Fanfic: Todo o nada

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Lucy Norton
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 04 Nov 2016 10:55

¡Hola gente! ¿Qué tal todo? En este capítulo, los S.T.A.R.S. se enfrentarán a una nueva misión... ¿Qué pasará?



56.

Estamos a finales de julio. Cada vez queda menos para mis merecidas vacaciones. La verdad es que lo necesito. Últimamente no estamos teniendo demasiada acción. Las horas muertas en el despacho a veces son una tortura.
El calor sigue siendo insoportable. Pero en New Orleans es mucho peor con la humedad. Nos hemos quejado varias veces para que arreglen el aire acondicionado, y siguen sin hacernos caso.
Son las once de la mañana. El capitán Wesker salió hace un rato acompañado de Irons, y nos ha dejado leyendo unos aburridos informes sobre un robo en una joyería. Jamás pensé que una ciudad como Raccoon City pudiera tener tanta actividad.
Barry se incorporó la semana pasada, y el que está de vacaciones ahora es Joseph, aunque le toca volver mañana ya. Y el siguiente en irse es Chris… Le miro a través de la pantalla apagada de mi ordenador. Está leyendo el informe sin demasiado interés, como si la cosa no fuera con él.
Lleva bastante raro muchos días, casi desde que Barry llegó. No sé qué le pasa. Aunque tampoco es de mi incumbencia: desde el incidente que tuve con Amanda no nos dirigimos mucho la palabra.
Yo la verdad es que no pienso disculparme. No he hecho nada malo. Sólo le advertí de que esa mujer no era la ideal para él. Espero que se haya dado cuenta. Últimamente no lo veo con ella, y es sumamente extraño. ¿Se habrán peleado?
A veces le pillo mirándome, como si quisiera decirme algo, pero no se atreve. Barry, que nos conoce bastante bien, intuye que algo ha pasado, pero conmigo no ha hablado al menos. No está tan enfadado conmigo como cuando le conté mi desliz con Chris. Las vacaciones le han sentado bien.
Me contó que estuvieron en Canadá visitando a la familia de su mujer y que han disfrutado mucho visitando parques y otras atracciones con las niñas. Yo tengo claro que volveré a New Orleans. Necesito ver a mi padre. Lo echo de menos.
De pronto, la puerta principal se abre y aparece el capitán Wesker, que va rápidamente hacia su mesa. Parece algo alterado, lo que es bastante inusual en él.
-Han avisado de un ataque en el centro comercial de la zona industrial –nos explica con bastante rapidez, sin perder el tiempo -. Ha habido varios muertos, y hay algunos rehenes. El R.P.D. ya está allí valorando la situación. Vamos a ir a ayudarlos.
Asiento lentamente. Genial, algo de acción. Pero eso de que ha habido muertos… no me gusta. Miro al resto. Todos están igual de callados, esperando las órdenes.
-Brad, quiero que dirijas la operación desde aquí. Serás nuestro enlace con la comisaría –ordena el capitán. El aludido tiembla un poco y se acerca a los paneles a realizar unas comprobaciones -. Chris, consigue autorización para utilizar uno de los vehículos blindados.
Chris asiente y se marcha rápidamente. Sólo quedamos Barry y yo. El capitán nos mira.
-Barry, Jill. Id a los vestuarios y encargaos de recoger todo el equipo. Os espero en los aparcamientos en diez minutos. En marcha.
Me levanto casi de un tirón y salgo de la oficina con Barry pegado a mi espalda. No sé si nos dará tiempo a cogerlo todo en diez minutos, pero no podemos retrasar la operación: la vida de muchas personas está en juego.

Veinte minutos después del aviso ya estamos llegando al centro comercial. La estampa que se dibuja es de todo menos tranquilizadora: cordones policiales, gente corriendo de un lado a otro, ambulancias trasladando heridos…
No sabemos nada sobre el grupo que supuestamente ha perpetrado el ataque. El R.P.D. no dispone de mucha información, así que vamos directos a lo desconocido.
Realizo las últimas comprobaciones a mi equipo, y me ajusto el chaleco antibalas. Lo toco sintiéndome tranquila por llevarlo: ya me salvó una vez la vida, y sé que esos tipos no se van a quedar tranquilos esperando a que vayamos a por ellos.
Chris detiene la furgoneta en la parte trasera y el capitán baja casi de inmediato para hablar con algunos de los policías. Barry y yo salimos de la parte trasera y abrimos el maletero dejando a la vista todo el arsenal que llevamos: pistolas, rifles, escopetas… Hemos cogido un poco de todo.
Le voy pasando los cargadores y las armas a Barry, que los mete en una bolsa de deporte bastante grande. Trabajamos en silencio. No nos dirigimos ni la palabra ni la mirada. Chris se queda a nuestro lado y nos observa trabajar.
Cuando lo tenemos todo recogido, el capitán se acerca a nosotros con lo que parece un plano en la mano. Me pongo el pelo detrás de la oreja y me ajusto la gorra.
-Hay tres salidas de emergencia en todo el edificio –nos explica el capitán señalando unos puntos en el mapa -. El R.P.D. ha bloqueado dos, y la otra está vigilada por un grupo numeroso. Creen que son cinco atacantes. Uno de ellos fue abatido hace unos minutos, cuando intentaba huir. ¿Alguna pregunta hasta aquí?
-¿Hay rehenes? ¿Dónde los tienen? –pregunta Chris mostrando, una vez más, lo concentrado que está.
-Todo indica que se han agrupado en el vestíbulo, pero no está del todo claro –el capitán examina el mapa unos segundos en silencio y nos mira a los tres -. Barry, Chris, ofreceréis cobertura al grupo que va a entrar en unos minutos. Coged todo el equipo que necesitéis, pero os recomiendo que vayáis ligeros… Jill, tú te encargarás de cubrirlos desde un puesto seguro. Te quiero en una zona alta, donde tengas buena visión de todo lo que pasa… Yo me quedaré comprobando que esos tipos no logran escapar por las salidas… ¿Preguntas?
Nadie habla. Todo está bastante claro. Hace tiempo que no uso un rifle de francotirador, pero estoy segura de que mis habilidades siguen intactas. Era mi especialidad en la Delta Force. Espero a que Chris y Barry cojan todo lo que necesitan (unos cargadores y las Berettas), y me hago con el rifle y un par de cargadores que guardo en un compartimento del chaleco.
Me sorprendo al notar que el rifle no pesa demasiado. Si tengo que disparar el retroceso será inevitable, pero espero compensarlo de alguna manera con mi puntería. El capitán Wesker coge una de las escopetas recortadas y nos hace un gesto para que lo sigamos.
Nos lleva hasta una entrada lateral llena de polis en posición para entrar. Puedo ver que los medios de comunicación ya están dando guerra para ser los primeros en obtener una primicia. Algunos miembros del R.P.D. consiguen mantener la calma colocando una barricada que impide el acceso al interior.
-Justo a tiempo, capitán Wesker –dice uno de los policías que está coordinando la operación. No me suena mucho. Es extraño que Marvin no esté por allí. Quizá está de vacaciones.
-Estamos al corriente de casi todo lo sucedido – comenta el capitán quedándose junto a la puerta.
-Bien, muchachos –anuncia el tipo dirigiéndose a los suyos -. El equipo Alpha de los S.T.A.R.S. ha venido a echarnos un cable. Ya conocen la misión: detener a esos terroristas y evitar que maten a los rehenes. Sabemos que son seis, y que van armados. El grupo A se encargará de registrar el edificio y encontrar a esos delincuentes –un grupo de hombres que está a la derecha asiente -. Les acompañarán los agentes Burton, Redfield y Valentine. McLeod –mira a un hombre que está casi al final de la fila, y que parece bastante joven -. Escolte a la señorita Valentine a una zona alta para que disponga de una mejor visión del terreno.
-Sí, señor –afirma sin el menor signo de duda. Me mira unos instantes e intento sonreír, pero no consigo hacer nada.
-El equipo B nos aseguraremos de vigilar todas las salidas para que esos capullos no puedan salir… ¿Alguna pregunta?
Nadie habla. Sólo se escucha el murmullo lejano de los coches y alguna que otra vez en la lejanía. El equipo A toma posiciones, y el B empieza a desplazarse a buen ritmo. Barry, Chris y yo nos colocamos al final, y esperamos la señal.
-¡Adelante! –exclama el policía abriendo de par en par las puertas dobles -. ¡Nada de disparos a no ser que se vean obligados a ello!
El capitán Wesker nos dedica una última mirada antes de que desaparezcamos por un túnel bastante oscuro. Debe ser una de las salidas de emergencia. Las pisadas retumban por todo el pasillo como si fuéramos una estampida.
Llegamos a una galería que comunica con una de las zonas interiores del centro comercial, pero no se ve a nadie por allí. Todas las luces están encendidas, incluidas las de las tiendas. Cinco o seis hombres se van hacia la derecha, y el resto empieza a ir hacia la izquierda.
-Por aquí, señorita Valentine –me indica McLeod señalando unas escaleras mecánicas que suben a otra planta.
-Ten mucho cuidado, Jill –me dice Barry un poco tenso. Yo sonrío un poco para quitarle hierro al asunto. Me está empezando a doler el hombro de cargar con el rifle.
-Descuida, lo haré. Vosotros también.
Chris me mira, pero no dice nada. Sé que quiere tranquilizarme, decirme que todo va a salir bien. Pero las palabras no salen de su boca. En vez de eso, se marcha con Barry, y me pongo en movimiento cuando los pierdo de vista.
Subo a buen ritmo por la escalera mecánica sin despegarme de mi escolta. Me gusta que esté callado. No tengo muchas ganas de hablar ahora mismo. Terminamos de subir por la escalera y vamos hacia la derecha en la tercera planta.
Pasamos por los escaparates de varias tiendas de ropas y complementos hasta llegar al final del pasillo, donde están los servicios y una puerta metálica. Me quedo quieta. Espero que no tengamos que entrar por los conductos de ventilación ni nada de eso.
-Ésta es la oficina de los vigilantes –comenta el policía examinando la puerta -. Debería estar abierta. Dentro hay una escalera que lleva al punto más alto del edificio.
Toco instintivamente las ganzúas que llevo en el chaleco. Siempre me acompañan. Las usaré si es necesario. McLeod gira el pomo, pero la puerta se resiste. La embiste con el hombro, pero sigue sin ceder ni un milímetro. Resopla con las mejillas encendidas.
-Joder… ¿Y ahora qué hacemos? La única entrada es ésta.
-Tranquilo, yo me encargo –contesto quitándome el rifle -. ¿Te importa sujetarlo un momento?
El poli sostiene mi rifle y me agacho frente a la cerradura. La observo detenidamente. Es muy nueva. Posiblemente haya sido cambiada hace poco. Pero no hay ninguna cerradura que se resista a mis dedos.
Saco el juego de ganzúas y empiezo a realizar ese baile de manos que tan bien se me da. Muevo la clavija lentamente de arriba abajo, y luego de derecha a izquierda. Ya empiezo a notar que cede. Muevo la muñeca circularmente, y oigo un suave clic.
Lo tengo. Giro las ganzúas a la derecha y la puerta se abre. Pan comido. McLeod me observa sorprendido mientras recupero mi rifle.
-¡Qué rapidez! –exclama sin salir de su asombro -. Eres una auténtica experta.
Sonrío para quitarme un poco de méritos y dejo que entre en primer lugar. La sala de vigilancia está llena de monitores que nos ofrecen una visión directa de todo el edificio, tanto del interior como del exterior.
En uno de los monitores, el que está más a la izquierda, veo al grupo de Chris y Barry avanzar por la planta baja. Deben estar cerca del objetivo. Un rápido vistazo me sirve para localizar a los secuestradores.
Están situados junto a una fuente, con un hombre al que tienen como prisionero. No hay rastro de los demás, y eso es algo que me preocupa. Pensaba que eran más.
-Vamos, ya casi hemos llegado –me llama McLeod abriendo una puerta que está junto a un panel de control.
Subimos unas escaleras hasta llegar de nuevo a una parte visible del centro comercial. Estamos caminando sobre una pasarela que debe estar por lo menos a unos veinte metros de altura. Es perfecta. Puedo verlo todo desde allí.
-Allí están –susurra mi acompañante señalando a mi espalda.
Me giro, y efectivamente, allí está la fuente y los terroristas con el rehén. Descuelgo el rifle y hago unas rápidas comprobaciones para asegurarme de que todo está bien. Me coloco la mirilla en el ojo y observo un poco el escenario.
Los equipos de asalto tienen que estar al caer, pero no sé por qué parte lo harán. A estas alturas, todas las salidas estarán bloqueadas; no tienen escapatoria. No son muy profesionales que digamos.
-¡Sé que estáis por ahí! –exclama uno de ellos sin dirigirse a nadie en concreto -. Si nos dejáis marchar, dejaremos libre al rehén.
Coloco la mirilla sobre el tipo que apunta al rehén y espero. Sé que no debo hacer nada hasta que llegue la caballería. ¿Por qué tardan tanto?
-¡Alto! ¡Policía! –escucho unas voces autoritarias procedentes de la galería inferior.
Entonces, veo a un grupo de policías aparecer en la primera planta, apuntando con sus armas a los asaltantes, y otros cuantos están en la planta baja, cara a cara con los terroristas.
-¡Las manos arribas! –exclama otro policía dando unos pasos hacia el grupo.
Los terroristas se levantan y cogen al rehén poniéndole la boca del arma en la cabeza. No se escucha nada. Todo está en silencio… hasta que oigo otra voz que me es familiar.
-Detened toda esta pantomima ahora mismo. Estáis rodeados.
Aunque me llega bastante lejana, la voz de Chris es firme y segura. Sigo observándolo todo por la mirilla. Los tipos miran hacia las galerías superiores exclamando algo que no logro entender.
De pronto, uno de ellos abre fuego. Un policía cae abatido, y la réplica no se hace esperar. Veo a uno de los tipos apuntando a Chris. Maldita sea. Pongo el dedo en el gatillo. Discuten. Los disparos no me dejan oír nada. El terrorista le dispara a Chris, que cae al suelo llevándose una mano al pecho.
-¡No! –exclamo apretando el gatillo justo en el momento en el que el tipo cae acribillado a balazos.
Mi disparo impacta de lleno en la cabeza del rehén. Cae desplomado. Las manos me tiemblan, no sé qué hacer. ¡He matado por accidente a una persona inocente! Me separo de la mirilla lentamente sintiendo que mi cuerpo se queda helado.
¿Qué ha podido pasar? ¡Tenía al terrorista en el punto de mira! Alguien se me ha adelantado. McLeod me mira sin saber muy bien qué decir. Algunos de sus compañeros me miran con reproche.
Veo que se llevan a Chris hacia el exterior. Barry me dirige una mirada, aunque desde esta altura no puedo distinguir lo que quiere decir. Lo único que sé es que me he metido un buen lío.
Uf, qué marrón. Desde luego que vaya racha llevan los dos... ¿Cómo reaccionarán en la comisaría ante tal desastre? ¡En el próximo capítulo! Muchas gracias a todos por seguir mi historia. Os lo agradezco eternamente.
Tráiler estatuas de Anticolat
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 04 Nov 2016 10:58

¡Hola gente! ¿Qué tal todo? En este capítulo, los S.T.A.R.S. se enfrentarán a una nueva misión... ¿Qué pasará?



56.

