entonces, el corazón me late muy deprisa... ¡Jill! ¡Sacadla de ahí, rápido!
-¿Qué le ha pasado a Jill? -pregunto sin pensarlo, notando que me vuelve a faltar de nuevo el aire, aunque esta vez por una causa distinta. El capitán y Enrico vuelven a mirarse de nuevo. Creo que no saben cómo contarlo... Me estoy temiendo lo peor.
-Una granada ha explotado en la zona donde se encontraban Barry, Joseph, Brad y Jill -cuenta Enrico con una mueca de desagrada -. La explosión ha pillado de lleno a Jill.
El mundo se me cae encima. No, no puedo ser verdad. Siento que me acaban de echar un jarro de agua fría por encima.

Mi espalda choca contra la pared. Me noto rara. Apenas puedo ver bien, y no escucho casi nada. Me quedo tumbada en el suelo. No puedo moverme. El cuerpo me arde, y no siento ninguna parte. Intento mover las manos, pero no puedo.
-¡Jill! -oigo el grito de un hombre. Pero parece estar muy lejos de mí. Siento que me dan la vuelta, y noto que mi uniforme está muy raro -. ¡Dios mío! ¡Tenemos que sacarla de aquí! ¡Hay demasiada sangre!
¡Sangre!

Estoy bloqueado. Apenas puedo pensar con claridad. No puedo creerme que Jill esté herida. Es imposible.
¿Y qué pasa con la explosión que escuchaste antes?
Ni Wesker ni Enrico dicen nada. Creo que están tan sorprendidos como Richard y yo. El traficante sonríe ampliamente mientras nos observa. Me entran ganas de darle un puñetazo y quitarle la sonrisa de la cara. Cuando tenga que pasar el resto de sus días entre rejas se le van a quitar las ganas de fiesta.
-Vayamos a buscar a Speyer y a Sullivan -anuncia Enrico sin demasiada convicción. Sé que debemos continuar con la misión, pero... -. No deben andar muy lejos.
-Quiero ayudar -digo con total convicción.
-Ahora mismo no podemos hacer nada, Chris -responde el capitán Wesker sin alterar su gesto. Parece que ya ha vuelto a la normalidad de siempre -. Lo mejor será que dejemos en manos de nuestros compañeros la vida de Jill.
Trago saliva con dificultad. Suena mal, muy mal. No puedo creerme que en una operación que parecía tan sencilla se haya torcido de tal manera. Miro a mis compañeros. Sé que ninguno quiere continuar... pero no nos queda otra. Asiento con lentitud y compruebo mi arma sin demasiado interés.
-Richard, lleva a este payaso a la camioneta -ordena Enrico con energía. Veo a Richard asentir y coger al preso antes de marcharse.
Miro a los capitanes. Ahora nuestra principal prioridad es encontrar a Kenneth y a Forest. El edificio no es demasiado grande, pero la búsqueda se antoja larga y pesada. Puede que incluso estén en mitad de un tiroteo y no tengan ninguna posibilidad.
No. No voy a permitir que salga nadie más herido. Rezo en silencio para que Barry, Joseph y Brad puedan hacer algo por Jill.

-¡Un torniquete! ¡Rápido! ¡A mí me tiemblan las manos!
Me parece oír cómo rasgan algo. No sé dónde estoy. Sólo sé que no siento mi cuerpo. Intento enfocar mi vista hacia algún punto, pero sigo sin ver nada. ¿Qué demonios me está pasando? Noto que hay alguien a mi derecha, a mi izquierda y delante mía.
-¡Jill! ¡Di algo! -exclama una voz que suena aterrada. ¿Qué ocurre? Sé que me encuentro muy mal, pero no tengo ni idea de qué ha sucedido.
Intento abrir la boca, emitir algún sonido, pero de mi boca sólo sea un suave siseo.
-¡Vamos! ¡Corre!
Siento elevarme en el aire, aunque no sé si es real o producto de mi imaginación. Me desplazo a gran velocidad, como si estuviera corriendo. Hay demasiada prisa. El sueño me está llamando. Los ojos me pesan. La oscuridad me llama.