Estamos a finales de julio. Cada vez queda menos para mis merecidas vacaciones. La verdad es que lo necesito. Últimamente no estamos teniendo demasiada acción. Las horas muertas en el despacho a veces son una tortura.
El calor sigue siendo insoportable. Pero en New Orleans es mucho peor con la humedad. Nos hemos quejado varias veces para que arreglen el aire acondicionado, y siguen sin hacernos caso.
Son las once de la mañana. El capitán Wesker salió hace un rato acompañado de Irons, y nos ha dejado leyendo unos aburridos informes sobre un robo en una joyería. Jamás pensé que una ciudad como Raccoon City pudiera tener tanta actividad.
Barry se incorporó la semana pasada, y el que está de vacaciones ahora es Joseph, aunque le toca volver mañana ya. Y el siguiente en irse es Chris… Le miro a través de la pantalla apagada de mi ordenador. Está leyendo el informe sin demasiado interés, como si la cosa no fuera con él.
Lleva bastante raro muchos días, casi desde que Barry llegó. No sé qué le pasa. Aunque tampoco es de mi incumbencia: desde el incidente que tuve con Amanda no nos dirigimos mucho la palabra.
Yo la verdad es que no pienso disculparme. No he hecho nada malo. Sólo le advertí de que esa mujer no era la ideal para él. Espero que se haya dado cuenta. Últimamente no lo veo con ella, y es sumamente extraño. ¿Se habrán peleado?
A veces le pillo mirándome, como si quisiera decirme algo, pero no se atreve. Barry, que nos conoce bastante bien, intuye que algo ha pasado, pero conmigo no ha hablado al menos. No está tan enfadado conmigo como cuando le conté mi desliz con Chris. Las vacaciones le han sentado bien.
Me contó que estuvieron en Canadá visitando a la familia de su mujer y que han disfrutado mucho visitando parques y otras atracciones con las niñas. Yo tengo claro que volveré a New Orleans. Necesito ver a mi padre. Lo echo de menos.
De pronto, la puerta principal se abre y aparece el capitán Wesker, que va rápidamente hacia su mesa. Parece algo alterado, lo que es bastante inusual en él.
-Han avisado de un ataque en el centro comercial de la zona industrial –nos explica con bastante rapidez, sin perder el tiempo -. Ha habido varios muertos, y hay algunos rehenes. El R.P.D. ya está allí valorando la situación. Vamos a ir a ayudarlos.
Asiento lentamente. Genial, algo de acción. Pero eso de que ha habido muertos… no me gusta. Miro al resto. Todos están igual de callados, esperando las órdenes.
-Brad, quiero que dirijas la operación desde aquí. Serás nuestro enlace con la comisaría –ordena el capitán. El aludido tiembla un poco y se acerca a los paneles a realizar unas comprobaciones -. Chris, consigue autorización para utilizar uno de los vehículos blindados.
Chris asiente y se marcha rápidamente. Sólo quedamos Barry y yo. El capitán nos mira.
-Barry, Jill. Id a los vestuarios y encargaos de recoger todo el equipo. Os espero en los aparcamientos en diez minutos. En marcha.
Me levanto casi de un tirón y salgo de la oficina con Barry pegado a mi espalda. No sé si nos dará tiempo a cogerlo todo en diez minutos, pero no podemos retrasar la operación: la vida de muchas personas está en juego.

Veinte minutos después del aviso ya estamos llegando al centro comercial. La estampa que se dibuja es de todo menos tranquilizadora: cordones policiales, gente corriendo de un lado a otro, ambulancias trasladando heridos…
No sabemos nada sobre el grupo que supuestamente ha perpetrado el ataque. El R.P.D. no dispone de mucha información, así que vamos directos a lo desconocido.
Realizo las últimas comprobaciones a mi equipo, y me ajusto el chaleco antibalas. Lo toco sintiéndome tranquila por llevarlo: ya me salvó una vez la vida, y sé que esos tipos no se van a quedar tranquilos esperando a que vayamos a por ellos.
Chris detiene la furgoneta en la parte trasera y el capitán baja casi de inmediato para hablar con algunos de los policías. Barry y yo salimos de la parte trasera y abrimos el maletero dejando a la vista todo el arsenal que llevamos: pistolas, rifles, escopetas… Hemos cogido un poco de todo.
Le voy pasando los cargadores y las armas a Barry, que los mete en una bolsa de deporte bastante grande. Trabajamos en silencio. No nos dirigimos ni la palabra ni la mirada. Chris se queda a nuestro lado y nos observa trabajar.
Cuando lo tenemos todo recogido, el capitán se acerca a nosotros con lo que parece un plano en la mano. Me pongo el pelo detrás de la oreja y me ajusto la gorra.
-Hay tres salidas de emergencia en todo el edificio –nos explica el capitán señalando unos puntos en el mapa -. El R.P.D. ha bloqueado dos, y la otra está vigilada por un grupo numeroso. Creen que son cinco atacantes. Uno de ellos fue abatido hace unos minutos, cuando intentaba huir. ¿Alguna pregunta hasta aquí?
-¿Hay rehenes? ¿Dónde los tienen? –pregunta Chris mostrando, una vez más, lo concentrado que está.
-Todo indica que se han agrupado en el vestíbulo, pero no está del todo claro –el capitán examina el mapa unos segundos en silencio y nos mira a los tres -. Barry, Chris, ofreceréis cobertura al grupo que va a entrar en unos minutos. Coged todo el equipo que necesitéis, pero os recomiendo que vayáis ligeros… Jill, tú te encargarás de cubrirlos desde un puesto seguro. Te quiero en una zona alta, donde tengas buena visión de todo lo que pasa… Yo me quedaré comprobando que esos tipos no logran escapar por las salidas… ¿Preguntas?
Nadie habla. Todo está bastante claro. Hace tiempo que no uso un rifle de francotirador, pero estoy segura de que mis habilidades siguen intactas. Era mi especialidad en la Delta Force. Espero a que Chris y Barry cojan todo lo que necesitan (unos cargadores y las Berettas), y me hago con el rifle y un par de cargadores que guardo en un compartimento del chaleco.
Me sorprendo al notar que el rifle no pesa demasiado. Si tengo que disparar el retroceso será inevitable, pero espero compensarlo de alguna manera con mi puntería. El capitán Wesker coge una de las escopetas recortadas y nos hace un gesto para que lo sigamos.
Nos lleva hasta una entrada lateral llena de polis en posición para entrar. Puedo ver que los medios de comunicación ya están dando guerra para ser los primeros en obtener una primicia. Algunos miembros del R.P.D. consiguen mantener la calma colocando una barricada que impide el acceso al interior.
-Justo a tiempo, capitán Wesker –dice uno de los policías que está coordinando la operación. No me suena mucho. Es extraño que Marvin no esté por allí. Quizá está de vacaciones.
-Estamos al corriente de casi todo lo sucedido – comenta el capitán quedándose junto a la puerta.
-Bien, muchachos –anuncia el tipo dirigiéndose a los suyos -. El equipo Alpha de los S.T.A.R.S. ha venido a echarnos un cable. Ya conocen la misión: detener a esos terroristas y evitar que maten a los rehenes. Sabemos que son seis, y que van armados. El grupo A se encargará de registrar el edificio y encontrar a esos delincuentes –un grupo de hombres que está a la derecha asiente -. Les acompañarán los agentes Burton, Redfield y Valentine. McLeod –mira a un hombre que está casi al final de la fila, y que parece bastante joven -. Escolte a la señorita Valentine a una zona alta para que disponga de una mejor visión del terreno.
-Sí, señor –afirma sin el menor signo de duda. Me mira unos instantes e intento sonreír, pero no consigo hacer nada.
-El equipo B nos aseguraremos de vigilar todas las salidas para que esos capullos no puedan salir… ¿Alguna pregunta?
Nadie habla. Sólo se escucha el murmullo lejano de los coches y alguna que otra vez en la lejanía. El equipo A toma posiciones, y el B empieza a desplazarse a buen ritmo. Barry, Chris y yo nos colocamos al final, y esperamos la señal.
-¡Adelante! –exclama el policía abriendo de par en par las puertas dobles -. ¡Nada de disparos a no ser que se vean obligados a ello!
El capitán Wesker nos dedica una última mirada antes de que desaparezcamos por un túnel bastante oscuro. Debe ser una de las salidas de emergencia. Las pisadas retumban por todo el pasillo como si fuéramos una estampida.
Llegamos a una galería que comunica con una de las zonas interiores del centro comercial, pero no se ve a nadie por allí. Todas las luces están encendidas, incluidas las de las tiendas. Cinco o seis hombres se van hacia la derecha, y el resto empieza a ir hacia la izquierda.
-Por aquí, señorita Valentine –me indica McLeod señalando unas escaleras mecánicas que suben a otra planta.
-Ten mucho cuidado, Jill –me dice Barry un poco tenso. Yo sonrío un poco para quitarle hierro al asunto. Me está empezando a doler el hombro de cargar con el rifle.
-Descuida, lo haré. Vosotros también.
Chris me mira, pero no dice nada. Sé que quiere tranquilizarme, decirme que todo va a salir bien. Pero las palabras no salen de su boca. En vez de eso, se marcha con Barry, y me pongo en movimiento cuando los pierdo de vista.
Subo a buen ritmo por la escalera mecánica sin despegarme de mi escolta. Me gusta que esté callado. No tengo muchas ganas de hablar ahora mismo. Terminamos de subir por la escalera y vamos hacia la derecha en la tercera planta.
Pasamos por los escaparates de varias tiendas de ropas y complementos hasta llegar al final del pasillo, donde están los servicios y una puerta metálica. Me quedo quieta. Espero que no tengamos que entrar por los conductos de ventilación ni nada de eso.
-Ésta es la oficina de los vigilantes –comenta el policía examinando la puerta -. Debería estar abierta. Dentro hay una escalera que lleva al punto más alto del edificio.
Toco instintivamente las ganzúas que llevo en el chaleco. Siempre me acompañan. Las usaré si es necesario. McLeod gira el pomo, pero la puerta se resiste. La embiste con el hombro, pero sigue sin ceder ni un milímetro. Resopla con las mejillas encendidas.
-Joder… ¿Y ahora qué hacemos? La única entrada es ésta.
-Tranquilo, yo me encargo –contesto quitándome el rifle -. ¿Te importa sujetarlo un momento?
El poli sostiene mi rifle y me agacho frente a la cerradura. La observo detenidamente. Es muy nueva. Posiblemente haya sido cambiada hace poco. Pero no hay ninguna cerradura que se resista a mis dedos.
Saco el juego de ganzúas y empiezo a realizar ese baile de manos que tan bien se me da. Muevo la clavija lentamente de arriba abajo, y luego de derecha a izquierda. Ya empiezo a notar que cede. Muevo la muñeca circularmente, y oigo un suave clic.
Lo tengo. Giro las ganzúas a la derecha y la puerta se abre. Pan comido. McLeod me observa sorprendido mientras recupero mi rifle.
-¡Qué rapidez! –exclama sin salir de su asombro -. Eres una auténtica experta.
Sonrío para quitarme un poco de méritos y dejo que entre en primer lugar. La sala de vigilancia está llena de monitores que nos ofrecen una visión directa de todo el edificio, tanto del interior como del exterior.
En uno de los monitores, el que está más a la izquierda, veo al grupo de Chris y Barry avanzar por la planta baja. Deben estar cerca del objetivo. Un rápido vistazo me sirve para localizar a los secuestradores.
Están situados junto a una fuente, con un hombre al que tienen como prisionero. No hay rastro de los demás, y eso es algo que me preocupa. Pensaba que eran más.
-Vamos, ya casi hemos llegado –me llama McLeod abriendo una puerta que está junto a un panel de control.
Subimos unas escaleras hasta llegar de nuevo a una parte visible del centro comercial. Estamos caminando sobre una pasarela que debe estar por lo menos a unos veinte metros de altura. Es perfecta. Puedo verlo todo desde allí.
-Allí están –susurra mi acompañante señalando a mi espalda.
Me giro, y efectivamente, allí está la fuente y los terroristas con el rehén. Descuelgo el rifle y hago unas rápidas comprobaciones para asegurarme de que todo está bien. Me coloco la mirilla en el ojo y observo un poco el escenario.
Los equipos de asalto tienen que estar al caer, pero no sé por qué parte lo harán. A estas alturas, todas las salidas estarán bloqueadas; no tienen escapatoria. No son muy profesionales que digamos.
-¡Sé que estáis por ahí! –exclama uno de ellos sin dirigirse a nadie en concreto -. Si nos dejáis marchar, dejaremos libre al rehén.
Coloco la mirilla sobre el tipo que apunta al rehén y espero. Sé que no debo hacer nada hasta que llegue la caballería. ¿Por qué tardan tanto?
-¡Alto! ¡Policía! –escucho unas voces autoritarias procedentes de la galería inferior.
Entonces, veo a un grupo de policías aparecer en la primera planta, apuntando con sus armas a los asaltantes, y otros cuantos están en la planta baja, cara a cara con los terroristas.
-¡Las manos arribas! –exclama otro policía dando unos pasos hacia el grupo.
Los terroristas se levantan y cogen al rehén poniéndole la boca del arma en la cabeza. No se escucha nada. Todo está en silencio… hasta que oigo otra voz que me es familiar.
-Detened toda esta pantomima ahora mismo. Estáis rodeados.
Aunque me llega bastante lejana, la voz de Chris es firme y segura. Sigo observándolo todo por la mirilla. Los tipos miran hacia las galerías superiores exclamando algo que no logro entender.
De pronto, uno de ellos abre fuego. Un policía cae abatido, y la réplica no se hace esperar. Veo a uno de los tipos apuntando a Chris. Maldita sea. Pongo el dedo en el gatillo. Discuten. Los disparos no me dejan oír nada. El terrorista le dispara a Chris, que cae al suelo llevándose una mano al pecho.
-¡No! –exclamo apretando el gatillo justo en el momento en el que el tipo cae acribillado a balazos.
Mi disparo impacta de lleno en la cabeza del rehén. Cae desplomado. Las manos me tiemblan, no sé qué hacer. ¡He matado por accidente a una persona inocente! Me separo de la mirilla lentamente sintiendo que mi cuerpo se queda helado.
¿Qué ha podido pasar? ¡Tenía al terrorista en el punto de mira! Alguien se me ha adelantado. McLeod me mira sin saber muy bien qué decir. Algunos de sus compañeros me miran con reproche.
Veo que se llevan a Chris hacia el exterior. Barry me dirige una mirada, aunque desde esta altura no puedo distinguir lo que quiere decir. Lo único que sé es que me he metido un buen lío.

Uf, qué marrón. Desde luego que vaya racha llevan los dos... ¿Cómo reaccionarán en la comisaría ante tal desastre? ¡En el próximo capítulo! Muchas gracias a todos por seguir mi historia. Os lo agradezco eternamente.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 11 Nov 2016 11:00

57.

Los médicos me han repetido una y otra vez que he tenido mucha suerte. Pero la suerte será escapar vivos de las garras de Irons. Después de todo lo que ha pasado, nos ha llamado a mí y a Jill para echarnos una buena bronca con toda seguridad.
No pude verlo, pero me contaron que el rehén murió por un disparo en la cabeza, un disparo efectuado por Jill. No termino de creerlo. Cuando Barry me lo contó, no daba crédito. Pero la forma de actuar de Jill, sus gestos… me da a entender que algo grave ha pasado.
Estamos sentados fuera del despacho de Irons, esperando a que nos llame. Llevamos en silencio todo el tiempo desde que tomamos asiento en ese frío pasillo. No es que me apetezca mucho hablar, pero estos silencios tan incómodos me ponen de los nervios.
Para colmo, el dolor del pecho es insoportable. He tenido suerte de llevar el chaleco, porque el resultado podría haber sido dramático. Los médicos dicen que me quedará un moratón, y que me seguirá doliendo los próximos días.
La puerta del despacho se abre. Por ella sale Marvin Graham, el jefe del R.P.D., y un tipo que me cae bastante bien. Le miro sin decir nada, y él, al detectar mi mirada, sabe que algo ha pasado. Es extraño que no lo sepa ya; las noticias corren como la pólvora.
Veo a Marvin alejarse cuando oigo una voz ronca y enfurecida llamarme.
-Redfield, Valentine. Adentro.
Suspiro con resignación y me levanto sin prisas. Dejo que Jill entre en primer lugar (ni siquiera me mira), y luego lo hago yo. El despacho no ha cambiado mucho desde la última vez que estuve. Sigue habiendo trofeos de animales y cuadros de un gusto bastante dudoso. Creo que hay algunos nuevos.
Me siento a la izquierda de Jill. No puedo evitar acordarme de cuando nos llamaron para que grabáramos el anuncio. Parece que ha pasado un siglo desde entonces… y eran unas circunstancias completamente distintas.
Irons no nos presta atención. Está mirando la pantalla de su ordenador con el ceño fruncido y con pinta de estar aburrido para variar un poco. Jill se mueve en su asiento un poco incómoda.
Sé que tendría que haberle dicho que lo que ocurrió fue un accidente, que sólo intentaba proteger al equipo y al rehén. No sé cómo me sentiría yo si me hubiera pasado a mí, pero me sentiría igual de culpable lo más seguro.
Miro de nuevo al jefe de policía. Me pone nervioso que siga ignorándonos de esa forma. Juega con su bigote distraídamente hasta que sus ojos se abren de par en par.
-Ajá… Aquí está –murmura posando sus ojos porcinos en la pantalla. No sé a qué se refiere, pero seguro que no es nada bueno -. El asalto al centro comercial se salda con la muerte de los terroristas y el rehén… La policía de Raccoon no ha podido evitar tragedia: un rehén muerto… Varios policías han resultado heridos en la operación del centro comercial… ¿Sigo leyendo titulares?
Ni Jill ni yo decimos nada. La prensa se ha dado mucha prisa en difundir la noticia, cuando no hace ni una hora seguíamos allí. En boca de Irons suena muchísimo peor. Se nos queda mirando, y yo, al menos, soy incapaz de pronunciar palabra.
-Ha sido un desastre en toda regla. ¿En qué estaban pensando? –nos grita Irons poniéndose en pie y dando un puñetazo en la mesa -. Tengo el informe de lo ocurrido –coge un papel que tiene sobre la mesa para leer unas líneas -. El señor Redfield intentó hacerse cargo de la situación. Los terroristas enloqucieron, y empezaron a disparar a diestro y siniestro. Varios de nuestros hombres resultaron heridos, incluyendo al propio señor Redfield –el jefe Irons hace un pausa. Trago saliva con dificultad. Visto así, parece que haya incitado a los terroristas a dispararnos. Lo único que quería era ayudar -. Por su parte, la señorita Valentine abrió fuego aún a sabiendas de que podría herir a alguien. El rehén, M.T., falleció a causa de un disparo en la cabeza efectuado por un rifle de francotirador.
Irons deja el informe sobre la mesa poniéndose rojo como un tomate. Joder, no sé cómo lo está haciendo, pero me está haciendo sentir muy mal, cuando lo normal es que me produjera indiferencia.
-Quiero una explicación… ¡Ya! –nos vuelve a gritar con los ojos salidos de las órbitas y los dientes muy apretados. Sé que es el momento de sacarle de su error.
-Señor, con todos mis respetos –empiezo diciendo haciendo especial hincapié en la palabra “señor” -, ese informe parece querer echarnos la culpa a los S.T.A.R.S. de lo que ha pasado…
-¿Me está diciendo que acusa al capitán de la operación de mentir?
-No, señor, pero pienso que era imposible controlar las variables de la operación. No sabíamos cómo iban a reaccionar los terroristas, ni qué armamentos tenían o si disponían de alternativas para burlar la seguridad.
-¡Basta, Redfield! –me interrumpe Irons dando otro golpe en la mesa. No le aparto la mirada. No pienso dejar que siga haciéndome quedar peor de lo que ya estoy -. No pienso tolerar que siga poniendo en duda mi forma de actuar o la de cualquier superior. No quiero escuchar ni una palabra más suya. ¿Qué tiene que decir al respecto, señorita Valentine?
Miro a mi compañera. Está muy tensa, agarrada a la silla con una fuerza que debe estar haciéndose daño. La que nos ha caído encima con el capullo éste.
-Yo… fue un accidente. No… no pretendía dispararle al rehén, señor.
-¡Pero lo hizo! –vuelve a elevar la voz sobresaltándonos a los dos -. ¿Alguien le dio permiso para disparar? –ninguno de los dos hablamos. Por lo forma en la que me increpó Irons, sé que mi cupo está completo por hoy -. Ya veo que han pasado por alto todo lo que se les enseñó en el entrenamiento básico… Si por mí fuera los mandaba a los dos al equipo Bravo. Quizá necesiten recordar ciertas normas.
-El reglamento permite disparar si la vida del agente o de cualquier otra persona está en peligro. Página cuarenta y cinco, apartado b –le suelto casi sin pensarlo. Irons me mira lleno de cólera, y sé que me he metido la pata.
-Chris… Basta –murmura suavemente a mi lado Jill viendo el grave error que he cometido. Pero es que no puedo consentir que ese capullo esté siempre dándose aires de superioridad cuando no es más que un patán.
-¿Saben lo que voy a hacer? Señor Redfield, usted se quedará sin cobrar la mitad del mes –mi cara pasa de la seriedad al asombro. ¡No puede estar hablando en serio! -. Y usted, señorita Valentine, se quedará sin recibir el sueldo completo.
Sus medidas nos han pillado a los dos por sorpresa, porque somos incapaces de reaccionar. Su cara de triunfo así lo demuestra.
-Señor… -logra decir Jill intentando protestar. Le dirijo una rápida mirada haciéndole entender que no merece la pena seguir insistiendo.
-¡Ni señor ni leches! ¡Se lo merecen por actuar sin obedecer a sus superiores! Y ahora, si me disculpan, tengo unos asuntos muy importantes que atender. Largo de aquí.
No hace falta que me lo repita dos veces. Me levanto rápidamente y abandono el despacho furioso. No es justo que por intentar salvarle el pellejo al R.P.D. tengamos que pagar los platos rotos.
Es más, fueron ellos los que solicitaron nuestra ayuda, y como somos la unidad especial de la comisaría, fuimos a echarles una mano sin cuestionarnos absolutamente nada. ¡Dos semanas de sueldo! Joder, y precisamente ahora que me marcho a Nueva York.
Me dirijo hacia el vestuario sin mirar a nadie. Lo único que quiero es largarme de allí, recoger a mi hermana y volver a mi querido hogar después de tantos meses. La mayoría del equipo ya se habrá ido. Los del Bravo tienen que estar al llegar.
Abro la puerta del vestuario. No hay nadie. Mejor. No tengo ganas de que me pregunten sobre lo que ha pasado. Camino hacia mi taquilla y abro la puerta de un tirón. Dentro está mi ropa, mi cartera y mi teléfono. Es todo lo que necesito.
Cuando estoy cerrando la taquilla la puerta de los vestuarios se abre. Espero ver aparecer a alguien del equipo Bravo… pero es Jill. Me dirige una rápida mirada antes de caminar hacia su taquilla, unas dos o tres más a la derecha.
Sé que debería irme, pero no me muevo. Me quedo observando cómo mi compañera empieza a sacar su ropa y la deja a un lado. Tal vez he sido bastante injusto con ella, y la verdad es que no me gusta nada la situación por lo que estamos pasando últimamente.
-Menudo cretino ese Irons –comento para romper el hielo. Me apoyo en mi taquilla. Jill sigue sin mirarme. Creo que no estoy siguiendo una buena táctica -. Un error puede tenerlo cualquiera. Cuando estaba en las fuerzas aéreas, murieron cinco de mis compañeros por culpa del capitán… Se equivocó al darnos las coordenadas, y el enemigo nos pilló. Yo escapé de milagro.
Por primera vez consigo que me mire sin tener que buscarla. Sigue estando seria, pero parece que mi historia, la verdadera razón por la que me expulsaron, la ha tranquilizado un poco. Me negué a dejar a mis compañeros en las manos del enemigo, y conseguí salvar a algunos.
Jill coge su ropa y camina hacia el servicio. Joder, menuda mierda. No era así como se suponía que tenía que acabar esto. Será mejor que me marche; cuanto más tiempo esté aquí, menos grata será mi presencia.
Pero Jill no entra. Se queda delante de la puerta… y se gira. Me quedo junto a la taquilla. Vaya, esto no me lo esperaba.
-¿Sabes qué es lo peor de todo? Cuando haces algo bueno te alaban y fin de la historia. Pero cuando cometes un fallo… te crucifican hasta que no pueden más.
-Estoy totalmente de acuerdo –asiento dando unos pasos hacia ella, pero no me detengo a mitad de camino -. Hemos hecho mucho por esta comisaría y por esta ciudad. Los errores forman parte del trabajo… siempre y cuando no se conviertan en un hábito –Jill me sigue mirando. Parece más tranquila conforme pasan los segundos -. Oye Jill… yo… quería disculparme por haberme portado contigo de esa manera… Estaba ciego… Sé que la próxima vez deberé considerar mejor las opiniones de mis amigos…
Y entonces, Jill corre hacia mí y me da un abrazo que casi hace que los dos nos caigamos al suelo. No decimos nada. Simplemente nos abrazamos… y vuelvo a sentir esa sensación de paz y tranquilidad que pocas veces experimento.
Será mejor que me parte. Si alguien del equipo, o cualquier otro nos ve, puede pensar cualquier cosa. Jill parece leerme el pensamiento, y se separa unos centímetros, los suficientes para saber que entre nosotros las cosas parecen ir mejor.
-¿Rompiste con ella? –me pregunta de repente. Tardo unos segundos en saber de qué está hablando.
-Sí –asiento lentamente, sorprendiéndome porque apenas siento dolor -. La pillé hablando con otro tío… y parece que llevaban bastante tiempo.
-Lo siento mucho, Chris. Me alegro de que, al menos, te hayas dado cuenta de que esa mujer no te merecía.
Le sonrío, y ambos parecemos mucho más tranquilos, casi como si no hubiera pasado nada entre nosotros. Miro el reloj. Debería irme ya. Claire se estará preguntando dónde estoy; le dije que pasaría por ella a las cuatro.
-¿Vuelves a Nueva York? –me pregunta Jill devolviéndome a la realidad.
-Sí, Claire quiere entrevistarse con las universidades que más le han gustado, y ya se le está acabando el plazo para echar la inscripción… ¿Tú irás a Nueva Orleans?
-Sí, quiero y necesito ver a mi padre. Ya son muchos meses en los que nuestras conversaciones son a través del teléfono… y ya de paso me ocupo de algunos asuntos que tengo pendientes…
-Te entiendo –comento sabiendo perfectamente cómo debe sentirse al tener bastante lejos a la persona que más te importa -. Eso quiere decir que hasta septiembre no volveremos a vernos.
-Cierto. No me acordaba –reconoce como si se le hubiera pasado por alto el detalle. Aunque no es para menos: no es que hayamos sido uña y carne las últimas semanas precisamente.
-Pásatelo bien y desconecta. Ya iremos hablando.
-Por supuesto. No vayas a coger mucho el sol.
Su comentario me hace reír. Me encanta que haya vuelto la Jill de siempre. Me tienda la mano… y yo se la estrecho gustosamente. No hay nada como irse de vacaciones y saber que todo está bajo control.



¿1 mes separados? ¡Lo que puede pasar en un mes! Como ya veis, Irons sigue tan cabronazo como siempre. La mala suerte... En el próximo capítulo nos adentraremos en el viaje de Jill a New Orleans... ¿Qué pasará? ¡Nos vemos!
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Lucy Norton
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 18 Nov 2016 10:56

58.

Hogar, dulce hogar. Creo que hace bastante tiempo que no me siento tan feliz, posiblemente desde que ganamos el título. Nueva Orleans sigue prácticamente igual a como la recuerdo; calles llenas de gente, algún que otro dialecto francés y música jazz por todos los rincones.
Al final he tenido que venir en coche. Me salía más barato que viajar en avión; estamos en temporada alta, y el precio de los billetes se ha puesto por las nubes. Me he tenido que gastar bastante en gasolina, por no mencionar que tuve que pasar la noche en un motel en Memphis.
Después de casi dos días de viaje, aquí estoy. Si el cabrón de Irons no me hubiera quitado todo el sueldo del mes pasado podría respirar con más tranquilidad. Pero bueno, no puedo quejarme: llego a fin de mes sin muchos apuros.
Tom no ha podido acompañarme, aunque la verdad es que me apetecía hacer este viaje sola. Necesito volver, aunque sólo sean unos días, a mis raíces. Y sobre todo desconectar un poco de Raccoon City. He intercambiado algunos mensajes con mis compañeros y poco más. Todo sigue tal y como lo dejé.
Acabo de llegar a la cárcel estatal de Nueva Orleans. Estoy esperando turno para poder ver a mi padre. Cuántas ganas tengo de verle, de hablar con él y contarle muchas cosas. Espero que lo hayan tratado bien.
Un joven que estaba siendo atendido se marcha y me toca. Doy unos decididos pasos hacia el mostrador, donde hay una mujer con cara amable. No creo que sea un trabajo demasiado agradable, y eso que estoy acostumbrada a ver cientos de presos en la comisaría.
-Buenos días. Me gustaría ver al preso Dick Valentine –saludo mirando fijamente a la mujer. Ésta me acerca lo que parece ser un formulario y un bolígrafo.
-Rellene esta hoja, y luego puede pasar a la sala de espera. El señor Valentine está en máxima seguridad, así que la visita será grabada y limitada a quince minutos. Usted elige el tipo de encuentro que quiere.
-Gracias.
Me echo a un lado para dejar que la empleada siga atendiendo y empiezo a completar el formulario un poco nerviosa. Voy a ver a mi padre en breve, y no sé cómo reaccionaré. Pido que sea un encuentro cara a cara, no a través de ventanilla. Relleno todo el documento y se lo entrego a la mujer antes de pasar por la puerta que pone “sala de espera”.
Es una habitación pequeña con varias sillas distribuidas por toda la sala. Sólo veo a una mujer acompañada de su hijo, que no debe tener más de ocho años. Los saludo y me siento en una silla alejada. Toca esperar. Espero que no tarden mucho.
-¿Tienes ganas de ver a papá, cariño? –le pregunta la madre al niño acariciándole el pelo. El crío asiente en silencio, y se queda mirando el suelo.
Yo sonrío un poco. Pobre chico. Debe ser duro para él estar sin una figura tan importante como la de su padre. A mí me pasa algo parecido, con la diferencia de que ya soy mayor de edad y tengo total libertad sobre mí.
Miro mi teléfono móvil por si tengo alguna llamada o mensaje, pero nadie parece acordarse de mí, ni siquiera Tom. Bueno, está trabajando, y no es que vaya a estar pegado al móvil precisamente.
-Jill Valentine. Sala dos.
Casi doy un respingón al oír la voz procedente del altavoz. Me levanto casi automáticamente. No tengo ni idea de dónde está la sala dos, pero imagino que será por el pasillo que he dejado atrás. Nada más salir, veo a un guardia esperándome en la puerta.
-Por aquí, señorita Valentine –me comunica indicándome una puerta a nuestra derecha -. Antes de entrar deberá someterse a un cacheo. Ya sabe, motivos de seguridad.
Asiento lentamente. Conozco el protocolo; no hace falta que me lo repita. Lo único que quiero es ver a mi padre. Me guía por el pasillo hasta que llegamos a una puerta con el número dos. Hay una mujer uniformada con un detector en las manos.
-Deje todas las cosas metálicas en esta caja –me ordena señalando la caja. Cojo las llaves de la casa y las del coche, mi cartera y el teléfono. En el bolso no llevo gran cosa, pero aún así veo al poli registrarlo mientras la mujer pasa el escáner sin observar nada extraño.
Me cachea de arriba abajo sin encontrar nada sospechoso y decide dar por terminado el registro.
-Está limpia. Puede coger sus cosas. –comunica la mujer guardando el aparato. Su compañero asiente.
Recojo las llaves, la cartera y el teléfono sin prestar mucha atención. Estoy a escasos centímetros de mi padre. Puedo verlo sentado a través de la pequeña ventana de la puerta.
-Esperaré aquí. Si hay algún problema, deme una voz.
Asiento en silencio y agarro el pomo con manos temblorosas. Abro la puerta con alguna que otra dificultad… pero allí estoy, delante de un hombre de unos cincuenta años con el pelo canoso y barba de varios días. Lleva un uniforme naranja que le sienta de maravilla.
Parece triste, pero en cuanto me ve se le ilumina la cara. No puedo evitar sonreír como una boba. Mi padre se levanta y corre a darme un abrazo. Respondo encantada. Se me saltan algunas lágrimas…
-Jilly… Mi pequeña… ¿Cómo estás? –me pregunta en un rápido francés mientras apoyo la cabeza en su hombro. Cuánto lo he echado de menos. Qué sola me he sentido desde que nos vimos obligados a separarnos.
-Papá… no sabes cuánto me alegro de estar aquí… Te he echado tanto de menos…
-Lo sé, pequeña –se aparta un poco y me coge de la barbilla mirándome detenidamente. Muchos dicen que me parezco a él, pero Dick insiste en que he sacado parte de la belleza de mi madre -. Vamos a sentarnos. El tiempo vuela cuando disfrutas.
Mi padre vuelve a sentarse en la misma silla de antes y yo lo hago en la otra. Me coge de una mano y nos contemplamos sonriendo. Adoro cuando teníamos charlas de padre a hija.
-Bueno, cuéntame cómo te va en Raccoon City. Sé que hemos hablado mucho sobre ello por teléfono, pero quiero oírlo de tu boca.
-Genial, papá –respondo con una sonrisa -. Al principio me costó un mundo adaptarme, pero la verdad es que ahora no me imagino otro trabajo mejor que el que tengo. Me siento útil ayudando a los demás.
-Eso es fantástico. Sé que en la Delta Force podrías haber accedido a un gran puesto, pero creo que estarás de acuerdo conmigo en que ese cambio de aires te ha sentado de maravilla. Pareces distinta… Más feliz. ¿Cómo te tratan tus compañeros?
-Son un encanto. Están siempre pendientes de mí… aunque más de una vez he tenido salvarles el culo –mi padre ríe bastante animado -. Nuestros superiores son unos auténticos profesionales… lástima que no pueda decir lo mismo del jefe de policía…
-¿Está metido en algún lío?
-¿Quién sabe? –me encojo de hombros -. Es un tipo bastante peculiar. Nos trata como si fuéramos un estorbo a veces. Es como si estuviera cansado de tener que acudir a nosotros cada vez que hay un problema.
-Bueno, por algo sería idea suya montar esa unidad, ¿no? Tú sigue esforzándote y trabajando duro para demostrarles que no hace falta tener algo colgado entre las piernas para triunfar.
Su comentario me hace reír. Dick a veces tiene unos puntos que te sacan una sonrisa aunque hayas tenido un mal día.
-Oye… ¿y algún pretendiente por ahí?
-Bueno… -contesto pensativa. No sé si debería contarle toda la verdad. Mi padre tiene mucha experiencia, y podría aconsejarme, pero no sé hasta qué punto debería profundizar -. Llevo unos meses saliendo con un chico que vive en la misma calle que yo. Es un buen muchacho. Está estudiando en la universidad y de vez en cuando ayuda a sus padres en un negocio familiar que tienen.
-Me alegra oírlo, cariño –comenta mi padre apretándome la mano cariñosamente -. Lo pasaste muy mal con ese… capullo de Jerry, y me anima saber que la vida te está dando una segunda oportunidad.
Sonrío sin saber bien qué decir. Dick siempre se ha preocupado por mi bienestar desde que nací. Nunca me ha faltado comida, aunque más de una vez hemos tenido que robarla para tener algo que llevarnos a la boca. Ha hecho cosas mal, como todo el mundo, pero no puedo reprocharle absolutamente nada. Él me ha enseñado todo lo que sé, y ha sido mi principal apoyo siempre.
-¿Y cómo te va la vida por aquí? –le pregunto intentando suavizar mi tono. Estar entre rejas no es lo más agradable del mundo precisamente.
El gesto de Dick se tuerce un poco. No sé cuánto tiempo me quedará, pero ya debe estar a punto de finalizar la visita. Mi padre suspira y se acerca un poco más a mí. Sé que lo que va a contarme es importante. Puedo verlo en sus ojos.
-El otro día vino el abogado… Estuvimos hablando cerca de una hora. Me ha asegurado que vamos a luchar hasta el final para que se haga justicia…
Noto en su tono frustración y tristeza. Creo que no quiero escuchar lo que viene a continuación. Trago saliva con dificultad.
-¿Pero…? –continúo con la voz un tanto quebrada.
-El juez está convencido de que mis delitos han violado cientos de códigos… Si me metieron en alta seguridad es porque piensan que soy peligroso… y por eso… están planteando la posibilidad de aumentar la condena o…
Dick se para en seco. No puedo continuar. Yo me llevo las manos a la boca sorprendida. ¡No puede estar hablando en serio! Las manos y las piernas me empiezan a temblar a un ritmo frenético. Jamás pensé que el jurado estuviera sopesando la posibilidad de ejecutarlo.
-¿Cuándo es el juicio? –le pregunto recuperando un poco la compostura.
-Dentro de un par de meses más o menos. Hay bastante follón y todos los casos van con bastante retraso…
-Pediré el número de tu abogado. Necesito hablar con él…
La puerta de la habitación se abre en ese momento, y aparece el mismo guarda que me acompañó y que ha estado todo el tiempo esperando en el pasillo.
-El tiempo se ha terminado. Vamos –anuncia el guardia cogiendo las esposas que lleva colgadas.
Dick y yo nos levantamos y nos fundimos en un intenso abrazo. No sé cuándo volveré a verle, y la idea de perderlo me atormenta. No estoy preparada para ello. Mi padre me da un beso en la mejilla y me acaricia el pelo.
-Cuídate, pequeña. Sé que estás haciendo lo correcto.
-Saldrás de ésta, papá –le digo cuando el policía le pone las esposas.
Me quedo observándolos hasta que se pierden de vista. Soy incapaz de moverme… y sé que debo hacer algo para aclarar toda esta situación.