Llevamos casi cinco minutos caminando, y no hemos encontrado ninguna pista que nos lleve a nuestros compañeros. Es muy frustrante. No hay ninguna bala desperdigada, ni siquiera signos de lucha o violencia. Es como si se los hubiera tragado la tierra.
El capitán Wesker abre una puerta metálica y llegamos a una especie de oficina bastante pequeña. Me recuerda bastante a la de ese cretino de Irons: lúgubre, llena de cuadros macabros y con un toque muy varonil. Me fijo en un cuadro de una calavera que sostiene una espada sobre el cadáver de un hombre.
Es sencillamente repugnante. Si a eso lo llaman arte... Doy unos pasos. Veo un calendario de una chica en bolas colgado tras el escritorio. Es del año pasado. Desde luego que no les iba a faltar inspiración aquí. La tía es un pivonazo.
¿Pero qué demonios estoy haciendo? ¡No debo desconcentrarme de la misión!
Me doy la vuelta e inspecciono los cajones de la mesa. Todos están vacíos. No hay ningún papel ni nada que podamos aprovechar. Maldita sea. No quiero irme con las manos vacías. De pronto, la mesa se desplaza hacia la derecha. Doy un salto con el corazón latiéndome con violencia.
Oigo unos pasos. Apunto con la pistola a la abertura, y veo a Enrico y a Wesker hacer lo mismo. Veo una prominente calva negra aparecer, ¿Kenneth? Y entonces, se muestra. Lleva esposado en la mano derecha a un tipo con una camiseta blanca y un pantalón negro.
A continuación, aparece Forest que lleva a otro de los traficantes. Éste es bastante alto, puede que incluso mida casi lo mismo que Kenneth, que llega casi a los dos metros. No puedo evitar sonreír. Están sanos y salvos gracias a Dios.
-Buen trabajo, muchachos -los felicita Enrico antes de ayudar a Forest a subrir los últimos peldaños.
-Los cabrones utilizaban pasadizos subterráneos para comunicarse y transportar las mercancías -comenta Kenneth dejando que Wesker se encargue del otro detenido.
-Enviaré a las fuerzas especiales del R.P.D. para que hagan un rastreo... -comenta el capitán dirigiendo al tipo hacia una pared para registrarlo. Enrico está haciendo lo propio con el otro.
-¿Cómo está la situación por aquí? -pregunta Forest mirándome -. ¿Dónde está el resto del equipo?
Agacho la cabeza. Ojalá la situación fuera completamente diferente... Nadie habla durante unos instantes. Yo no tengo fuerzas para afrontar lo que me espera ahí fuera. Sé que va a ser una noche muy larga, demasiado. Ojalá esto fuera una pesadilla de la que pudiera despertar en cualquier momento. Desafortunadamente... no es así.
-¿Qué ha pasado? -pregunta Kenneth preocupado.
-Jill está herida de gravedad -contesta el capitán Wesker terminando el registro. Lo miro. Sigue tan imperturbable como hace un rato -. Barry, Brad y Joseph la están llevando al hospital.
Forest me mira con un rostro dominado por el pánico. Está esperando que le confirme la noticia. Sabe que me llevo muy bien con Jill, y que hacer bromas de ese tipo nunca son de buen gusto. Asiento lentamente, y Forest se lleva las manos a la cabeza.
-¡Maldita sea! -exclama Kenneth apretando los puños -. ¿Es muy grave?
-No lo sabemos -responde Enrico intentando mantener la calma, aunque sé que en situaciones de este tipo es difícil. Yo mismo estoy hecho un flan pensando en lo que puede pasar.
El capitán Wesker se lleva una mano auricular antes de hablar.
-Joseph, informa de vuestra situación -permanece unos instantes escuchando en silencio, con el gesto serio y sin apartar la mirada de la pared que tiene enfrente -. Entendido. Hemos capturado a otros dos. Les diré a Marini, Sullivan y a Speyer que los escolten hasta la comisaría. Chris y yo vamos a vuestro encuentro.
El corazón empieza a latirme con violencia al escuchar las últimas palabras del capitán. Estoy ansioso. Necesito escuchar por boca de mis compañeros que la situación no es tan grave como parece.

-¡Arranca por dios! -exclama una voz nerviosa a mi lado. Me parece escuchar el suave ronroneo de un motor -. ¡Jill, mírame, por favor, no te vayas!
Intento dirigir la mirada hacia la persona que me está hablando. Lo hago. Pero no consigo ver nada. Todo está blanco. Me noto muy cansada, como si me faltaran fuerzas. Es una sensación muy desagradable.
-¿Respira? -pregunta una voz al borde del pánico. Está a mi izquierda.
Noto unos dedos temblorosos que se apoyan en mi cuello. Están allí unos segundos y luego se apartan.
-Su pulso es muy débil. ¡No sé cuánto aguantará! ¡Joseph, más deprisa! ¡Ay, Jill...!
Oigo unos leves lloriqueos a mi derecha. Intento girar la cabeza, pero mi cuerpo no responde. Me pide descansar de nuevo. Estoy demasiado cansada.
Tráiler estatuas de Anticolat
http://es.youtube.com/watch?v=WxUiTPTlYmU


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