El sol se está marchando poco a poco. Me he buscado cosas para hacer y distraerme un poco. Como era de esperar, la casa estaba hecha una mierda por todos lados. Lleva deshabitada desde que me fui, así que tampoco es de extrañar.
Me he encargado especialmente de las habitaciones donde pasaré más tiempo estos días: la cocina, mi dormitorio, el cuarto de baño y el salón. Llevo liada desde que terminé de comer, y ahora estoy poniendo un poco de orden en el trastero.
Desde allí puedo ver un enorme campo de cultivo que pertenece a uno de los vecinos y que parece tener una cosecha bastante abundante. Aparto unos sacos de arena y me quito unos mechones de la cara. La humedad empieza a ser un poco agobiante.
Estoy completamente sudada. Lo más seguro es que tras darme una ducha y cenar algo me iré directa a la cama. Todavía estoy algo agotada del viaje, y cuando vuelva a Raccoon City tendré que salir con al menos tres días de antelación.
Escucho un ruido procedente del exterior. Me quedo quieta y agarro la culata de mi pistola, una que siempre llevo conmigo. No termino de quitarme la sensación de que estoy constantemente vigilada. Camino sin hacer ruido hacia la entrada, y espero.
Sólo escucho el canto de unos pájaros y el de unos coches pasar por la carretera. Abro la puerta con lentitud y desenfundo el arma. Doy unos seguros pasos hacia el exterior. Nada extraño. Vuelvo a oír ruido, como si fueran unas pisadas. Me giro… y la furia empieza a brotar en mí. Le quito el seguro a la pistola.
-Sólo te lo diré una vez: largo –le advierto al sonriente tipo que tengo ante mí. Desde luego que no esperaba esta visita, y mucho menos estoy preparada para el enfrentamiento.
-Oh, vamos, ¿así es cómo recibes a un viejo amigo?
Jerry no ha cambiado nada: su expresión burlona, su aspecto desaliñado y ese inconfundible olor a alcohol y tabaco. Levanta las manos como si estuviera pidiendo perdón, pero yo no me lo trago.
-Vete, tengo cosas que hacer –le espeto poniéndome lo más seria posible. Quiero dejarle claro que los S.T.A.R.S. me han endurecido, y mucho.
-Cierto, el tiempo apremia –detiene su mirada en mi coche aparcado a unos metros -. Veo que no te lo pagan demasiado bien si te hacen venir en coche.
-Eso no es asunto tuyo –le suelto con toda la frialdad de la que soy capaz. Doy unos pasos hacia Jerry sin bajar el arma -. ¿Quieres largarte de una puta vez o llamo a la policía?
-Ah, claro, que ahora son amigos tuyos. Cómo cambian las cosas, ¿verdad?
Noto cierta referencia a la encarcelación de mi padre en sus palabras. Aprieto los dientes controlando cada uno de mis movimientos. Quiere desestabilizarme, pero no voy a darle ese gusto.
Lo que más me inquieta es que no sé cómo ha averiguado que he vuelto. ¿Me estaba espiando? Se acerca a mí. No puedo disparar por mucho que desee borrarle esa sonrisa de idiota.
De pronto, me golpea en la mano y la pistola sale despedida. Recibo un golpe en las costillas que me corta la respiración y caigo al suelo. Jerry me coge de la camiseta y me arrastra hacia el interior del trastero.
Recupero un poco el aliento mientras observo cómo cierra la puerta. Mierda. Estoy perdida. Puedo ver en sus ojos que está dispuesto a matarme. Retrocedo un poco hasta chocar contra la pared. Jerry se ríe con alegría.
-Cuando me enteré de que te ibas me puse hecho una furia. No podía permitir que la mujer que me denunció se saliera con la suya. ¡No soy un criminal!
-¡Eres un maldito hijo de la gran puta!
Levanto el palo de madera y le propino un golpe en la rodilla. Jerry se lleva la mano a la rodilla gritando, y yo aprovecho ese segundo para ponerme en pie. Necesito salir de allí y pedir ayuda. Corro todo lo que puedo hacia la salida, pero vuelvo a caer al suelo cuando casi he llegado a la puerta.
Recibo una fuerte patada en la espalda. Procuro no gritar ni mostrarme débil: no le voy a dar ninguna satisfacción más.
-¿Dónde crees que vas? –se burla poniéndose delante de mí en cuclillas. Yo sigo mirando la puerta. Me agarra la cara y me obliga a mirarlo. Permanezco igual de impasible -. Vas a pagar por todo lo que has hecho. Vas a hacer todo lo que yo te diga… si quieres seguir con vida.
-¡Y un cuerno…! –exclamo forcejeando un poco. Jerry se ríe al ver que mis esfuerzos son inútiles.
-Sabes que no tienes nada que hacer contra mí… Nos conocemos demasiado bien, y sabemos pelear el uno contra el otro –da una vuelta a mi alrededor y posa una de sus manos en mi trasero. Siento un escalofrío -. Me apetece echar un polvo ahora.
-Pues tienes un problema, porque a mí no –le suelto mientras pienso en algo rápido. Si no consigo salir de allí en el próximo minuto estoy muerta.
Jerry vuelve a situarse delante de mí. Se empieza a quitar la correa del pantalón, y lo deja caer. Trago saliva con dificultad. No puedo permitir que haga esto. Deja su miembro al descubierto, delante de mí, y se toca con brío.
-Chúpamela –me anima acercando su pene a mi boca. Yo no me muevo. Tengo que hacer algo ya. Jerry, al ver mi negativa, me agarra la cabeza con fuerza y me abre la boca -. Eso está mejor.
Introduce su polla en mi boca con fuerza, emitiendo un gemido de placer… y yo siento unas arcadas enormes. Entonces, como si me cayera del cielo, me viene una idea. Aprieto los dientes y le doy un fuerte bocado en la punta de su miembro.
-¡Ah! ¡Hija de puta! –grita de dolor mientras me incorporo y corro hacia la puerta.
Consigo agarrar el pomo. Jerry me agarra de la camiseta y me la rompe, pero yo consigo mi propósito. Salgo al exterior trastabillándome y buscando desesperadamente mi pistola.
La veo a unos diez metros tirada en el suelo. Oigo unos pasos detrás de mí. Se está acercando. Me giro en el suelo y apunto directamente a la cara de ese capullo. Nos quedamos en silencio; sólo se escuchan nuestras respiraciones agitadas.
Me levanto lentamente sin apartar el arma ni un milímetro. Mi camiseta de los S.T.A.R.S. está destrozada y llena de tierra. Pero no importa. Ahora tengo el control de la situación, y nadie puede detenerme.
Jerry aún tiene los pantalones desabrochados. Cualquiera que nos vea se hará una ligera idea de lo que ha ocurrido.
-No vas a dispararme. No lo harás –dice mi agresor con la voz entrecortada y sabiendo que tiene todas las de perder.
-Cierto, pero puedo llamar a la policía, y no creo que se pongan muy contentos de verte aquí… -respondo sacando mi teléfono del bolsillo -. Y no creo que en la Delta Force te reciban con los brazos abiertos.
-Me echaron… Después de descubrir lo que pasó –me reprocha apretando los puños y los dientes. Eso me pilla por sorpresa -. La Delta Force y la policía se pasan información constantemente. Ya sabes a lo que me refiero.
Me quedo petrificada. ¿Quiere decir que la Delta Force me tenía vigilada porque sabían quién era mi padre? ¿Por eso mi superior me propuso para alistarme a los S.T.A.R.S.? ¿Pensaría que podría ser un problema a la larga?
Yo ya tenía tomada la decisión antes de que mi superior me abordara y me propusiera unirme a los S.T.A.R.S., y ése era el único empujón que necesitaba para dejar atrás una parte de mi vida. Dick también me había insistido mucho, y todas mis dudas se disiparon.
-No te creo. Te estás tirando un farol.
Jerry ríe.
-Tú misma. Dile a tus amiguitos que te cuenten la verdad. Son todos iguales: corruptos, mentirosos y unos hijos de la gran puta –se queda mirándome unos instantes. Debo parar esto antes de que alguien nos vea -. Esto no quedará así. Tendré mi venganza.
Le sigo con la mirada hasta que se pierde de vista por una calle. Bajo la pistola lentamente, temblando y conteniendo las lágrimas. No recuerdo haber estado tan asustada desde el día que encarcelaron a mi padre.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 25 Nov 2016 10:48

59.

Cojo mi chaqueta que está sobre el respaldo de la silla y miro a Claire. Qué suerte tengo de tenerla como hermana. Me ha estado apoyando siempre, y desde que sabe de mi ruptura con Amanda no me ha dejado ni un momento solo.
No sé quién lo ha pasado peor de los dos, porque mi hermana se quedó bastante sorprendida cuando le conté que Amanda me había estado engañando casi desde el principio. Los dos hemos intentado encontrar una explicación, pero lo único que se nos viene a la mente es que realmente no me merecía.
Como hoy tengo el día libre he decidido salir un poco con Claire a disfrutar de estos últimos días de agosto. Mis vacaciones se pasaron volando; apenas me he enterado. Además, Claire pronto volverá a Nueva York para ultimar los detalles de su entrada a la universidad.
Estoy muy orgulloso de ella, y la verdad es que no me importa gastar mi dinero porque sé que Claire se siente muy agradecida por poder darle esta oportunidad. Se lo merece. Siempre ha sido una buena estudiante.
-¿Adónde me vas a llevar hoy? –me pregunta mi hermana sonriente. Yo le devuelvo la sonrisa.
-Ya se me ocurrirá algo.
Y entonces mi teléfono empieza a sonar. Frunzo el ceño. Joder, espero que no sea el capitán, porque me apetece mucho salir con mi hermana un rato. Saco el móvil de mi bolsillo y no puedo evitar quedarme boquiabierto al ver el nombre de la persona que me llama.
Jill.
Me quedo pensativo. Es muy extraño que me llame, y más cuando son cerca de las nueve y media. Además, esta tarde estuvimos intercambiando unos mensajes, y no parecía haber nada raro. ¿Habrá pasado algo que quiera contarme? Si no lo cojo ya me va a colgar.
-Oye, espérame en el coche. Enseguida bajo –le digo a Claire pasándole las llaves de mi coche. Se queda mirándome un poco sorprendida, pero asiente lentamente, y sin hacer preguntas, se marcha. Qué lista es. Acepto la llamada -. ¿No me digas que ya has vuelto y yo sin saberlo?
Hay un corto silencio al otro lado interrumpido por lo que parece ser un llanto. Me pongo serio. ¿Jill está llorando?
-Hola Chris… ¿Estás ocupado? –me pregunta con la voz quebrada. Ya no tengo ningún tipo de duda de que ha estado llorando.
-Estaba a punto de ir a cenar algo con Claire… pero no te preocupes… ¿Estás bien?
Jill vuelve a guardar silencio al otro lado, respirando entrecortadamente y con algún que otro llanto. Joder, la cosa parece seria… y yo sólo le he preguntado si está bien. Estoy a punto de volver a hablar cuando mi compañera me interrumpe.
-¡Ay… Chris! Creo que al final no… no ha sido buena idea venir a Nueva Orleans…
Trago saliva con dificultad mientras me siento en el sofá. ¿Qué demonios ha pasado? ¿Acaso ha tenido un accidente o algo de eso? Por momentos parece que la cosa no pinta demasiado bien.
-Jill… por favor… tranquilízate y cuéntame qué ha pasado. Estoy… muy preocupado por ti.
Entonces se me ocurre que tenga algo que ver con Tom. Aprieto los puños. Si ese cabrón le ha hecho algo… no quiero pensarlo. Pero creo recordar que él no la ha acompañado porque tenía que estar atendiendo el negocio familiar. Cada segundo que pasa estoy más intrigado y preocupado.
-Esta tarde… he tenido un encuentro con alguien de mi pasado… -me cuenta con voz temblorosa antes de detenerse unos instantes -. Chris… quería matarme.
Me levanto del sofá con la boca abierta y sin saber qué decir. Me estoy empezando a poner nervioso.
-¿Dónde estás? –le pregunto con voz temblorosa. Pensar que puede estar herida me deja casi sin respiración.
-Sigo en Nueva Orleans… No… no me atrevo a moverme por ahora.
-¿Estás herida? Joder, Jill… estoy dispuesto a ir a buscarte.
-No… no te preocupes, Chris. Sólo… necesito hablar un poco, olvidar todo esto cuanto antes.
-¿Quién te ha atacado? –pregunto intentando no sonar ansioso ni autoritario. Lo que Jill necesita en este momento es comprensión. Se queda callada unos segundos antes de responder.
-Un… antiguo compañero de la Delta Force.
-¿Está tu padre contigo?
-Sí, tranquilo, él está bien. No sabe nada… ¡Ay, Chris… pensaba que no lo contaba!
Y soy incapaz de decir nada mientras la escucho llorar al otro lado. Es muy significativo que haya acudido a mí antes que a cualquier otro. Me pregunto por qué no ha llamado a su novio. Es lo primero que cualquiera haría.
-Jill, dime que de verdad estás bien, por favor. No… no quiero imaginar por lo que has tenido que pasar.
-Gracias, Chris. Me encuentro mucho mejor después de hablar contigo. Sólo necesito algo de tiempo para volver a la normalidad… -nos quedamos unos instantes en silencio. Su voz suena mucho más serena y relajada que antes -. De verdad, Chris. Muchas gracias… Siento haberte entretenido tanto tiempo.
-Tonterías. Siempre hay tiempo para escuchar a un amigo. Sé que tú hubieras hecho lo mismo.
-Por supuesto. Que lo paséis bien.
-Llámame si necesitas cualquier cosa. Cuídate.
-Tú también. Chao.
Cuelgo y me quedo mirando la pantalla del teléfono. Sé que cuando vuelva dentro de unos días tendré que hablar con ella. Estaba muy afectada; algo muy grave ha pasado. Pero Jill ya me ha demostrado que es una mujer muy fuerte.
Me pongo en camino. Claire se estará preguntando dónde demonios me he metido.
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 02 Dic 2016 11:19

¡Hola de nuevo! Bueno, estáis viendo que estos últimos capítulos están siendo cortos pero intensos. Bueno, he aquí ahora un capítulo que es bastante importante: Jill va a contarle a Chris sobre sus orígenes. ¡No digo más!



Sé que debería estar descansando después de la paliza que me he dado. Casi tres días conduciendo no debe ser bueno. Pero aquí estoy, caminando hacia la puerta del bar Jack para despejar un poco mi mente de todo lo que ha pasado en los últimos días.

Llegar a Raccoon City ha sido, en parte, una especie de liberación, como un soplo de aire nuevo. Quién me iba a decir que mi visita a Nueva Orleans iba a ser tan tensa y triste. Por supuesto que no contaba con las noticias de mi padre, y mucho menos con la aparición de Jerry.

El recuerdo de la pelea aún me pone los vellos de punta. Estaba dispuesto a matarme, no sin antes propasarse un poco conmigo. De no ser por mi formación, probablemente habría muerto. Una mujer más que sumar a la infinita lista de asesinadas a manos de su pareja o sus ex.

Estamos a sábado. Parece haber bastante gente el club a pesar de que apenas son las ocho de la tarde. Paso junto a un grupo de hombres que se me quedan mirando, pero yo hago caso omiso. Ni siquiera le he dicho a Tom que he llegado… y eso no está bien.

Joder, ¿por qué no soy capaz de decirle que lo siento? He intentado mantener la compostura en todo momento, pero por mi parte sé que la situación es cada vez peor.

Camino hacia la barra sin prestar atención a los que están por allí. Sé que no debería estar aquí, pero necesito desconectar. La bebida siempre me ha ayudado… pero sé que no es el camino a seguir. No quiero volver a repetir el espectáculo que monté con el violador, o en la fiesta que organizó el ayuntamiento cuando ganamos el título.

Me siento en uno de los taburetes más alejados. Me siguen mirando, y lo último que tengo ganas es de escuchar a un capullo haciéndose el chulo para impresionar. Miro hacia los camareros. Todos están ocupados en ese momento.

Veo a uno de ellos preparar un Bacardi con Sprite. Sí, tal vez me pida eso; me apetece algo refrescante. Aunque con el dolor de cabeza que tengo no sé si será recomendable. Como si me hubiera oído, el camarero se acerca y deja la bebida delante de mí.

-Del caballero del polo rojo –me informa antes de marcharse.

Pongo los ojos en blanco. Estoy dispuesta a lanzarle la bebida al listillo que está intentando ligar conmigo. Con curiosidad, miro por la barra hasta detenerme en el tipo del polo rojo. Me mira de reojo, y no puedo evitar quedarme sorprendida.

-¿Chris?

Sonríe ampliamente antes de coger su bebida y sentarse en un taburete libre a mi izquierda. Vaya, vaya… la verdad es que está guapísimo. Parece un poco más delgado desde la última vez que nos vimos hace casi un mes. A decir verdad… lo he echado de menos.

-Tú de pingoneo por aquí, y yo sin enterarme –bromea antes de darme dos besos. Me quedo paralizada; su contacto me hipnotiza -. ¿Cuándo has llegado?

-Hace unos quince minutos más o menos –respondo sintiéndome como una colegiala que está ligando con el chico que le gusta. ¡Por el amor de Dios! ¡Ya estoy pillada! -. ¿Cómo sabías que quería beber esto?

-Intuición masculina –vuelve a bromear provocándome una sonrisa -. Por tu aspecto deduzco que estás bastante cansada y sin demasiadas ganas de fiesta…

-No podrías haberlo explicado mejor –respondo antes de darle un sorbo a mi bebida. Refrescante; justo lo que necesito -. ¿Cómo están las cosas por aquí?

-Bien, sin demasiadas novedades… Está siendo un verano bastante tranquilo. El capitán se va mañana de vacaciones… ¿y a quién no sabes quién nos va a dirigir?

Por su tono de voz deduzco que no puede ser nada bueno. Y entonces caigo en la cuenta al ver su cara de desconcierto y asco. ¡Irons! Casi me atraganto con la bebida. Joder, creo que pueden ser las dos peores semanas que voy a pasar.

-¿No me digas que ese capullo va a estar al mando? –pregunto ante la preocupada mirada de mi compañero. Me alegro de que esté aquí para compartir confidencias -. ¿No puede encargarse Enrico?

Teniendo en cuenta que es el líder del equipo Bravo tendrá sus propios problemas y horarios. Además, no creo que sea legal que esté dirigiendo a los dos equipos salvo que el alto mando lo autorice…

-Eso mismo pregunté yo –responde antes de beber -. Pero Irons está empeñado en ser el encargado de supervisarnos. Como si no tuviera ya bastante…

Sus palabras y su tono parecen esconder algo. Sé que me habré perdido bastantes cosas desde que me fui de vacaciones. Chris, al ver mi cara de desconcierto, se acerca un poco más a mí. Se me eriza el vello. ¿Por qué me pasa esto cada vez que estoy cerca de él?

-Por lo visto algunos polis de tráfico no eran todo lo legales que se esperaba de ellos… Descubrieron que estaban recibiendo sobornos de altos cargos para poder aparcar en zonas… no permitidas –me explica Chris bajando bastante la voz y sin apartar su mirada de mí. Esos penetrantes ojos me hacen recordar muchos momentos íntimos que hemos compartido.

-¿En serio? ¿Y cómo le ha sentado eso a nuestro querido mandamás?

Chris sonríe ampliamente. Sé cuánto pone en duda la capacidad de liderazgo de Irons, y lo cierto es que razones no le faltan. Si buscas en un diccionario la palabra “incompetente”, aparece a la perfección una definición del jefe de policía.

-Pues ya te puedes imaginar: si de por sí ya está mosqueado siempre, ahora es peor. Ha suspendido a cinco o seis del departamento, y sigue metiendo las narices por donde puede –asiento lentamente y nos quedamos en silencio. Le doy un sorbo a mi bebida pensando en la que nos espera bajo las órdenes de Irons… y en el horario de madrugada. Peor, imposible -. ¿Y qué tal estás tú?

Lo pienso unos instantes. Decir que estoy hecha una mierda es quedarse corta. Lo único que tengo claro es que volver a Raccoon me hará olvidar el mal trago que pasé. La rutina me hará desconectar y recuperar el ritmo.

Sin embargo, no puedo quitarme de la cabeza la sensación de que tengo que hacer algo por mi padre. La conversación con el abogado no fue demasiado alentadora que digamos. Piensa que es imposible que lo condenen a muerte, que el sistema funciona de forma que se condene a los culpables en relación a su delito.

Lo que él no sé si sabe es que mi padre es uno de los ladrones más reputados y buscados de toda Lousiana. Lo único que podemos hacer es conseguir una pena que no implique pasar por el suplicio de ver a mi padre sufrir.

Chris me sigue mirando. Está esperando una respuesta. Miro de un lado a otro con desconfianza. Chris ha sido un compañero que siempre me ha tendido la mano, pasara lo que pasase. Hemos compartido muchos momentos juntos, íntimos. Es alguien digno de confianza.

-Oye, Chris –me pongo algo más seria -. Sé que tanto tú como los demás miembros del equipo tenéis muchas preguntas desde que me visteis desactivar bombas o abrir una puerta… Hay muchas cosas que no me he atrevido a contar por miedo, por sentirme rechazada… Has demostrado ser un compañero digno de confianza. Quiero contarte algunas cosas de mí que muy pocos saben… -me detengo unos instantes para observar a Chris. Me escucha en silencio, sin perder detalle de lo que digo -. Lo único que te pido… es que no me juzgues mal.

Chris guarda silencio. Me gustaría saber qué es lo que está pensando. No sé si mis palabras le habrán infundido algún tipo de miedo o duda. Tal vez hubiera sido mejor haberme quedado callada y seguir manteniendo mi secreto.

-Claro que sí. Soy todo oídos.

Suspiro aliviada. Sus palabras me tranquilizan en gran medida. Vuelvo a beber y me quedo en silencio, pensando por dónde puedo empezar.



Esto es todo por esta semana. ¡Nos vemos!
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 09 Dic 2016 12:23

Observo a Jill beber en silencio. La verdad es que no sé muy bien qué pensar. Sus palabras me han dejado un tanto sorprendido. Sé que de algún modo todo lo que sabe no lo aprendió en la Delta Force ni en el entrenamiento básico.

Pero lo que más me sorprende es que haya decidido confiar en mí antes que en otro. Por lo que Jill me ha dicho, poca gente conoce lo que va a contarme. Estoy intrigado en cierto modo.

-Bueno… ¿por dónde empiezo? –comienza diciendo Jill un tanto pensativa -. Mi padre es un inmigrante francés que llegó hace casi treinta años a Nueva Orleans para buscarse la vida. Nueva Orleans es una antigua colonia francesa, así que no le costó mucho adaptarse. Allí conoció a mi madre, aunque nunca pude ponerle cara –se detiene unos segundos como si estuviera calibrando qué decir a continuación. Yo sigo en silencio -. Mi madre murió durante el parto, y mi padre se encargó de criarme. Nunca me ha abandonado ni me ha faltado de nada. Cuando tenía un año mi padre conoció a una mujer, y estuvimos conviviendo con ella. Yo apenas recuerdo gran cosa. Sólo sé que gracias a ella me gusta el piano.

-Y muy bien que lo tocas por cierto –añado provocando una tímida sonrisa en mi compañera. Todavía recuerdo cómo los acordes de las notas que estaba tocando me despertaron. Fue una noche intensa.

-El caso es que esta mujer se puso enferma… y murió.

-Vaya, lo siento mucho –intento animarla dándole unas palmadas en el hombro. Sé muy bien lo que es estar solo.

-Mi padre hizo todo lo que estuvo en su mano para sacarme adelante. Sé que había veces que se quedaba sin comer para darme a mí lo poco que tenía. No puedo reprocharle nada. Siempre me ha apoyado en todo, y fue él uno de los que me convenció para que me uniera a los S.T.A.R.S. Pero mucho antes ya empecé mi formación… -se levanta del taburete -. Voy un momento al servicio. Ahora te contaré dónde aprendí todo lo que sé… pero te voy a dejar una pista.

Pasa por mi lado, demasiado cerca, y la veo perderse por el pasillo que conduce a los servicios. Me pongo a mirar de un lado a otro. Debo parecer estúpido. ¿A qué pista se refiere? Desde luego luego que no creo que se refiera a trabajar en un bar.

La verdad es que muchos de los que conozco han tenido un pasado bastante turbio. Comprendo perfectamente por todo lo que ha pasado Jill. Mis padres fallecieron en un accidente de tráfico cuando yo tenía ocho años. Claire tenía tres, y desde entonces he sentido que mi deber es protegerla.

Nuestros abuelos se ocuparon de nosotros hasta que fallecieron, y desde ese momento mi principal preocupación ha sido el cuidado de Claire. Veo que Jill vuelve. Todavía sigo pensando en lo que ha intentado decirme. No le encuentro mucho sentido. Lo mismo está jugando al despiste.

Se sienta a mi lado y me quedo observándola. Mira su teléfono y frunce el ceño.

-Oye, ¿tienes cobertura? –me pregunta sin apartar la mirada de la pantalla.

Echo mano de mi teléfono, y entonces me doy cuenta de algo que me hace temblar. ¡No encuentro mi cartera! Miro en el otro bolsillo… ¡y tampoco está! Me pongo nervioso. Se me ha tenido que caer por algún lado del bar.

Miro al suelo, pero no la encuentro por ningún lado.

-¿Qué te pasa? –me pregunta Jill mientras sigo buscando. Joder, es increíble que se me haya perdido.

-No encuentro la cartera. Se me ha debido caer por aquí.

Escucho un golpe en la barra. Levanto la cabeza y veo mi cartera en el mostrador. Tardo unos segundos en comprender lo que ha pasado. Jill me la ha quitado… y no me he dado ni cuenta.

-Deberías estar más atento –me dice apurando los últimos tragos de su bebida. Me quedo mirándola sin saber qué decir.

-Tú… ¿Cómo… lo has hecho?

Jill me mira y sonríe tímidamente. Cojo la cartera y vuelvo a guardarla. Es increíble la velocidad y la discreción con la que ha actuado; es que ni me he enterado.

-Olvidas un detalle… Bueno, más bien porque no lo sabes –se detiene unos instantes… y nuestras miradas se cruzan. Sé que lo que va a decirme es importante -. Mi padre es Dick Valentine… uno de los mejores ladrones de toda Lousiana… Actualmente está en prisión cumpliendo condena.

Me quedo boquiabierto. ¿El padre de Jill un ladrón? Joder, de todas las posibilidades ésa era la que menos esperaba. Si su padre era un ladrón… quiere decir que Jill aprendió ciertas cosas de él.

-Por si te lo estás preguntando… Él me enseñó todo lo que sabe: forzar cerraduras, caminar sin hacer ruido, extraer objetos sin que el objetivo se diera cuenta… Y muchas otras cosas –continúa hablando algo más seria. Puedo sentir el miedo al rechazo que tiene -. Él quería que siguiera sus pasos… Yo estaba dispuesta… Pero un día cometió un error y lo pillaron.

Vuelvo a guardar silencio. No me salen las palabras. Todo esto me ha pillado por sorpresa. Jamás hubiera imaginado que Jill ha aprendido todo eso para prepararse para ser ladrona. Ahora entiendo en parte por qué era tan reticente a contar algo de su pasado.

-Y tú… ¿te viste involucrada de algún modo? –le pregunto sin querer conocer la respuesta. No creo que la hubieran dejado entrar si sabían que estaba siendo buscada.

-Bueno… La policía desconfiaba de mí –responde con total sinceridad -. Me consideraban cómplice, pero no encontraron pruebas que me involucraran.

Su mirada se vuelve seria. Sé que para ella todo esto debió ser un auténtico suplicio. Me pregunto si Irons y el capitán Wesker estarán al tanto de todo. Lo más seguro es que sí. Yo estoy hecho un completo lío.

-¿Lo sabían en la Delta Force? Quiero decir… -intento suavizar un poco mi tono. No quiero acusarla de nada; Jill ha demostrado que es una pieza importante en el equipo.

-Algo intuían. Sabían quién era mi padre, y no creo que les costara mucho atar cabos… Pero nunca me preguntaron. Sólo tenían en cuenta mis habilidades.

-¿Y decidiste venirte a los S.T.A.R.S. para… hacer borrón y cuenta nueva?

Jill me sonríe. La verdad es que recibir tanta información me está trastocando todos los esquemas.

-En parte sí –contesta mi compañera sin dejar de observarme. Ya no recordaba lo mucho que esos ojos grises llaman mi atención -. Mi capitán era consciente de que mis habilidades estaban muy por encima de lo que exigía la unidad… y me propuso cambiar de aires. Me habló de los S.T.A.R.S., y me gustó la idea. Mi padre también me recomendó buscar otro lugar donde trabajar, porque, bueno, pensaba que la policía acabaría tarde o temprano por cogerme a mí también. Y bueno… hay otro motivo.

Se detiene unos instantes, como dudando. Me quedo esperando, pero sigue callada. Su gesto se ha vuelto más triste, como si recordara algo que no le hiciera mucha gracia. No sé si debo animarla a que continúe o esperar.

-En Nueva Orleans tuve una pareja que pertenecía también a la Delta Force –me explica con tono apagado. Joder, creo que estoy empezando a imaginar quién fue el que intentó matarla -. Al principio todo iba muy bien, pero empezó a mostrar su verdadera cara: la de un hombre violento que bebía bastante… Creo que yo también empecé a beber para olvidar un poco todo lo que estaba pasando…

Sigo en silencio. La verdad es que ahora empiezo a entender mucho mejor por qué nunca ha hablado sobre su pasado; todos lo hemos hecho alguna vez.

-Un día llegó bastante borracho a casa –sigue contándome con bastante pausa y dolor. No puedo ni imaginar por lo que tuvo que pasar -. Tuvimos un enfrentamiento, como tantas otras veces, pero esta vez fue demasiado lejos… Intentó pegarme y violarme.

Mi cara debe ser un completo poema. ¿Quién sería capaz de hacer algo así? Un loco hijo de puta sin escrúpulos. Se me pone la carne de gallina al pensar en que eso mismo le puede pasar a Claire.

-Joder… -no sé qué decir -. Y… y… ¿lo denunciaste?

-Sí… Yo estaba a punto de terminar el entrenamiento básico. La Delta Force lo echó en cuanto tuvo conocimiento de la denuncia… Me dijo que me lo haría pagar algún día… y casi lo consigue.

-Es un cabrón bastante presistente –opino asintiendo en silencio -. Apuesto a que volvió para cobrarse su venganza… Pero tú eres una mujer muy dura, y estoy seguro de que salió con el rabo entre las piernas.

-Más que eso –responde Jill sonriendo un poco. Me encanta hacerla sonreír -. Le dejé claro que conmigo no se juega… Hasta le di un mordisco en… ya sabes.

-¡Auuuuuuu! –exclamo con un gesto de dolor. No creo que haya nada más doloroso en el mundo -. Joder… tuvo que ver las estrellas.

-Más que eso –contesta Jill riéndose -. Salió bastante humillado, con su orgullo masculino por los suelos.

-Recuérdame que no me meta nunca contigo.

Tardo un rato en recomponerme. Sé que cuando estás en peligro recurres a todo lo que sea necesario para defenderte. Para los tíos nuestra cosa es sagrada, y si nos hacen daño ahí… ¡Ah! Creo que todavía no me he recuperado de la impresión.

La verdad es que voy a tener mucho en lo que pensar. Lo único que tengo claro es que no voy a darle de lado a Jill de ninguna manera. Es mi compañera. Me ha demostrado que es una persona digna de confianza… y juzgarla por su pasado no me parece justo.

-Chris… Gracias por escucharme… Lo necesitaba.

La observo con una sonrisa. Ya tengo mucha experiencia con Claire, y sé cuánto valora una mujer que sepan escucharla en todo momento.

-Para algo están los amigos –veo que coge sus cosas -. ¿Ya te marchas?

-Sí, iré a ver a Tom –responde mi compañera deteniéndose a mi lado -. Te veo mañana.

Se acerca y me da un beso en la mejilla. La veo alejarse sin apartar la mirada ni un instante. ¿Por qué es tan complicado tratar con una mujer? Pasan los días… y estoy cada vez más confundido.

Bueno, parece que las aguas están volviendo a su cauce... Quién sabe lo que puede pasar... Ahora ya no hay secretos, o al menos, parte de los secretos han salido a la luz. Lamento decir que... ¡nos estamos acercando al final de la historia! Parece increíble después de más de un año por aquí... Pero bueno todo llega a su fin. Espero que hayáis disfrutado del capítulo. ¡Hasta la próxima semana!
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 16 Dic 2016 12:56

¡Hola a todos! ¿Cómo lleváis las Navidades? Bueno, aquí tenéis la continuación. ¡Ya nos estamos acercando al final! Antes de que leáis, quiero aclararos algo. Para los últimos capítulos he decidido incluir el punto de vista de Chris y de Jill en el mismo capítulo dado que más o menos transcurren en el mismo tiempo. Los últimos capítulos van a centrarse en los dos meses anteriores al incidente de la mansión Spencer.


Ya hemos llegado al mes de mayo. Apenas me he dado cuenta de lo rápido que ha pasado el tiempo. Llevo casi un año y medio ya en Raccoon City, y debo decir que las cosas están funcionando genial.
No estamos agobiados de trabajo, aunque sí es verdad que cada vez nos dan más responsabilidades. Lo agradezco en parte. Mantenernos ocupados me hace estar alerta constantemente.
Estoy en el despacho leyendo unos informes sobre unas disputas que se llevan produciendo varias semanas entre bandas rivales que comercializan con coches robados. El R.P.D. ha recibido varias denuncias de algunos dueños a los que les eran robados sus vehículos en diferentes puntos de la ciudad.
De este caso se debería estar ocupando el departamento de tráfico, pero no. Aquí estamos nosotros sacándoles las castañas del fuego porque “tienen mucho trabajo acumulado”. Los he visto, y lo más que hacen es poner alguna que otra multa.
La sala está bastante silenciosa. El capitán Wesker se ha ausentado unos momentos, y nos ha dejado al cargo de la situación. Miro a través de la pantalla a Chris. Está hablando en voz baja con Barry. Sea lo que sea, ambos parecen muy concentrados.
Suspiro cansada. Echo de menos entrar en acción. Hace muchísimo que no participamos en una operación. Me voy a empezar a oxidar como no nos asignen algo importante pronto. No sé por qué, pero creo que Irons está más pendiente que nunca de nosotros.
Supervisa todos nuestros movimientos, pide informes diarios a los capitanes de lo que hacemos. Es un poco cansino a veces. Hasta el capitán Wesker parece estar hartándose de él.
La puerta del despacho se abre, y el capitán aparece por ella con su habitual gesto tranquilo. Se acerca a mí.
-Jill, el capitán Marini me ha pedido que vayas al vestíbulo para recibir al nuevo miembro del equipo Bravo –me informa como si estuviera dando el tiempo. Lo miro sorprendida -. Es una chica. Te espera en el vestíbulo.
Mi sorpresa debe ser tal porque tardo más segundos de la cuenta en reaccionar. El resto del equipo mira al capitán del mismo modo. No nos habían dicho nada de la llegada de otro miembro… y a decir verdad ya era hora.
Hace mucho tiempo que Enrico lleva pidiendo un especialista médico o biólogo para su equipo… y parece que por fin lo han encontrado.
-Claro… Voy enseguida –logro decir cuando recupero la compostura.
Me levanto de la silla y me dirijo hacia la puerta siendo observada por la mayoría del equipo. ¡Una chica! ¡Qué bien! Por fin voy a dejar de estar sola, aunque a decir verdad ya hace bastante que me acostumbré a ser la única mujer. Me coloco bien el pelo mientras camino con paso ligero hacia el vestíbulo.
Espero poder aportarle mi experiencia a la nueva, aunque quizá sea mayor que yo y me saque años de experiencia. En fin, debo procurar ser amistosa y quitarle los nervios del estreno. Aún recuerdo como si fuera ayer la primera vez que pisé esta comisaría… y lo nerviosa que estaba.
Abro las puertas que conducen a la entrada y observo detenidamente la sala. Hay mucha gente de paisano y algún que otro poli rellenando papales y atendiendo a los ciudadanos.
Hay un tipo esposado en uno de los sillones cerca de la entrada diciéndole algo al guardia que está a su lado, que lo manda a callar constantemente. Y unos asientos más para allá veo a una chica de pelo castaño claro y corto mirando de un lado a otro.
No puede ser ella. No debe tener más de dieciocho años; nadie con esa edad sería capaz de terminar los estudios y superar el entrenamiento básico. ¡Si parece una niña! Sin embargo, por más que miro no veo a nadie más que parezca estar esperándome.
Maldita sea. ¿Wesker me ha pedido que haga de niñera? ¿Será una broma?
Doy unos dubitativos pasos hacia la joven llamando su atención. Por más que la miro sigue sin encajarme con un nuevo miembro del equipo: camisa vaquera, chaqueta negra y unas botas y pantalones a juego. Parece una adolescente rebelde.
-¿Eres la nuevo miembro del equipo Bravo? –le pregunto sin estar muy segura. No me encaja para nada con el perfil que suele haber por la comisaría.
La chica me mira y se levanta mientras asiente un tanto nerviosa. ¿Así me sentí yo mi primer día? Tal vez, o puede que incluso peor.
-Sí, me llamo Rebecca Chambers –se presenta la chica tendiéndome la mano. Yo se la estrecho con una sonrisa. Ya era hora de que dejara de ser la única mujer -. Esperaba que el capitán viniera a recibirme…
Su acento es un tanto extraño, muy profundo. No parece que su familia sea estadounidense. La verdad es que creo que muchos de nosotros tenemos mezclas de diferentes países a pesar de haber nacido aquí.
-Tu equipo anda un poco liado últimamente, pero no te preocupes que en breve los conocerás –respondo queriendo mostrarle a esta joven que no debe dejarse impresionar por nada -. Yo soy Jill Valentine, del equipo Alpha.
-Anda, entonces eres mi superiora –añade Rebecca pensativa -. Entonces… el tipo ése de las gafas es tu jefe.
Me río sin poder evitarlo; desde luego que esta chica tiene sentido del humor. Tal vez debería dejar a un lado verla como una joven inocente y despistada y considerarla como una más. Si está aquí es por algo.
-El capitán Wesker es un auténtico profesional –le digo estando completamente segura de mi afirmación -. Pero tranquila, que Enrico te hará sentir como una más en el equipo Bravo… -me detengo unos instantes sin saber qué hacer. Recuerdo que primero me entrevistó Irons, y luego me presentaron a mis compañeros -. ¿Ya te ha visto el jefe Irons?
No puedo evitar mostrar una mueca de desagrado al pensar en él. Ese asqueroso no desaprovecha la oportunidad para desprestigiar nuestro trabajo y estar constantemente sometiéndonos a presión.
-No. Me dijeron que no se encontraba en la comisaría en estos momentos, y que me vería más tarde –responde la nueva miembro del equipo Bravo negando en silencio.
Me quedo pensativa. Es bastante raro que Irons abandone el edificio si no es para asistir a un evento o a un lugar donde su presencia sea requerida.
-Tienes suerte de momento… -comento un tanto distraída. No sé si será buena idea meterle el miedo en el cuerpo antes de que conozca al tirano -. Bueno, voy a enseñarte un poco la comisaría para que te vayas haciendo a la idea de lo complicado que es moverse por aquí.
-¿Estás de broma? –pregunta Rebecca con el ceño fruncido. Yo sonrío ampliamente.
-Créeme… la comisaría es el edificio más liante que he visto jamás –contesto llevándome una mano al corazón. La chica sonríe -. Oye… si no es mucha indiscreción… ¿cuántos años tienes?
-Dieciocho –responde Rebecca con orgullo -. Me licencié en bioquímica hace unos meses, y superé la semana pasada el entrenamiento básico.
Me quedo boquiabierta. ¿Dieciocho? ¿Ha dicho dieciocho? ¡Parece imposible! ¿Cómo ha sido esta chica capaz de sacarse todo eso teniendo dieciocho años? ¿Estoy ante un cerebrito?
-Me prometieron que en unos meses tendría un laboratorio a mi disposición para poder investigar virus y diferentes sustancias –me explica la chica al ver que soy incapaz de pronunciar palabra -. Siempre he soñado con estar en un laboratorio.
Eso me desconcierta aún más. ¿No se supone que estaban buscando a un médico para completar el equipo? Sinceramente, no sé cómo va a encajar esta chica en el equipo.
-Guau… Me dejas sin palabras –logro decir cuando más o menos he recuperado la compostura -. Deberías tener cuidado con los lagartos que puede haber por aquí –comento al ver a unos polis mirar detenidamente a la nueva -. Cuando ven carne fresca… se lanzan a por ella.
Mi comentario la hace reír, y vuelvo a verla como una joven despreocupada que va a empezar su primer trabajo. Joder, que con cinco años menos que yo ya está licenciada y todo.
Decido enseñarle primero los vestuarios antes de ir al despacho para que la conozca el resto del equipo Alpha. Charlar con ella me hace ver que estoy ante una persona seria y muy inteligente.
Sigo teniendo muchas dudas respecto a sus capacidades de combate. Es una novata… hay que darle tiempo.





Me quito una capa de sudor de la frente mientras me doy la vuelta en la cama. No sé qué hora es, pero todavía no hay suficiente claridad para que sea de día. Sé que tendría que seguir con mi rutina y mantenerme despierto por la madrugada.
Pero estoy tan cansado después de haberme metido una soberana paliza en el gimnasio… Lo necesitaba en cierta medida. Suspiro resignado contemplando el techo. Últimamente me cuesta coger el sueño. Quizá aún estoy asimilando el cambio de horario.
Mi móvil vibra en la mesita de noche. Me sobresalto. Joder. ¿Quién será a esta hora? Me estremezco al pensar que puede ser Claire y estiro el brazo para alcanzar el teléfono. Lo último que quiero ahora es que me reclamen en la comisaría.
Pero mi sorpresa es mayúscula cuando veo reflejado el nombre de Billy Rabbitson, un antiguo colega del instituto que estaba estudiando para ser científico. Lo último que sé de él es que había encontrado trabajo en una planta química de Umbrella en Chicago.
¿Y por qué me llama ahora? Hace meses que no sé absolutamente nada de él… y si me está llamando a las cinco de la mañana es porque algo gordo le ha pasado.
-¿Billy? –acepto la llamada con dedos temblorosos y la voz un poco ronca. No escucho nada al principio al otro lado, pero entonces la voz de mi amigo me llega lejana, ansiosa.
-Chris… escucha atentamente… No tengo mucho tiempo… -la súplica en su voz y su desesperación me hacen ver que se encuentra en problemas -. Ha… ha pasado… algo terrible… no… no puedo explicártelo detenidamente… me…
Billy se queda en silencio. Me estoy empezando a acojonar… y bastante. Lo único que espero es que no sea ninguna broma pesada.
-¿Qué está pasando Billy?
-Voy a ser rápido… Me tienen vigilado, Chris. Desde que vi… -vuelve a detenerse, como si el miedo al que está sometido le impidiera articular palabra -. Van a pasar cosas terribles… la policía es la única que puede detener esta locura…
-¿A qué te refieres? –cada vez entiendo menos. Mi corazón está en un puño.
-Chris…
-¡Manos arriba! –oigo la voz de otro que no es Billy. Acto seguido se oyen disparos.
-¡Billy! –grito con todas mis fuerzas y con un nudo en la garganta.
¡Dios! ¿Qué demonios está pasando? Vuelvo a insistir, pero la comunicación se corta. Maldita sea. Observo la pantalla en silencio, pensando en todas y cada una de las palabras que me ha dicho Billy.
Está muerto tío… Alguien le ha disparado para silenciarle. Debía ser algo muy importante para llegar a tal extremo. ¿Y si tiene algo que ver… con la corporación?
Umbrela genera miles de puestos al año en Raccoon City. Se dice que más de un sesenta por ciento de la población está a nómina de la compañía… Todos los años realiza generosas donaciones para que la ciudad pueda seguir prosperando… No tiene sentido.
¿A qué se refería con eso de que había pasado algo terrible? ¿Un accidente o algo de eso? ¿Y qué quería decir con eso de que iban a pasar desgracias?
Por más que lo pienso sigo sin encontrar una respuesta. Todo es tan confuso… ¿Debería poner en aviso al capitán y al resto del equipo?
Lo pienso unos segundos. No tengo pruebas ni nada para demostrar las acusaciones de Billy. Todo este asunto me inquieta… y mucho. Y entonces caigo en la cuenta: ¿y si los asesinos descubren que Billy estaba hablando conmigo y vienen a por mí porque piensan que me lo ha contado todo?
Me llevo las manos a la cabeza. Estoy hecho un completo lío. Lo único que sé es que debo mantenerme alerta desde este momento. No estaría de más echarle un ojo a Umbrella para investigarla más a fondo.
No sé por qué, pero me da que lo que ha pasado es lo suficientemente grave como para tenerlo en cuenta. Si antes no podía dormir ahora se me ha quitado todo el sueño.
Me levanto aún a oscuras y me acerco a la ventana. No se escucha absolutamente nada en la calle. Un reflejo de cómo siento ahora mismo: vacío y preocupado por el destino de ese muchacho de sonrisa permanente llamado Billy Rabbitson.
Tráiler estatuas de Anticolat
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Lucy Norton
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Re: Fanfic: Todo o nada

Mensajepor Lucy Norton » 23 Dic 2016 01:12

¡Hola mis fieles y queridos lectores! Me despido de vosotros entre lágrimas... ¡ÚLTIMO CAPÍTULO! NO APTO PARA MENORES :D


Hoy hay mucho ajetreo en la comisaría, y la verdad es que no sé qué es lo que pasa. Me uno al corrillo de Barry y Joseph para ver si pesco algo y me entero de alguna novedad.
Chris está pegado a la pantalla de su ordenador mirando sin parar página tras página. No sé qué estará buscando, pero algo de lo nuestro parece que no. A decir verdad lleva unas semanas bastante raro. Está más serio de lo habitual, apenas bromea, como si su cabeza estuviera en otra parte.
No he hablado mucho con él, aunque tampoco parece que esté por la labor. Joseph se marcha del despacho y me quedo apoyada en el quicio de la puerta. El capitán tuvo que acudir a una llamada de Irons que no podía esperar. Espero que no haya pasado nada grave.
-¿Sabes algo de lo que se trae Chris entre manos? –me pregunta Barry con un susurro que sólo yo soy capaz de escuchar. Además, Chris está tan concentrado en lo suyo que dudo que nos preste atención.
Niego en silencio cruzándome de brazos. Si Barry ha sido incapaz de sacarle una palabra, yo lo voy a tener imposible.
Todo está demasiado silencioso. Hasta Brad está callado mientras comprueba el equipo de comunicaciones. Lo normal es que esté dando berridos mientras comprueba los canales y los auriculares entre otras cosas.
-¿Y cómo va la cosa entre vosotros? –me vuelve a preguntar Barry con un tono de voz bajo. Frunzo el ceño.
-¿Por qué lo preguntas?
-Bueno… ya sabes… Supongo que ya no lo ves del mismo modo.
Miro alternativamente a Barry y a Chris. Lo cierto es que tiene más razón que un santo. Desde que hicimos el amor aquella noche no he parado de darle vueltas a qué iba a ser de nosotros.
Si es verdad que hemos intentado mantener la compostura y comportarnos como dos adultos. Seguimos actuando como casi siempre, aunque debo reconocer que me siento un poco incómoda cuando estamos a solas.
-Ahora mismo estoy centrada en mi trabajo al cien por cien –le confieso con total tranquilidad -. Además… tengo a Tom.
No nos vemos mucho últimamente por mis turnos y porque Tom va a empezar los exámenes finales. Por más que intento mantener la serenidad, los fantasmas vuelven de alguna manera para recordarme que debo pagar de alguna manera por lo que hice.
Mi salvación viene por la esquina: el capitán Wesker y Joseph se acercan al despacho. El capitán viene bastante serio, más de lo habitual. Me pregunto cómo le habrá ido con Irons. Por su gesto imagino que mal.
-Entremos. Tengo algo importante que deciros –nos ordena Wesker pasando por mi lado con cara de circunstancias. ¿Qué habrá pasado?
Intercambio una mirada de incertidumbre con Barry. Tiene que ser algo muy gordo para que convoque esta reunión sin avisar previamente. Entro en el despacho, y Chris me mira mientras camino hacia mi asiento.
-¿Qué ha pasado? –me pregunta casi con un susurro. Me encojo de hombros.
-Imagino que Irons le habrá cantado las cuarenta sobre algo.
Chris muestra una mueca de desagrado y miramos al capitán. Está de pie tras su mesa mirando unos papeles. Dirige su mirada hacia nosotros.
-El jefe Irons va a dar una rueda de prensa en cinco minutos –nos cuenta con calma, como si fuera de lo más normal del mundo. Pero lo cierto es que ese capullo sólo quiere alardear cuando sale beneficiado -. Nos ha convocado a todos en la sala de conferencias.
Me quedo boquiabierta. ¿He oído bien? ¡Los S.T.A.R.S. van a entrar en acción! No hay otra explicación. Comparto una mirada de esperanza con Chris. Ya era hora de que nos sacaran un poco. Sólo espero que no haya pasado nada demasiado grave.
Cinco minutos después estamos al fondo de la sala de conferencias. Siento mucha curiosidad por saber qué es eso tan importante que Irons tiene que contar… y lo más sorprendente es que cuenta con nosotros.
Miro a Chris. Sigue igual de serio que los días anteriores. Parece incluso hasta estar un poco tenso. Lo entiendo en parte. No sabemos exactamente a qué nos enfrentamos, y conociendo a Irons, podemos esperar cualquier cosa.
El jefe Irons aparece instantes después ante las numerosas cámaras y periodistas que han acudido a la llamada. Esto empieza a no gustarme. Tiene que ser algo verdaderamente importante.
La secretaria le dice algo a Irons y éste se acerca al atril con unos folios en la mano. Se aclara la garganta y mira a las cámaras. Le encanta toda esta parafernalia.
-Buenas tardes. No hubiera convocado esta rueda de prensa si lo que ha ocurrido no fuera de vital importancia –comienza diciendo Irons mirando alternativamente a las cámaras y periodistas. Joder, cada vez estoy más segura de que algo muy gordo ha pasado -. Ayer por la tarde recibimos un aviso del servicio de rescate de las montañas Arklays. Dos niñas desaparecieron mientras acampaban en la zona con sus familiares –trago saliva con dificultad. No quiero seguir oyendo más -. Tras una ardua búsqueda por parte del equipo de rescate y de algunos voluntarios… lamentamos comunicar… que esta mañana… han aparecido los cadáveres de las dos chicas muertas.
Me quedo boquiabierta, y no puedo hacer otra cosa que ver cómo la mayoría de los periodistas se levantan cuchicheando y haciendo preguntas que no puedo entender. Miro a Chris y a Barry. Están tan consternados como yo.
¿Por qué no se nos informó de la desaparición de las chicas? Estábamos de turno de tarde; lo normal es que nos hubieran pasado el informe o cualquier otra cosa.
-¿Cuál ha sido la causa de la muerte de las chicas? –pregunta uno de los periodistas desde la primera fila.
-La autopsia ha revelado que ambas chicas murieron tras romperse la yugular, y como consecuencia, la pérdida de sangre les produjo graves heridas de las que no pudieron recuperarse -explica Irons intentando hacerse el importante. Hasta en este tipo de situaciones es capaz de sacar su peor versión -. Fueron víctimas posiblemente de algún animal salvaje.
Más murmullos. Es cierto que por las montañas viven muchos animales, y que cualquiera de ellos atacara a las chicas por protección o para alimentarse. Sin el informe sólo puedo sacar conjeturas.
-¿Está totalmente confirmado que fueron atacadas por un animal? –pregunta otro periodista con una camisa blanca y el pelo recogido con una coleta. Me suena de haberlo visto en la tele.
-El informe es aún muy confuso. Sólo conocemos la causa de la muerte, y tenemos el testimonio de algunos testigos. Hasta nuevo avances no puedo responder a más preguntas.
-¿La policía ha tomado medidas desde el aviso?
-Se ha acordonado la zona y puesto vigilancia las veinticuatro horas del día para ver si los agresores mantienen su modus operandi –hace una breve pausa -. Esta situación requiere que los mejores estén al mando, y por ello he decidido que los S.T.A.R.S. se hagan cargo de la situación desde este momento. Toda la comisaría y la ciudad de Raccoon City confiamos en el buen hacer de estos muchachos.
La confesión me pilla por sorpresa, y creo que al resto del equipo también. Joseph parpadea varias veces, como si no diera crédito. Barry se queda boquiabierto, y Chris sigue igual de serio que siempre.
Tal vez debería hablar con él e intentar averiguar qué es lo que le pasa. Me da la sensación de que sabe algo que no quiere que nadie más sepa.
-¿Qué se sabe de la identidad de las víctimas? –pregunta un periodista que está sentado en la última fila. Espero que no sea nadie conocido.
-Lamento comunicar que las víctimas son dos niñas de unos seis y ocho años –responde Irons con un tono de voz que intenta ser solemne, pero a mí no me engaña -. Sus padres pasaron esta mañana a identificar los cadáveres… Becky y Priscilla McGee…
Siento que las fuerzas me abandonan y que me falta el aire. ¡No, no puede ser! Me dejo caer en una de las sillas que hay a mi lado y me llevo las manos a la cabeza. Oigo unas voces lejanas, pero no les hago caso.
En mi cabeza sólo están las imágenes de esas dos criaturas que una vez me pidieron que rescatara a su cachorro perdido. Unas chicas que muchas veces cuando llegaban del colegio me traían flores y me daban su cariño.
¿Quién sería capaz de hacer daño a dos niñas inocentes? Algo en mi interior me dice que tengo la responsabilidad de buscar respuestas y encontrar al culpable.
-Jill, ¿estás bien? –me pregunta Chris poniéndome una mano en la frente -. Te has quedado blanca como la pared.
Y por primera vez me doy cuenta de que todo el equipo está a mi alrededor, mirándome. Espero no haber montado un numerito. Saco la poca fuerza que me queda y miro a Chris.
-Chris… estas niñas… eran mis vecinas.
Chris se queda boquiabierto, al igual que el resto del equipo. No me hago a la idea de que dos criaturas tan inocentes hayan sido asesinadas. Ayer mismo las vi cuando iban con sus padres de camino a las montañas. Quién iba a pensar que sería la última vez que las vería.
Irons sigue hablando y hablando, pero le ignoro. Lo único que tengo en mente ahora mismo es que debo hacer algo para encontrar al asesino de las dulces Becky y Priscilla McGee.




Bostezo sin medida antes de darle un sorbo al café que está sobre la mesa. No duermo nada. El puñetero caso de los cojones me tiene en vilo día y noche. No paro de darle vueltas.
¿Qué diablos está pasando para que sigan desapareciendo personas y acaben muertas del mismo modo que las pequeñas Becky y Priscilla? Nos encontramos ante un asesino astuto, que sabe ocultarse y eliminar su rastro cuando la policía investiga la zona.
El R.P.D. no da abasto. Si ya de por sí tenemos un gran lío con este asesino caníbal, Irons ha empezado a hacer algunas obras por el todo el edificio, y es un auténtico coñazo; hay zonas por las que ni siquiera podemos pasar.
La prensa está constantemente encima nuestra. No paran de pedirnos explicaciones y avances en el caso a toda costa. Sé que su deber es informar, pero a veces deberían mantener la boca cerrada y dejarnos trabajar; las novedades ya llegarán.
Los informes del caso son cada vez más confusos: todas las personas desaparecidas se encontraban en los alrededores de las montañas Arklays. Todas aparecen muertas con evidentes señales de canibalismo.
Pero yo creo que hay algo más oculto en todo esto: la policía ha registrado la zona montones de veces sin resultados. Los testigos no aportan información demasiado útil. Lo único que está claro es que el principal foco de amenaza es una antigua casa propiedad de Umbrella que es el centro de todas las desapariciones.
No es casualidad. He hablado con el capitán al respecto, pero me ha asegurado que la casa lleva abandonada muchos años, que era como una especie de casa para científicos que trabajaban allí o que eran invitados por la propia corporación.
Poco sabemos de Umbrella, salvo que genera muchos puestos de trabajo en Raccoon City. Le he pedido al capitán que nos ofreciera más información sobre la compañía, pero Irons se ha negado en rotundo. Es bastante extraño cuando él mismo nos ha puesto al mando de la situación.
De pronto, mi teléfono empieza a sonar. Es extraño. Hace poco que hemos salido de trabajar, y eso me hace pensar que algo malo ha vuelto a pasar. Pero me sorprendo al ver el nombre de Jill en la pantalla.
La verdad es que últimamente ha estado más apagada de la cuenta desde que se enteró de la muerte de las dos chicas. Yo tampoco puede quitarme de la cabeza la conversación con mi antiguo colega Billy Rabbitson.
-Hola Jill. No puedo creerme que ya me estés echando de menos –bromeo intentando animarnos a los dos.
-Bueno… la verdad es que no puedo dormir. Estoy dándole vueltas a todo lo que ha pasado últimamente… Tú sigues despierto por lo que veo.
-Sí, estaba echándole un vistazo a los informes por si encuentro algo nuevo.
-Puedo ir a echarte una mano si quieres… Me servirá para estar distraída.
Lo pienso unos instantes. No sé si será buena idea. Lo cierto es que últimamente hemos estado tan ocupados con la investigación que apenas hemos tenido tiempo para charlar o hacer cualquier otra cosa. Pero no puedo sacarme fácilmente todo por lo que hemos pasado juntos.
-Tener una segunda opinión no me vendrá mal –respondo pensando que entre los dos podemos atar más cabos -. Te espero aquí.
-Perfecto. En un rato estaré allí.
Cuelgo el teléfono sin apartar la mirada de la pantalla. Todo ha sido tan caótico últimamente que apenas he tenido tiempo de poner en orden mis cosas. Ni siquiera le he dicho a Claire que se están produciendo desapariciones en el último mes; eso sólo la asustaría.
No sé cómo lo ha conseguido, pero Irons ha sido capaz de ocultar la noticia a los medio de fuera. Sólo Raccoon está al tanto de los asesinatos y la ola de terror que se ha sembrado en toda la ciudad. He podido contemplar auténticas escenas de horror en la comisaría.
Las familias piden saber toda la verdad, y estoy convencido de que no estarán tranquilos hasta que este caso se resuelva… y no parece que de momento estemos cerca.
Veinte minutos después alguien golpea en la puerta. Sin saber por qué me empiezo a poner nervioso. Joder, parezco un crío. Debo aprender a controlar mejor mis emociones, que ya tengo veinticinco años.
Pero es que con Jill es todo tan diferente… En fin. Abro la puerta, y lo primero que veo es a mi compañera con cara de haber dormido poco. Creo que ése es el aspecto que presentamos casi todos los S.T.A.R.S.
Va vestida con una cazadora vaquera, una camiseta roja que parece ser de manga corta, y unos pantalones negros que le llegan por debajo de la rodilla.
-Gracias por permitirme ayudarte… Creo que seré más útil aquí en mi sofá dormitando –me saluda Jill intentando bromear. Pero a mí no me engaña: es la que peor lo está pasando de todos.
-Eso seguro –opino sonriendo tímidamente; no estoy ni de humor para eso -. Entra. No queremos que se nos enfríen las ideas.
Jill me devuelve la sonrisa y me echo a un lado para dejarla pasar. Su colonia huele maravillosamente, evocándome todas esas veces que hemos estado juntos.
Me quito esos pensamientos de inmediato y camino hacia el sofá.
-¿Te apetece tomar algo? –le pregunto apoyando los brazos en el respaldo.
-Un café no me vendría nada mal.
-Genial… pero aquí no tengo de sabores –bromeo recordando la vez que se sirvió un café con aroma de fresas. Y luego… bueno…
Jill sonríe más ampliamente que la vez anterior y me acerco a la cocina para llenar una taza con el café que preparé antes. Vuelvo al salón y lo coloco en la mesa junto al sofá.
-¿Cómo lo llevas? –le pregunto para romper el hielo. Pero por si gesto sé que no ha conseguido avanzar demasiado.
-Los informes no son muy clarificadores –responde abriendo una de las carpetas que lleva bajo el brazo -. Oye… ¿no está Claire contigo?
-Ha encontrado trabajo en una cafetería para todo el verano –contesto sin darle mucha importancia -. Así que no tengo que hacer de niñera –observo de nuevo los documentos -. Sé que algo se esconde en esa mansión y que Umbrella lo está encubriendo.
-¿Y qué pruebas tenemos para demostrarlo? Las declaraciones, las autopsias, el escenario… todo es muy confuso.
-Lo están haciendo adrede –afirmo pensativo -. Hay algo que no quieren que descubramos.
Jill me mira bastante seria.
-Chris… es una acusación muy grave… Ya viste el pollo que te montó Irons cuando se enteró.
Muestro una mueca de desagrado. Como para olvidarlo. Procuró por todos los medios que el mayor número de polis posibles se enterara de que me estaba gritando en pleno vestíbulo de la comisaría.
Lo único que dije fue que deberíamos realizar una investigación más exhaustiva a la corporación y a la propiedad que posee en las montañas Arklays. Sé que lleva deshabitada bastante tiempo… ¿y quién dice que no hayan vuelto a ponerla en funcionamiento para reforzar algunas de sus industrias?
Umbrela posee diferentes ramas en el mercado que le generan bastantes beneficios a lo largo del año, desde la cosmética hasta la industria química. Llenos de dinero hasta los ojos y con los contactos necesarios para ejercer la tapadera. El plan perfecto.
-No sé, Chris… -sigue opinando Jill echando un vistazo por encima a los informes -. Sin pruebas sólidas, sin testigos fiables… no podemos tirarnos a la piscina de esa manera.
-Pero tú me crees… ¿verdad? –le pregunto esperanzado. Mis compañeros se han mostrado un tanto alarmados cuando oyeron mis sospechas; hasta el capitán me advirtió que tuviera cuidado.
-Ahora mismo nada me sorprende… Podría tratarse desde un grupo caníbal a unos animales introducidos ilegalmente en la ciudad –se detiene unos instantes -. Lo único que tengo claro es que debo llegar hasta el final de este asunto… sea como sea.
Unas silenciosas lágrimas bajan por sus mejillas. Sé lo mal que lo ha estado pasando tras la muerte de las hermanas McGee. Ayer volvió a desaparecer una pareja, y todo el R.P.D. está en alerta ante la posibilidad de que se repitan las desapariciones.
Abrazo a Jill sin saber bien por qué, y ella apoya su cabeza en mi hombro. Le acaricio el pelo en silencio, pensando que debería evitar malentendidos. Pero es que me siento tan bien sabiendo que estoy haciendo lo correcto.
-Chris… esto no puede seguir así –afirma Jill incorporándose un poco -. No podemos permitir que haya más muertes.
-Haremos todo lo que esté en nuestra mano para evitarlo… El capitán dijo que si volvía a repetirse entraríamos en el caso.
-¿No te parece extraño que Irons nos haya dejado a cargo? ¡Nos odia!
-Tal vez lo haya hecho para mantener contenta a la población… Quién sabe cómo trabaja la mente de ese tío.
Jill me mira y yo le sostengo la mirada. Sus ojos me indican cuánto ha sufrido a raíz de la muerte de las pequeñas Becky y Priscilla McGee. Se acerca y me da un beso en la mejilla. Su contacto es sumamente reconfortante.
Oculto:
Y entonces me acerco y la beso saboreando el momento. Jill no se aparta: apoya sus manos en mi cuello y me atrae aún más hacia ella. Saboreo su tacto, su contacto, sin importarme absolutamente nada.
Hacía mucho que no sentía este calor. Nuestras lenguas se encuentran y juegan ansiosas. Agarro a Jill por la cintura y la encajo en mi regazo. La beso por el cuello mientras me desabrocha el pantalón; estoy más que preparado.
Me separo y le quito la camiseta a Jill. Sus pechos, cubiertos por un sujetador, quedan libres, preparados para mí. Saco uno de ellos y lamo el pezón despacio. Jill me mordisquea el lóbulo de la oreja; me da un escalofrío de placer. Sigo chupándole los pezones mientras ella saca mi erecto miembro a través de la cremallera.
Me encanta todo este juego. Y antes de que me dé cuenta Jill me está masturbando. Primero con las manos, y luego con la boca. Echo la cabeza hacia atrás en el sofá. Cierro los ojos y disfruto de buena gana.
Jill aumenta el ritmo de la felación, y yo no puedo hacer otra cosa que disfrutar de placer. Noto que si sigue a ese ritmo me correré pronto. Golpea mi miembro con su lengua, y siento un escalofrío por todo el cuerpo. Joder, qué bien me siento.
Detengo a Jill en el momento exacto. Cojo unos clínex de un paquete que hay sobre la mesa y me dejo llevar sin medida. Dios, qué gusto. Sólo escucho nuestras respiraciones agitadas.
Miro a Jill, que me observa detenidamente. ¿Hemos vuelto a hacerlo? Me siento muy culpable. Yo estoy libre, pero ella… Joder, qué me encanta meterme en líos. Sé que esto es algo que queda entre nosotros dos, pero no puedo dejar de pensar que tarde o temprano se puede descubrir.
Tal vez lo mejor sea que nos centremos en lo verdaderamente importante y nos comportemos como auténticos profesionales. Aunque siempre me gusta satisfacer a mis mujeres… y creo que ésta no va a ser una excepción.





Bajo de mi coche en el aparcamiento de la comisaría sumida en mis propios pensamientos. Chris y yo volvimos a retozarnos anoche… y lo peor de todo es que los dos parecíamos quererlo. ¿Y si entre nosotros existe algo más que una amistad?
No me he parado a pensarlo hasta ahora. Lo único que tengo claro es que no puedo seguir jugando con Tom de esta manera; debo decirle la verdad y pagar las consecuencias de mis acciones.
Pero joder… qué bien me quedé después de los jueguecitos entre Chris y yo. Ya me di cuenta que no hace falta acostarse con alguien para disfrutar plenamente. Veo que la mayoría del equipo ya ha llegado… aunque veo demasiados coches. ¿Está el equipo Bravo aquí también?
Si se ha producido alguna novedad… creo que tendrían que habernos avisado. Hoy no está el capitán Wesker, así que tenemos que apañárnoslas solos. Chris y yo estuvimos recogiendo algo de información anoche, y esperamos que sea de utilidad.
Me dirijo hacia los vestuarios escuchando bastante jaleo dentro. Definitivamente el equipo Bravo está aquí también… y eso me hace sospechar que ha pasado algo. Abro la puerta y me encuentro a Kenneth y a Forest con el uniforme, a Enrico haciendo algunas comprobaciones a su equipo, y a Rebecca y a Richard charlando en uno de los bancos.
De mi equipo sólo veo a Chris, que está cogiendo su uniforme, el que llevamos dentro de la comisaría.
-¿Qué hace aquí el equipo Bravo? –le pregunto echando un vistazo a mi alrededor; parece que van en serio. Edward tiene un mapa de lo que parecen ser las montañas Arklays.
-Han desaparecido dos alpinistas –responde mi compañero cogiendo sus botas y con un gesto solemne -. Irons ha decidido que pasemos a la acción.
Lo miro sorprendida. Desde luego que esto era lo último que esperaba… ¡y encima tenemos que conformarnos con mirar!
-Sin rencores, Jill –me interrumpe el pensamiento Forest pasando por nuestro lado -. Irons ha pensado que somos los más adecuados, y nos ha mandado a capturar al culpable mientras vosotros os quedáis engordando culo.
-Pues si ves al cabrón que ha montado todo esto… dale una buena patada de mi parte –respondo mientras Chris ríe a mi lado un tanto tenso.
-¡Vamos, gente; se acabó la cháchara! ¡En marcha! –exclama Enrico llamando la atención de todo el equipo Bravo, que se marcha del vestuario.
Los observo salir con una sensación amarga. Le sonrío a Rebecca cuando pasa por mi lado, pero va tan nerviosa que apenas me presta atención. Suspiro resignada. Sólo espero que la misión no se vaya al traste.
Chris y yo nos quedamos solos. Se forma un incómodo silencio mientras abro mi taquilla para coger mi ropa. Por el rabillo del ojo observo que Chris me mira, como si quisiera decirme algo. Espero que no sea otra disculpa, porque ayer ya lo hizo cinco o seis veces… y todas las veces le respondí que somos adultos, y que ambos asumimos la responsabilidad.
-Oye, Jill… -lo miro. Su gesto parece bastante preocupado -. Hay algo que me ronda la cabeza desde hace un tiempo… No se lo he contado a nadie… y creo que podría ser importante para la investigación.
Su confesión me pilla por sorpresa. ¿Sabe algo y no ha dicho absolutamente nada? Desde luego que eso no encaja con la personalidad de Chris. Me siento a su lado tras cerrar la taquilla; suerte que el capitán no está hoy.
-Ya sabes que desde hace tiempo sospecho que Umbrella tiene algo que ver en esto –asiento lentamente. Por supuesto que lo sé; hasta Irons conoce su versión… y no es que le guste precisamente -. Pues verás… resulta que el día antes de la desaparición de las hermanas McGee recibí una llamada a las cinco de la mañana de un antiguo colega que empezó a trabajar para Umbrella en Chicago. Se llamaba Billy Rabbitson –sigo escuchando atentamente sin perder ningún detalle -. Me advirtió de que iban a suceder cosas horribles en Raccoon City, que se había producido una especie de accidente. Me dijo que nosotros éramos los únicos que podríamos hacer algo al respecto.
Me quedo boquiabierta. ¿Ha estado tanto tiempo ocultando algo tan importante? ¿Por qué no ha dicho nada? La verdad es que no lo entiendo.
-Oí cómo le disparaban –continúa su relato Chris -. Billy está muerto por saber algo que estaba relacionado con Umbrella… Estoy completamente seguro.
-¿Por qué no se lo contaste al capitán?
-Quería esperar para comprobar si las advertencias de Billy eran correctas… y ahora no lo pongo en duda. Algo muy gordo se está cociendo en Umbrella… Espero que el equipo Bravo pueda encontrar algo de utilidad.
Me muerdo el labio preocupada. Hasta ahora no había pensado seriamente en la implicación de la corporación, principalmente porque no tenemos pruebas de que Umbrella está detrás de los ataques.
La única prueba que tenemos es la localización de una antigua mansión que está en el centro de todos los ataques. Estoy convencida de que Enrico llevará allí al equipo Bravo.
Me quedo unos instantes sentada, observando a Chris cerrar su taquilla y coger su equipo. Yo debería hacer lo mismo.
Veinte minutos después estamos en el despacho compartiendo información con el resto del equipo. Todos parecen pensar que la mansión tiene pinta de ser un punto estratégico, sobre todo Chris.
Sé que nuestros esfuerzos deberían centrarse única y exclusivamente en encontrar a los alpinistas desaparecidos… aunque parece que su destino ya está más que escrito.
Observo distraídamente los informes de la autopsia de Becky y Priscilla McGee. Aún recuerdo cómo sus padres me pidieron entre lágrimas que encontrara al responsable y le hiciera pagar por lo que les había hecho a las pequeñas.
Y a ellas les siguen cuatro personas más, cuatro inocentes pidiendo justicia por unos crímenes que han conmocionado a toda la ciudad. Barry expone su teoría al resto, pero yo apenas le escucho. Sé que es mi deber encontrar al culpable y llevarlo ante la justicia.
-El equipo Bravo debería echar un vistazo a esa mansión –opina Chris con el ceño fruncido -. Sabemos que perteneció a Umbrella, y que una de sus ramas es la investigación biológica… ¿Es posible que se produjera algún accidente?
Miro a Chris. Sé que lo dice por la muerte de su amigo, al que asesinaron para hacerle callar. La verdad es que este asunto va dando giros inesperados con el paso de los días.
-No se tiene constancia de ello… -responde Barry rascándose la perilla distraídamente -. ¿Y qué ganaría Umbrella metiéndose en un lío tan grande? Ha dado muchos puestos de trabajo, y su reputación está por las nubes. Ha hecho numerosas donaciones al hospital, a la construcción del tranvía, a negocios locales… No sé…
-Concuerdo con Chris en que el foco de las desapariciones es la vieja mansión –opina Joseph echando un vistazo a un mapa de las montañas Arklays -. Todas las desapariciones se produjeron en un radio no superior de tres kilómetros, y las víctimas casi siempre eran encontradas cerca de una carretera… aunque sin rastro de los asesinos.
-¿Y qué os parece si…? –empiezo a decir cuando la puerta del despacho se abre.
El capitán Wesker aparece con el gesto contrariado, como si hubiera venido corriendo hasta aquí. Se supone que hoy no estaba… ¿qué demonios ha pasado? Llevamos tanto tiempo discutiendo posibilidades que apenas me he dado cuenta de la hora que es.
-Acaba de llamarme el jefe Irons, y he decidido venir lo antes posible… -nos cuenta el capitán situándose delante de su mesa. Nadie pierde detalle -. Han avisado desde la central de que el equipo Bravo ha tenido un accidente… Han perdido la comunicación con ellos…
Me quedo boquiabierta. ¡No me lo puedo creer! Miro a Barry y a Chris, que tampoco salen de su asombro. Joseph se lleva las manos a la cabeza, y Brad tiene un tic nervioso en el labio.
-Tenemos que ayudarlos –dice Chris apretando los puños contra la mesa. Yo asiento lentamente.
-Brad, ve a comprobar el helicóptero y pide autorización para el despegue –le ordena Wesker sin perder la calma. Brad sale disparado hacia la puerta y casi se da con ella -. Los demás os encargaréis de cargar el equipo y comprobarlo. Yo iré a hablar con el jefe Irons para que nos autorice la operación… ¡En marcha! ¡En cinco minutos en el tejado!
Me levanto de mi silla muy nerviosa. La idea de que el equipo Bravo haya sufrido un ataque o estén… No, no puedo pensar en ello ahora. Debo mantener la calma y esperar a que el equipo Bravo emita una señal de socorro.
Llegamos al vestuario casi corriendo. Abro mi taquilla de un tirón y saco mi uniforme y mi boina de la suerte. Siempre me acompaña en todas las operaciones. Entro en el cuarto de baño y me cambio rápidamente. Los nervios están teniendo un efecto positivo al menos: voy a toda velocidad.
Salgo de la pequeña habitación y veo que la mayoría ya están vestidos y cogiendo el equipo. Joseph se está atando una cinta al pelo, y Chris y Barry están metiendo municiones, armas y radios en unas enormes bolsas de deporte. Me acerco y les ayudo.
No hablamos durante unos instantes, cada uno inmerso en su tarea. Meto unas bengalas dentro de la bolsa y la cierro. Chris carga con una de las bolsas y Barry y Joseph llevan la otra. Yo llevo algunos cinturones y un par de escopetas.
Salimos a toda prisa de los vestuarios, y caminamos a buen ritmo hacia el tejado. Brad nos está esperando en la cabina haciendo comprobaciones, y el capitán nos espera en el suelo. El sol ya se está marchando, y no hay nada peor que ir a las Arklays en plena noche.
Nos metemos dentro del helicóptero con el ensordecedor sonido de las hélices retumbando en mis oídos. Me siento entre Chris y Barry y me abrocho el cinturón rezando para que mis compañeros aún sigan vivos.
-Jill… -me llama Chris cuando estamos despegando. Se acerca un poco más a mí, casi murmurando a mi oído -. Pase lo que pase… mantén los ojos abiertos.
Me quedo observándolo unos instantes sin saber bien qué decir. Su advertencia me ha pillado completamente por sorpresa. No tenemos ni idea de qué nos vamos a encontrar… Sólo espero que lleguemos a tiempo.
Quién me iba a decir que esa noche cambiaría por completo mi destino.

Gracias a todos los que, en un momento u otro, me habéis seguido. Gracias por vuestro apoyo. Espero que hayáis disfrutado tanto como yo.
Tráiler estatuas de Anticolat
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